Mientras me deleito contemplando por penúltima vez el maravilloso cuadro de estrellas, recupero mentalmente el hilo de “Out Of Time”. Aun rechazando de plano la tesis de quienes les acusan de ablandarse –si lo hacen en tono peyorativo–, suena menos político que “Green”. Es palpable, sin embargo, un acabado de cantos redondos, fruto quizás de años conjuntos. ¿Cuántas bandas pueden presumir de su longevidad?
Han superado múltiples obstáculos durante sus doce años de vida en común. Desde el embrión en 1980, cuando el universitario Michael Stipe se escapaba de la clase en Athens para charlar en la tienda de discos con el dependiente Peter Buck, un californiano que llevaba ya tres años en Georgia tras la típica machada juvenil de viajar por Norteamérica. En 1981 Mitch Easter les graba un par de canciones en sus estudios de Winston Salem –“Radio Free Europe” y “Sitting Still”, publicadas en el sello Hib-Tone como single–, aperitivo de la posterior grabación de un EP de cinco canciones –donde no se incluyen las arriba mencionadas– llamado “Chronic Town” y adquirido por IRS, discográfica necesitada de un recambio a medio plazo para capear la jubilación de Police.
Después llegaría el éxtasis de una obra maestra como “Murmur” (1983). Pocas formaciones pueden presumir de un primer disco oficioso como este. Easter, junto a Don Dixon, permite que se compaginen –sin estorbarse– las cualidades vitales de R.E.M.: robustez interpretativa, plasticidad sonora, el instinto vocal urgente de Stipe, los numerosos guiños crípticos y la ostentación orgullosa de sus raíces. Seguramente sin “Murmur” no hubiese despertado el fenómeno del Nuevo Rock Americano (NRA), tan extendido a mediados de los ochenta con Rain Parade, Green On Red, Long Ryders o Jason & The Scorchers, y antesala de Hüsker Dü, Replacements, etc, etc, ¿Te das cuenta de su importancia? “Murmur” cambió el rumbo de los acontecimientos, devolviendo la fe en las guitarras tras un quinquenio de dominio de los teclados (siniestrogótico, tecnopop, etc), y no quiero pensar cómo habría acabado la historia si el grupo llega a aceptar ser producido por Stephen Hague.
“Reckoning”, un año después, confirma y supera todo lo bueno escrito sobre ellos hasta la fecha. Son unos R.E.M. imparables, con la fuerza de los convencidos plantando su bandera en el mercado. Insisto en no destacar canciones de ambos LPs, se ha hecho en esta revista y en otras (además, ninguna de las veintidós merecería quedar sin mención).
“Reckoning” cumple perfectamente su objetivo. No avanza, pero consolida. En cambio, “Fables Of The Reconstruction”, publicado en junio de 1985, supone un cambio de dirección inesperado. Grabado en Gran Bretaña –gris, lluviosa– bajo las órdenes del productor Joe Boyd –especialista de folk inglés y algún trabajo puntual americano, como el majestuoso “Wishing Chair” de 10.000 Maniacs–, abandona las tonadas optimistas por un ambiente sombrío. Historias del Sur profundo en principio perfiladas con arreglos country-folk dulzones, y reconducidas a lo largo de la grabación –y del influjo del entorno– hacia territorios inhóspitos. A veces “Fables” da miedo; de ahí su encanto.
“Lifes Rich Pageant” (1986) intenta poner las cosas en su sitio. El cartel de R.E.M. se ha resentido, de modo que hace falta mirar dónde paró “Reckoning” y partir de allí. Un productor como Don Gehman, artífice del rock vetusto de John Cougar, ayudará a hacer fácil lo difícil. El disco más sencillo de digerir –canciones normales en lo externo, con verso/estribillo/verso y acordes típicos de rock–, sin embargo, viene acompañado de la acerada pasión vocal de un Michael Stipe enfrascado en mostrar al mundo algunas de las injusticias del system. Y “Document”, publicado en septiembre de 1987 –cinco meses después de “Dead Letter Office”, recopilación de restos con tres versiones de Velvet Underground y una de Aerosmith–, aún suena más furioso debido al volumen de las guitarras en la mezcla de Scout Litt. Será su último trabajo oficial –descontando las chapuzas trastero para sacar dinero: “Eponymous” y “The Best Of R.E.M.”– para IRS.