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PAUL HAIG, Nanorobótica independiente

El espíritu original del sello escocés Postcard.

Foto: Graham Park

 
 

ENTREVISTA (2008)

PAUL HAIG Nanorobótica independiente

Dudo de que a las nuevas generaciones el nombre de Paul Haig les diga mucho. Pero hubo un tiempo, en los primeros ochenta, en que una pequeña célula de jóvenes descarados, escoceses y post-punk para más señas, retuvieron la atención de la prensa especializada de su país. Hablamos del sello Postcard, de la ciudad de Edimburgo, del grupo Josef K –con Haig al frente– y de frases como “somos tan psicodélicos como un tubo de Lacasitos” y del eslogan “Joven y estúpido”.

A mí no me ha parecido tanto tiempo, porque en realidad no he parado de escribir y grabar a lo largo de todos estos años. De hecho, hay bastante material inédito perteneciente a ese período. Simplemente, decidí hacer más temas con mi voz cuando empecé ‘Electronik Audience’ y eso me ha llevado hasta ‘Go Out Tonight’”

En una época de poses siniestras como las de entonces, el carácter iconoclasta de Haig se mostraba ya en todo su esplendor. Todo un ejemplo, el suyo, de estilo, sentido del humor y desafío, algo que falta en un importante sector de la juventud actual, anónimamente digitalizada y adicta al sentimentalismo inofensivo (¡ay, si Van Gogh supiera qué ha sido de su oreja!). Se declaró en rebelión contra un leviatán personal, la industria musical, con el que ha tenido que lidiar a lo largo de una carrera errática: mudanzas de un sello a otro, álbumes enteros en el cajón, aversión a los escenarios (“tocar en directo siempre me ha parecido una situación cómica”), insospechados cambios de estilo –el mini-LP “Swing In ‘82” (1985), en el que quiso ejercer de Frank Sinatra y se quedó en una especie de ensayo del concurso televisivo ‘The Gong Show’: un suicidio artístico perfecto–, lustros enteros de silencio, desdén por el pasado. Pero quien haya seguido su carrera habrá percibido un hilillo de coherencia, que ha florecido en un modesto pero estable posicionamiento frente a esa misma industria a la que se ha enfrentado. El seudónimo Rhythm Of Life ha sido, desde sus primeros escarceos solitarios con la casete “Drama” (1981), la gran motivación de Paul Haig. Y en estos momentos es también el sello con que el autor del memorable “The Warp Of Pure Fun” (Les Disques du Crépuscule, 1985) ha regresado a un mercado al que nunca renunció.

Muchos años sin cantar han transcurrido hasta llegar a tu nuevo disco de pop electrónico, “Go Out Tonight” (Rhythm Of Life-Junk, 2008), en el que parece consolidarse tu intención de volver a mostrar tu voz después de trece años en que apenas has editado tres discos instrumentales y “Memory Palace” (One Little Indian, 2005), tu colaboración con el desaparecido Billy Mackenzie. A mí no me ha parecido tanto tiempo, porque en realidad no he parado de escribir y grabar a lo largo de todos estos años. De hecho, hay bastante material inédito perteneciente a ese período. Simplemente, decidí hacer más temas con mi voz cuando empecé “Electronik Audience” (Rhythm Of Life, 2007) y eso me ha llevado hasta “Go Out Tonight”.

¿De qué has vivido todos estos años? Siempre he estado haciendo música y gracias a los ‘hits’ mundiales que he tenido durante todos estos años he podido vivir como un rey... (ya empezamos con el cachondeo)

Pero, ¿cómo puede combinarse una actitud tan enigmática e independiente como la tuya, casi de rechazo ante el negocio musical, y el éxito comercial? De alguna forma, hoy en día es mucho más difícil vender música que antes, así que no tienes otro remedio que llamar un poco más la atención para que la gente se interese por lo tuyo. La independencia es algo fabuloso si quieres proteger tu oficio. Vender muchos discos sería increíble si pudiera controlar la cuestión artística y a la vez pagar las facturas. Por lo que a mí respecta, me conformo con controlar mi arte y no las facturas... La industria musical no me gusta, nunca me ha gustado y nunca lo hará. Por un lado tenemos la música, que es algo fabuloso, y por el otro está la industria. Y si lo que te gusta es la industria, mejor introdúcete en la nanotecnología y métete nanorobots por el culo.

De alguna forma, hoy en día es mucho más difícil vender música que antes, así que no tienes otro remedio que llamar un poco más la atención para que la gente se interese por lo tuyo. La independencia es algo fabuloso si quieres proteger tu oficio. Vender muchos discos sería increíble si pudiera controlar la cuestión artística y a la vez pagar las facturas. Por lo que a mí respecta, me conformo con controlar mi arte y no las facturas...

Ya que mencionas la tecnología, ¿qué opinas de los avances de la industria digital? Los MP3 y todo eso. Hoy todo tiende a diluirse. Hay una generación de consumidores creciendo sin álbumes. Pero la música está todavía ahí, lista para ser escuchada. Si alguien se baja solo un par de temas de mi último disco es algo que no me importa, la verdad. Por lo que a mí respecta, pienso seguir haciendo música durante algún tiempo.

Algunas letras de “Go Out Tonight” parecen bastante optimistas, como si de alguna forma quisieras olvidarte del pasado y mirar hacia adelante con energía renovada. Podría haber cierto optimismo en ellas, sí. Pero sobre todo tratan de la desintegración de la sociedad actual, de la amenaza soterrada y la terrible disfuncionalidad del clima social a nivel mundial. Muchas veces las palabras son inferiores. Hay momentos en que una emoción o un sentimiento pueden ser transmitidos con más precisión a través de la música.

Josef K ha estado en boca de nuevos músicos en los últimos años como una influencia. Franz Ferdinand, por ejemplo. Perdona, pero actualmente solo puedo decir: ¡Y a mí qué!

¿Mantienes relación con alguno de tus viejos compañeros de banda? A veces veo a Ron Torrance y a Malcolm Ross. Salimos a comer.

Y de tu etapa en solitario, ¿qué destacarías? Cuando acabo un disco, durante una temporada creo que es bueno. Pero entonces empiezo a pensar que el siguiente será mejor, ya que me gusta seguir avanzando continuamente. Si tuviera que escoger un trabajo sería siempre el más reciente.

The Cathode Ray fue el nombre de la banda que formaste en 2004. Parece que has aparcado ese proyecto, aunque sigues tocando con esos músicos en tus últimos directos. ¿Qué tal te ha sentado volver a situarte frente a un público? ¿Piensas venir a España? Lo de The Cathode Ray fue divertido. Compusimos algún tema, pero nada más. En cuanto a lo de tocar en directo, después de tantos años ha sido extraño. Bastante raro. Y sí, estaría bien actuar en España. Aunque tendríamos que ver si existe algún interés o, quizás, ¿una invitación?

Etiquetas: 2008
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