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PETE SEEGER, La voz de América

Toda una vida cantando a la dignidad de la clase obrera. Aquí, en el Palau d'Esports de Barcelona en 1978.
Foto: Francesc Fàbregas

 
 

ARTÍCULO (2007)

PETE SEEGER La voz de América

Pete Seeger (1919-2014), uno de los padres del folk del siglo XX, fue un gran recuperador de canciones populares, y su trabajo de investigación marcó el camino a seguir a muchos cantautores, amamantados en su obra, directa o indirectamente. En su intensa vida, desbarató los planes de los federales, se enfrentó al Klan y escribió éxitos para The Byrds. Todo eso y mucho más fue Pete Seeger, la encarnación de la conciencia que prestó su apoyo a Bob Dylan y prendió un fuego para Bruce Springsteen. Un verdadero héroe que merece los honores de leyenda. Repasen su vida en este texto de Phil Sutcliffe, quien lo entrevistó para este artículo publicado en Rockdelux en 2007. Y Xavier Cervantes recomendó una guía básica para introducirse en el mundo Seeger.

Se podría decir que es el corazón de América, si América tuviera tan solo un corazón. Es una ventosa mañana de verano. Unas dos mil almas se reúnen a la vera de un río, el bello Hudson, de más de dos kilómetros de ancho, enmarcadas por los altos tramos del puente Newburgh-Beacon. En camionetas y coches muy traqueteados, tipos ya de cierta edad con el pelo largo y el bigote ralo y sus animadas mujeres, junto con unas cuantas familias más jóvenes, se dirigen hacia el pequeño parque cerca del río para celebrar La Feria de la Fresa, un acto benéfico anual que recauda fondos para el barco-proyecto Clearwater, que, desde finales de los sesenta, hace campaña para limpiar el río.

Hay tenderetes de todo tipo que despiertan el interés y el entusiasmo: un galeón hinchable, una herrería, la cooperativa Hudson Bio-Diesel, Regalos Patricia, chapas radicales (“Para ti es Sr. Maricón”) y un puesto con tartas de fresa: más de cuatrocientos kilos de fruta y nata montada. Un altavoz minúsculo resuena con la selección de apertura del DJ: “This Land Is Your Land” de Woody Guthrie. Le sigue “Deportee”. En el escenario, un montículo verde de hierba, un hombre largo y enjuto, visiblemente viejo, pero aun así irradiando vigor, descarga de una furgoneta toda una serie de parafernalia. Un mazo. Una rueda a la que se ha fijado una sección del tronco de un árbol. Un banjo.

“No responderé a ninguna pregunta relativa a mi afiliación, mis creencias filosóficas o religiosas. No me parecen preguntas apropiadas para ningún americano, y menos aún bajo una coacción como la presente”
(ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, en 1955)

Pete Seeger, nacido el 3 de mayo de 1919 en Patterson (Nueva York), 87 años. La biblioteca en carne y hueso de la música folk norteamericana. Amigo de Woody Guthrie y paladín eterno. Padre o padrastro de “Where Have All The Flowers Gone?” o “If I Had A Hammer”. Referente para Bob Dylan, Joan Baez y pionero del movimiento folk y de la canción protesta de los sesenta al completo. Homenajeado en el álbum de Bruce Springsteen “We Shall Overcome. The Seeger Sessions” (2006). Y principal instigador tanto de esta feria como del barco-proyecto.

Seeger lleva viviendo en las afueras de Beacon, una población de 16.000 habitantes a cien kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York, desde que en 1949 él y Toshi Ohta, su esposa desde 1943 y encargada de montar la nata, compraran un terreno barato en una colina, lo limpiaran y construyeran una cabaña de madera. Aquí fue donde criaron a sus tres hijos. Así que el pueblo está acostumbrado a su presencia, ya sea en calidad de leyenda de la música o como activista que abre su actuación dirigiéndose al público reunido en la carpa Clearwater con las palabras: “Cuando era comunista…”. Es apreciado incluso fuera de los círculos liberales. “Un tipo con los pies en el suelo”, comentan. Un vendedor recuerda que el parque que está al lado del río era un vertedero con “ratas como conejos” del que cada semana se vertía toda la basura al río Hudson hasta que Seeger y su club del barco empezaron a hacer campaña y el ayuntamiento decidió destinar 800.000 dólares a su saneamiento.

A mediodía, la hora acordada, Seeger, plato de galletas en mano, se acerca y propone sentarnos a una mesa de picnic para llevar a cabo la entrevista. Antes de que pueda preguntar nada, echa mano de una de sus frases recurrentes a modo de introducción: “Si aún estamos aquí dentro de cien años…”. Su charla es como un tren de carga, larga, lenta, serpenteante, imparable, de carga pesada. Una carga procedente no tan solo de sus canciones. Una carga procedente de sus actos.

He aquí el tipo de hombre que es. En 1955, en pleno auge de la paranoia norteamericana ante la amenaza roja, un oficial se acercó por el camino que conduce hasta la cabaña de Seeger para hacerle entrega de una citación para testificar ante la notoria Comisión de Actividades Antiamericanas por presuntos vínculos comunistas. Instrumento clave de persecución política en la era McCarthy, la Comisión tenía como objetivo, vía la amenaza tácita aunque poderosa de las listas negras, la coacción de las víctimas para lograr la confesión de simpatizantes comunistas/homosexuales/liberales, e incluso la denuncia de sus amigos. Ese agosto de 1955, Seeger compareció ante la Comisión tomando el camino más arduo posible, el que podía conducirlo al encarcelamiento. Cuando se le interrogó sobre su participación en actos benéficos del partido comunista, se negó a “acogerse a la quinta enmienda”, la salida legal escogida por la mayoría de izquierdistas haciendo uso de su sensatez. Significaba que te reservabas el derecho a permanecer en silencio. Seeger, no obstante, optó por indignarse ante las implicaciones de las pruebas incriminatorias presentadas e hizo valer el derecho constitucional a la libertad de expresión recogido en la primera enmienda. Declaró ante la Comisión: “No responderé a ninguna pregunta relativa a mi afiliación, mis creencias filosóficas o religiosas. No me parecen preguntas apropiadas para ningún americano, y menos aún bajo una coacción como la presente”.

 
PETE SEEGER, La voz de América

The Almanac Singers: Seeger (el cuarto por la izquierda) y Woody Guthrie (el primero) en 1941.

 

El año siguiente, la Comisión lo acusó de desacato al Congreso para luego retrasar la vista hasta 1961, cuando fue condenado a doce meses de prisión. Apeló y, otro año más tarde, fue finalmente declarado inocente. El juez lo consideró correcto constitucionalmente, aunque políticamente “poco merecedor de tolerancia”. En “How Can I Keep From Singing” (1981), la biografía de Pete Seeger, David Dunaway escribe que a partir de aquel momento “se convertiría en el artista más vigilado y presente en más listas negras de América… Si Seeger hubiera tenido un fuste endeble y no robusto como la madera de roble, seguramente habría acabado desmoronándose”.

Seeger, sin embargo, niega con brusquedad el miedo o la valentía de su resistencia: “No tenía un trabajo del que pudieran despedirme. Podía seguir cantando para grupos izquierdistas, escuelas y universidades. Así que me permitió asumir una postura más firme”.

Las posturas más firmes se han convertido en un modo de vida para Seeger. Aguantó en piquetes a principios de los cuarenta bajo la amenaza de la policía y los antihuelguistas. Perseveró cantando temas radicales aun cuando, en 1942, su primer grupo, The Almanac Singers, fue incluido en una lista negra y excluido de contratos de grabación, emisoras de radio y conciertos. Cantó para Henry Wallace, candidato presidencial de 1948 del partido progresista, y acabó acribillado por huevos y tomates podridos cuando la campaña pasó por el sur. El año siguiente, en Peekskill, cerca de Beacon, compartió cartel con Paul Robeson, estrella comunista negra del cine y la ópera, en un concierto benéfico al aire libre a favor del Congreso de los Derechos Civiles, y luego se fue a casa en coche conduciendo a través de una tormenta de piedras lanzadas por miembros del Ku Klux Klan del estado de Nueva York mientras en el asiento trasero su suegro protegía a sus nietos con su cuerpo. A finales de los cincuenta y principios de los sesenta, con activistas por los derechos civiles asesinados cada semana, cantó en plantaciones de algodón e iglesias y marchó hasta Montgomery (Alabama) junto a Martin Luther King. Ni siquiera tener que huir de policías armados con porras hizo que perdiera la fe.

“No tenía un trabajo del que pudieran despedirme. Podía seguir cantando para grupos izquierdistas, escuelas y universidades. Así que me permitió asumir una postura más firme”

Al preguntarle sobre el origen de su inagotable compromiso, Seeger se remite de inmediato a su niñez y a la influencia del novelista, y fundador de los American Boy Scouts, Ernest Thompson Seton: “Suelo contar que me hice comunista a los 7 años por sus relatos sobre cómo los indios americanos lo compartían todo. Tuve claro que esa era la manera en que había que vivir”. Y también a la influencia de su padre, Charles, un apasionado académico de inclinación socialista que siempre estaba ingeniando estrategias para poner la música clásica al alcance de las masas. Al ver que Pete no compartía su pasión por los clásicos, Charles le compró un ukelele y luego le introdujo en el banjo de cinco cuerdas, instrumento básico de la música folk de las montañas. Pete siempre se mantuvo cercano a su padre y a sus radicales preceptos, tales como “la cuestión no es ¿es esta música buena?, sino ¿para qué sirve esta música?”.

A finales de los años treinta, en la época en que el New Deal del presidente Roosevelt empezaba a remolcar el país desencallándolo del lodazal de la depresión, Seeger asistió a Harvard, se unió a la Liga de Jóvenes Comunistas, suspendió sus exámenes y así acabó dándose de bruces con su vocación. Su padre le presentó a Alan Lomax, quien por aquel entonces ya estaba en la Biblioteca del Congreso en Washington y que le puso a trabajar “escuchando miles de discos de folk y blues”. En esas canciones, Seeger descubrió “el meollo de la vida”. A través de Lomax también conoció a los pioneros del folk y del blues, a Leadbelly, Sarah Ogan Guning, Aunt Molly Jackson... y a Woody Guthrie, el hijo de un agente inmobiliario que se reinventó a sí mismo como el último trovador de Oklahoma.

Lomax data “el renacimiento de la canción folk americana” en la fecha del primer encuentro entre Pete Seeger y Woody Guthrie, que se produjo en Nueva York el 3 de marzo de 1940 durante un acto benéfico de apoyo a trabajadores inmigrantes organizado bajo el nombre de “Las uvas de la ira”, tomado de la novela homónima de John Steinbeck. Guthrie no tardó en mudarse al espartano piso de Greenwich Village que Seeger compartía con sus compañeros de The Almanac Singers. Al ser un cantautor prolífico y popular que desprendía una aparente credibilidad de clase trabajadora de la que los otros carecían, Guthrie fue acogido en el grupo con los brazos abiertos. Seeger a menudo se preguntaba por qué le caía bien a Guthrie si “ni bebía, ni fumaba ni perseguía a las chicas”. Por su parte, Seeger adoraba la música y el estilo de Guthrie y lo estudiaba con devoción. El viaje en autostop a Texas que hicieron juntos en 1940 culminó con la graduación de Seeger en la escuela del trotamundos.

 
PETE SEEGER, La voz de América

The Weavers: Seeger (el primero a la izquierda) en 1951.

 

Fue en la carretera con Guthrie donde coescribió su primera canción, “66 Highway Blues”, pero el programa de preparación para la vida de Guthrie fue mucho más allá. “Me enseñó a hablar con mala gramática –ríe Seeger– y me aconsejó: ‘Pete, cuando entres en un bar échate el banjo a la espalda, pide una caña y bébetela tan lentamente como puedas. Tarde o temprano alguien te preguntará: Chaval, ¿sabes tocar eso? Responde: Un poco. Y sigue sorbiendo tu cerveza. Tarde o temprano alguien soltará: Chaval, te doy un cuarto de dólar si nos tocas una canción. ¡Así que cuélgate bien el banjo y ya puedes empezar!’”. Guthrie también le enseñó cómo montarse en trenes de carga. “No hay que saltar a bordo dentro del perímetro de la estación –recomienda Seeger–. Hay que esperar hasta que esté fuera de la ciudad, correr al lado, agarrarse a uno de los barrotes y trepar hasta el techo”.

Seeger pronto se sintió con la suficiente confianza para dejar a Guthrie en Texas con su familia y lanzarse a la carretera él solo, hasta Bu-tte (Montana) y sus minas de cobre, y hasta Harlan County (Kentucky) y sus minas de carbón. “Gracias a los consejos de Woody, aprendí cosas sobre mi país de un modo que nunca habría sido posible de haberme quedado en Harvard”, concluye. Guthrie incluso impartió a Seeger una temprana lección de tosca política real. Desde 1940, The Almanac Singers habían continuado la tradición izquierdista norteamericana escribiendo canciones pacifistas, ya que tras el pacto de no agresión firmado entre Stalin y Hitler en 1939 la guerra supondría la lucha contra la Rusia comunista. Más tarde, en junio de 1941, los radicales empezaron a ponerse nerviosos cuando les llegaron las noticias de la invasión alemana de Rusia. Guthrie había vuelto de un paseo campestre aquel día. “Abrí la puerta y ahí estaba Woody con una sonrisa incómoda en los labios –recuerda Seeger–. Y va y dice: ‘Bueno, supongo que esto es el fin de las canciones pacifistas’. Yo respondí: ‘Entonces, ¿qué? ¿Quieres decir que tenemos que apoyar a Churchill?’. Y me suelta: ‘Pues sí, Churchill nos reclama. ¡Toda la ayuda posible para los valientes aliados rusos! Y si Churchill cambia su actitud, nosotros cambiamos la nuestra’”. Y así fue. Las canciones de guerra ocuparon el lugar de las canciones de paz. Seeger llegó incluso a alistarse en el ejército y, años más tarde, en 1950, abandonó el Partido Comunista al darse cuenta de que Stalin era en realidad un monstruo más que un líder con mano dura.

“Iba cantando de universidad en universidad, de campo de colonias en campo de colonias. Probablemente, la labor más importante que haya llevado a cabo en mi vida sea la de transmitir la música de Woody Guthrie de esa manera”

Dedicó los años siguientes a llevar a cabo su misión: insuflar vida en el folk tradicional, desarrollando material nuevo tanto en contenido como en política y siempre acordándose de hacer cantar al público, pues si no se lograba que la gente sintiera la música como propia todo el esfuerzo carecía de sentido. En 1950, y durante un par de años, decidió darle una oportunidad al folk comercial con The Weavers. Pero, aunque vendieron bastante, él agonizaba con canciones como la versión suavizada de “Goodnight, Irene”, cuando el original de Leadbelly contenía morfina y sexo. Aun así, a pesar de lo anodino de su música, la incongruente recompensa que recibieron fue su inclusión de por vida en la lista negra por sus conexiones izquierdistas.

Incluso en la mojigata Norteamérica de finales de los cincuenta, la lista negra resultó totalmente ineficaz como censura. Toshi encontró montones de clientes a quienes “no les gustaba la Comisión”, y Seeger hacía entre doscientas y doscientas cincuenta actuaciones en solitario al año en lo que fue una de las consecuencias más accidentales del mccarthismo: la invención de Seeger del circuito de universidades, lo que lo llevó a convertirse en la piedra angular de la revolución folk de los sesenta. “Iba cantando de universidad en universidad, de campo de colonias en campo de colonias –comenta Seeger–. Probablemente, la labor más importante que haya llevado a cabo en mi vida sea la de transmitir la música de Woody Guthrie de esa manera. Aparecieron muchos cantautores nuevos con talento dispuestos a retomar el trabajo en el punto en que él lo dejó”.

El veterano dejó de ser una vara para sujetar la cosecha y se convirtió en un pararrayos. Joan Baez lo vio en California; Tom Paxton, en Oklahoma; y Bob Dylan, en Madison (Wisconsin) en enero de 1961. La poderosa conexión de Seeger con el pasado y su fuerte creencia en sus propósitos empezaron a tener mayor repercusión, a la vez que sus canciones, como el himno anti-McCarthy “If I Had A Hammer” o el tema antinuclear “Where Have All The Flowers Gone?”, alcanzaron las listas de éxitos, aunque fuera en voz de otros artistas como Peter, Paul & Mary.

 
PETE SEEGER, La voz de América

Bob Dylan y Seeger: en el Newport Folk Festival de 1963.

 

Dylan, impregnado de Nueva York de pies a cabeza, y Seeger, siempre alerta a la aparición de nuevos talentos, probablemente se conocieran en febrero de 1962, en una reunión de colaboradores de la seminal revista de nuevo folk ‘Broadside’, un esfuerzo editorial rudimentario con un presupuesto de 35 dólares semanales pergeñado desde el hogar de los Seeger: “Recuerdo sentarme ahí con Bob Dylan y Phil Ochs y pensar: ‘Estoy en la misma habitación que dos de los mejores cantautores del mundo’”. A finales de año, Seeger incluiría en su repertorio “Masters Of War” y “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” de Dylan y lo promocionaría como había hecho antes con Guthrie. Dylan apreciaba su aceptación en una comunidad donde, como escribiría en “Crónicas. Volumen 1” (2004), “no se sabía qué hacer conmigo. Seeger sí supo”. Su compenetración se cimentó en julio de 1963, cuando Dylan, en una acción poco típica de él, avanzó hasta la primera línea política al tocar con Seeger en Greenwood (Mississippi) en un acto a favor del censo del voto negro realizado en una plantación de algodón ante trescientos trabajadores del campo. Claro que dicha fase de armonía llegó a su conocido final en el Newport Folk Festival el 25 de julio 1965, cuando Dylan se volvió eléctrico y Seeger, en uno de sus raros pero comprensibles estallidos de ira, corrió a la mesa de sonido gritando que iba a cortar los cables con un hacha argumentando que “quería escuchar la letra”. En el documental de Martin Scorsese “No Direction Home” (2005), Dylan recordaba cuánto le dolió haber disgustado a Seeger: “Alguien cuya música apreciaba y alguien por quien sentía un gran respeto... Fue como una puñalada”.

“Pete poseía una concepción real de que las canciones son instrumentos, herramientas muy válidas cuando se las conecta con la conciencia histórica. Al mismo tiempo, siempre supo insuflarles una sensación tremenda de diversión y ligereza”
(Bruce Springsteen)

Se reconciliaron, en cierto modo, un poco más tarde. Dylan participó en el concierto de homenaje a Woody Guthrie de Seeger en 1968, y Seeger se ha mantenido como admirador de su música y en 2004 incluso asistió a un concierto de Dylan cerca de Beacon.

Hacia finales de los sesenta, los días de movimiento y agitación de Seeger habían tocado a su fin, aunque seguía avanzando durante su edad madura y haciendo conciertos y campaña activista como siempre. Comenta con brusquedad: “Podría haberla palmado; ya había terminado mi trabajo”. Al menos había podido cerrar la era con uno de los eventos con mayor participación de público jamás llevados a cabo, a la cabeza de medio millón de personas entonando “Give Peace A Chance” durante el clímax de una manifestación anti-Vietnam en Washington en noviembre de 1969.

Sin embargo, en 1998, el doble CD de tributo “Where Have All The Flowers Gone. The Songs Of Pete Seeger” despertó de nuevo el interés por la leyenda viva. Aunque fueron muchos los que hicieron versiones de temas relacionados con Seeger, entre ellos Roger McGuinn, Jackson Browne, Ani DiFranco, Bonnie Raitt, Donovan o Billy Bragg, fue Bruce Springsteen, con su versión de “We Shall Overcome”, quien contribuyó a ello de manera más significante. Springsteen había escuchado todos los discos de Seeger que había encontrado y, en aquella ocasión, manifestó: “Pete poseía una concepción real de que las canciones son instrumentos, herramientas muy válidas cuando se las conecta con la conciencia histórica. Al mismo tiempo, siempre supo insuflarles una sensación tremenda de diversión y ligereza. Todo lo que buscaba lo encontré en él. Quería seguir haciendo la misma tarea que Pete había emprendido y dejado en herencia”. La semilla ya sembrada costó ocho años que acabara germinando en el álbum “We Shall Overcome. The Seeger Sessions”, un hecho que pilló a Seeger por sorpresa: “No sabía nada hasta que Bruce me llamó cuando el proyecto ya estaba listo para producción. Ha sido un gran honor. Pero preferiría que no hubiera usado mi nombre porque ha volado mi tapadera. El correo llega a espuertas”.

 
PETE SEEGER, La voz de América

Un martillo de justicia y libertad.

 

¿Qué piensa del álbum? Bueno, algunas partes son fantásticas. “Old Dan Tucker” fue la canción del año en 1844 y Dan Emmett, el compositor, seguro que estaría orgulloso de la interpretación de Bruce. Personalmente, me gusta más “Oh, Mary Don’t You Weep” tocada en un acorde mayor, permitiendo que todo el mundo se una a cantarla. Él la ha pasado a un acorde menor…

Seeger se da cuenta de que suena como un viejo cascarrabias y se ríe, mordisquea una galleta y se enzarza en un discurso sobre la inmutable perfección de “Danny Boy”. “Fue escrita hace cuatrocientos años…”. Seeger siempre se ha mostrado cauteloso con el ego y la personalidad, pero le encanta actuar. Ahí está, en la cima del montículo: se pasa toda la tarde anunciando los diferentes actos, haciendo propaganda del pastel de fresa, recitando-cantando los coros de algunos temas –“Lo siento, mi voz ya no es lo que era”– y enarbolando su banjo Deering de cinco cuerdas y mástil largo. En él aún se leen las palabras, citando a Woody Guthrie: “Esta máquina acorrala el odio y lo obliga a rendirse”.

“Si todavía estamos aquí dentro de cien años, será porque todos nos hemos involucrado en actos locales como este... La humanidad tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de seguir aquí dentro de cien años si aprende que la gente más feliz es aquella que trabaja unida”

Al final del día, pasa un rato recogiendo la basura abandonada por la multitud. Luego, mirándome de reojo, con un brillo en la mirada, coge el mazo de dos kilos, lo levanta por encima de la cabeza y lo golpea contra un clavo de ferrocarril que sobresale del enigmático artefacto compuesto de tronco y rueda. Consigue un buen ritmo, mascullando frases de un canto de campo de trabajo a cada golpe. Se interrumpe, pero aún le queda suficiente aliento para sentenciar: “Si todavía estamos aquí dentro de cien años, será porque todos nos hemos involucrado en actos locales como este”. Antes de terminar, añade: “La humanidad tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de seguir aquí dentro de cien años si aprende que la gente más feliz es aquella que trabaja unida”. Sería un error tomarlo por una especie de delirio optimista.

En los diarios privados a los que tuvo acceso el biógrafo Dunaway, Seeger escribió: “Parezco tambalearme por este mundo agónico como un payaso vestido de felicidad, confiando en llegar a los corazones y las mentes de la gente joven. Cuando los periodistas me preguntan sobre el efecto que tienen mis canciones, intento dar con una respuesta audaz, pero lo cierto es que no estoy nada seguro”. Estas dudas deben de ser la parte amarga de su verdad interior. Aun así, son innegables su honestidad y su fuerza vital.

Para concluir la entrevista, menciona una canción que ha aprendido hace poco. “Fue escrita en árabe por un ingeniero de Beirut. Empieza así: ‘Cántale, llámala, y aunque esté lejos, ella vendrá, pero debes llamarla’. Pero ¿quién es ella? ‘Luz del sol, luz de la luna, los países de los cuatro continentes no son más que una gota en tu océano, oh, libertad’. Pues ya lo sabes. Ella es la libertad. Vuelve a cantar el principio y repite el mismo verso, ‘pero debes llamarla’, una y otra vez. ¿No te parece fantástica?”. Phil Sutcliffe

 

ARCHIVOS DEL ALA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA

PETE SEEGER, La voz de América

No siempre es fácil seleccionar lo más relevante de los pioneros. A veces por falta de evidencias físicas, a veces porque la importancia de su obra ha sido barrida por el viento de los tiempos. Afortunadamente, no es el caso de Pete Seeger. Son muchas las grabaciones disponibles y su producción mantiene valor y vigencia tanto desde el punto de vista musical como antropológico-político. Para quien quiera aproximarse al trabajo de Seeger, lo más indicado es acudir a álbumes recopilatorios donde se recogen tanto sus composiciones más señaladas como buena parte de su trabajo de campo (y archivo). Por ejemplo, “The Almanac Singers. Their Complete General Recordings” (MCA, 1996), que reúne grabaciones de 1941 junto a Woody Guthrie; los cuatro volúmenes de “American Favorite Ballads”, editados por Smithsonian-Folkways entre 2002 y 2006; o el directo “We Shall Overcome. The Complete Carnegie Hall Concert. Historic Live Rocording June 8, 1963” (Columbia, 1989). También es recomendable acudir a discos donde son otros quienes interpretan el legado de Seeger, como, claro, el “We Shall Overcome. The Seeger Sessions” (2006) de Bruce Springsteen. A continuación, tres guías recientes para conocer la historia del ala izquierda de la izquierda norteamericana.

PETE SEEGER, La voz de América

Varios
“Where Have All The Flowers Gone.The Songs Of Pete Seeger”

(Appleseed, 1998)

Este doble CD, que el año pasado relanzó Resistencia en España, es un singular tributo impulsado por Jim Musselman. Incluye interpretaciones de diferentes épocas (de Odetta a Ani DiFranco), de contemporáneos de la gloria folk como Peter, Paul & Mary y de posteriores cómplices ideológicos como Billy Bragg, pasando por Donovan, Jackson Browne, Judy Collins, Nanci Griffith o Indigo Girls. También está presente Bruce Springsteen con “We Shall Overcome”, claro antecedente del rescate emocional llevado a cabo por el Boss ocho años después. Appleseed editó una segunda entrega en 2001, el CD “If I Had A Song... The Songs Of Pete Seeger Vol. 2”, con aportaciones de Arlo Guthrie, Steve Earle, John Wesley Harding, Kate & Anna McGarrigle, Joan Baez... Y en 2003, “Seeds. The Songs Of Pete Seeger Vol. 3”, un doble CD con nuevas grabaciones de Seeger y versiones a cargo de Natalie Merchant, Janis Ian, Tony Trischka y Tom Paxton, entre otros.

 
PETE SEEGER, La voz de América

Pete Seeger
“Brothers & Sisters”
(Discmedi, 2006)

Es el primer volumen de la serie “Roots Collection” dirigida por el periodista Miquel Jurado y editada por el sello catalán Discmedi (el segundo está dedicado a Woody Guthrie). En este doble CD se recogen treinta y seis temas grabados entre 1941 y 1951, tanto de Seeger (y su banjo) en solitario (en el primer CD) como de sus grupos The Weavers y The Almanac Singers (en el segundo). Se trata de una cuidada selección que escapa con rigor y criterio del recopilatorio de grandes éxitos. La tercera entrega de esta serie, “Canciones de las Brigadas Internacionales”, recopila en un CD los siete temas del disco de Seeger “Songs Of The Lincoln Brigade” (de 1943) y seis canciones interpretadas por Ernst Busch y voluntarios alemanes de la XI Brigada (grabadas en Barcelona en 1938) que fueron reunidas en 1940 en el disco de Busch “Six Songs For Democracy”. Además, aporta una docena de bonus tracks de Seeger (con The Weavers), Busch, Woody Guthrie y Paul Robeson.

PETE SEEGER, La voz de América

Pete Seeger
“Una leyenda”

(Discmedi, 2006)

Forma parte de la serie “Music Comics Collection”, que también ha dedicado volúmenes a Tete Montoliu, Vinicius de Moraes y Chet Baker. “Una leyenda” es un libro-cómic que incluye dos CDs con cincuenta y ocho temas grabados por Seeger entre 1941 y 1956 y seleccionados por Miquel Jurado, autor de los textos interiores y coguionista del cómic dibujado por Gani Jakupi. Buen complemento a “Brother & Sisters”, con el que solo comparte dos títulos. Xavier Cervantes

 
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