USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
PROTOMARTYR, Descendientes de la ciudad caída

Scott Davidson, Alex Leonard, Greg Ahee y Joe Casey: sobre las ruinas. Foto: Daniel Topete

 
 

ENTREVISTA (2017)

PROTOMARTYR Descendientes de la ciudad caída

La angustia urbana repleta de enigmáticas y poéticas observaciones maduró 
en “Relatives In Descent”, el cuarto álbum de la formación norteamericana. 
Xavier Gaillard habló con la voz a la vez sentida y apática que las elucubra y recita, Joe Casey, sobre su condición como banda de Detroit, los procesos refinados de gestación musical y el derecho a no saber.

“Después de un par de días y un par de noches, te acostumbras”, suspira Joe Casey, cantante, letrista y líder inesperado de esta ecléctica banda de rock –completada por Greg Ahee (guitarra), Alex Leonard (batería) y Scott Davidson (bajo)–, pocas horas antes de salir de gira por los Estados Unidos. Aunque la formación, establecida hace casi una década, ya lleva unos años gozando de relativa popularidad y emprendiendo tours longevos. Cada salida a la carretera conlleva, en sus palabras, “el tener que reencontrarte con tu ‘yo’ escénico, recordar cómo debes ‘comportarte’. Es necesario tomárselo como un trabajo, más que nada por lo exigente del programa. Hay altibajos, inactividad seguida de prisas para llegar a la próxima ciudad y, luego, esperas que duran horas. El funcionamiento de la gira tiene su carácter laboral; dicho esto, es un trabajo bastante fácil, cuya chicha se concentra en una intensa hora, y que no está falto de diversión”.

“Detroit nos proporcionó un lugar donde tocar y rodar, un público. Hay un grupo de gente o escena muy ecléctica, sin divas ni famoseo. Es un tipo de cultura que ayuda al surgimiento de bandas... Los locales de ensayo y las viviendas se están encareciendo de nuevo, pero hasta ahora nos ha permitido combinar trabajos no muy bien remunerados con tiempo para dedicar a la música. No creo que en un lugar como Nueva York hubiéramos logrado sobrevivir”
(Joe Casey)

Para Casey, ahora un cuarentón anteriormente disociado del negocio de la música que empezó a degustar la vida en la carretera trabajando como roadie para Tyvek, el hecho de capitanear una banda de tirada internacional le ha brindado nuevas perspectivas. “Cuando giras, acabas tocando en lugares geográficamente distintos que, sin embargo, parecen el mismo. La sala de rocanrol es un espacio inalterable que se va repitiendo, aunque la gente hable idiomas distintos. Conoces a personas en todas las paradas y adquieres un punto de vista universal. Por ejemplo, me doy cuenta de que los problemas a los que yo puedo enfrentarme en Detroit no difieren tanto de los de la gente de otros países”.

Una de las etiquetas más sobadas para describir a Protomartyr y “vender” su concepto, especialmente en Europa, es la de “banda de Detroit”, esa brillante y próspera ciudad, después sumida en la corrupción, que entró en quiebra, sufrió una dura desindustrialización y cayó en la obsolescencia. Es un encasillamiento ante el cual el grupo se encoge de hombros. “Estamos orgullosos de ser de Detroit, pero lo cierto es que aquí existen otras bandas que probablemente representan el sonido punk propio de la ciudad mejor que nosotros, o raperos que dan voz a la ciudadanía de forma más certera”. Sin embargo, consideraciones estilísticas aparte, Casey sí considera que la morfología del circuito alternativo de la urbe jugó un papel fundamental en la continuidad de Protomartyr. “Detroit nos proporcionó un lugar donde tocar y rodar, un público. Hay un grupo de gente o escena muy ecléctica, sin divas ni famoseo. Es un tipo de cultura que ayuda al surgimiento de bandas”. La tan publicitada decadencia de la ciudad también supuso un abaratamiento de espacios. “Los locales de ensayo y las viviendas se están encareciendo de nuevo, pero hasta ahora nos ha permitido combinar trabajos no muy bien remunerados con tiempo para dedicar a la música. No creo que en un lugar como Nueva York hubiéramos logrado sobrevivir”.

A medida que Detroit se recupera del severo golpe económico que supuso la quiebra, incluyendo la huida de miles de personas y el abandono de centenares de fábricas y edificios, está siendo presa de un proceso de gentrificación bastante típico en los Estados Unidos. “Es cierto que, dada la relativa facilidad económica, estos últimos años hay gente de todo tipo que ha decidido mudarse aquí, incluyendo músicos y artistas. No me molesta que vengan; aunque a veces son estúpidos y no saben dónde se están metiendo, no comprenden la historia de la ciudad. Pero pagan impuestos y regeneran la corporalidad de Detroit. Es de agradecer: hay barrios que durante un tiempo parecían una especie de tierra baldía… Andabas por la calle solo y, si veías a otra persona en la lejanía, lo primero que se te venía a la cabeza era ‘¿Qué diablos estará haciendo ese tipo por aquí?’”.

El vídeo oficial de “A Private Understanding”, el primer single de “Relatives In Descent” y el tema que abre ese cuarto álbum de Protomartyr. Dirigido por Tony Wolski & Trevor Naud.

Los impuestos quizá echen un muy necesitado cable a la recuperación urbana –según Casey, “deberían utilizarse para mejorar sustancialmente las escuelas, en mi opinión el principal problema que sufre la ciudad”–, pero también le preocupa su derroche en potencia. “Una de las principales problemáticas es el absurdo megacomplejo de hockey que están construyendo. No es un espacio destinado a la gente que vive en el centro, es un entretenimiento para los habitantes de los suburbios, para que vengan un rato y luego se vayan. No creo que añada nada a la calidad de vida de la mayoría de ciudadanos. Además, están construyendo a su alrededor un nuevo barrio artificial, mientras que hay muchas áreas que necesitan reparación”. Este nuevo y abultado pabellón multiusos también se publicita como un estadio donde “ir a ver rock’n’roll”, algo que chirría bastante entre los parroquianos de la escena musical underground, “que se sitúa en los márgenes de Detroit. No olvidemos que es una ciudad proletaria. Dentro de nuestro circuito, si vendes entradas a cinco dólares se te llena la sala, pero, si te pasas demasiado, vas a tener que tocar solo”.

“La idea principal que quiero plasmar es que no tengo respuestas. Desde luego no es que sea una plataforma política demasiado buena... ‘Estoy tan perplejo y frustrado como todos vosotros’ es quizá el único eslogan que pueden transmitir mis letras. Me interesa la reacción emocional que me suscita lo que está sucediendo alrededor del mundo. Navegamos a través de la confusión, la rabia y la desconfianza para encontrar caminos y tirar hacia delante”
(Joe Casey)

Así como Detroit se rehabilita paso a paso, el proyecto de Protomartyr también ha experimentado un florecimiento indudable. “Con cada álbum hemos ido contando con más tiempo para trabajarlo: un día, cuatro días, siete días y, con este último, dos semanas”. Dentro de la historia de la banda, la nueva obra también representa un antes y un después, porque la mayoría de los miembros renunciaron a sus viejos empleos al ser incapaces de compaginarlos con las largas giras. “Dispusimos de más tranquilidad para trabajar en la música. Alex y Greg, en especial, se involucraron mucho, pasando horas y horas trabajando en partes concretas”. Lo cual explica la paulatina sofisticación de las canciones. “Antes juntábamos más temas ‘rápidos’ de una sola idea, más furiosos, más destartalados; algunos salían de ‘jams’ improvisadas. Hoy por hoy los chicos tienen más tiempo para desarrollar los elementos y ver cómo encajan en un todo. La sensación es que la música ahora está más ‘compuesta’”. Casey, sirviéndose de una mezcla de modestia burlesca e indudable honestidad, no obstante asegura que él no sabe nada de composición.

Tal como lo plantea, su función se limita a interiorizar la música y buscarle palabras. “Intento encontrar formas inteligentes de gestionar y articular los sentimientos que me evocan los sonidos. A veces acabo con parrafadas que poco a poco recortamos hasta quedarnos con las letras más apropiadas”. Su lírica, calificada de literaria y sombría, gana un nuevo giro en “Relatives In Descent” (Domino-Music As Usual, 2017), cuya temática gira, según la nota de prensa oficial, en torno a la “inescrutable naturaleza de la verdad”. Como era de esperar, abundan referencias filosóficas y desiertos existencialistas. “El ‘tema central’ del disco es algo que identificamos a posteriori. No es que me siente a garabatear con un concepto en mente, sino que luego, al escuchar las canciones en conjunto, resulta muy evidente qué asuntos eran los que más me obsesionaban en ese momento”. Y, por supuesto, sus composiciones son a menudo crípticas, como su favorita del nuevo álbum, “A Private Understanding”, un descenso no lineal donde asoman la cabeza Elvis Presley, Stalin y el filósofo griego Heráclito. “Hacer un disco es como traer al mundo una docena de hijos. Algunos son tus preferidos y luego hay algún otro del cual dirías: ‘Lo quiero igual, pero es un poco...’”. Algo que le resulta muy interesante a Casey es comprobar cómo, una vez en gira, “se (re)descubre el amor personal (del autor) y ajeno (del público) hacia temas que quizá de entrada habríamos desmerecido más”.

Aquellos que hayan visto a Protomartyr en directo recordarán la actitud seudopasiva de Casey al micrófono. “Supongo que el desapego es mi forma natural de interpretar. Abordo el cantar como abordaría montarme en un toro: no tengo ni idea de cómo hacerlo”. Su postura aparentemente fría es tan inconsciente como consciente. “Probablemente sea una forma de nerviosismo o miedo escénico muy focalizados. Es un forcejeo constante con lo absurdo que me resulta el hecho de estar encima de un escenario cantando. Quiero expresarme, pero esto conlleva esfuerzo, aunque poco a poco me voy ajustando: ahora incluso logro parecer sonar ‘melódico’”, concede no sin cierta sorna.

 

Elogio a la incertidumbre

Hasta qué punto Protomartyr se interesa por abordar problemáticas sociopolíticas es algo que merecería su propio debate, así como una detenida observación de sus letras. “Todos nuestros discos contienen elementos políticos”, reconoce Casey, “pero no tenemos nada que ver con la típica banda que se toma la música como mensaje o que utiliza la política como estrategia de marketing. De hecho, evitamos llegar a conclusiones directas o explícitas”. Aunque algunos de sus temas los protagonizan personajillos como Kwame Kilpatrick, el corrupto y encarcelado exalcalde de Detroit que aparece en “Bad Advice”, y han llevado a cabo acciones como participar en la serie de singles anti-Trump Our First 100 Days con la canción “Sweeney Ashtray”, su tono suele ser bastante ambivalente.

“La idea principal que quiero plasmar es que no tengo respuestas. Desde luego no es que sea una plataforma política demasiado buena”, reflexiona jocoso Casey, haciendo hincapié en la naturaleza inquisitiva del proyecto. La pregunta y su análisis ulterior, y no su solución y manipulada aseveración de certeza, es una de las piedras angulares de la banda. Y, por supuesto, aunque se disocian en lo sónico del punk de la vieja escuela, la suya es una actitud incendiaria y combativa a su manera. “‘Estoy tan perplejo y frustrado como todos vosotros’ es quizá el único eslogan que pueden transmitir mis letras. Me interesa la reacción emocional que me suscita lo que está sucediendo alrededor del mundo. Navegamos a través de la confusión, la rabia y la desconfianza para encontrar caminos y tirar hacia delante”.

LOS PILOTOS, Distopía y euforia

ENTREVISTA (2014)

LOS PILOTOS

Distopía y euforia

Por Eduardo Guillot
JUNIP, Los límites sin límites

ENTREVISTA (2010)

JUNIP

Los límites sin límites

Por David Saavedra
XAVIER BARÓ, Independiente(mente)
Por Miguel Martínez
CATE LE BON, La música es una elección
Por Juan Manuel Freire
BRUCE SPRINGSTEEN, ¿Estás hablando conmigo? (y 2ª parte)

ENTREVISTA (2006)

BRUCE SPRINGSTEEN

(y 2ª parte)

Por Phil Sutcliffe
ROCÍO MÁRQUEZ, Entre dos aguas

ENTREVISTA (2014)

ROCÍO MÁRQUEZ

Entre dos aguas

Por Luis Troquel
THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural
Por David Saavedra
VAN DYKE PARKS, ¡Música, maestro!
Por Ferran Llauradó
THE WEDDING PRESENT, Guitarras, fútbol y rencor
Por Joan Pons
JOHN GRANT, Vida real

ENTREVISTA (2011)

JOHN GRANT

Vida real

Por Ferran Llauradó
BELDA & SANJOSEX, Donde vive la tradición
Por Gerard Casau
BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

ENTREVISTA (1981)

BRUCE SPRINGSTEEN

Malas tierras

Por Ignacio Julià y Jordi Beltran
BURRUEZO & BOHEMIA CAMERATA, Mística moderna
Por Ramon Súrio
BOMBA ESTÉREO, Trance de electrocumbé
Por Susana Funes
LUMP, Surrealista aquelarre folk

ENTREVISTA (2018)

LUMP

Surrealista aquelarre folk

Por Beatriz G. Aranda
GRAVENHURST, Sonidos de una cartografía imaginada
Por Óscar García
MOTÖRHEAD, La fiesta de los 10 años
Por Luis Carlos Buraya
SHOPPING, Cuestionarse todo, todo el tiempo
Por Juan Manuel Freire
SUPERORGANISM, El discurso del método
Por César Luquero
MAD PROFESSOR, The Spanish Dub Invasion
Por Dr. Decker
MORENTE & LAGARTIJA NICK, El regreso de “Omega”
Por Guillermo Z. del Águila
MAIKA MAKOVSKI, El deseo y los sustitutos del amor
Por Miquel Botella
CARLES SANTOS, Disparen al pianista
Por Víctor Lenore
Arriba