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PONY BRAVO, Porque su rumba está buena

Pony Bravo, del post-lolailo al turbo-turco: sin complejos.

Foto: Óscar García

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 316)

PONY BRAVO Porque su rumba está buena

Por Joan Pons

¿Existen los ponybravistas? Esa cofradía imaginaria, aunque quizá no tanto, de adoradores del grupo sevillano que comprende, comparte y defiende su sentido del humor, su no casarse con ningún estilo, su avance continuo. Sin embargo, con su tercer disco, “De palmas y cacería”, Pony Bravo dejaron de ser el grupo de culto perfecto. Desde entonces, son más populares, más coloridos y más abiertos. Resumiendo: son más, circunstancia que constató Joan Pons en esta entrevista que fue tema de portada en el Rockdelux 316 (abril 2013).

La primera vez que quise agarrar a Pony Bravo se me resbalaron de las manos. El CD “Momentos 2008. Volumen III. Canciones nacionales” de esta revista incluía “El rayo”. Encargado de escribir los breves textos que acompañaban cada canción del disco, comparé a los sevillanos con, ejem, La Frontera. “Jajajaja, ¿Así que fuiste tú?”, se me cachondean ahora. “Tranquilo, hombre, que la coña sienta bien: nosotros a veces aún nos damos caña con eso”. Superado este despiste primigenio una vez ya tuve escuchado y asimilado su primer disco, “Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias” (El Rancho, 2008), Pony Bravo me volvieron a adelantar por la izquierda: fue la primera vez que los vi tocar en directo “La rave de Dios” en el festival Emergència! de 2010. Aquel dribbling hacia la música de baile con alto grado de toxicidad me pilló otra vez a contrapié. Y de nuevo ahora, con el tercer disco del grupo, “De palmas y cacería” (El Rancho, 2013), ya en descarga gratuita en la página de su casa de discos El Rancho, el linier me sigue levantando el banderín. ¿Y esta vez qué? ¿Me he metido en fuera de juego porque en el disco hay más funk? ¿Más flamenco? ¿Más comedia? ¿Más compromiso político? ¿O es que tengo dudas sobre si estos Pony Bravo de hoy siguen siendo el mismo grupo que eran? A esta última pregunta, me respondo yo mismo: sí, siguen siendo el mismo grupo escurridizo que eran.

“Bueno, es que este disco es más la continuación de algunas canciones del segundo, como ‘La rave de Dios’ o ‘Super-broker’, en las que ya había más cultura crítica, más humor, más música de baile.. Sí, hemos intentado no escribir bien o, por lo menos, asumir que no somos escritores, porque con las letras de rock uno siempre comete muchos fallos...
(Daniel Alonso)

“¿Escurridizo... ?”, se pregunta Darío del Moral (guitarra, en la mayoría de ocasiones) no demasiado seguro de las connotaciones positivas del término. Diría que es la única vez que interviene en la entrevista. Él y Pablo Peña (bajo y lo que le echen) se han traído la gripe con ellos en la furgoneta de Sevilla a Barcelona. Darío no se arriesga ni a desabotonarse el abrigo en la terraza en la que estamos sentados. Javier Rivera (batería, principalmente) y Daniel Alonso (voz, teclados y alguna cosa más que haya en el estudio) son quienes se echan el peso de la conversación a la espalda; aunque van todavía de Lizipaina, ya hace dos o tres días que han doblegado al virus. Dani es el que se atreve a explicar esta condición de grupo anguila que les infiero: “De la misma manera que cambia la música que escuchamos, que siempre se nos ha visto mucho el plumero con las influencias, también cambia la que hacemos”. Pablo: “Nos vendieron que todo el mundo tenía que especializarse en algo y no podía meterse en el terreno del otro”. Dani: “Y nosotros nos hemos visto metidos en una bola en la que preferimos arriesgarnos a explorar otros géneros, aunque la caguemos, que intentar definir el sonido del grupo como un yunque”.

¿Eso explica por qué el salto del primer disco al tercero es tan grande? (Dani): Bueno, es que este disco es más la continuación de algunas canciones del segundo, como “La rave de Dios” o “Super-broker”, en las que ya había más cultura crítica, más humor, más música de baile... (Javier): En el primero, la composición o los arreglos tendían a unos desarrollos y unos finales de canciones más épicos. (Pablo): También hemos buscado ser más directos con las letras, con menos metáforas. (Dani): Sí, hemos intentado no escribir bien o, por lo menos, asumir que no somos escritores, porque con las letras de rock uno siempre comete muchos fallos...

¿Qué fallos? (Dani): Pues mira, el otro día estábamos debatiendo, por ejemplo, si seguir incluyendo “El guarda forestal” en el repertorio. Recuerdo que, cuando empezamos, en las letras había un elemento como de fábula, con las típicas metáforas de la naturaleza. Al principio todo el mundo cae un poco en ese rollito de ensoñación rockera. Ahora, no es que nos arrepintamos de eso, pero ya estamos en otra cosa.

¿Y dónde estáis ahora? ¿Habéis cambiado la “ensoñación rockera” por el júbilo de la música de baile? (Dani): Ha habido un proceso de enriquecimiento de las bases rítmicas y de aprender a componer a partir de ellas que nos ha llevado hacia la música de baile. (Javi): Pero sí es verdad que lo hemos tenido un poco como premisa. Una vez teníamos la idea de una canción, cuando nos poníamos a trabajar en ella buscábamos que se pudiera bailar. (Pablo): Queríamos que este disco fuera más luminoso, más electrónico. Queríamos tocar unos temas que, si los tratábamos de una manera muy dramática o muy oscura, entonces entraban en un terreno de cantautor que no nos encajaba. (Dani): También queríamos trasladar el ambiente de cuando montamos una pequeña fiesta en el local. (Pablo): Últimamente hemos disfrutado mogollón de la música en otro tipo de espacios, compartiéndola con más gente, no escuchándola tú solo en casa. (Dani): Porque esos mismos días que estás con el botellín, con amigos, bailando, y mira que a mí me cuesta bailar, se genera un contexto en el que se tienen conversaciones sobre lo que está ocurriendo en la realidad que, a veces, incluyen reflexiones muy creativas o divertidas.

Con Juan Luis Matilla de protagonista, “El político neoliberal” es una bofetada irónica con las palabras de Héctor Lavoe como nudo central de la canción: “¡Vótenme a mí, porque mi rumba está buena!”.

El chiste como cultura crítica

El videoclip de “El político neoliberal” arranca con un fragmento de una entrevista a Héctor Lavoe en la que el cantante suelta eso de “imagínate a mí dando un discurso: ‘¡Vótenme a mí, porque mi rumba está buena!’”. Dani: “De ahí sale toda la idea de hacer la canción”. Y de ahí sale también cierta fractura que se ha abierto entre la bolsa de fans del grupo: unos abrazan este viraje hacia el comentario social desde la comedia como una nueva arista de Pony Bravo y otros han acusado al grupo de trazo grueso y menoscabo poético. Pablo: “Somos conscientes de que ese humor, que puede servir de enganche para algunos, puede también generar rechazo a otros. Pero es que ese es el camino que hemos escogido para matizar el tono y no hacer canción protesta en sí misma”. Javi: “Bueno, si canción protesta es protestar por algo, independientemente del estilo o el tono como se haga, pues sí, nosotros protestamos”.

“Yo estoy tranquilo porque es el mismo humor que tenemos en casa. Si hubiéramos visto que estábamos creando una especie de rol de grupo que luego no se corresponde a cómo somos nosotros cuando hablamos... Pero es que somos así. Por eso creo que es honesto. Algo parecido nos pasa con el acento andaluz: muchas veces es una locura meterlo en canciones porque o queda rancio o queda payasete... Pero el ejercicio que nos motiva es ese: cantar como hablamos y musicalizar nuestro propio acento”
(Daniel Alonso)

“El político neoliberal”, que podría compartir lista de reproducción con “Empresarios y secretas” de Tarántula, “Dios salve al lendakari” de Derribos Arias, “Mata la música” de Eskorbuto, “Rock The Casbah” de The Clash  y “To Hell With Poverty” de Gang Of Four (“Esa la pincho yo siempre”, tercia Pablo), tiene coros achirigotados, sí (“¡Sarkozy, kozy-kozy, Sarkozy-kozy-kozá!”), pero también es una canción en sintonía con nuestros tiempos: tiempos de chistes con fondo. Pablo: “La figura del clown o del comediante siempre se ha visto como algo de segunda fila; y a mí me parece que es justo lo contrario: hacer comedia bien es algo superdifícil”.

¿Y no da cierto reparo meter según qué juegos de palabras? (Javi): Da un poco de reparo, sí... Yo, cuando escucho según qué coros de Dani, al principio pienso: “Uy, no lo veo...”. Pero a los cinco minutos, ya lo voy asimilando. (Dani): Hay un proceso, desde que se hace la demo, en el que empiezas a probar cosas. Te arriesgas y entonces es cuando empiezas a ver caritas... Ahí ya pules: esto no, esto sí...

Otro riesgo de ciertas bromas es que solo funcionen entre vosotros como un chiste privado. Pienso en “Mi DNI”. (Pablo): Pues ahí el intento era explicar al que no lo conoce cómo son ciertos personajes dañinos que hay en según que ambientes. Es la caricatura de ciertos individuos de la prensa, de las salas de conciertos, de los interesados, de los obsesionados con el éxito... (Dani): Queríamos generar una mitología, que hasta se le cogiera cariño a unos personajes a los que, cuando los tienes delante, no les tienes ninguno. (Javi): Pero yo también creo que la letra es extrapolable: esa gente zafia que pulula alrededor de la música también la hay en otras profesiones. Muchas veces es mejor escribir sobre un gremio más cercano al nuestro que sobre el gremio de los guardabosques, que no sabemos cómo son. (Dani): Juan Luis Matilla, que es el actor del videoclip y además es bailarín, dice que cuando acaba un espectáculo se le acerca un tipo de personal muy parecido al de la canción. Claro que como en lo suyo hay un elemento de alta cultura y suele ser en horarios más decentes, por lo menos la gente no va ciega.

O sea, que creéis que algo muy gremial o muy local también puede ser universal. (Dani): Nunca hemos querido encriptar nada. No sé, canciones que pueden parecer más localistas, como “Turista ven a Sevilla”, luego resulta que vas a Valencia, y Betunizer, que es un grupo con el que sentimos mucha afinidad, como con Za! o Fluzo, nos dicen que podría hablar perfectamente de su ciudad. Igual después sí hay cosas de las que piensas: “¿Qué me están diciendo?”. Pero intentamos que sean mínimas. Si todo es una broma privada, le faltas al respeto a quien lo está escuchando. (Pablo): También queremos que las canciones sean siempre accesibles. No nos interesa crear un gueto cultural o intentar trabajar para una élite. (Dani): Eso se consigue, en parte, haciendo música más bailable y, en parte, introduciendo humor.

Entonces, ¿se puede interpretar el humor como un factor que habéis potenciado para ganar público? (Dani): Yo estoy tranquilo porque es el mismo humor que tenemos en casa. Si hubiéramos visto que estábamos creando una especie de rol de grupo que luego no se corresponde a cómo somos nosotros cuando hablamos... Pero es que somos así. Por eso creo que es honesto. Algo parecido nos pasa con el acento andaluz: muchas veces es una locura meterlo en canciones porque o queda rancio o queda payasete... Pero el ejercicio que nos motiva es ese: cantar como hablamos y musicalizar nuestro propio acento. A Antonio Luque o J también les costó mucho sacarlo. (Javi): Es un acento que ha estado muy lleno de prejuicios y que se creía que te podía limitar. (Pablo): En los noventa, parecía que lo importante era parecer de fuera. Y eso se ha quedado ahí.

 
PONY BRAVO, Porque su rumba está buena

Rockdelux 316 (Abril 2013)

Foto: Celia Macías

Diseño: Nacho Antolín

 

Palos de ida y vuelta y turbo-turco

Grandes músicos aunque también grandes oyentes, a Pony Bravo les encanta hablar de sus influencias. Que si Devo, que si Jonathan Richman, que si ESG, que si DNA, que si PiL, que si afrobeat, que si salsa, que si reggae...

¿Y Radio Futura? A mí “Guajira de Hawaii” me parece que podría estar en “La ley del desierto / La ley del mar”. (Dani): Nos encantan. Puede ser. (Javi): No partíamos de Radio Futura, pero igual acabó ahí de forma natural. (Dani): Nos costó mucho que esa canción fluyera. Llevamos con ella desde el primer disco. (Javi): Hace mucho tiempo que queríamos hacer no una guajira, sino unas alegrías, pero con acordes hawaianos. Y ahí hay un punto complicado, que es que tiene que estar bien de compás. Si esta versión de Pepe Marchena la escucha un cantaor o alguien que sepa mucho de flamenco, como El Niño de Elche o Manuel León, que nos han ayudado mucho en este disco, que no diga: “Uy, nos están tangando”. Les puede gustar o no, pero, por lo menos, que noten que se está respetando el compás. (Dani): Ya habíamos hecho algo parecido con “Niña de fuego”, que era una copla, pero con esta estoy muy contento, porque hace años que queríamos adaptar palos de ida y vuelta. (Javi): Cuando el flamenco viajaba a Latinoamérica y regresaba, traía influencias de música hispanoamericana. Había alteraciones en el compás y la melodía. (Dani): También son palos más entendibles como canción para gente que no viene del flamenco. Cuando Chano Lobato hace este tipo de cantes, parece cubano. Y Beni de Cádiz hasta se inventaba sus cantes de ida y vuelta cuando le cantaba a los jeques árabes de Marbella cobrando una pasta: les hacía allí mismo un cante moruno improvisado.

“Es un reto técnico y de expresividad: cómo convertir ese chillido del flamenco en una voz de rock que emocione. Y que además sea algo diferente, que no sea solo una réplica tocada con guitarra eléctrica
(Daniel Alonso)

A Beni de Cádiz también le homenajeáis en la “Zambra de Guantánamo”. Aunque la canción parece de Las Grecas producidas por DFA. (Dani): Post-lolailo, lo llamamos nosotros. (Pablo): O turbo-turco. (Dani): ¡Eso! Cuando fuimos a tocar a El Cairo, nos dimos cuenta de que los taxistas tenían puestas unas músicas propias que no llegan aquí: un pop de baile que era una locura. (Pablo): Música de coches derrapando. (Dani): La melodía de la zambra también la teníamos desde el primer disco. La hemos intentado convertir en canción de mil maneras, con todos los palos y estilos posibles. Y la única que funciona es... turbo-turco. Como se nos volvió tan de baile, adaptamos la letra de forma más excesiva, más canalla.

¿Son estas adaptaciones libres del flamenco un camino que tenéis pensado seguir? (Javi): Si hay tres o cuatro, este es uno. (Dani): Es un reto técnico y de expresividad: cómo convertir ese chillido del flamenco en una voz de rock que emocione. Y que además sea algo diferente, que no sea solo una réplica tocada con guitarra eléctrica. Es muy complicado, porque tampoco tocamos tan bien ni somos capaces de cantar una soleá “por derecho”, como dice Manuel León.

La entrevista entra en un largo fade out mientras discutimos si “De palmas y cacería” es su disco más “comercial”. Javi: “¡Mi padre dijo lo mismo!”. Pablo: “Yo prefiero decir que es más popular”. Dani: “Es popular porque es rock. Y nosotros seguimos siendo un grupo de rock... lo que pasa es que entendemos el rock de una manera muy amplia”.

 
PONY BRAVO, Porque su rumba está buena

Javier Rivera, Darío del Moral, Pablo Peña y Daniel Alonso: el chiste del ritmo.

Foto: Óscar García

 

Sumando imágenes

En los fotomontajes que el propio Daniel Alonso realiza para Pony Bravo desde los inicios del grupo, dos más dos no siempre suman cuatro. Photoshop mediante, en estas asociaciones de ideas gráficas suman sevillanismo y transgresión, cultura pop y comedia, referentes humanos y referentes divinos: Elliott (el niño de “E.T.”) puede llevar a Curro (la mascota de la Expo ’92) en la cesta de su bicicleta, la Giralda despega desde Cabo Cañaveral y la cara de Michael Jackson se incrusta en la virgen de la Macarena. Dani: “¡No es la Macarena! Todas las imágenes de los pasos de la Semana Santa de Sevilla están protegidos no ya por derechos de autor, sino por ¡derechos morales! Así que mezclé motivos de muchas vírgenes distintas para que no se pudiera identificar ninguna”. Estos encontronazos visuales, casi tan esperados por los seguidores del grupo como sus canciones, no siempre se han entendido: en Madrid, por ejemplo, “se invitó” al grupo a que el cartel de Rajoy anunciando la nueva gira se sustituyera por otro: Juan Manuel Sánchez Gordillo acompañado de MacGyver fue la faena de aliño. “Y en El Cairo, por ejemplo, nos dijeron que tampoco entendieron muy bien qué hacía la Esfinge con la cara de ese señor ahí, que era Chiquito de La Calzada. Fue una época en que me dio muy fuerte por el maestro...”.

Si bien la portada de “De palmas y cacería” esta vez no es de Dani, sino de Manuel León (“Siempre ha colaborado con nosotros, y esta vez nos apetecía que la hiciera él... aunque yo tampoco tenía imagen de portada...”), estos mash-ups fotográficos siguen siendo una marca de estilo del grupo: “Desde el principio, intentamos que cada concierto tuviera un cartel, que no fuera el típico fondo para toda la gira. Y ha ido creciendo en paralelo. La idea es trabajar una unidad entre música e imagen. Que se enriquezca una cosa con la otra y que todo defina un imaginario, un sentido del humor o una poética muy nuestra. Para mí cada vez es más natural, es más lo mismo. Yo estoy contento porque ha generado cosas muy divertidas y se ha establecido una relación con el público muy simpática y muy vivencial”.

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