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PAPERHOUSE, Romper una lanza

Paperhouse, 1996: la gran esperanza blanca... de la que nunca más se supo.

Foto: Alicia Aguilera

 
 

ENTREVISTA (1996)

PAPERHOUSE Romper una lanza

A mediados de la década de los noventa, Nacho Umbert era el líder-compositor de Paperhouse, grupo indie que acabó derivando hacia una especie de post-rock. Tras dos singles, su disco “Adiós” fue uno de los pequeños grandes acontecimientos de 1996. Fue encumbrado en Rockdelux como uno de los mejores álbumes de aquella temporada, pero eso no sirvió, a pesar de lo que prometían entonces, para que el grupo continuase creciendo artísticamente. “Adiós”, en efecto, fue su adiós. Y Nacho Umbert y sus amigos desaparecieron del mapa... hasta que en 2010, catorce años después, y a través de Acuarela, el mismo sello que había editado los discos de Paperhouse, Nacho Umbert reapareció. Recuperamos la entrevista de Anna Ramos con los cinco componentes del grupo, publicada en junio de 1996, y las fotos de Alicia Aguilera, todo un documento que ha incrementado su valor con la posterior carrera del compositor, vocalista y guitarrista de la banda tras tres lustros de silencio. Entonces, acusaban a Paperhouse de ir de divinos y de no ser más que unos pijos. Ellos se definían como “alegres y simpáticos” y su obsesión era no resultar pretenciosos. ¿Lo conseguían? Lean y opinen. En cualquier caso, “Adiós” les daba la credibilidad suficiente para mirar por encima de muchos hombros.

Aquellos eran días de condescendencia y paternalismo, de euforia incondicional casi histérica. La prensa abrazaba sin remilgos cualquier acercamiento al sonido anglosajón que se produjera en su seno familiar. Orgullosa de que sus pequeños por fin hubieran sabido elegir sus compañías. Excusándoles sus deslices, por muy condenables que fueran.

En Barcelona, Parkinson D.C. convulsionaba con “Overdream”, a Faded Flower se les perdonaba ser tan aburridos, casi se olvidaba lo de Bach Is Dead entre el aluvión de nuevas bandas y Sideral todavía no existía, aunque Aleix ya ejerciese en Predictors.

Independientes también nuevas se volcaban en prácticamente todo. Los fanzines se deshacían en elogios, perdidos en una extraña mezcla de ingenuidad y narcisismo. La promesa de creación de una estructura independiente, alternativa y no comercial, nos embelesaba, embotaba nuestros sentidos y nos volvía casi sordos. El fin justificaba los medios; que las influencias fueran demasiado evidentes apenas importaba.

“Lo que me molesta es ese trato que se nos ha dado, como de grupo de Segunda B que simplemente copia. Sobre todo en la prensa madrileña. Por eso nos ha hecho tanta ilusión la crítica de Juan Cervera. Y aparte está el factor de que rompe una lanza en favor nuestro: se ha atrevido a poner a Paperhouse, un grupito con fama de divinos, donde lo ha puesto, y a Los Planetas en segundo plano. Esto en ‘Spiral’ es imposible. Nos ha dado ganas de seguir”
(Nacho Umbert)

Paperhouse bien pudieran ser el paradigma de lo que ocurrió en aquellos maravillosos años… “Cuando grabamos ‘Mundo Oz EP’ (Acuarela, 1994) –recuerda Nacho Umbert, voz y guitarra–, solo teníamos una maquetita con cuatro canciones que eran las cuatro primeras que habíamos hecho en nuestra vida. Una de ellas era ‘So Sorry’. En el EP incluimos esta y las tres siguientes. Tuvimos la suerte y la desgracia de tener enseguida la oportunidad de grabar algo. Lo malo es que ahí había unas carencias evidentes. Y ya se empezaba a estar hasta el culo de grupos a los que se les notaba todo”.  Él será quien firme la mayor parte de las composiciones  de este quinteto que funciona como sexteto. Porque Paperhouse son en realidad Nacho, Beto Almar (batería y maquinitas), Álvaro Martín (teclados), Alberto Lluch (guitara) y Ramón (bajo oficial) y Carlos Valero (bajista en Nueva York). “Era también la época en que o cantabas en castellano y parecías un cantautor un poco maricón o cantabas en catalán y hacías rock català financiado por la Generalitat de Catalunya –continúa Carlos–. Así que solo quedaba el inglés, al que se tiró toda la generación indie”.

Así, primero se dejarán llevar por la corriente en un “Mundo Oz EP” correcto, pero lleno de cuentas pendientes, para poco más tarde alejarse de ella, que no de sus influencias, con un segundo 7”, “Planeador” (Acuarela, 1995), completamente entregado a aquella minoría que se regocija en la parsimonia del slowcore. “Con ‘Planeador’ –recuerda Nacho– ocurrió lo mismo: nos abrimos a otras influencias, pero todavía estábamos aprendiendo”. “No fue tampoco nuestra época más gloriosa –añade Beto–. Era cuando tocábamos más lento y la gente se aburría cuando venía a nuestros conciertos. Incluso nosotros nos aburríamos un poco”. “Y es que antes los discos eran muy miméticos –resuelve Carlos–. Se podía decir: esto suena a tal, esto suena a cual”.

Sin embargo, ellos niegan haberse beneficiado de aquella condescendencia general: al mismo ritmo que el fenómeno subía los ánimos, bajaban en las filas de Paperhouse. “No se nos ha tratado muy bien –se queja Nacho–. Aunque tampoco creo que nos mereciéramos mucho más. Pero lo que me molesta es ese trato que se nos ha dado, como de grupo de Segunda B que simplemente copia. Sobre todo en la prensa madrileña. Por eso nos ha hecho tanta ilusión la crítica de Juan Cervera. Y aparte está el factor de que rompe una lanza en favor nuestro: se ha atrevido a poner a Paperhouse, un grupito con fama de divinos, donde lo ha puesto, y a Los Planetas en segundo plano. Esto en ‘Spiral’ es imposible. Nos ha dado ganas de seguir”. “Es que después de ‘Planeador’ pasamos por un momento muy crítico –aclara Alberto–. En Barcelona hacía ya más de un año que no tocábamos porque acabamos muy quemados”. “De hecho, ‘Adiós’ se llamó así porque pensábamos dejarlo –confiesa Álvaro–. Aunque después de lo de Juan…”.

 
PAPERHOUSE, Romper una lanza

Un jovencísimo Nacho Umbert, en primer plano. Fue el adiós al grupo... y catorce años de silencio. Foto: Alicia Aguilera

 

Pero ¿cómo debe ser “Adiós” (Acuarela, 1996) que hace que los jefes de Rockdelux rompan lanzas? “Adiós”, el primer larga duración de Paperhouse, es uno de esos (pocos) trabajos que sitúan el listón nacional en el lugar en que debería haber estado desde el principio: al ladito de donde lo dejaron Sr. Chinarro, Beef y Telefilme. Porque, tal como dice Carlos, “‘Adiós’ es la primera grabación de Paperhouse donde por fin se ve la diferencia entre la música que nos gusta oír y lo que hacemos. Y en este aspecto se nota nuestra madurez”. “Aprender no es saber tocar mejor –reflexiona Álvaro–, sino poder desinhibirte de tus influencias”.

Ellos lo llaman pop, en homenaje al legado de “Mundo Oz EP” y a tenor de lo que les transmiten sus nuevas canciones. Pero, a decir verdad, es mucho más probable que se les encasille dentro de ese espejismo llamado post-rock. Aunque a ellos, eso de encontrarse de repente junto a Scorn, Pram o Autechre (¿?) no les haga mucha gracia. No porque sea una sandez, que lo es, sino porque “son rarísimos”.

“Nos ayudó mucho ver que grupos como Los Planetas, Silvania o Sr. Chinarro cantasen en castellano. Empezamos cantando en inglés un poco por prejuicios, porque cuando intentábamos cantar en castellano nos sonaba a Duncan Dhu. Pero a mí me gusta mucho más el castellano que el inglés, y supongo que también es mucho más lógico cantar en esta lengua”
(Nacho Umbert)

“Pero ¿qué es post-rock?”, pregunta Álvaro, ajeno totalmente al término. Y entonces Beto espeta: “Es la etiqueta que los del fanzine Malsonando dicen que pusieron ellos”. A lo que Nacho razona: “Es normal, porque es difícil hablar de música sin estas etiquetas. Pero yo creo que no lo somos para nada. El disco puede que quizá en algún momento suene a algo parecido porque nos ha salido un poco ambiental. No son canciones: es un disco conceptual. Pero creo que a la gente que nos vea en directo y escuche las nuevas canciones se le va a ir de la cabeza eso del post-rock. Ahora tiramos hacia una música un poco más pop, con una línea no de superbaile, pero sí un poco…”. “Que se te mueve el pie o que se te va el hombro…”, completa Alberto.

Desmentido lo del post-rock, todavía queda un detalle que turba esa paz que transmite “Adiós”. Porque la poesía de sus letras, el viaje a Nueva York para ser producidos por Kramer y que hayan abandonado el inglés provoca una especie de efecto eco que a algunos parece recordarles a Luque, de Sr. Chinarro. “Nos ayudó mucho ver que grupos como Los Planetas, Silvania o Sr. Chinarro cantasen en castellano –admite Nacho–. Empezamos cantando en inglés un poco por prejuicios, porque cuando intentábamos cantar en castellano nos sonaba a Duncan Dhu. Pero a mí me gusta mucho más el castellano que el inglés, y supongo que también es mucho más lógico cantar en esta lengua”. “Pero lo único que hay de Sr. Chinarro en Paperhouse es la conexión con Kramer”, afirma Álvaro. “No, hay algo más que eso –admite Nacho–. En estos momentos, quizá lo que más se parezca es mi voz. Desgraciadamente para mí, porque a él le da igual: él es el rey, él ha sido el primero. Y reconozco que hace más de un año y medio su forma de cantar me pudo influir. Pero estoy seguro de que hubiera ido a parar al mismo sitio. Y la gente que se olvide de que vaya a cambiar mi forma de cantar porque alguien ha decidido que estoy copiando a Luque”. “En este LP hemos demostrado que no estamos en la línea de nadie en España”, añade Alberto convencido. Y en cuanto a las letras: “La verdad es que nos han salido muy tristes, pero nosotros no lo somos nada –explica Nacho–. No somos nada depresivos, ni místicos ni nada por el estilo”. “Están concebidas como imágenes y metáforas –cuenta Carlos–, y esto las hace poéticas”. “Son insinuantes, y aunque también nos han achacado que se parecen a Sr. Chinarro, estamos huyendo de esto”. “Y como personas somos tan diferentes –concluye Nacho– que ya nos hace gracia que nos comparen”.

Pero, pese a que el fantasma de Luque no desmerece para nada su “Adiós”, yo no descansaría tranquila: dicen que a Sr. Chinarro ahora también le ha dado por un pop parecido…

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