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PXXR GVNG, Arriba las manos

D. Gómez, Steve Lean, Khaled y Yung Beef: partiendo la pana.

 
 

ENTREVISTA (2015)

PXXR GVNG Arriba las manos

Con un bagaje musical –en común y por separado– que los situaba más allá de cualquier sospecha de hype, el núcleo duro de PXXR GVNG tuvo a bien ralentizar su frenética cadena de montaje y, en 2015, entregar “Los pobres”, un menú degustación de lo que llevaban cocinando como hermandad creativa entre mixtapes y canales YouTube desde hacía años. Jesús Llorente entrevistó a Yung Beef (dos años después, inspiración para J en la vuelta de Los Planetas; en el tema “Islamabad”).









“La gente ya solo usa los cedés para hacerse rayas, pero ahora los chavales se lo pueden enseñar a sus hermanos mayores o a sus padres que se cagan en el Auto-Tune y decir: ‘Los que no cantan ‘na’ han sacao un disco, y en Sony’. Esto es ‘business’, y está terminado desde hace más de un año. Hay mucho de casualidad, pero tenemos casi dos mil canciones y no paramos de trabajar”
(Yung Beef)

Cualquiera que se acerque a las trece canciones del álbum, incluso en calidad de mero espeleólogo de ritmos callejeros y a sabiendas o no de la intrahistoria del cuarteto (integrado por Khaled, D. Gómez, Steve Lean y Yung Beef), sentirá la bofetada de un sonido poliédrico hilvanado con guasa, pero no exento de introspección y drama. “Los pobres” (Octubre-Sony, 2015) –insisto, una invitación a descubrir su material más underground– está tan cerca del “Hustler’s Convention” (1973) de Lightnin’ Rod como de las cintas de El Torta y Moraíto Chico. Pervertir tradición y modernidad de un modo que parezca improvisado y lograr algo que se pueda bailar es una de las virtudes de un disco en el que, bajo la etiqueta del trap, cabe un poco de todo. Mi primera pregunta a Fernando, AKA El Seco, AKA Yung Beef (Granada, dice que 25 años), es si el CD era necesario, dado que el grupo ya reina en internet, que sus directos son legendarios (“hay pocas fotos porque la peña baila y no lleva el móvil en la mano”) y que sus proyectos paralelos (como el reggaetón romántico-canalla de La Mafia del Amor) van viento en popa. “La gente ya solo usa los cedés para hacerse rayas, pero ahora los chavales se lo pueden enseñar a sus hermanos mayores o a sus padres que se cagan en el Auto-Tune y decir: ‘Los que no cantan ‘na’ han sacao un disco, y en Sony’. Esto es ‘business’, y está terminado desde hace más de un año. Hay mucho de casualidad, pero tenemos casi dos mil canciones y no paramos de trabajar”.

 

 

Estandartes de una metamorfosis de lo que significa expolio y homenaje, comercial e independiente, PXXR GVNG llevan en sus riñoneras dosis de G-rap, funk y rumba-pop; de los The Last Poets de “Delights Of The Garden”, Metro Beatz, los bohemios de Jerez, y de –claro– Rich Gang, siempre con noctámbulo duende y compás propio. Las huellas de Camarón y Agujetas y los arañazos de Young Thug dando voz a los suyos, sin diagnósticos, dejando un retrato vivo de su mundo y encontrando el norte gracias a ese trap que a veces no sabes si es de marca o de imitación, pero poco importa. “PXXR GVNG tiene mucho de flamenco, algo del barrio, que escuchan los niños y los abuelos. Yo de chico escuchaba a Raimundo Amador, Kris Kross, Cypress Hill. Todo entraba y ‘to’ se queda. No hacemos música para un público concreto. Esto vale para chavalitos, para gente de mi edad, o para gente de 40 que no quiera ni bailar. No nos cerramos a nada. Hay que saber jugar”.

Su modo de reciclar ideas (la divertidísima “Cigala” tiene origen en otro tema llamado “Canelita”) y la constante unificación de piezas hermanas son síntomas de una incontinencia desbordante cimentada en horarios leoninos. Como colmena creativa, tienen un pasado de hip hop (de)ambulante. Khaled (hijo de onubense y tangerina) y Yung Beef con la mítica tribu Kefta Boyz; D. Gómez, miembro del colectivo de Orcasitas Corredores de Bloque. Publican variopintas mixtapes bien conocidas en el clubeo, como “#Freemolly” y las dos partes de “A.D.R.O.M.I.C.F.M.S”. En ellas Yung Beef ya engancha con la cuarta pata de la mesa, Steve Lean, ese beatmaster catalán parte del benemérito equipo de producción 808 Mafia, cuyo cofundador Southside/Young Sizzle supervisa “Los pobres”. Sus teclados terminales, su manejo de los resbaladizos retales con los que se trenza el trap, añaden un toque de introversión cool.

Fernando confiesa que su escuela ha sido buscarse la vida en viajes con una mano delante y la otra detrás. El más fructífero, a Marsella junto a Khaled: “Estaba harto de Granada. Tenía una novia francesa, y quería hacer algo, un disco, lo que fuese. Marsella es un sitio increíble, y también chungo, con criminales puros y sin el sentido de familia de la delincuencia que conocía. Se me fue la olla, apenas dormía, siempre nervioso. Pero aprendí mucho, fue como sacarse una carrera”.

 
PXXR GVNG, Arriba las manos

“Sí, el disco en sí es una basura. Se la hemos ‘colao’ a Sony, que son unos catetos... Somos trap y eso significa que la ‘major’ nos come la polla a dos manos”.

 

PXXR GVNG tiene mucho de vodevil. Teatreros, pero porque son de verdad. Cada uno de ellos puede exagerar su papel porque este ha sido real en sus vidas y en sus carnes. “Hasta hace cuatro años no tenía ni correo, nada. Ahora llevamos directamente todas nuestras redes sociales, somos muy hábiles con eso, se nos da bien, conocemos cómo funciona internet y sabemos manejar los hilos”. Indagar en su microcosmos te convierte en ese fan patológico que se opera para parecerse a su ídolo, mientras este también se va sometiendo a cirugías y permanece fuera de tu alcance. Signo de los tiempos, según Fernando: “Antes los raperos sacaban discos cada X años. Nosotros untamos temas cada semana, y los movemos. Es imposible parar y no solo para ganar dinero. Vivimos más o menos igual. Muchas cosas no han cambiado. No sé qué voy a comer la semana que viene. Somos de verdad, y nos arriesgamos”.





“Antes los raperos sacaban discos cada X años. Nosotros untamos temas cada semana, y los movemos. Es imposible parar y no solo para ganar dinero. Vivimos más o menos igual. Muchas cosas no han cambiado. No sé qué voy a comer la semana que viene. Somos de verdad, y nos arriesgamos”
(Yung Beef)

En la mayoría de las ocasiones en que se ha acusado a un artista de ser un fraude se ha necesitado a un mánager hábil o un sello avispado para triunfar. Los Sex Pistols eran pose sin canciones. Happy Mondays, más gamberros que músicos. Bob Dylan cantaba como el Pato Donald. En resumen, los jóvenes de ayer y de hoy son incapaces de crear nada que perdure, claro. En PXXR GVNG hay mucha miga, aunque en tu primer contacto con ellos y en el contexto equivocado te parezcan el timo del siglo. Con el carisma de Sid Vicious, Bez y El Torta juntos, Yung Beef lo tiene claro: “Dicen que no sabemos rapear, que damos mal ejemplo. Me da igual. La gente se mete, no solo los analfabetos o los pobres. En España la gente está acostumbrada a raperos aparentando que tienen dinero, que les va bien. Y la industria es una mentira, nadie tiene nada. Humo. Hay muchos que dicen que les han pagado para que no piensen que son unos mierdas. Y otros que tiran ‘p’alante’ porque tienen pasta, pero lo ocultan. El disco va de querer hacerte rico y compartir”. Y de follar, añado. “Sí, los artistas siempre han ido a los pueblos a follar y a salir por patas”. Un tema de la Mafia dice “Si está llorando es porque en realidad la (sic) gusta / Estabas deseando que te folle un pobre”. Pero eso es ficción, ¿no? “Sí, bueno, aunque sea verdad” (risas).

Desde el primer momento Fernando me cae bien. Puede que sea su acento lo que ejerza de magdalena de Proust y me recuerde a la primera vez que entrevisté a J (Los Planetas) hace más de dos décadas, pero hay algo más, más allá de la influencia de los tebeos (“Leí muchos cómics de Marvel. Me flipaban. PXXR GVNG son un poco Los Cuatro Fantásticos, cada uno con su poder, inseparables. No somos amigos, sino hermanos, como una mafia. A ninguno de nosotros se nos va a ocurrir salirse, porque de lo contrario lo mataremos”) y de esa mezcla de chulería y sinceridad con ramalazos de ingenio. Hay algo más, un poso trágico. “Las drogas nos han dado malos viajes. Si tienes veinte mil problemas y te metes, al final ves al demonio, y hay que hablar también de eso, del diablo. Muchas letras las voy repitiendo y guardando en la cabeza, pero casi todas las apunto en una libreta. Tengo que cantar mis necesidades. Y salen rollos de religión, claro. No creo que acabe como Héctor El Father, pero hay ideas que están ahí. Grabando, tengo que quitarme algunas cosas de la cabeza y tengo que calmar otras, incluso haciendo trap nihilista y de mal rollo.

Con la controvertida salida del debut oficial de PXXR GVNG en Sony y el apócrifo contrato que se supone que les une quieren dejar claro que ha sido la multinacional la que se ha adaptado a ellos y no al revés. La industria en 2015 ya no va de soltar un dominó de billetes, a pesar de que Yung Beef cante “He ‘creao’ una escena / porque no tenía ‘pa’ cena” o “Yo escribo punches en los cheques de Sony... / No soy real, qué va, me la suda la música / Pero yo hago una llamada y se agita la industria / Yung Beef this... Yung Beef that / Yung Beef bitch, venga, dame mi mitad”. Él cree, o al menos dice creer, que “esto es vender tu alma dos veces, porque ya estaba ‘vendía’”. ¿Algo más, Fernando? “Sí, el disco en sí es una basura. Se la hemos ‘colao’ a Sony, que son unos catetos y me comen la polla. Somos trap y eso significa que la ‘major’ nos come la polla a dos manos”. Fernando, ¿en serio quieres que ponga eso? “Claro, pon eso, que nos la come”.

 

Trae tú la droga que yo traigo la pena

Está claro que PXXR GVNG no van de poetas (“Aquí las palabras sobran, lo que manda es el crédito / comiste 20 pollas y no saliste en los créditos”), que no están en la onda de Jarfaiter ni del Niño Trapani. Pero, aunque el valor de una frase en su contexto musical sea relativa desde “Awambabuluba...”, hay en ellos una intención lírica, y no solo por las constantes referencias religiosas de Yung Beef. Con ese duende que se tiene o no se tiene, y entre un atrevido léxico trufado de neologismos (disponible online en un diccionario PXXR GVNG/Español que te hace sentir como Woody Allen descifrando a Rick Ross), caladas de estar fumando plata y rimas en varios idiomas, hay algo más allá de la fiesta.

Es el subidón del bajón en “Jony” (“Mi vida está ‘mu’ loca, se ha vuelto ‘to’ ‘mu’ raro / Siempre estás ‘perdío’ cuando abres el camino / Dicen que el mundo es mío pero me da miedo esto que he ‘elegío’... / Haters convenio quieren buscarse con lo mío / Quieren que me drogue, no les importa si he ‘comío’”), en “Turn Da Tide” (“Me he ‘comío’ al demonio en una pastilla / Me hablan de la calle y no han ‘jugao’ entre jeringuillas... / Jägermeister, dos anfetaminas, una molly ‘pa’ la autoestima / y ‘pa’ arriba, como si voy a perder la vida / En 2007 prohibieron la efedrina / Y desde entonces ya no eres la misma”), o “Me muero” (“Voy a drogarme hasta morir para volver a verte... / Ya no soy tan gánster, ya no soy tan chulo / Ella sí que era chula / yo no valía un duro. Ella pensaba en el futuro, yo no pensaba / Siempre me olía la polla cuando llegaba”). Trap confesional y poesía de lo cotidiano, su particular versión de la máxima de Quevedo “Vive para ti solo si pudieres, pues solo para ti, si mueres, mueres”.

Etiquetas: 2010s, 2015, Barcelona, hip hop, trap
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