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PRINCE, Revolución púrpura

Como buen géminis, Prince y su exacerbada dualidad, acentuada por su condición de mulato: ambigüedad sexual y mestizaje sonoro.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 55)

PRINCE Revolución púrpura

Por Luis Lles

Documento Rockdelux: nuestra histórica tercera portada Prince, la del Rockdelux 55 (agosto 1989). Es evidente que él –y no otro– fue el auténtico líder de la música más excitante e influyente de la década de los 80, unos años extraños y eclécticos como pocos. Los ochenta no se entenderían sin Prince (1958-2016), como tampoco se entendieron los setenta sin Bowie, los sesenta sin Dylan o los cincuenta sin Elvis. En este artículo de Luis Lles encontraréis el dosier más completo que jamás se había publicado en España sobre Prince hasta 1989, el fin de su época más rutilante.

Príncipe azul. Príncipe de las tinieblas. Como buen géminis, Prince no ha dudado en potenciar constantemente una exacerbada dualidad que se ha visto acentuada por su condición de mulato. Ambigüedad sexual y mestizaje sonoro. Como prueba concluyente, el mismo Prince aparece en el vídeo de “Batdance” encarnado en un personaje mitad Batman, mitad Joker. El bien y el mal. Todo lo cual me hace pensar que con toda seguridad los amantes de la Verdad Única y el Camino Musical Unidireccional le deben haber jurado odio eterno. Pero todos los que gozamos con una música sin límites tenemos mucho que agradecer a alguien como Prince, quien seguramente piensa que las fronteras solo existen para poder derribarlas.

A nadie se le escapa (o no debería) que Prince no está ni mucho menos en su mejor momento, pero es indudable que la Revolución Púrpura ha constituido uno de los fenómenos más excitantes de estos años 80, que se me antojan de una creatividad desbordante. Lo cual creo que es motivo suficiente para abordar las aventuras del monstruo de Minneapolis. La provocación está servida. Señoras y señores, con ustedes… PRINCE!!


EL PRINCIPITO

Al igual que el personaje de Antoine de Saint-Exupéry, Prince desarrolló ya desde su infancia una portentosa imaginación no muy acorde con el mundo que le rodeaba y propia de su conocido carácter tímido e introvertido. Nacido en Minneapolis, estado de Minnesota, el 7 de junio de 1958, Prince Rogers Nelson descubrió tempranamente su pasión musical. Su padre, John L. Nelson, un pianista mulato con pasión por el music-hall, no dudó en bautizarle con tan rimbombante nombre para hacer honor al grupo en el que tocaba, el Prince Rogers Trio. Así que ya lo sabes, Prince no es ningún apodo ni corresponde a un deseo megalómano, sencillamente es su nombre real.

Su padre, sin embargo, no tardaría mucho en marcharse de casa, dejando un hueco que sería cubierto por un padrastro poco amante de la música y de las excentricidades del pequeño Prince Rogers, quien, tras varias broncas con su padrastro, decide también dejar el hogar a los 13 años para irse a vivir con su padre. Empieza así una época de adolescencia difícil y un peregrinaje que le llevará posteriormente a vivir con su tía y, finalmente, a instalarse en la casa de su amigo del colegio André Anderson, más conocido como André Cymone. Con él, con Morris Day (posteriormente en The Time) y con Lisa Anderson (hermana de André) forma en 1973 su primer proyecto musical, GRAND CENTRAL, un combo de música instrumental que actuaba principalmente en fiestas de colegio y que poco después (en 1974) cambiaría su nombre por el de CHAMPAGNE. Por entonces Prince conoce a Chris Moon, propietario de los Moon Sound Studios, en los que empieza a trabajar y donde descubre su pasión por la tecnología al servicio de la música, algo que le servirá en el futuro para crear su sonido característico.

En 1977 graba junto a PepeWillie, Alvin Moody (actual productor de Blue Magic o Alyson Williams, entre otros) y su fiel amigo André Cymone una serie de temas que serían legalmente editados en 1987 por Castle Comunications (editora discográfica especializada en productos a precio reducido) en un elepé titulado “94 East: Minneapolis Genius”, una colección de temas, en su mayoría instrumentales, en una línea funky un tanto insulsa. No es, ciertamente, una obra maestra, pero sirve de eficaz introducción a la carrera posterior de su majestad.

Es precisamente en 1977 cuando su recién contratado mánager Owen Husney viaja a Los Ángeles con unas maquetas (desconozco si se trataba de las sesiones del “94 East”) y logra para Prince un contrato con Warner Brothers para grabar tres elepés. El rock negro tenía asegurada su continuidad.

Porque no cabe ninguna duda de que Prince está escribiendo un brillante capítulo intermedio en la historia de ese rock negro que comenzó con Little Richard y Chuck Berry, que continuó con Jimi Hendrix, Sly Stone y los Jackson 5 y que sigue dando inagotables frutos en la actualidad (Roachford, Bad Brains, Living Colour, Fishbone). Pero el rock negro no es la única fuente de la que bebe la música de Prince, que también ha recurrido a la utilización del caudal psicodélico de los 60 (incluidas las referencias orientales), el soul-rock de Sly Stone y Curtis Mayfield, el funk, la música disco de Sylvester y el glam rock, porque, por si todavía no te habías enterado, la influencia ejercida por Marc Bolan sobre Prince es enorme, y no solo en la imagen glam o en la entonación vocal de muchas de sus canciones. Si a todo esto le añades que es un fan apasionado de personajes como Joni Mitchell y Miles Davis, comprobarás que el chico tiene pocos prejuicios a la hora de abordar su música.

Hay quien parece haber descubierto ahora que la música de Prince no es realmente original y que en realidad coge algo de aquí y algo de allí para construir su sonido. Por supuesto que lo hace. ¿Y quién no? Pero lo auténticamente original es que él no se dedica únicamente a hacer una revisión impersonal de dichas referencias, sino que las une de una forma totalmente inédita y a través de una imagen y un espíritu radicalmente nuevos. Allí, y en su afortunadísima forma de componer, reside su genio. Prince puede recordar a una mezcla de las personalidades de Jimi Hendrix, Little Richard, James Brown, Millie Jackson, Marc Bolan y Sly Stone, pero finalmente su sonido es perfectamente reconocible como algo propio que ha dejado una huella imborrable sobre la música que se ha hecho en los 80.

 
PRINCE, Revolución púrpura

Rockdelux 55 (Agosto 1989)
Diseño: Jacint Ballús

 

CONTROVERTIDA MENTE SUCIA

En 1978 graba en Sausalito (California) su primer elepé, “For You”, un disco en el que la única colaboración admitida es la de Chris Moon (de los Moon Sound Studios), que figura como coautor del tema “Soft And Wet”. Todo lo demás, tanto la composición como la producción y la interpretación, corrió a cargo de Prince, que con este disco gastó todo el presupuesto que tenía para grabar los tres elepés que estaban pactados con la Warner. El disco era un reconocible primer paso en su carrera en el que rendía homenaje a sus estilos preferidos: p-funk, rock negro, sonido Motown y disco-funk.

Al año siguiente es editado su segundo elepé, “Prince”, en cuya contraportada aparece el genio de Minneapolis desnudo y montado sobre un caballo alado, iniciando de esta forma una larga serie de controversias y provocaciones de índole sexual que todavía no han terminado. En este disco colaboraron André Cymone y el batería Bobby Z, y en él ya se incluyen canciones conocidas de su repertorio como “I Wanna Be Your Lover”, que llegaría al nº 1 de las listas de música negra y que sería retomada más tarde por la también provocativa Millie Jackson, y el famoso “I Feel For You”, que ha sido versionado por Rebbie Jackson, las Pointer Sisters y Chaka Khan (la versión más célebre).

Tras la publicación de este segundo elepé, Prince rompe con su mánager Owen Husney, que más tarde se pondrá al servicio de Jesse Johnson, y ficha al trío formado por Bob Carvallo, Joe Rufallo y Shul Fargnoli, músicos que han permanecido a su lado hasta que a finales del año pasado decidió echar a toda su plantilla de mánagers y abogados ante la supuesta ineficacia del equipo para subsanar las pérdidas ocasionadas por el imperio Paisley Park y la gira de “Lovesexy”.

En 1980 publica su tercer elepé “Dirty Mind”, en el que acepta las colaboraciones del teclista Matt Fink (más conocido como Doctor Kink) y de Lisa Coleman haciendo coros (en las actuaciones también toca teclados, sustituyendo a Gayle Chapman). Ellos dos, junto a Dez Dickerson (guitarra), Bobby Z (batería) y André Cymone (bajo), forman la banda de Prince que partirá de gira ese mismo año como telonera del rey del punk-funk, Rick James. Por lo que respecta al disco, con “Dirty Mind” Prince inaugura definitivamente la era del sexual funk. Ritmo abrasivo y textos desvergonzados. Algunas de las canciones incluidas en el mismo hablan de incesto, sexo oral y perversiones diversas, lo que llevará consigo, como ya sucedió con su elepé homónimo, problemas de promoción por miedo al escándalo. Aunque eso no impediría ni mucho menos que la fama del príncipe de Minneapolis continuara en ascenso y que varios de los temas de este elepé fueran versionados nuevamente por diversos artistas: “When You Were Mine” lo fue por John Cougar, Cyndi Lauper y Mitch Ryder, y “Gotta Broken Heart Again” por Debra Hurd.


EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA

Esta actitud provocativa, la estética ambigua e hipersexual de Prince, muy de manifiesto en la portada y contraportada de “Dirty Mind”, ha constituido uno de los factores de enganche para muchos y muchas de sus fans, que han encontrado en él un nuevo mito sexual, alguien que habla sin ambages de las cosas que todo joven quiere escuchar. Hablar de la sexualidad de Prince es como hablar del sexo de los ángeles (aunque él más bien sea un demonio, un ángel caído). Nadie sabe nada a ciencia cierta sobre dicho tema. Se le han atribuido romances con casi todas las mujeres con las que ha trabajado, y más en concreto con Sheila E, Vanity, Apollonia Kotero, Susannah Melvoin y, recientemente, Sheena Easton. Se han escrito auténticos ensayos filosóficos sobre sus teorías e inclinaciones sexuales (véase el artículo de Miquel A. Queralt en el Rockdelux 44 o el libro de Dave Hill titulado “Prince. A Pop Life”).

Yo prefiero que cada uno saque sus propias conclusiones, porque está claro que el tema del sexo en Prince da para llenar más de un libro. Su look es una buena prueba de esa ambigüedad de la que hace gala, y él mismo ha llegado a declarar que le gustaría dar una imagen a medio camino entre Jesucristo, Diana Ross, Little Richard y la Patrulla-X. ¡Glups!

Tras la grabación de “Dirty Mind”, le abandona para iniciar su carrera en solitario su fiel amigo André Cymone, que será sustituido en el bajo por Mark Brown, más conocido como BrownMark. En 1981 edita el cuarto álbum, “Controversy”, un disco de menor voltaje sexual y con una mayor inclinación hacia un tema que siempre ha sido muy trabajado por Prince, un artista de su tiempo: los hechos de la vida cotidiana y su relación con la política. En este disco colaboran nuevamente Doctor Fink, Lisa Coleman y Bobby Z, y a mí particularmente me parece uno de los elepés menos atractivos de la discografía de Prince, aunque no deja de tener momentos memorables.

Ese mismo año Prince es contactado por los Rolling Stones, que lo quieren llevar como telonero de su tour mundial (junto a George Thorogood y la J. Geils Band), pero Prince solo realizará dos actuaciones en dicha gira, ya que diversos problemas y broncas mantenidas con los fans de los Stones le llevaron a cancelar el resto de sus actuaciones en el tour stoniano. Pero todo estaba ya preparado para su gran salto a la fama internacional, que llegaría con la edición de su quinto albúm, “1999”, en 1982. El disco, del que existen dos versiones (una como doble, la otra como elepé sencillo, sin los temas “D.M.S.R.”, “Automatic”, “All The Critics Love U In New York” e “Internacional Lover”), llega por primera vez al Top 10 americano y consigue el triple platino en USA. En esta ocasión aparecen como colaboradores su futuro rival, Jesse Johnson, y Wendy Melvoin, amiga de la infancia de Lisa Coleman, que luego entrará en la banda de Prince como sustituta de Dez Dickerson.

El imperio de Prince está empezando a forjarse. En su gira de ese año lleva como teloneros a The Time y Vanity 6, dos de sus grupos patrocinados y protegidos, a los que se irán añadiendo posteriormente muchos otros nombres, originando eso que se ha dado en llamar “Sonido Minneapolis”. La corte del príncipe. Su proverbial timidez y la impertinencia de parte de la crítica hacen que ese mismo año (1982) Prince decida dejar de conceder entrevistas, lo que ha incrementado todavía más su aureola mítica. Por otro lado, la popular Tina Turner le da también un espaldarazo al hacer una versión de “Let’s Pretend We’re Married”, un tema incluido en “1999”, el álbum que marca la consolidación de un estilo que, sin embargo, no alcanzará su plenitud hasta la etapa siguiente, el período Revolution.

 
PRINCE, Revolución púrpura

Brillante capítulo en la historia de ese rock negro que comenzó con Little Richard y Chuck Berry, y continuó con Jimi Hendrix, Sly Stone y los Jackson 5.

 

Y LLEGO LA REVOLUCIÓN

Durante 1983 Prince no publica ningún disco nuevo, pero en su cerebro bullen infinidad de ideas y proyectos que le van a llevar a la etapa más fructífera de su carrera. El viejo proyecto de realizar un filme que satisfaga sus deseos ególatras toma forma y se empieza a rodar “Purple Rain”. Por otro lado, el grupo que le ha acompañado hasta ahora toma una constitución definitiva y se transforma en The Revolution. Sus integrantes son Wendy Melvoin (guitarra), Lisa Coleman (teclados), Bobby Z (batería), BrownMark (bajo) y Dr. Fink (teclados). Junto a ellos Prince graba en 1984 su disco de más éxito hasta la fecha, “Purple Rain”, del que se han vendido unos diez millones de copias en todo el mundo. Tanto el elepé como los singles “When Doves Cry” y “Let’s Go Crazy” llegan al nº 1 de los charts americanos, lo que hace que vuelvan a entrar en lista sus discos anteriores. Y toda esta euforia se ve refrendada al año siguiente con la consecución de tres Grammys y el Óscar a la mejor canción. En cuanto a la película, la dirección de “Purple Rain” fue adjudicada a Albert Magnoli, quien construyó con cierta soltura (aunque no con maestría) esa historia ciertamente autobiográfica de The Kid, un niño con problemas familiares que quiere ser una estrella del rock y que salva su alma gracias al amor del personaje que interpreta Apollonia Kotero (y que en principio debería haber encarnado Vanity). La película, que fue estrenada el 27 de julio de 1984 y a cuyo preestreno en el Teatro Chino de Hollywood acudieron grandes figuras como Steven Spielberg, Little Richard y Eddie Murphy, estaba interpretada en su mayoría por actores no profesionales (entre ellos protegidos suyos como Morris Day y Jerome Benton de The Time, y Jill Jones), lo que hizo que el filme se le fuera de las manos, logrando un gran éxito de taquilla pero muy poco apoyo de la crítica.

La gira de “Purple Rain”, con Sheila E como telonera, fue otro éxito rotundo, consiguiendo que fuera presenciada por cerca de 1.700.000 personas y realizando de esta forma una efectiva promoción para la venta de un magnífico disco que poseía entidad en sí mismo, al margen de su función como banda sonora para la película.

Pero la cumbre de la emotividad principesca estaba todavía por llegar. En mi opinión, es en los dos álbumes siguientes donde el genio de Prince se manifiesta en todo su esplendor: esa forma de componer que se acerca a los parámetros de la música clásica contemporánea, esa asimilación de lenguajes musicales extraños, esos ritmos quebrados, esa sexualidad que se hace sonido, esas melodías bellas y raras. Pocas veces en la historia del rock se ha dado esa conjunción de elementos de choque como en esta etapa “revolucionaria” de Prince.

Tras el éxito alcanzado con “Purple Rain”, Prince decide hacer realidad uno de sus sueños: controlar enteramente su producto a través de su propio sello discográfico, que además servirá para editar los trabajos de sus protegidos. Dado que está en plena etapa de redescubrimiento psicodélico (al menos a nivel musical), decide llamar al sello y a sus estudios de grabación Paisley Park, con la ameba del tejido oriental de cachemira como logotipo. Los estudios se encuentran situados en su mansión junto al lago Riley, en Chanhassan (muy cerca de Minneapolis). Parte de dichos estudios están a su exclusiva disposición, y otra parte está destinada a la grabación de discos de otros artistas. Precisamente los Fine Young Cannibals pasaron recientemente por los Paisley Park Studios para grabar varias de las canciones de su elepé “The Raw & The Cooked” junto a David Z.

El primer lanzamiento del sello Paisley Park, en 1985, sería precisamente “Around The World In Day”, elepé que resultó ser un relativo fracaso comercial tras las expectativas despertadas por su disco anterior. “Around The World In A Day” era, claro está, un disco mucho más difícil, en una onda decididamente psicodélica (la portada es ya un claro indicio), y que ha sido definido por algunos críticos como el “Sgt. Peppers” de Prince. Desde luego es el disco en que mejor quedan reflejadas las evidentes influencias de los Beatles sobre Prince. La presentación del mismo en las oficinas de la Warner fue sonada, ya que su majestad llegó en una limusina de color púrpura vestido con un kimono púrpura y un pijama rosa, acompañado por Wendy y por su padre (que, como ya había hecho en el tema “Computer Blue” del elepé “Purple Rain”, en este nuevo disco era también coautor de un par de canciones junto a su hijo), y, sentándose en el suelo, ordenó que se apagaran las luces mientras se escuchaba la maqueta.

Cuando terminó de sonar y se encendieron las luces de nuevo, Prince había desaparecido. Magia. En el disco colaboran, entre otros, la percusionista Sheila E y los hermanos de Wendy & Lisa (Jonathan y Susannah Melvoin y David Coleman), y se puede asegurar que contribuyeron a edificar uno de los pocos discos de la historia del rock en que no sobra nada de nada.

Al año siguiente repite experiencia fílmica con “Under The Cherry Moon”, película que todavía estamos esperando que se estrene en España, aunque al decir de los que la han visto tampoco nos perderemos gran cosa. El filme, dirigido por el propio Prince y apoyado en la estética del music-hall de los años 20 (casi toda la película es en blanco y negro), fue estrenado en el Festival de Cannes de 1986 y narra la historia de amor entre un pobre pianista y una rica heredera. Y aunque en la película tiene un papel el mismísimo Terence Stamp, las duras críticas al narcisismo de Prince y al bajo nivel de la cinta hicieron que se convirtiera en un rotundo fracaso. Incluso le dieron el premio Razzie de ese año, que se concede la noche anterior a los Óscars al peor actor, galardón que compartió con… sí, lo adivinaste, Madonna.

Sin embargo, el disco que corresponde a la banda sonora del filme, el elepé “Parade”, es casi con toda seguridad el mejor trabajo grabado por Prince en toda su carrera. Está concebido como una obra conceptual, como una ópera de nuestro tiempo (intermezzo incluido), que representa de forma inequívoca el espíritu de la época. La perfecta banda sonora de los años 80. “Parade” cerraba la trilogía correspondiente a la etapa con The Revolution, sin duda la más interesante, y dejaba para la historia canciones impagables como “Girls & Boys” o la popular “Kiss”, que ha conocido innumerables versiones, entre ellas las de Hue & Cry, Age Of Chance y Tom Jones. En el disco, además de los miembros de The Revolution, colaboran Mazarati (grupo paralelo del bajista BrownMark) y, por primera vez, Eric Leeds y Atlanta Bliss, su actual sección de vientos.

 
PRINCE, Revolución púrpura

Ya de muy pequeño a Prince le encantaba aporrear el piano con las notas de la sintonía televisiva de “Batman”, así que el honor de realizar la música para el filme sobre el justiciero de Gotham no podía haber recaído en nadie más adecuado.

 

LA SEÑAL DE LOS TIEMPOS

Pero la Revolución es liquidada en 1986 y sus miembros emprenden nuevos caminos. Wendy Melvoin y Lisa Coleman forman el dúo Wendy & Lisa, BrownMark deshace sus Mazarati y edita su primer elepé en solitario, Bobby Z se dedica a la producción, y solamente el fiel Dr. Fink continuará como colaborador de Prince. Bueno, y Sheila E, por supuesto.

El doble álbum editado en el 87, “Sign ‘O’ The Times”, sigue contando a pesar de todo con la colaboración de varios de los “Revolucionarios”, aparte de los compinches habituales (Eric Leeds, Atlanta Bliss, el arreglista Clare Fischer, Susannah Melvoin, Jerome “The Time” Benton) y de nuevas féminas como Jill Jones o la escocesa Sheena Easton. Pero a pesar de ciertos conatos de experimentación, “Sign ‘O’ The Times” es mucho más previsible que su obra anterior, y ofrece un estilo ya depurado y definido, al mismo tiempo que una visión crítica de la realidad social norteamericana. En cualquier caso, incluye varias canciones sensacionales y una joya tan refulgente como “Sign ‘O’ The Times”, el tema que ha sabido expresar de forma más certera y con los mínimos elementos (es prácticamente música minimal) la realidad de nuestro tiempo: sida, drogas, carrera espacial, delincuencia y, a pesar de todo, amor. Brutal. Unos meses más tarde se estrenaba en el Dominion Theatre de Londres un tercer filme mucho más modesto que recogía una actuación en directo en París, de la gira 86. La película “Sign ‘O’ The Times” fue otro rotundo fracaso, pero curiosamente ha sido un gran éxito en su edición en vídeo.

Y a finales de 1987 estalla la bomba. Prince anuncia que su nuevo álbum, que tenía prevista su edición para el mes de diciembre, no se iba a publicar finalmente. Pero ya era tarde. En la fábrica alemana de la WEA situada en Aachen se estaban prensando ya los primeros ejemplares de dicho disco. Rápidamente Prince ordena quemarlos, pero un avispado empleado de la WEA se encarga de sacar de la quema unas cuarenta copias por las que se han llegado a pagar 12.000 libras. El sucesivo pirateo ha abaratado el precio de “The Black Album”, un disco que ha despertado una expectación jamás conocida por un elepé pirata. Lo que supone la confirmación definitiva de Prince como mito de los 80. Por lo demás, nadie conoce a ciencia cierta las razones que condujeron a Prince a su decisión de no publicar el “Black Album”, máxime teniendo en cuenta que es bastante mejor que “Lovesexy”. Hay quien señala que Prince no estaba satisfecho con el resultado del disco; otros, por el contrario, afirman que fue debido a las presiones de Warner Brothers, que temía unas ventas muy bajas dada su poca comercialidad y su elevado grado de experimentación.

Para calmar los ánimos, aparece a principios de 1988, envuelto en una provocativa portada de Jean-Baptiste Mondino, el nuevo elepé, “Lovesexy”. Y el nuevo escándalo está servido. Los puritanos del PMRC incluyen el disco en su lista negra y varias tiendas en USA obligan a cambiar la portada bajo amenazas de no venderlo. Afortunadamente Prince sigue manteniendo su capacidad de provocación, aunque parece que dicha capacidad no la utiliza mucho últimamente a la hora de componer sus canciones, ya que “Lovesexy” es un disco perfectamente previsible y no depara ninguna sorpresa, aunque una canción tan rotunda como “Alphabet Street” demuestra que el genio sigue estando ahí. Su enorme potencial comercial hace que sea éxito en toda Europa (más que en los USA), llegando incluso al nº 1 en varios países. Aquí en España conseguiría su primer disco de oro gracias a este álbum, precisamente uno de los más flojos de su carrera.

El año 1988 se cerraba, sin embargo, con muchos problemas en la mente de Prince: la incomprensión de su país, el fracaso económico de su sello Paisley Park y las pérdidas ocasionadas por la costosa gira de “Lovesexy”, realizada con los mismos músicos del disco (Sheila E, Eric Leeds, Atlanta Bliss, Dr. Fink, Miko Weaver, Boni Boyer, Levi Seacer y Cathy “Cat” Glover) y que, al final, después de muchos tiras y aflojas y tomaduras de pelo, no pudimos ver en nuestro país (solamente por TV, el concierto de Dortmund). Finalmente, toda esta crisis se saldó con la expulsión de su equipo de mánagers y abogados, y la decisión de instalarse en Europa y construir unos estudios de grabación en las afueras de Paris. Y mientras todo esto se hacía público a principios de 1989, nos enterábamos también de que su próximo proyecto era la realización de la banda sonora de la película “Batman”, lo que no es de extrañar cuando se sabe que ya de muy pequeño, según su madre, Mattie Shaw, le encantaba aporrear el piano con las notas de la sintonía televisiva de “Batman”, así que el honor de realizar la música para el filme sobre el justiciero de Gotham no podía haber recaído en nadie más adecuado. La película, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Michael “Bitelchús”
Keaton, Jack Nicholson (en el papel de Joker) y Kim Basinger, lleva camino de batir todos los récords de taquilla de la historia, y la batmanía está en su punto más álgido.

Sin embargo, el disco que corresponde a la banda sonora no está ni mucho menos entre lo mejor de Prince. Al contrario, es uno de sus trabajos más impersonales (hay que tener en cuenta que se trata de un encargo) y, con toda seguridad, es su álbum más cercano al funky mainstream de consumo masivo. Ni las colaboraciones de Eric Leeds, Atlanta Bliss o unos misteriosos Sounds Of Blackness Choir, ni el dueto con Sheena Easton (que canta y compone junto a Prince “Arms Of Orion”, una balada en plan John Barry para “James Bond”), ni la nueva colaboración de su padre, John L. Nelson, en la composición del tema “Scandalous”, consiguen hacer atractivo un LP en el que se intuye un cierto cansancio y una repetición de esquemas.

Y llegó la hora de la reflexión. Nadie puede poner en duda que Prince ha sido la estrella más rutilante de los años 80. Él, como nadie, ha sabido crear un estilo propio, perfectamente reconocible, que ha creado escuela. Baste como prueba toda la escudería del Sonido Minneapolis, o imitadores como Georgio (el Prince particular de la Motown) y Marc Antony, o las huellas de su sonido esparcidas por multitud de artistas como Jody Watley, Fine Young Cannibals, La Unión, Jermaine Stewart y tantos otros. Sin embargo, esta vital importancia del fenómeno Prince no puede hacernos olvidar que desde que editó los tres elepés de su cumbre creativa, los realizados con The Revolution entre 1984 y 1986, cada nuevo disco suyo ha sido inferior al anterior, lo cual significa, al menos en mi opinión, que está situado en una fase de depresión dentro de su ciclo creativo y que es necesaria su recuperación. Curiosamente esta etapa de crisis coincide con su momento de máxima popularidad en España, lo que demuestra nuevamente que aquí todo llega tarde. Cuando estaba en su mejor momento, en nuestro país nadie parecía querer saber nada de él.

Este año, en cualquier caso, Prince ha seguido siendo actualidad, no solo por la banda sonora de “Batman”, sino también por su colaboración con Madonna (que dice que Prince es muy tímido con las mujeres) en el tema “Love Song” del elepé “Like A Prayer”, que formaba parte en teoría de todo un espectáculo musical que al final no ha llegado a buen puerto. También ha compuesto junto a Sheena Easton el tema “Love 89” para Patti Labelle y ha realizado el remix para el maxisingle “Lolly lolly” de Wendy & Lisa. Al parecer, va a producir también el primer elepé de su protegée Cat e incluso va a realizar la remezcla para maxisingle del tema “Gimme Your Love” que interpreta Aretha Franklin junto a James Brown en “Through The Storm”. También se rumorea que quiere colaborar con Bananarama y los Gipsy Kings, y ya puedes ir imaginando ciertas influencias del sonido house en su próximo disco, dado que recientemente subió al escenario junto a Marshall Jefferson en el último concierto de este en New York, ha manifestado su interés por la house music y le ha pedido a Frankie Knuckles que colabore en su próximo filme. Así que, como puedes ver, sigue llevando una vida hiperactiva. Pero lo que de verdad importa ahora es saber si va a encontrar la forma de salir de ese bache creativo en el que se encuentra. Y pronto podremos saberlo, ya que está grabando un nuevo disco… ¿Hacemos apuestas?

David Bowie dijo una vez, y desde luego acertó, que los 80 pertenecían a Prince. Pero ¿y los 90? Hagan juego, señores.

 

 

LAS DOCE CAMPANADAS

PRINCE, Revolución púrpura

“For You”
(Warner Bros., 1978)

Prince no es, desde luego, uno de esos artistas que con su primer disco lo han dicho ya todo. Al contrario, en este “For You” apenas se adivinan sus futuras dotes de genio. Funky mainstream, rock negro (“I’m Yours”), influencias de Parliament y Curtis Mayfield y referencias al sonido Motown (“Baby”, “My Lover Is Forever”). Sorprendentemente, el tema más descaradamente Prince, “Soft And Wet”, es el único que está escrito con otra persona (Chris Moon).

PRINCE, Revolución púrpura

“Prince”
(Warner Bros., 1979)

La fascinante personalidad de Prince comienza a hacerse patente en este álbum, que incluye pruebas de un estilo definido: “Sexy Dancer”, “I Wanna Be Your Lover” y “I Feel For You” (más tarde pupularizada por Chaka Khan). En la contraportada un Prince-sobre-Pegasus sobrevuela la historia de los sonidos negros que él sabe difundir a la perfección.

 
PRINCE, Revolución púrpura

“Dirty Mind”
(Warner Bros., 1980)

Mi disco favorito de la primera época. Vicioso y “sucio”, Prince inventa el sexual funk. La influencia de Sly & The Family Stone se va abriendo paso entre retazos de sonidos californianos (“When You Were Mine”), glam rock negro (“Dirty Mind”, “Sister”) y trallazos de sexual punk-funk (“Partyup” y el enorme “Head”).

PRINCE, Revolución púrpura

“Controversy”
(Warner Bros., 1981)

Un disco de transición. “Controversy” es un collage de estilos dispares. Desde el rock & roll a lo Little Richard (“Ronnie, Talk To Russia”) hasta una larga sinfonía erótica (“Do Me, Baby”), pasando por un tema que es puro T. Rex (“Jack U Off”) o la experimentación más salvaje (“Annie Christian”), que anticipa futuros desvaríos sónicos en “The Black Album” y “Chocolate Box”.

 
PRINCE, Revolución púrpura

“1999”
(Warner Bros., 1982)

Disponible en dos versiones (elepé doble, elepé sencillo), te recomiendo vivamente la versión completa, aunque solo sea por ese magnífico “Automatic” que recuerda los primeros discos de Gary Numan con Tubeway Army. Además, “1999” encierra en su interior tres grandes bombazos de funk-rock principesco: “Little Red Corvette”, “1999” y “Delirious”.

PRINCE, Revolución púrpura

“Purple Rain”
(Warner Bros., 1984)

Banda sonora del filme del mismo título y primer disco de la gloriosa trilogía con The Revolution. Los arreglos orquestales en “Take Me With U” se han convertido en grandes caballos de batalla en directo, “When Doves Cry” es el single perfecto y “Purple Rain” (con un Prince reencarnado en Hendrix) sigue produciendo escalofríos cada vez que lo vuelves a escuchar.

 
PRINCE, Revolución púrpura

“Around The World In A Day”
(Paisley Park, 1985)

El “Sgt. Peppers” de Prince. Un disco caleidoscópico en el que no sobra NADA. Referencias a los Beatles (“Paisley Park”), Satie (“Condition Of The Heart”) y Residentes (“Temptation”) se mezclan con baladas estándares, rock vigoroso, crazy funk y majestuosas melodías orientales a golpe de darbuka y pandero (el genial “Around The World In A Day”). ¡Diez!

PRINCE, Revolución púrpura

“Parade”
(Paisley Park, 1986)

Impresionante obra conceptual que pasará a la historia como uno de los mejores discos del siglo XX. Rhythm & blues, atmósferas Cotton Club, experimentación sonora y funk de alto voltaje. La introducción a lo Temptations de “Girls & Boys” es monumental, “Kiss” es sencillamente genial y “Life Can Be So Nice”, arrolladora. Brutal. Calificación: 11 sobre 10.

 
PRINCE, Revolución púrpura

“Sign 'O' The Times”
(Paisley Park, 1987)

Tras la trilogía “revolucionaria”, Prince inicia una fase de ligero declive con este doble álbum, aunque en él está encerrada la que, en mi opinión, es quizá su mejor canción: “Sign ‘O’ The Times”. Una base minimalista sirve para apoyar una canción histórica. En el disco también se incluyen terremotos funkateros (“Hot Thing”, “Housequake”), temas muy comerciales (“U Got The Look”, interpretado por Sheena Easton), rock vertiginoso (“I Could Never Take The Place Of Your Man”) y pura psicoledia góspel (“The Cross”).

PRINCE, Revolución púrpura

“The Black Album”
(pirata, 1987)

El disco pirata más comentado de la historia y la obra más arriesgada de toda la discografía de Prince. Rap, black-funk-rock, hip hop y experimentación a raudales. Incluye un tema (“2 Nigs United 4 West Compton”) en conexión directa con las salvajadas de los Beatnigs y tres nuevos himnos para la legión principesca: “Le Grind”, “Cindy C.” y “Superfunkycalifragisexy”.

 
PRINCE, Revolución púrpura

“Lovesexy”
(Paisley Park, 1988)

Tras la tempestad, llegó la calma. Después de los desvaríos vanguardistas de “The Black Album” llega el que quizás sea, junto a “Batman”, el disco más comercial de Prince. Además de la balada “When 2 R In Love” (ya incluida en el “Black Album”), y magníficas canciones en su línea habitual como “Alphabet St.” y “I Wish U Heaven”, en este “Lovesexy” se pueden encontrar sorpresas como “Dance On”, donde Led Zeppelin se cruzan con Sly Stone, o “Positivity”, que suena... a King Crimson.

PRINCE, Revolución púrpura

“Batman”
(Warner Bros., 1989)

Último capítulo de esta historia. Un disco demasiado previsible que, sin duda, va a ayudar lo suyo a la propagación de la Batmanía. Funk muy comercial, rock negro y baladas estándares que no aportan prácticamente nada al legado de Prince. Lo mejor, “Batdance”, con esos cambios radicales de ritmo, ese órgano a lo Booker T y esos guiños a Neil Hefti (compositor de “Batman”).

 
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