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RAY HEREDIA, Como un caballo sin frenos

La alegría de vivir no fue suficiente. Foto: Mario Pacheco

 
 

ARTÍCULO (1991)

RAY HEREDIA Como un caballo sin frenos

Ray Heredia (Madrid, 1963-1991) estuvo presente en proyectos fundamentales del nuevo flamenco de la capital de España de mediados de los ochenta, como la fundación de Ketama. Una de esas pequeñas tragedias cotidianas puso fin a su prometedora carrera. Ray Heredia murió el 17 de julio de 1991, a las pocas semanas de editarse su único disco, “Quien no corre, vuela”, LP que se convirtió en uno de los referentes de la era del nuevo flamenco impulsada por el sello Nuevos Medios. Recuperamos el artículo que, escrito por José Antonio Pérez, publicamos como despedida.

Siempre he dicho que la realidad supera en crueldad a cualquier ficción. La realidad no necesita del tecnicolor pastel ni de los claroscuros del blanco y negro. Se impone con la dureza de sus colores desteñidos y apagados. A veces se muestra absurda, sin lógica. Pero es que la realidad no piensa, no razona. Es un animal primario que simplemente satisface sus instintos.

Es difícil ahora escribir estas líneas. Siempre que veo “West Side Story”, incluso en las escenas más alegres y coloristas de la película, no puedo dejar de sentir una infinita tristeza al conocer a priori la tragedia final. Todo se trastoca y adquiere una dimensión extraña y fatalista. Lo mismo me ha ocurrido al poner el disco de debut de Ray Heredia y volver a escuchar esa enorme canción que lo inaugura, “Alegría de vivir”. “Yo la busco y no la encuentro / alegría de vivir”. Y es que Ray Heredia ha muerto. Murió el pasado 17 de julio, un mes después de que se publicara su primer álbum.

Este artículo se iba a hacer de todas formas. Lástima que los acontecimientos se hayan precipitado y ahora aparezca con este tinte trágico. Lástima que Ray Heredia no pueda hablarnos de su música. Lástima que no haya futuro para él.

La primera aparición oficial de Ray Heredia fue hace unos meses en el recopilatorio “Los jóvenes flamencos” (1990), donde se incluía “Lo bueno y lo malo”, una extraña e hipnótica canción que fundía el deje gitano y la música estándar italiana. Pero Ray Heredia ya tenía una larga trayectoria musical a su espalda. Primero como músico de acompañamiento de artistas de flamencos como el Chato de la Isla, Enrique de Melchor o el propio Camarón. Luego como miembro fundador de Ketama. Los que tengáis el primer disco del grupo, no tenéis más que darle la vuelta y allí veréis a Ray (entonces José) Heredia, rodeado de José Soto y Juan Carmona. El destino hizo que Teo Cardala produjera aquel trabajo y también, seis años después, el disco en solitario de Ray Heredia. Curiosamente, Teo ha ido ganando como productor lo que ha perdido como compositor. Mientras que la producción de “Ketama” (1985) era bastante discutible, la de “Quien no corre, vuela” (1991; ver Rockdelux 77) es modélica. Los teclados y los arreglos pop de Teo se fusionan de forma natural con las guitarras flamencas, las palmas o la percusión. Es la primera vez que se produce este fenómeno desde el lado gitano. Y digo el lado gitano para diferenciarlo de otros grupos que han llegado a un resultado similar desde el lado pop.

Ray Heredia ha ido en este disco suyo más allá que Ketama, La Barbería del Sur o Aurora. No se ha conformado con hacer nuevo flamenco o flamenco pop; ha entrado sin reparos en el terreno del pop y ha salido bastante bien parado. La producción de Teo recuerda en muchos momentos ese disco meridiano de Golpes Bajos que fue “A Santa Compaña” (1984).

 
RAY HEREDIA, Como un caballo sin frenos

Joven flamenco.

Foto: Mario Pacheco

 

Ray toca las guitarras flamencas y eléctricas, el bajo, la percusión y hasta el piano (a palo seco) en “Su pelo”. Su voz se arrastra, ronca y melódica, con un guiño evidente a ese monstruo a recuperar llamado Manzanita. Le acompañan Enrique Heredia el “Negri” a la percusión, Marcelo Fuentes (bajo), Fernando Bellver (guitarra), Jorge Pardo (saxo), además de la inevitable familia y amigos.

Precisamente el disco acaba con un innecesario epílogo, y no obstante gratificante para los amantes del arte jondo: Enrique de Melchor a la guitarra y Josele Heredia cantando “El padre de la criatura”, un desgarrado fandango del gran Manolo Caracol. Para quien no sepa quién es Josele Heredia le diré que, además de ser un famoso bailaor, es el padre de Ray. Y quien no sepa quién es Manolo Caracol ciertamente se merece un buen pescozón. Ray Heredia no era ajeno al mundo del flamenco más tradicional, como he comentado antes, e incluso había compuesto para gente como La Susi.

A pesar de todo, “Quien no corre, vuela” tiene un problema, y es que la calidad de las canciones es irregular. Solo “Alegría de vivir” y “Lo bueno y lo malo” poseen el suficiente magnetismo para brillar con luz propia. El resto se quedan en agradables canciones con ecos ketameros que si sorprenden es por la brillantez de los arreglos. Las letras tampoco son ninguna maravilla… Es el problema de siempre, pero hay que tener en cuenta que este mal se extiende a casi todo el pop nacional.

El disco de Ray Heredia tiene una identidad, una razón de ser. Su muerte lo ha truncado todo, pero será una pena si la promoción se detiene y la gente no llega a conocer su música, porque la obra debe sobrevivir al artista. Este ha sido un duro golpe para el flamenco pop (representado fundamentalmente por el sello Nuevos Medios), que bastante difícil tiene ya su aceptación masiva aunque se hable tanto de que el mestizaje está de moda. Y a esto último voy, porque la acogida de los medios de comunicación (incluidos los estatales) a estas últimas propuestas ha sido nula. Espero que la muerte de Ray Heredia sirva como mínimo para que algunas personas se den cuenta de la vergüenza de que se están cubriendo al ignorar esta música y al impedir que llegue al público. El cordón que llevaba anudado al cuello no le sirvió para mantener su promesa de dejar la droga. Fue víctima de su propia fragilidad. Caballo desbocado no respeta jinete. Como dice Jordi Turtós, al menos tuvo tiempo de grabar un disco. Y este ha sido nuestro pequeño homenaje. Adiós, Ray Heredia.

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