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PETER PERRETT, Último tren fuera de la burbuja

El Único y su vida rodante.
Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2017)

PETER PERRETT Último tren fuera de la burbuja

Peter Perrett parece estar en mejor forma que durante el revival en vivo de The Only Ones. El homme fatal se ha rodeado de sus dos hijos para su estreno en solitario, un convincente “How The West Was Won” superior a su digna entrega con The One hace más de veinte años. Y le asombra que sus vástagos hayan salido tan amueblados, pese a las perennes adicciones de los progenitores, mientras le confesó a Ramón Fernández Escobar una obviedad: las drogas nunca estimularon su actividad creativa.

Madrid, 30 de septiembre de 2011, quinto aniversario de la sala Wurlitzer Ballroom. Tocaron The Only Ones y me lo perdí. “Estuvo bien, pero no era la banda original. Solo Peter Perrett acompañado de sus hijos”, me tranquilizó una amiga. Aunque ver en la capital al líder del “irrepetible” cuarteto (aún seguía en vigor su reunificación de 2007, tras tres discos entre 1978 y 1980) tampoco equivalía a cualquier cosa. Un cometa de los que dejan huella, su eterno enganche lo había convertido en recluso desde los ochenta, salvo contadísimas iniciativas. Era inimaginable, por tanto, que aquella formación "madrileña" fuera a vertebrar, más de un lustro después, el rutilante “How The West Was Won” (Domino-Music As Usual, 2017), primer álbum en solitario de Perrett. Cosas de familia.

“Paul Williams incluyó ‘Another Girl, Another Planet’ en su libro ‘Rock And Roll: The 100 Best Singles’ definiéndola como ‘un chute de adrenalina de principio a fin’. Ahora la adrenalina la ponen mis hijos y yo me concentro en cantar... Me ha costado darme cuenta de que todo el cuerpo interviene en el mecanismo que genera la voz. Mis médicos consideran un milagro el que cante así”

“Soy muy vago por naturaleza”, proclama el músico británico en una cafetería enfrente de la sede de su discográfica. Tiene todo el buen aspecto que permiten ver unas estructurales gafas negras. Y una sinceridad entre elegante y socarrona: “No hago nada hasta que me obligan. Realmente me han forzado a empezar de nuevo. Y, una vez metido en ello, mi cerebro recuerda que esto es con lo que más disfruto”. La luz para componer otra vez saltó en plena Galicia rural, durante el festival Felipop de 2014. “Contactaron con mi mujer, Zena, por Facebook, y nos lo plantearon como unas vacaciones familiares junto con mis hijos –tocaron con él y con su propia banda, Strangefruit–, algo que no habíamos vivido a menudo. Un año más tarde ya actuábamos regularmente en directo, y las nuevas canciones lo volvían todo más placentero. En el verano de 2016 el disco estaba terminado”.

El primer single, corte de apertura y responsable del título del álbum, sorprende. ¿Abandona Perrett los temas personales por una diatriba sociopolítica, lanzando bombas imaginarias en Wall Street y hablando de la conquista del Oeste “a punta de pistola”? “Es como escritura automática, no algo que procesas y decides escribir. Esos acordes invitaban a lo conversacional, a una letra medio hablada. Sé que en el vídeo –cortesía de Focus Creeps– salen manifestaciones anti-Trump, pero lo grabamos en marzo de 2016, cuando nadie podía pensar que alcanzaría la presidencia”. Y Peter Perrett va más allá: “No había un objetivo político. Mis ideas son a veces muy extremas: tienden a ofender, y eso no me gusta. Aquí pretendía ser solo humorístico. Si te pones demasiado serio sobre el estado del mundo, solo consigues que la gente se sienta peor”.

La chanza del texto pasa en parte por aludir a Kim Kardashian y su llamativo trasero. Aunque a los ávidos de fama los ha sufrido Peter en propia carne y sin cruzar el charco: casi produjo un disco a los Babyshambles de Pete Doherty. “Mi hijo mayor, también llamado Pete, militaba en el grupo como bajista y me convenció ante el empeño de Doherty por conocerme. Las tres o cuatro semanas iniciales resultaron muy agradables, pero luego me di cuenta de cómo era cada uno. No quise ejercer de padre de Doherty. A su edad no me habría gustado que me dijeran lo que debía hacer. No pasa nada; ambos sobrevivimos”, simplifica para quitar hierro.

Doherty quizá no supo respetar a su ídolo. “En una entrevista, él había mencionado ‘Another Girl, Another Planet’ como la canción que le habría gustado escribir. Eso me animó a explorar el asunto”, revela Perrett. El himno inmortal de The Only Ones nunca le abandona. “Paul Williams la incluyó en su libro ‘Rock And Roll: The 100 Best Singles’ (1993) definiéndola como ‘un chute de adrenalina de principio a fin’. Ahora la adrenalina la ponen mis hijos y yo me concentro en cantar”. Con una voz, por cierto, bastante recuperada: “Me ha costado darme cuenta de que todo el cuerpo interviene en el mecanismo que la genera. Mis médicos consideran un milagro el que cante así”.

“‘How The West Was Won’ es como escritura automática, no algo que procesas. Esos acordes invitaban a una letra medio hablada. Sé que en el vídeo –cortesía de Focus Creeps– salen manifestaciones anti-Trump, pero lo grabamos en marzo de 2016, cuando nadie podía pensar que alcanzaría la presidencia”.

Sus problemas pulmonares crónicos, fruto de las adicciones, agradecen el cuasi spoken word de “How The West Was Won”. En ella su fraseo recuerda a Bob Dylan y, sobre todo, a Lou Reed. “Mi educación musical se limitaba en origen a los discos de The Velvet Underground y a todos los de Dylan. Soñaba con ser un gran letrista”, rememora. En 1987 salieron a la luz las maquetas de England’s Glory, banda seminal para Perrett y de la que no se enorgullece: suena tanto a clon de Reed que en su día hasta provocó confusiones.

“En cuanto a Dylan, escuchar ‘Like A Rolling Stone’ me cambió la vida. Zena y yo nos hicimos amigos gracias a nuestra pasión por él. A los seis meses nos enamoramos –y se escaparon de casa en plena adolescencia para no volver–. Después de cuarenta y ocho años juntos somos una sola persona; no funciono muy bien si no está cerca y nunca habría hecho música sin su empuje” –trabajó como mánager de The Only Ones–. En el disco hay canciones de amor a Zena, como “An Epic Story”. Mientras que en “Troika” Peter reflexiona sobre una relación triangular del pasado. “Épocas en las que yo era muy inmaduro. Zena supo darme tiempo para crecer”.

“En cuanto a Dylan, escuchar ‘Like A Rolling Stone’ me cambió la vida. Zena y yo nos hicimos amigos gracias a nuestra pasión por él. A los seis meses nos enamoramos. Después de cuarenta y ocho años juntos somos una sola persona; no funciono muy bien si no está cerca y nunca habría hecho música sin su empuje”

Perrett está más que a gusto en Domino. “Protegido de los modos salvajes del negocio. En estos veinte años –desde el álbum con The One para Demon, “Woke Up Sticky” (1996)– las multinacionales se han transformado en banqueros. Ni escuchan la música; solo buscan chips para invertir”. Sin embargo, el papeleo de abogados antes de firmar con el sello londinense se alargó. “Estábamos tan impacientes que llegamos a registrar tres cortes antes de que se incorporase el productor, Chris Kimsey. Su fichaje fue una propuesta de mi actual representante. Yo mostraba reticencias por su vínculo con The Rolling Stones, pero resultó el hombre ideal. Nos dejaba hacer y solo intervenía cuando era necesario”. Perrett pone un ejemplo: “En ese tema tipo ‘jam’ que es ‘Living In My Head’, uno de los acometidos sin él, nos hizo regrabar la batería porque ocultaba a los demás instrumentos. En el corte se luce mi hijo Jamie como guitarra solista: Chris se negó a hacer tomas extra para preservar su espontaneidad. El disco está grabado en su mayor parte con la banda tocando en vivo en el estudio”.

El currículo de Chris Kimsey no se limita a sus múltiples trabajos con los Stones. “En una de sus producciones para The Psychedelic Furs conoció precisamente a Jon Carin –colaborador de Pink Floyd y David Gilmour, como se encarga Peter de recordar–, el único invitado que hay en el álbum”. Una ironía, la alusión al grupo de los hermanos Butler: CBS apostó en su momento por The Psychedelic Furs en detrimento de The Only Ones. “A nosotros nos había fichado un ejecutivo estadounidense que a los seis meses regresó a su país. Hubo un par de salidas más en el organigrama, y a los nuevos les dieron prioridad porque acababan de firmar con ellos”, explica Perrett.

Escoger la CBS entre las disqueras que pujaron en origen por su contrato resultó una pésima idea para The Only Ones: “La magia de estar en el mismo sello que Dylan nos llevó a hacerlo. Así de naíf fue todo. ¿Los únicos beneficios? Que nos invitaran al estreno de ‘Renaldo & Clara’ –el filme de 1978 dirigido por el de Duluth– y contar con los mejores asientos en los conciertos de Bob”. Peter lo cuenta bañado en sarcasmo, pero sin excesiva amargura. Sí que, en cambio, desprende un sabor agridulce su visión de la segunda etapa de su vieja banda.

“Estoy encantado de no haber dicho que no al ver cómo los fans celebraron vernos en directo. Pero se limitó a un ejercicio de nostalgia. Me noté fuera de forma, física y mentalmente: desde un punto de vista egoísta, ahora me habría negado”. No se publicó nada durante la reunión, pero sí compusieron varios temas. “Uno de ellos, ‘Black Operations’, no pasó el corte final para este disco. No me encajaba la letra, un despotrique político sin nada de sorna. Quizá algún día lo edite de incógnito”.

 

TRES + UNO

PETER PERRETT, Último tren fuera de la burbuja

The Only Ones
“The Only Ones”

(CBS, 1978)

Un debut enorme e incomprendido: sobredosis musical para los punks, exceso de energía para el establishment. Fue de locos que las listas radiofónicas ignoraran “Another Girl, Another Planet”: “No creo que el problema residiera en las analogías con las drogas. Lo achaco más a la intro instrumental” –con John Perry a la guitarra–. Su uso publicitario (2006) propició la vuelta del grupo. “Ojalá me hubiera importado alguna vez el dinero. Ahora lo pienso por mis hijos”.

PETER PERRETT, Último tren fuera de la burbuja

The Only Ones
“Even Serpents Shine”

(CBS, 1979)

Otra colección llena de joyas, aunque ninguna tan directa como el hit previo que nunca fue. Continúa la variedad (Mike Kellie era batería en los progresivos Spooky Tooth, y Alan Mair, el bajista, había triunfado en Escocia con The Beatstalkers) mientras ganan en solidez. Y Perret, autor de todos los temas, se sale como letrista: “La gente veía depresivas mis canciones, pero mi vida entonces era genial. El desorden me vino después, como en una autoprofecía”.

 
PETER PERRETT, Último tren fuera de la burbuja

The Only Ones
“Baby’s Got A Gun”

(CBS, 1980)

La menos redonda de sus tres entregas, pese a contar por fin con un verdadero productor: la banda quería a Martin Hannett, pero se optó por el más comercial Colin Thurston. Alberga “Oh Lucinda (Love Becomes A Habit)”, que alude a la misma relación triangular que ahora “Troika”. Y en 1982, la ruptura. Gran error, según Perrett: “En Nueva York, durante una gira caótica. Alan dijo que se iba y le contesté con una chiquillada. Un ‘que te den, que no me interesas’”.

PETER PERRETT, Último tren fuera de la burbuja

Johnny Thunders
“So Alone”

(Real, 1978)

Perret está tan orgulloso de este álbum de debut de Thunders como de su obra propia. “Se presentó en un bolo y me dijo que le encantaba mi voz. Nos convertimos en los mejores amigos”. Peter toca y canta en “You Can’t Put Your Arms Round A Memory”. “Aunque mi favorita sea ‘So Alone’. La descartaron porque Johnny tropezó con la batería y se escuchaba a Mike Kellie preguntarle si estaba bien. Johnny fue único, aunque siempre estaba hecho polvo. Yo pensaba: ‘No quiero estar como él’”.

 
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