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PUTOCHINOMARICÓN, Yo y nuestras circunstancias

Activismo superpop.
Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2019)

PUTOCHINOMARICÓN Yo y nuestras circunstancias

Hablar de Putochinomaricón en términos estrictamente musicales es perderse gran parte de la fotografía de un proyecto total cuya capacidad para molestar volverá a ser necesaria en 2019. Llegarán nuevos textos, nuevas opiniones, nuevas canciones-manifiesto como las de “Corazón de cerdo con ginseng al vapor” y, sobre todo, nuevas realidades marginales sobre las que poner el foco. 






“Si tengo que etiquetarme, me siento más identificado con un ‘performance artist’ que con un músico. Me gusta romper las fronteras y representar a un artista que toca todos los palos, que mi personalidad se disuelva en varias facetas”

Durante ese 2018 del que parecía que no escaparíamos con vida, el mensaje agitador de Chenta Tsai Tseng, más conocido como Putochinomaricón, se filtró por aquí y por allá. En sus columnas de opinión, en un taller, en su cuenta de Instagram, en una mesa redonda. Habrá quien no sepa, a estas alturas, si hablamos de un articulista, un influencer o un escritor. Pero resulta que este taiwanés que llegó a Madrid a los seis meses es músico. O, quizá, es todo eso al mismo tiempo, entre otras cosas. Él mismo da alguna pista: “Si tengo que etiquetarme, me siento más identificado con un ‘performance artist’ que con un músico. Me gusta romper las fronteras y representar a un artista que toca todos los palos, que mi personalidad se disuelva en varias facetas. Me interesa el plurilenguaje. Ahora, por ejemplo, estoy escribiendo un libro, muchos artículos, voy a tener un programa en la radio... Siento que muchos mensajes puedo comunicarlos más fácilmente desde estos medios que no son musicales”, cuenta, al tiempo que confiesa que ya está trabajando en el sucesor de “Corazón de cerdo con ginseng al vapor” (Elefant, 2018), su primer miniálbum. Del proceso parece que saldrán unas cuantas canciones nuevas y, de paso, una persona renovada: “Estoy en un momento en que me cuestiono todo. Antes tenía las ideas muy claras, tenía muy claro mi mensaje. Ahora, después de un tiempo, me doy cuenta de que no sé nada. Estoy reconstruyéndome y deconstruyéndome en todos los sentidos: ideológicamente, filosóficamente... También musicalmente”.

Podemos apostar, eso sí, a que su próxima entrega entroncará, de un modo u otro, con el espíritu crítico de pequeños grandes hits como “Gente de mierda” o “Tú no eres activista”. Ese componente combativo no se negocia en el universo de Putochinomaricón. “Desirée Bela-Lobedde dice en su libro ‘Ser mujer negra en España’ (Plan B, 2018) que, solo por el hecho de ser una persona racializada, ya eres un territorio político. Haces activismo hasta cuando andas por la calle. Igual esto suena muy cursi, pero siento que presentar tu cuerpo en un lugar ya es una forma de hacer activismo. Por ejemplo, hace poco tocamos a las 2:45 en Razzmatazz (Barcelona, 22 de diciembre) delante de una mayoría de personas heteronormativas. Estar ahí, prestar tu cuerpo y que ellos vean estas realidades paralelas a las suyas es una forma de hacer activismo. Que un artista racializado, migrante y de disidencia sexual se suba a un escenario y cante, sea lo que sea, es una forma de hacer activismo. Siempre va a haber un trasfondo”.

Vídeo de “Gente de mierda”, el hit de “Corazón de cerdo con ginseng al vapor”.






“Muchas personas me han dicho que mi música solo se entiende en vivo. Hay una gran cantidad de ira detrás de mis canciones, pero la producción del disco la filtra al 90%”

Esos escenarios que utiliza para poner el foco en lo que ocurre en los márgenes no siempre están donde uno espera: su próxima actuación podría producirse, literalmente, en cualquier sitio. “Cada vez huyo más de los escenarios convencionales en mis conciertos. Si solo tocara en discotecas o salas, me limitaría. En otros espacios tengo más libertad, me resultan más auténticos. Noto que se crea una interacción distinta con el público. Mykki Blanco o Yung Beef cuestionan el concepto de artista actuando entre la gente en sus shows”. Y se extiende sobre su concepción del directo: “Muchas personas me han dicho que mi música solo se entiende en vivo. Hay una gran cantidad de ira detrás de mis canciones, pero la producción del disco la filtra al 90%. En directo puedes entender por qué molestan tanto mis letras. Al fin y al cabo, un concierto me parece un reflejo mucho más claro de lo que un artista quiere transmitir que un álbum que, en cierto modo, es un producto muerto. Quizá estaría bien hacer una reedición de mi debut grabada en vivo. Tendría mucho más sentido”.

Después de todo, Chenta parece ser el principal hater de Putochinomaricón. Una personalidad autocrítica construida a base de cuestionarse continuamente sus propios gustos y decisiones. “Existo dentro de mi propia contradicción. Haber estudiado Arquitectura y violín en el Conservatorio Superior y, al mismo tiempo, escuchar a las Spice Girls o Sky Ferreira es una dualidad que me ha marcado. Siempre he mantenido debates conmigo mismo”. De esa discusión interna se benefician todos aquellos que se acerquen a una propuesta que suena a aquí y ahora, tanto en fondo como en forma. Sus alegatos anticonvenciones, recubiertos de producciones chiclosas a medio camino entre el revival ochentero, el trap y la factoría PC Music, son consecuencia directa de los tiempos que corren. Cómo envejecerán es, de momento, un misterio. “Cada generación tiene su sonido. Es algo temporal y es bueno que sea así. Cuando Stravinski escribió ‘La consagración de la primavera’ no creo que estuviese pensando en perdurar. Eso llega después, si es que llega”. Su objetivo, en cualquier caso, es otro: “Solo busco ser el referente que me hubiera gustado tener a los 10 u 11 años. Recuerdo que a mí me ayudó muchísimo ver cómo Ellen DeGeneres salía del armario en su serie ‘Ellen’. Me ayudó a entenderme porque descubrí que había más personas como yo”.

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