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PORTISHEAD, El tercer milagro

La cantante Beth Gibbons sigue sin dar entrevistas.

Foto: Adam Faraday

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 261)

PORTISHEAD El tercer milagro

Su vuelta en 2008 fue un acontecimiento después de diez años de silencio. “Third” los redimensionó de nuevo. Adiós al trip-hop con el que habían marcado un camino para los demás... pero no para ellos. Necesitaban romper el corsé de “Dummy” (1994). Esta es la entrevista de Juan Manuel Freire que publicamos cuando “Third”, su tercer álbum de estudio, estaba al caer; fue motivo de portada en el Rockdelux 261 (abril 2008). Y aunque cueste creerlo, Portishead son hoy tan relevantes como lo eran en la década de los noventa: con el asombroso “Third” supieron reinventarse de forma insólita y sobrecogedora sin dejar de ser ellos mismos.

Si sus fans lo han pasado mal estos diez años, no se imaginan cómo han sufrido sus ídolos. Entre el directo “Roseland NYC Live” (Go Beat, 1998) y el imponente “Third” (Island-Universal, 2008) hay días de vacaciones, pero, sobre todo, días largos y exasperantes invertidos en buscar una manera de sonar a Portishead sin sonar a... trip-hop. Ahora se ríen, hablan relajados y distendidos, pero Geoff Barrow y Adrian Utley aseguran que hubo momentos (o mejor dicho, temporadas) de tensión. “Hacía una base, Beth ponía su voz encima y ahí lo tenías: trip-hop”, comenta Barrow, el maquinitas, un torrente verbal. “Hacer la transición rítmica fue un desafío: todo sonaba a jodido trip-hop”, confirma Adrian Utley, el guitarrista y productor, quien tampoco es rácano con las palabras. Solo nos falta la cantante Beth Gibbons para cerrar el círculo, pero ella sigue sin dar entrevistas.

“Este álbum ha sido como ver ‘Perdidos’, un viaje interminable con pocas respuestas”
(Geoff Barrow)

El 13 de noviembre de 2007, unas semanas antes de su show de retorno dentro del festival All Tomorrow’s Parties que ellos mismos comisariaron, Barrow escribió en su blog: “Este álbum ha sido como ver ‘Perdidos’, un viaje interminable con pocas respuestas”. Ojalá el final de la serie de Abrams se parezca al final de este duro viaje de diez años para Portishead: que todo encaje y tenga un sentido, que haya sorpresa, emoción, tensión, oscuridad, romanticismo y una similar indagación en los pozos del alma. Puestos a pedir, la apropiadamente titulada “Magic Doors” podría sonar en un momento de revelación suprema de la serie.

Es uno de los hitos de “Third”, pero no el único. Al menos seis de sus once canciones difícilmente serán superadas por otras durante 2008, o durante los diez próximos años. Empieza con dos temas familiares, aunque con los breaks de hip hop dando paso a ritmos primitivistas, y los sonidos inasibles, como del espacio interior, cubriendo la atmósfera con una emoción misteriosa capaz de alejar al oyente de todo. “Nylon Smile” es la balada del año: una súplica de amor desde la dimensión desconocida con versos tan dolidos como “lucho conmigo misma, esperando poder cambiar un poco, esperando poder ser ese alguien que quiero ser”. Pero la primera sorpresa bestia llega con “The Rip”: empieza como un lamento folk salido del disco en solitario de Beth Gibbons para adquirir, a medio camino, un ritmo motorik –el característico del krautrock– que lo acerca a los primeros Kraftwerk. Es de otra galaxia. Como “Plastic”, con sonidos de helicóptero sumando tensión dañina a una torch song a la altura de “Mourning Air” y “Sour Times”. En “We Carry On”, quizá la mejor, sacan asombroso partido de un ritmo marcial reminiscente de Silver Apples y un riff eléctrico que anima a hacer cuernos al aire. Poco después llega “Machine Gun”, single insólito con Gibbons desgranando una sublime melodía sobre un combativo beat preindustrial que Suicide habrían aplaudido. La increíble “Magic Doors” tiende puentes entre The Neptunes y el free jazz y, lo dicho, podría quedar bien en el capítulo final de ‘Perdidos’.

 
PORTISHEAD, El tercer milagro

Rockdelux 261 (Abril 2008)

Foto: Adam Faraday

Diseño: Nacho Antolín

 

Hace seis años entrevisté a Geoff y me resumió la fórmula de Portishead en tres partes que correspondían a cada uno de vosotros: la crudeza del hip hop la representaba el propio Geoff; la musicalidad de las bandas sonoras, Adrian; y la exuberancia vocal de Billie Holiday, Beth. En “Third” no encuentro demasiado de eso. ¿Cómo definiríais ahora la fórmula de Portishead? (Geoff Barrow): Exactamente igual.

¿Estás seguro? (Geoff): Sí, sí, justo igual. Para nosotros todos esos elementos siguen ahí, solo que no de una forma tan evidente. Están el hip hop, las bandas sonoras y las canciones y melodías intensas. En cuanto al hip hop, tienes algo como “Machine Gun”, que recuerda a Neptunes o al tipo de “beat que escuchas en Clipse, pero con una producción algo distinta. Y el de “Threads” es un ritmo que habría sampleado hace años. No hay “scratches ni “samples muy evidentes, pero hay hip hop, claro.

Respecto a lo de las bandas sonoras, el sintetizador final de “Machine Gun” parece de John Carpenter, pero por lo demás... (Geoff): Bueno, “Plastic” es como un homenaje a las bandas sonoras del cine de terror italiano de los años setenta, aunque incorpora sonidos muy personales. También hay algo en ella de la música de Jerry Goldsmith para “El planeta de los simios”. Y, por último, nos queda el tema de las canciones y las melodías: “Nylon Smile” es muy parecida a “Sour Times” en sus acordes y “Threads” tiene algo de “Glory Box”. En cualquier caso, estoy satisfecho de que nos veas transformados, porque si algo hemos buscado durante estos años era no repetirnos.

Queremos dejar de sonar en bares chill out. Que se quede con nosotros la gente que realmente sienta la esencia del grupo. Quien nos comprendiera antes, comprenderá este disco. Porque somos los mismos y las intenciones son las mismas
(Adrian Utley)

En términos generales, “Third” es más crudo y duro que “Dummy” (Go Beat, 1994) y “Portishead” (Go Beat, 1997). Cuesta imaginarlo sonando en bares de moda, sobre todo a la altura de la brutal “Machine Gun”. (Adrian Utley): Queremos dejar de sonar en bares chill out (risas). Que se quede con nosotros solo la gente que realmente sienta la esencia del grupo. Quien comprendiera antes a Portishead, comprenderá este disco. Porque somos los mismos y las intenciones son las mismas. (Geoff): La nuestra es música dura en un sentido emocional y expresivo. Cuando hicimos “Dummy” creíamos que estábamos insultando a la comercialidad “mainstream, pero nos volvieron normales a fuerza de desubicarnos. Era extraño pensar en el órgano distorsionado de un tema como “Wandering Star” sonando en algún club para yuppies.

¿Os molestaba la idea de sonar en clubes para yuppies? (Geoff): No nos habría molestado si solo nos hubieran pinchado a nosotros. Pero, ya sabes, era primero Portishead, después Morcheeba y a continuación cualquier otro grupo parecido. Trip-hop, trip-hop, trip-hop. Muchos vieron que había dinero en esa línea musical e incluyeron a Portishead en un lote de propuestas a las que no nos sentíamos nada próximos.

Portishead y Morcheeba, desde luego, no son lo mismo. (Adrian): Hubo una gran cantidad de gente que se empeñó en utilizar samples de hip hop y bandas sonoras porque eran el sabor de la semana. Y, después, cuando eso pasó de moda, se lanzaron a por otra cosa. Muchos grupos del marco de la electrónica saltan de un género a otro según varían las tendencias. Nosotros no somos así. (Geoff): De hecho, a nosotros no nos interesa la idea de progresión que se asocia a la electrónica. Tampoco nos interesa la tecnología. Mucha electrónica de ahora solo es tecnología, hierba y pantalla de portátil. Todo eso es relevante hasta cierto punto, porque si no hay alma, no tiene mucho sentido. Gente como Venetian Snares, por ejemplo, tienen habilidad para jugar con el sonido, pero, si lo suyo es o no algo progresivo, ya no lo sé.

 
PORTISHEAD, El tercer milagro

Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley. Foto: Adam Faraday

 

En vuestro caso no hay exhibición técnica, sino una búsqueda de la atemporalidad a través de canciones redondas con sonido profundo. (Geoff): Es lo que buscamos. Yo no quiero poner sonidos patas arriba ni competir por ver quién retuerce mejor determinada caja. (Adrian): Que es lo que parece el dubstep: los mismos elementos una y otra vez, moldeados con mejor o peor suerte por diferentes personas. (Geoff): ¿Qué significa coger una caja y reproducirla al revés? Está vacío. Es solo técnica. Es igual que ser Steve Vai o Brian May, pero con ordenador portátil en lugar de guitarra. Mira en cambio a DJ Premier, no hay un “beat” suyo sin alma, aunque muchos pensarán que ya no interesa porque no es… ¿progresivo? (Adrian): Es la primera elección cuando haces música: ¿buscas la técnica o te guías por el alma? ¿Dónde te colocas? ¿Afino la guitarra o la dejo como está?

En este disco es atrayente comprobar cómo los instrumentos suenan, a veces, desplazados, como fuera de lugar, no situados donde deberían para dar una forma lógica al groove. (Geoff): Es curioso, porque muchos creen que el disco está muy trabajado, y otros, en cambio, todo lo contrario. (Adrian): Decididamente, hay algo desastrado en la instrumentación, lo cual solo hace al disco más “cool, me parece.

Creamos un ‘sample’ con nuestra propia música y lo hacemos sonar distinto, cambiando los acordes, por ejemplo. Intentamos hacer algo que sea interesante para que Beth grabe su parte encima en su estudio casero. Suena fácil, pero no lo es
(Geoff Barrow)

En cada álbum habéis probado a hacer las cosas de modo distinto. En “Dummy” grababais combinaciones de samples y música en vivo que después planchabais en vinilo y scratcheabais y mezclabais para darle bases a Gibbons. En “Portishead” creasteis vuestros propios samples en lugar de tomarlos de la música de otros. Curiosamente, entonces, los chicos del rap fueron quienes os samplearon. Recuerdo que RZA metió vuestro “Over” en su canción “Kiss Of A Black Widow”. ¿Qué método habéis usado ahora? (Geoff): Es indescriptible. No existe ningún método. Ojalá lo hubiera (risas). (Adrian): No sé cómo piensa la gente que hacemos nuestra música, pero seguro que no es así. (Geoff): Desde luego, no es como en esa absurda película sobre The Doors... No es que Beth se siente al piano y diga “oh, vaya, tengo algo, esto es una gran canción”, y se una Adrian a la guitarra y yo haga “scratches” sonriendo al fondo. No es así. Hay gente que lo hace así y gente que muere en agonía. Nosotros estamos en medio. (Adrian): No, no estamos en medio, Geoff, ¡estamos en la agonía!

Vamos, alguna pista. ¿O no queréis desguazar la máquina por temor a que pierda el misterio? (Geoff): Creamos un “sample con nuestra propia música y lo hacemos sonar distinto, cambiando los acordes, por ejemplo. Intentamos hacer algo que sea interesante para que Beth grabe su parte encima en su estudio casero. Suena fácil, pero no lo es. Y a veces funciona al revés: Beth escribe algo con la guitarra y tratamos de dar con un acompañamiento, pero ella tiene una relación curiosa con los instrumentos; no es canónica. Es todo muy complejo.

Bueno, supongo que “Deep Water” fue fácil de acabar. Solo es Beth al banjo y unos coros como de barbería de los años veinte. (Adrian): Fue más fácil de acabar que otras. Aunque Beth tardó algún tiempo en decidir si quería hacerla o no, porque era folk. Ya estuvo en ese mundo con “Out Of Season” y no le apetecía volver a visitarlo por ahora. (Geoff): En realidad, veo otros temas folk en el disco. Parece que un tema solo es folk si suena una guitarra acústica. “Machine Gun” es folk, aunque tenga un “beat masivo como fondo. (Adrian): ¿Ah, sí? ¿Es folk? (Geoff): No lo discutiremos delante del periodista, pero sí lo es. Luego hablamos. (Adrian): Hablamos mucho. Este grupo es de música... ¡y terapia!

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