Pues yo te lo he visto hacer en Barcelona, así que, como mínimo, ya son dos veces. Bueno, pues no fue una reacción de imitación completa porque más o menos lo he venido haciendo durante muchos años de una manera u otra. Cuando tocas treinta canciones, llega un momento en que no puedes más. Encontré en esa fórmula una bonita manera de homenajear a una persona que me agrada mucho, simplemente.
Lo que ocurre es que la gente no sabe nada de toda esta historia y creen que es una baza de tu brillantísimo ingenio personal; de hecho, así es como tú lo vendes desde el escenario… Bueno, como es algo que no he hecho mucho… También sacaba al grupo a rastras, etc. Son cosas que se hacen desde siempre y no porque estés imitando a nadie.
Ya. En directo tu actuación me parece un tanto fraudulenta. Me explico: hipnotizas a la gente de modos truculentos. O sea, a tu lado Miguel Ríos es un santón. Es lo tuyo, según mi opinión personal, claro, el ejemplo más evidente del arte de la manipulación. Y ahí entran parlamentos lacrimógenos, evocaciones a tu padre, historias de fábricas, de mineros que lo pasan fatal, etc. Todo, por otra parte, bastante evidente en el legado “springsteeniano”. Resumiendo: es una forma sentimentaloide de meterse a la gente en el bolsillo. … (silencio inquietante). ESO TE LO PARECE A TI (en un tono elevadísimo). No puedo encontrar la causa por la que te parece eso. Creo que eso es muestra de una animadversión que tienes con respecto a mí. Pero, desde luego, brrrr (indignación contenida), eso me parece una barbaridad. Es una estupidez, es una estupidez lo que estás diciendo.
Te he visto en directo más de una vez y recurres a esos trucos que sabes que son seguros a lo largo y ancho de los conciertos… No, no, no son trucos. Son maneras de contar las cosas, de explicar las canciones. Que no tiene nada que ver con un truco o una manipulación. Si fuera así, el público podría llegar a marcharse. Y no lo hace.
Por supuesto que no. Dentro de la celebración de un concierto, con todos sus rituales (uno de ellos, el más importante, el haber pagado la entrada), cuando se llevan dos horas y tú esgrimes esas frases tan convincentes, el ánimo receptivo del auditorio se triplica y tú consigues que el espectador esté más cerca de ti, si cabe. Fuera de ese calor comunicativo, una persona alejada de tus coordenadas de conducta, yo mismo, observa las cosas aparentemente planeadas de antemano, como si sacases las frases en el momento justo, todo muy estudiado. Oye, yo siempre he presentado mis canciones. Y uno no puede cambiar la introducción de un día para otro si la historia de la canción es la misma. Es simple cuestión de conectar con la gente. Eso tiene que ver con el beso final de las películas o, por ejemplo, con esta entrevista tan chocante que estás realizando para mantener así tu estilo agresivo.
Tal y como están las cosas, Rosendo, a tu mismo nivel, me parece más “auténtico” que tú. Por lo menos él no ejerce de oficiante de la palabrería. Es que comparar a Rosendo conmigo es absurdo.