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PONY BRAVO, Contra el mimetismo

“Preferimos equivocarnos a no arriesgar”.

Foto: José Carlos Nievas

 
 

ENTREVISTA (2010)

PONY BRAVO Contra el mimetismo

Desde Sevilla, Pony Bravo han llegado para quedarse. Con discos pletóricos de ideas, se han confirmado como una de las propuestas más insólitas del panorama nacional. Krautrock, ethio-jazz, afrobeat, dub, post-punk y flamenco, bien batido y con desparpajo. Así es la música de este cuarteto único que hace de la curiosidad voraz el motor que impulsa su trote. Con la publicación del arriesgado “Un gramo de fe” (2010), un disco resuelto en un evidente estado de gracia, Pony Bravo confirmaron y renovaron las expectativas creadas por su debut en 2008. Gabriel Núñez Hervás habló con ellos y comprobó que la insaciable búsqueda de la originalidad, el respeto a la música y a los aficionados y un espíritu sincrético y reivindicativo son sus señas de identidad.

“Preferimos equivocarnos a no arriesgar”. La actitud vital y profesional de Pony Bravo queda expresada con clarividencia y rigor en esta afirmación de Daniel Alonso (voz y teclados), principal interlocutor en esta entrevista. Si su debut, “Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias” (Monterrey, 2008), los situó entre las propuestas más sugerentes de la escena nacional, “Un gramo de fe” (El Rancho, 2010) ofrece un disco concebido y ejecutado a pecho descubierto, con un refinado tono crítico y una apuesta decidida por el humor como arma cargada de futuro. En esta ocasión, los Pony Bravo ya bajan de frente.

En el encuentro con Alonso, Pablo Peña (bajo) y Darío del Moral (guitarras), falta Javier Rivera (batería). “Está en una boda, y además es bético; como verás, es el más auténtico del grupo”, bromean. Sevilla nos regala una bonita tarde soleada a primeros de noviembre, pero nos desplazamos hasta El Establo, base de operaciones de la discográfica El Rancho Casa de Discos. Este local de ensayo se encuentra en los corralones de artesanos de la calle Castellar. “Es un edificio con más de un siglo de historia, que está al lado del palacio de la Duquesa de Alba. Hay artesanos mayores y gente más joven, arquitectos, artistas, músicos. Hace dos años hubo protestas porque el dueño quería desalojar a todo el mundo, se asociaron los artesanos y consiguieron continuar trabajando allí”. Este tono reivindicativo engarza perfectamente con la conciencia de Pony Bravo. Su discurso cree en el quórum, es profuso e intenso, combativo, comprometido y abiertamente respetuoso.

“Los grupos de referencia que hemos oído para inspirarnos han sido Lee Perry, mucho dub, Fela Kuti, grupos norteamericanos de los ochenta buenos y alegres como los Talking Heads y Devo, mucho post-punk y discos de ESG, Pylon... grupos así. También los Clash: Joe Strummer era muy bueno con las letras e inspira mucho. Y por último, Manolo Caracol y Enrique Morente”

Tal vez por eso, la crítica les ha dispensado un cariño casi unánime, aunque algunos aficionados despistados aseguran que son “los No Me Pises Que Llevo Chanclas, que han cambiado de camello” (muchas risas). “Pues nos gusta, nos parece una gran crítica. De hecho el otro día pusimos ‘Las calles de Chicago’ en una sesión afterpunk y entró muy bien; así que nos tomaremos esa opinión con orgullo. El hecho de meter humor andaluz puede conllevar esas asociaciones, pero es una decisión consciente. Aunque es un terreno peligroso, también supone un reto. Lo que nos gustaría es hablar con humor de temas serios”. Para Pony Bravo el humor es solo una de las múltiples herramientas que utilizan para alcanzar su verdadero propósito. “Lo que queremos es intentar cosas diferentes. Si los músicos evitamos el riesgo y nos vamos a una música más fácil o comercial, al final todo se homogeneiza y eso es un problema”. Interpretar esta intención integradora como una pose adscrita a modas puntuales les ha podido granjear cierta fama de pretenciosos. “Querer ser diferente siempre puede parecerlo, sobre todo si lo pretendes y no lo consigues. Pero hay una diferencia enorme entre hablar de la música que te gusta y hablar de la música que haces. Esa confusión puede dar esa imagen”.

Durante la charla suena el disco “Ege Bamyasi” (1972), de Can, una de las muchísimas referencias inexcusables del grupo. Pony Bravo no ocultan sus fuentes, las revelan de una manera exhaustiva y honesta: “Los grupos de referencia que hemos oído para inspirarnos han sido Lee Perry, mucho dub, Fela Kuti, grupos norteamericanos de los ochenta buenos y alegres como los Talking Heads y Devo, mucho post-punk y discos de ESG, Pylon... grupos así. También los Clash: Joe Strummer era muy bueno con las letras e inspira mucho. Y por último, Manolo Caracol y Enrique Morente: Caracol para ‘Ninja de fuego’ y Morente para la letra del fandango ‘Lo más difícil del mundo’. Pero con ellos es muy difícil hablar de influencias, porque son tan buenos que cuando los escuchas te quedas aplastado. No se puede escuchar a Morente y después escribir una canción. Sería como querer hacer cine como Buñuel o bailar como Israel Galván. Los ves y te cambia algo en la cabeza. Si hablamos de artistas tan grandes es solo porque nos gustaría llegar a esos niveles de Shangri-La musical”.

 
PONY BRAVO, Contra el mimetismo

Daniel Alonso, Darío del Moral, Javier Rivera y Pablo Peña.

Foto: Celia Macías

 

En la pizarra que hay dispuesta junto a la puerta del local apuntan los nombres de los grupos y artistas que salen en la conversación: “Por ejemplo, Dactilomono, una gente de Sevilla que están muy bien y casi nadie conoce; o Scan 7, un grupo de techno de Detroit que nos descubrió Juan Valverde”. Juan Valverde es El Perla, un compañero del local, erudito de la música electrónica, que ha colaborado en “Un gramo de fe”. También han participado en el disco Za!, de quienes se deshacen en elogios: “Son increíbles, buenísimos, brutales, muy libres, como niños pequeños. Tocan como improvisando en el rock, tienen mucha facilidad. Solo hemos encontrado musicazos de esa categoría en otros géneros”

“No nos identificamos con el indie. Lo bueno sería que hubiesen muchas ramas, que se trabajen influencias distintas, que no seamos tan imitativos. Hay un proceso de imitación natural en la música popular y hay que ser coherentes con las raíces, pero también hay que buscar nuevos enfoques”

Za! y El Perla son algunas de las novedades de un disco grabado bajo el control técnico de Raúl Pérez, a quien se podría considerar el quinto Pony. “Hay una evolución en el sonido y, sobre todo, en el trabajo de composición. Por ejemplo, hay un intento de deformar la canción popular a ver hasta dónde sigue funcionando. La producción es más cruda, más limpia, más invisible”. Lo que no impide que el disco esté lleno de matices, detalles y guiños. Una traicionera calma chicha es quebrada por singulares cambios de ritmo y por inesperados arreglos. Se ha perdido cierto tono introspectivo y no queda mucho rastro del punto emotivo de “El rayo” o “El pony bravo”. A cambio, entregan temas con la contundencia de “La voz del hacha”, la inmediatez de “La rave de Dios“ y “Noche de setas” o la inspiración y locura de ese acercamiento a la famosa zambra de Quintero, León y Quiroga que, tras la deconstrucción, se titula “Ninja de fuego”. Aferrados a la mística, Pony Bravo practican una música afrodisíaca, que conduce al placer y a la procreación (musical). Se mueven en un terreno fértil, y sorprende la naturalidad con que manejan referencias sorprendentes tanto en los textos como en los géneros. En los primeros transitan de China (“China da miedo”) a la plaza de Pumarejo (“Pumare-Ho!”), o de la corporación Halliburton a la actriz Halle Berry pasando por la industria de pesticidas Monsanto (“Super-Broker”); viajan de los salmos a los alucinógenos, de los cárabos a las mangostas y de los bungalows al campo, y lo hacen sin mostrar pasaportes ni sufrir registros aduaneros. En cuanto a la música, a veces pueden transmitir la impresión de confundir el eclecticismo con el caos y parecer que echan los estilos a pelear, a ver qué pasa, como en un deliberado sistema de ensayo y error. Pero tras esa sensación hay mucho análisis, estudio e intención. “Hay mucho trabajo previo, de mesa”.

Mantienen intacta su enconada batalla a favor de la licencia Creative Commons. “El recorrido es muy corto para sacar conclusiones, pero lo importante es que haya más grupos que vean opciones de salir adelante trabajando con Creative Commons. Para nosotros es un modelo de negocio mucho más interesante y razonable”. Pero sobran palabras y falta compromiso. De modo que antes de salir a tomar unas cañas en la vecina plaza de San Marcos vuelven a la carga contra el conformismo y el mimetismo de la escena musical. “No nos identificamos con el indie. Lo bueno sería que hubiesen muchas ramas, que se trabajen influencias distintas, que no seamos tan imitativos. Hay un proceso de imitación natural en la música popular y hay que ser coherentes con las raíces, pero también hay que buscar nuevos enfoques”. Su afán es seguir buscando la verdad. “Aunque sepas que no vas a encontrarla nunca. Queremos llevar a cabo un análisis trabajado que sea positivo para la evolución del lenguaje musical popular y también hacer lo que nos gusta sin dejarnos llevar por el ego, el ansia de éxito instantáneo o cualquiera de los vicios habituales. Lo principal es quedarte con la sensación de que lo que haces te cambia a ti y hace cambiar algo más. El músico tiene una responsabilidad que no tiene el oyente”. Una responsabilidad que Pony Bravo no esquiva en ningún momento. Son conscientes de que el bosque feroz de la industria afila sus uñas ante ese gramo de fe que han esparcido. Pero, ¿quién dijo miedo?

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