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RAMONES, Colegas de otro mundo

Johnny, Dee Dee, Tommy y Joey: el exultante primitivismo original.

 
 

ARTÍCULO (2006)

RAMONES Colegas de otro mundo

En 2016 se cumplieron cuarenta años de la publicación de “Ramones”, el álbum de debut del cuarteto neoyorquino. En julio de 1976, dos meses después de la publicación del disco, la banda aterrizaba en Londres para contribuir a prender la mecha del punk mientras Sex Pistols y The Clash tomaban buena nota. De los cuatro Ramones originales, el último superviviente –murió en 2014– fue Tommy, su batería, principal testimonio de la crónica de un momento histórico en este artículo retrospectivo de Pat Gilbert publicado en Rockdelux cuando se celebraron los treinta años del mítico “Ramones”, LP que comentó Eduardo Guillot en el despiece adjunto y pieza de resistencia del punk rock.

El 4 de julio de 1976 Estados Unidos celebraba el bicentenario de su independencia con todo el bombo y platillo que lo caracteriza. En Washington DC, fuegos artificiales escribían sobre el cielo de la Casa Blanca “¡Feliz Cumpleaños, Estados Unidos!”, y diez mil almas tenían la suerte de convertirse en ciudadanos norteamericanos prestando juramento en ceremonias multitudinarias. Entretanto, Mickey Mouse encabezaba el gran desfile que recorría la Quinta Avenida de Nueva York tocado con un sombrero de Tío Sam.

Ese mismo día, los Ramones volaban con destino a Londres para ofrecer el que iba a ser su primer concierto en el extranjero. Eran Jeffrey “Joey” Hyman (voz), John “Johnny” Cummings (guitarra), Douglas “Dee Dee” Colvin (bajo) y Thomas “Tommy” Erdelyi (batería), los cuatro Ramones originales. Hoy solo sobrevive Tommy, batería en los tres primeros álbumes de la banda, “Ramones” (Sire, 1976), “Leave Home” (Sire, 1977) y “Rocket To Russia” (Sire, 1977), y en el directo “It’s Alive” (Sire, 1979), sustituido por Marc “Marky” Bell a partir de la grabación de “Road To Ruin” (Sire, 1978), donde Tommy ejerció como productor. En cuanto a los tres desaparecidos: un linfoma acabó con la vida de Joey el 15 abril de 2001, a los 49 años; Dee Dee falleció a causa de una sobredosis el 6 de junio de 2002, a los 49 años; y Johnny murió víctima de un cáncer de próstata el 15 de septiembre de 2004, a los 55 años.

“A Johnny nunca le gustó demasiado viajar. No le gustaba salir de Estados Unidos. Era un gran fan del béisbol y de la televisión. Se quejaba por todo: ‘Hace calor, no hay aire acondicionado, a mi hamburguesa le falta ketchup’. ¡Tío, deberías haberlos oído!”
(Danny Fields)

Después de viajar toda la noche, aterrizaron en Heathrow al rayar el alba. En la agenda del grupo había programada una actuación en el Roundhouse, un local en el barrio londinense de Chalk Farm, como parte de un festejo especial para celebrar el bicentenario estadounidense. Compartían cartel con sus paisanos The Flamin’ Groovies, que atravesaban una etapa Beatles tras años como grupo de culto de rock de garage, y también, para redondear la noche, con la banda de Surrey The Stranglers, con su bagaje rock adquirido en actuaciones en pubs.

Siendo cuatro delincuentes hoscos de Nueva York, cuyas principales inquietudes incluían las chicas, las drogas y pelearse unos con otros, a los Ramones las celebraciones del Día de la Independencia se las traían bastante flojas, ya fueran en casa o en el extranjero. Según Tommy Ramone, “no éramos conscientes de ello. Es que ni nos paramos a mirar el calendario en el avión”. Pero, como fans de The Rolling Stones, The Who, The Kinks y del glam rock, estaban más que ilusionados con su visita al crisol de la música británica. De camino al hotel, insistieron en dar un paseo matutino por Hyde Park, escenario del concierto gratuito de los Stones en 1969. En especial Johnny Ramone, tan fan de la banda de Mick Jagger que cuando tenía 17 años asistió al concierto The Beatles en el Shea Stadium de Nueva York (el 23 de agosto de 1966) cargado con una bolsa llena de piedras para arrojárselas.

El grupo se alojaba en el Hotel Kennedy, detrás de la estación de metro de Euston. Y aquí es donde empieza la diversión. “A Johnny nunca le gustó demasiado viajar –recuerda Danny Fields, mánager de Ramones en aquel entonces–. No le gustaba salir de Estados Unidos. Era un gran fan del béisbol y de la televisión. Se quejaba por todo (adopta una voz quejumbrosa): ‘Hace calor, no hay aire acondicionado, a mi hamburguesa le falta ketchup’. ¡Tío, deberías haberlos oído!”. Su comportamiento petulante podría llevar a pensar que se trataba de un puñado de estrellas del rock acostumbradas al servicio atento de los más exquisitos hoteles del mundo. Pero la verdad es que en casa, en Nueva York, los Ramones eran prácticamente unos desconocidos fuera de la escena underground de la ciudad, e iban tan apurados de pasta que dormían en el suelo del loft de su amigo el artista Arturo Vega. “Ni siquiera sacábamos dinero con los conciertos porque nadie fuera de Manhattan los contrataba”, suspira Fields. “¡Ni en Nueva Jersey o Connecticut querían saber nada de ellos! Era… muy frustrante”. Y cuando la gente iba a sus conciertos, la opinión general solía ser que eran una mierda. “Una buena actuación para nosotros –comenta el batería Tommy– era cuando no nos tiraban nada, que no solía ocurrir muy a menudo”.

 
RAMONES, Colegas de otro mundo

Rodeando a Iggy Pop en la edad de oro del CBGB.
Foto: Roberta Bayley

 

Así que las expectativas del grupo para Londres no eran muy elevadas. Sin embargo, sus dos conciertos, el del Roundhouse y luego una segunda actuación programada a toda prisa para la noche siguiente en Dingwalls, han pasado a la historia como unas de las más notables e importantes que se han visto nunca en el Reino Unido. Y es que, sin que los Ramones estuvieran al tanto de ello, en los meses precedentes a su visita su álbum de debut se había convertido en inspiración para multitud de inadaptados y personajes al margen de la sociedad, noqueados por sus canciones rápidas, trash y ultraprimitivas sobre nazis, Vietnam, la CIA y esnifar pegamento.

“Inicialmente yo era su mánager... Supongo que fui el que acabó de encajar las piezas; ellos eran como mis hijos. Al principio Joey tocaba la batería, pero logré convencer a los demás de que tenía una voz increíble y de que quedaría genial de pie entre John y Dee Dee. Así que yo me convertí en el batería. Entonces tocábamos hard rock del de verdad”
(Tommy Ramone)

Al parecer, casi todos los que lograron hacerse un nombre en la escena punk –Sex Pistols, The Damned, The Slits, Generation X...– afirmaban ser seguidores acérrimos de Ramones. Cuando el álbum salió a la luz, la mayoría de estas bandas ni tan solo existían, pero para ellos ese puñado de colgados desharrapados, mesías degenerados y antihippys en un mundo dominado por el blando rock californiano, Queen y los solos de guitarra interminables ofrecían un rayo de esperanza. Y si se podía pasar con cuatro tristes acordes, ¿para qué más? Captain Sensible, bajista de The Damned, se exalta: “Los Ramones fueron el detonante. Sin ellos, el punk rock no existiría”.

Cuando los Ramones aterrizaron en Londres llevaban ya dos años tocando juntos. Se habían conocido en las calles de Forest Hills, un barrio de clase media de Nueva York, a veinte minutos en metro de Manhattan. La zona era conocida por sus bloques de apartamentos, un estadio de tenis de primera y los vuelos rasantes de los aviones en ruta al aeropuerto JFK. Los Ramones eran los freaks locales que buscaban la salvación a través de la marihuana, los disolventes y el rock’n’roll. De todos es sabido que Dee Dee Ramone se costeaba las drogas haciendo de chapero en Manhattan, en el cruce de la calle 53 y la Tercera Avenida. El pegamento y el disolvente para la limpieza en seco Carbona solían ser los estimulantes elegidos. “Nunca me acabaron de gustar –decía Joey–. Los tomaba, pero nunca me enganché tanto como Johnny o Dee Dee, quienes se pasaban el rato esnifando en el tejado. Daba una sensación como de zumbidos, bzzz, bzzz, bzzz”.

Cuando el grupo se formó en 1974, parecía claro que el rock era prácticamente su única salida para escapar de las cloacas. Ninguno de ellos estaba preparado para desenvolverse en el mundo exterior. Joey, una farola humana que apenas abría la boca, había estado ingresado en un hospital psiquiátrico. Dee Dee, un fanático de aspecto simiesco nacido en una disfuncional familia de militares, consumía heroína y se odiaba a sí mismo. Johnny, un reaccionario de derechas irascible, hablaba con los puños. ¿Y qué pasa con Tommy? “Inicialmente yo era su mánager”, comenta el único superviviente de la formación original del grupo. “Supongo que fui el que acabó de encajar las piezas; ellos eran como mis hijos. Al principio Joey tocaba la batería, pero logré convencer a los demás de que tenía una voz increíble y de que quedaría genial de pie entre John y Dee Dee. Así que yo me convertí en el batería. Entonces tocábamos hard rock del de verdad”.

 
RAMONES, Colegas de otro mundo

Joey el día del primer concierto de Ramones en Londres, el 4 de julio de 1976.

 

Siguieron unas actuaciones en el Country Bluegrass & Blues, popularmente conocido como CBGB, la mítica sala emplazada en el Bowery, un distrito bastante cutre de Nueva York, cuya clientela comprendía gente de mala vida y vagabundos. La primera reacción al grupo fue ridícula. Durante un concierto, incluso David Johansen de los New York Dolls, los zares del rock’n’roll trash del East Village, se sintió impulsado a gritar: “¡Dejadlo ya!”. No se le puede reprochar nada. Conscientes de sus limitaciones musicales, los Ramones resolvieron reducir el rock’n’roll a sus elementos básicos: cuatro acordes, nada de solos, tejanos, chupas de cuero, cortes de pelo a lo casco y tocar tan rápido como les fuera humanamente posible. Lo que a algunos les parecía una soberana tontería, Danny Fields, columnista del semanario ‘Soho Weekly News’ y amigo de Seymour Stein, jefe de la discográfica Sire, lo interpretó como una maravilla conceptual. Al cabo de unas semanas, los Ramones ya habían grabado su famoso LP de debut por la suma de 6.200 dólares.

“Sid solía largarse a Easling con Sue Catwoman y Captain Sensible... Pensaba que se traían algún rollo de sexo retorcido, pero luego resultó que no. Captain le estaba enseñando a tocar el bajo. Sid se quedaba despierto toda la noche escuchando el LP de Ramones y practicando al ritmo de las canciones. Acabó visitiéndose como ellos, ¿no crees? Eran su grupo favorito”
(Rat Scabies)

A pesar de estar en la nómina de la sucursal más in de Warner, los Ramones tenían que luchar para hacerse oír. La mayoría de críticos que reseñaron el disco lo tildaban de horroroso. Era como si el grupo lo odiara todo; su mundo era oscuro y atemorizante, y sin embargo tenía a la vez un toque divertido. El ‘Journal Herald’ de Dayton (Ohio) calificó el álbum bastante sorprendentemente de “basura apestosa”.

Fields y su cománager Linda Stein se daban cabezazos contra un muro, y entonces se les ocurrió que quizá el grupo tendría más oportunidades en el extranjero, concretamente en Londres. En noviembre de 1975 el periodista musical Charles Shaar Murray había elaborado un informe documentando la escena underground de Nueva York. La golosina de doble filo de los Ramones con su pinta extrañamente aniñada, sus uniformes de moteros y sus “¡1-2-3-4!” como introducción a cada tema le tenían hechizado. Proféticamente, era de la opinión de que se trataba de un tipo de banda “que le vendría de perlas a la escena rock londinense”.

En el Reino Unido, el artículo suscitó un murmullo instantáneo acerca de todo lo que se cocía en el CBGB; y para cuando el LP de los Ramones salió a la venta en mayo de 1976 se convirtió en el álbum imprescindible del momento, en especial entre la creciente camarilla de fans de los Sex Pistols que empezaban a formar sus propias bandas.

“Yo ya estaba al tanto de toda la movida de Nueva York, así que no me venía de nuevo”, recuerda Mick Jones de The Clash. “Pero a Joe (Strummer) y Paul (Simonon) el disco les chiflaba. Su simplicidad les fascinaba. Paul se pasaba horas practicando con el bajo al ritmo de sus canciones. Fue una gran influencia”.

Sid Vicious, por entonces incubando un proyecto llamado The Flowers Of Romance (con Keith Levene, más tarde en PiL, la banda de Johnny Lyndon que en 1981 publicó un álbum titulado precisamente “Flowers Of Romance”), se convirtió de inmediato. “Sid solía largarse a Easling con Sue Catwoman (acólita de los Pistols) y Captain Sensible”, se sonríe con ironía Rat Scabies de The Damned. “Pensaba que se traían algún rollo de sexo retorcido, pero luego resultó que no. Captain le estaba enseñando a tocar el bajo. Sid se quedaba despierto toda la noche escuchando el LP de Ramones y practicando al ritmo de las canciones. Acabó visitiéndose como ellos, ¿no crees? Eran su grupo favorito”.

 
RAMONES, Colegas de otro mundo

Los dos Johnnys en Londres: Rotten y Ramone.
Foto: Jill Furmanovsky

 

Entretanto, en Nueva York, los Ramones se encontraban en plenos preparativos para su primer viaje a otras latitudes. Por supuesto, fue precedido por una fuerte discusión, aunque Johnny se quedó con las ganas de atizarle a alguien. “¿Preparativos para Londres? Ninguno, la verdad”, recuerda Danny Fields. “Lo que sí hubo fue una gran pelea. Se les dijo que podían llevar a alguien más con ellos y las opciones se reducían a Mickey Leigh, hermano de Joey, o Arturo Vega. Al final se decidieron por Mickey. No hubiesen sido los Ramones sin discutir”.

Antes del concierto en el Roundhouse, los Ramones se presentaron en el local para la prueba de sonido. Les fascinó la historia del lugar. Construido en 1840 para redirigir el tráfico ferroviario, había albergado en los últimos años actuaciones legendarias de The Doors, The Rolling Stones y Pink Floyd. Aquel 4 de julio de 1976 fue un día achicharrante, en el verano más caluroso visto en décadas. Para su sorpresa, numerosos fans rondaban por la zona para saludarles y las entradas se habían agotado.

“Me dio la impresión de que estaba presenciando el futuro de la música. Verlos en directo me impulsó a montar el fanzine. Escuchar a los Ramones te impelía a actuar; ansiabas implicarte. Era lo nunca visto, algo completamente nuevo”
(Mark Perry)

Por mucho que Mick Jones asegure que estaba presente (“nos echó el promotor John Curd por subirnos al tejado. Luego nos vengaríamos contratándole para The Clash”, explica), lo cierto es que ni los Sex Pistols ni The Clash se encontraban entre el público. Según cuentan los libros de historia, aquel día estaban en el pub The Black Swan en Sheffield, a 270 kilómetros, en el concierto de debut de The Clash. Entre los sí presentes y de correctos modales se contaban muchos miembros de la futura fraternidad punk, como Mark Perry, a punto de alcanzar la notoriedad como editor del primer fanzine punk británico, ‘Sniffin' Glue’. Entradas a 1,50 libras y apertura de puertas a las cinco y media de la tarde. “Fue total –dice Perry–. Me dio la impresión de que estaba presenciando el futuro de la música. Verlos en directo me impulsó a montar el fanzine. Escuchar a los Ramones te impelía a actuar; ansiabas implicarte. Era lo nunca visto, algo completamente nuevo”.

Tras una picajosa actuación de The Stranglers, durante la cual el bajista Jean-Jacques Burnel y el cantante Hugh Cornwell no dejaron de instigar al público para que se pelease, los Ramones salieron al escenario. Dee Dee, vestido con una camiseta del principe Carlos, gritó su típica fanfarria de “1-2-3-4!”… y silencio absoluto. Los amplificadores no funcionaban. Dee Dee montó en cólera: “¡Se supone que los habían probado antes de que saliéramos!”. Alguien del público replicó. “¡Idos a la mierda, nazis cabrones!”... Y eso es lo que el grupo procedió a hacer diligentemente durante los diez minutos que se tardó en solucionar el problema.

Siguieron cuarenta y cinco minutos de rock’n’roll rompecuellos. Para los conocedores era maná caído del cielo punk. La actuación constó de todas las canciones de su primer álbum (“Beat On The Brat”, “Blitzkrieg Bop”, “53rd & 3rd”, “Now I Wanna Sniff Some Glue”, “Let’s Dance”...) y un tema nuevo titulado “Gimme Gimme Shock Treatment”.

 
RAMONES, Colegas de otro mundo

Tommy, Dee Dee, Keith Levene, Paul Simonon y Johnny: semillas del punk. Foto: Danny Fields

 

Aunque la mitad del público acabó desconcertado, el concierto fue todo un éxito y se decidió programar una segunda actuación para la noche siguiente en Dingwalls, un club diminuto a unos pocos minutos a pie del Roundhouse. Fue ese lunes por la tarde cuando The Clash, cuyo local de ensayo estaba muy cerca, conocieron a sus ídolos en el callejón trasero de Dingwalls. Fue un intercambio punzante. “Ellos intentaban aparentar que eran unos cabrones duros y nosotros estábamos algo asustados”, explica Mickey Leigh en el libro “Por favor, mátame. La historia oral del punk” (1996; Celeste, 1999), el relato de la escena de Nueva York contado por Legs McNeil y Gillian McCain. “Tommy no paraba de meterse Valiums y le temblaban las manos de puros nervios”.

“The Clash conocían muy bien todo lo que se estaba cociendo en Nueva York y se deshacían en elogios hacia los Ramones. Paul Simonon les decía: ‘Tíos, sois geniales. Vais a tocar ante dos mil personas’. Johnny le contestó: ‘No, damos pena. Pero si uno tiene que esperar hasta ser un buen músico, entonces será demasiado viejo para tocar’. Creo que ese encuentro propició que The Clash se olvidaran de la vergüenza de salir al escenario y empezaran a hacer su versión de lo que hacían los Ramones”
(Danny Fields)

Según Danny Fields, “The Clash conocían muy bien todo lo que se estaba cociendo en Nueva York y se deshacían en elogios hacia los Ramones. Paul Simonon les decía: ‘Tíos, sois geniales. Vais a tocar ante dos mil personas’. Johnny le contestó: ‘No, damos pena. Pero si uno tiene que esperar hasta ser un buen músico, entonces será demasiado viejo para tocar’. Creo que ese encuentro propició que The Clash se olvidaran de la vergüenza de salir al escenario y empezaran a hacer su versión de lo que hacían los Ramones”.

Más tarde los Ramones colaron a varios miembros sin entrada de The Clash y los Sex Pistols que treparon por una cuerda hasta la ventana de su camerino. Dee Dee asegura que mearon en una botella de cerveza que luego John Lydon engulló a grandes tragos. “Dee Dee era muy creativo, y más con sus batallitas”, explica Tommy. La actuación de aquella noche fue, al decir general, incendiaria. Joe Strummer la describiría posteriormente como “al rojo vivo”.

“A mí me echaron –añade Mark Perry–. Les tiré un vaso a los Ramones. Me había acabado la bebida y pensé: ‘¿Qué coño hago con esto?’. Así que lo lancé al escenario para no tenerlo en la mano. Antes de que me diera cuenta, se me llevaban en volandas y me ponían, literalmente, de patitas en la calle”. El de Perry no sería el único incidente violento de la noche. Antes del concierto, Paul Simonon de The Clash y Jean-Jacques Burnel de The Stranglers discutían en el patio de afuera. “Los Sex Pistols, Chrissie Hynde y yo estábamos detrás de Paul, y ellos contaban con el apoyo de su equipo, The Finchley Boys”, recuerda Mick Jones. Hugh Cornwell, algo mayor y más sensato, informó a Joe Strummer: “Me parece que tu bajista y mi bajista se están dando de hostias”.

Si bien este sería el primer síntoma de las divisiones elitistas entre los seguidores de la facción The Clash/Sex Pistols, conscientes y preocupados por su imagen, y los rockeros de pub suburbanos, no olvidemos que muchos de los presentes aquella noche eran representantes en ciernes de una nueva evolución en la música rock británica que la periodista Caroline Coon pronto bautizaría como “punk”.

“Esos conciertos tienen una importancia histórica –dice Tommy–. Era la ironía total ante el bicentenario. Nuestra visita supuso el principio de algo para esa gente, y a la vez fue una muy buena experiencia para los Ramones. Volvimos a casa en una nube. Lo único que pasaba es que en Estados Unidos seguíamos sin gustar”. En Nueva York, la sensación de anticlímax envolvió al grupo. Fueron profetas sin pasta y, por lo general, sin adoración, profetas sin honor en su propia tierra, aunque gozaran de un éxito de culto por todo el mundo hasta su separación en 1996.

“Parece que es ahora cuando la gente empieza a reconocer lo importantes que fuimos –dice Tommy–. Lástima que los demás no estén aquí para verlo”. Pat Gilbert

 

RAMONESMANIA!!!

 
RAMONES, Colegas de otro mundo
 

“Ramones”
(Sire, 1976)

En 1975 las listas de éxitos estadounidenses estaban lideradas por Barry Manilow, Eagles, Elton John, America, Olivia Newton-John y Earth, Wind & Fire. Cuando los Ramones giraban el dial, no encontraban nada ni remotamente cercano a sus estilos favoritos: el rock’n’roll de los cincuenta y el pop de los sesenta. Así que decidieron hacerlo ellos mismos, sin considerar un impedimento su falta de pericia instrumental. La suya fue una reacción natural e incruenta, fruto del aburrimiento. El primer LP de Ramones, elegido entre los mejores del siglo XX según Rockdelux 200 (en el puesto 49), es una colección de viñetas adolescentes protagonizadas por cuatro inadaptados que pasan el rato esnifando pegamento, viendo películas de serie Z y soñando con amores imposibles. Nada que ver con las pretensiones arty de Talking Heads o la reflexión autoconsciente de Richard Hell, por citar a dos de sus más ilustres compañeros en el CBGB neoyorquino, y mucho menos con la virulencia ideológica de sus herederos londinenses, aquellos que encontraron en “Ramones” el detonante que andaban buscando. “Si ese disco no hubiese existido, no sé si podríamos haber construido una escena aquí”, afirmaba Joe Strummer (The Clash) en el documental “End Of The Century. The Story Of The Ramones” (Michael Gramaglia y Jim Fields, 2004).

En ocasiones, las canciones ni siquiera alcanzan los dos minutos de duración (“no hacemos solos de guitarra; eso aburre”, aducía Johnny Ramone) y van acompañadas de unas letras de simplicidad insultante (la mitad de ellas, basadas en la oposición “quiero/no quiero”), pero su efecto es devastador. Daniel Rey (quien pasaría por Wild Kingdom, banda liderada por el ex-Dictators Dick Manitoba, y acabaría colaborando con Ramones) lo recuerda en la película citada: “Igual que otros muchos, pusimos el álbum por primera vez y nos reímos, pero no podíamos dejar de escucharlo. Al instante convirtió en obsoleta la mitad de nuestra colección de discos”.

¿Cómo consiguieron Ramones provocar tal revolución? ¿Cuál es el secreto de un disco grabado con un presupuesto irrisorio por cuatro veinteañeros de barrio? Como suele ocurrir en la historia del rock, no hay nada que no se construya sobre cimientos preexistentes. De hecho, el disco que inventó el punk no es más que un compendio de pop salpicado de surf. El álbum contiene el tema “Chain Saw”, homenaje a “La matanza de Texas” (“The Texas Chainsaw Massacre”, 1974). La película de Tobe Hooper permanece en la memoria como un film tremendamente sangriento, pero una revisión demuestra que en realidad no aparece tanta sangre en la pantalla. Es el impacto de las imágenes lo que logra provocar esa percepción a posteriori. De igual modo, y aunque a menudo se confunda punk con aceleración, la clave de la vigencia actual del debut de Ramones no reside en la velocidad de ejecución de las canciones (lenta, si se compara con cómo acabarían interpretándolas en directo), sino en su reivindicación de una concepción del pop que había sido desterrada por los grupos de los setenta. “I Wanna Be Your Boyfriend” es digna de Phil Spector (preconizando su posterior encuentro en 1980 en “End Of The Century”), y los coros playeros campan a sus anchas reforzando y engrandeciendo unos estribillos adhesivos, extremadamente fáciles de recordar y candorosamente teenagers. Y eso, mientras no se demuestre lo contrario, es pop en estado puro. Eduardo Guillot

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