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PONY BRAVO, Buscando un estado de ánimo

Las ficciones sureñas de una banda sin fronteras.

Foto: Celia Macías

 
 

ENTREVISTA (2009)

PONY BRAVO Buscando un estado de ánimo

Una de las últimas sorpresas de la música española fue la irrupción de los sevillanos Pony Bravo, una propuesta difícil de imaginar antes de escucharla. Influencias dispares, estilística y geográficamente hablando, para un disco de debut que, ya desde el nombre, impactaba: “Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias” (2008) fue un álbum que mereció todos los elogios. Paco Camero habló con el grupo a raíz de aquel estreno.

A partir de una amplia colección de afinidades dispares y patentes –del pop etíope al krautrock, del rock sevillano de los setenta a Radio Futura, del reggae a la copla–, aunque asumidas a través de una sorprendente voz propia, Pony Bravo, en rodaje desde 2006, publicó el año pasado uno de los discos más estimulantes aparecidos en mucho tiempo en este país. “Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias” (Monterrey, 2008) trata básicamente de dar la razón al cantante y cerebro principal del grupo, Daniel Alonso, convencido de que “la música experimental no tiene por qué ser de minorías”. Los también sevillanos Darío del Moral (bajo, guitarra), Pablo Peña (guitarra) y Javier Rivera (batería), antiguos miembros de otra banda de la ciudad ya disuelta, Renochild, completan una formación que trabaja en torno a un discurso ambicioso que defiende el respeto al público –“hoy los oyentes tienen mucha cultura y si solo les das clichés, en lugar de un trabajo más profundo, nunca se vincularán a lo que haces”–, la perspectiva del aficionado –“queremos librarnos del reverso tenebroso de querer ser un grupo importante; de lo contrario empiezas a hacer música para tener una carrera, que es lo peor que se puede hacer”– y la búsqueda de “nuevos significados locales”.

“Hay discos etíopes que se acercan al soul y al funk; eso, mezclado con temas de flamenco, de copla, de Radio Futura, puede llegar a conformar un hilo común”
(Daniel Alonso)

En una primera impresión, esta búsqueda es seguramente lo más llamativo de su primer álbum. Alonso: “Buscar la originalidad como un fin en sí mismo puede desembocar en un fracaso absoluto, porque, en cierta medida, la originalidad no depende del músico. Es algo que no se puede controlar. Hay discos etíopes que se acercan al soul y al funk; eso, mezclado con temas de flamenco, de copla, de Radio Futura, puede llegar a conformar un hilo común. Seguir ese hilo es lo que pretendemos, aunque hablar de esto habiendo sacado solo un disco es bastante extraño, porque luego nos encontramos con nuestras limitaciones”. Y Del Moral añade: “Por eso preferimos saber en qué no queremos caer, por ejemplo en no utilizar solo influencias anglosajonas, y movernos en ese espacio que queda en medio de las intenciones. Me gusta pensar que buscamos un estado de ánimo. El flamenco, por ejemplo, nos viene grande, pero si quieres hacer algo que se le acerque no tienes necesariamente que meter un compás. Es otra cosa, una actitud, una sensibilidad”.

 
PONY BRAVO, Buscando un estado de ánimo

El flamenco no es una exageración de los sentimientos, es una cosa superfina. Peña, Rivera, Alonso y Del Moral lo atestiguan en esta entrevista. Foto: Celia Macías

 

La honda huella sureña en las canciones de “Si bajo de espalda...”, asociada en este caso a una reflexión muy consciente sobre los códigos de la música popular, es una muestra más (tras los ya célebres virajes meridionales de Sr. Chinarro y Los Planetas) de que la antigua manera de los músicos andaluces de relacionarse con su tradición ha saltado por los aires. En cierto modo e inevitablemente, el imposible empeño de antaño de negar un folclore nunca reclamado pero omnipresente de todas formas ha acabado cediendo a la libertad de poder elegir qué parte de la herencia se quiere aceptar. El bajista y guitarrista de Pony Bravo lo resume con sintética elocuencia: “Se trata de madurar, ¿no?”. Alonso, que encuentra en el baile de Israel Galván un modelo “perfecto” de esta nueva manera de pactar con el acervo, continúa: “Para muchos ha sido como un vaso que rebosa. Ahora es más obvio verlo, pero lleva tiempo pasando. Y creo que la elección de trabajar con el folclore andaluz en muchas otras disciplinas artísticas no se ha debido a artificios o planteamientos conceptuales, sino a un impulso de naturalidad. El músico que no aprende a quitarse los prejuicios está muerto. Nosotros queríamos representar lo que significa la tradición para nuestra generación, no que nos dijeran eso tan envenenado de ‘no parecéis de aquí’. Yo antes pensaba que el flamenco era una exageración de los sentimientos, cuando en realidad es una cosa superfina. Me da un poco de miedo que el enfoque local se ponga de moda, pero me alegra mucho esta corriente de luminosidad, y por supuesto prefiero escuchar a Triana o a Kiko Veneno que al grupito ‘hype’ que viene de Inglaterra con el videoclip de treinta millones”.

“No queremos perder el componente popular ni el sentido del humor, pero lo que nos pide el cuerpo es hacer algo más extraño, que nos sorprenda”
(Daniel Alonso)

El grupo editará este año su segundo disco, aunque aún no baraja ningún plazo concreto. Lo hará ya en su propio sello, El Rancho, una nueva aventura que dará cobijo también a Fiera, el proyecto personal que el guitarrista Pablo Peña desarrolla con los mismos compañeros, una propuesta más radical –aunque igual de “pedante”, bromea Alonso– que traslada su eje al ruidismo, el rock industrial, la arquitectura herrumbrosa de Tom Waits y, en general, los postulados estéticos de bandas como Einstürzende Neubauten. “No queremos disgregarnos, pero ahora toca Fiera: Pablo lleva tres años trabajándoselo”. Después, reconvertidos de nuevo en Pony Bravo, ultimarán las nuevas composiciones, “en parte continuistas” pero distintas. “Será un disco muy rítmico. Queremos seguir trabajando en esa línea, en la de ‘El guardabosques’ o ‘El rayo’ –elegido por los lectores de esta revista entre los mejores temas nacionales de 2008; se puede oír en el CD de este Rockdelux–, porque consideramos que no hemos cubierto la base de nuestro proyecto. Hay cosas que ya no nos molan, como el tópico de la banda sonora y sobre todo las canciones en inglés. Nuestra sensación es que acaban resultando una especie de género en sí mismo. Por eso creemos que las letras en castellano permiten más riqueza expresiva. No queremos perder el componente popular ni el sentido del humor, pero lo que nos pide el cuerpo es hacer algo más extraño, que nos sorprenda. Asumimos que podemos perder parte del público que tenemos, pero tampoco deseamos tener deudas ni alimentarnos de nuestro propio trabajo”, concluye Alonso.

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