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BILL RYDER-JONES, Una caja de bombones

”Nunca he dejado de escuchar a Gorky’s Zygotic Mynci, Super Furry Animals, Teenage Fanclub, The Strokes o Arctic Monkeys”, dice Bill. Foto: Rachel King

 
 

ENTREVISTA (2016)

BILL RYDER-JONES Una caja de bombones

Si el debut (“If...”, 2011) de Bill Ryder-Jones –miembro de The Coral en el pasado– presentó un envoltorio orquestal y el posterior “A Bad Wind Blows In My Heart” (2013) se aproximó a las cadencias folk, en “West Kirby County Primary” (2015) viró hacia el indie rock deudor de eminencias del género como Pavement o Dinosaur Jr., como le confirmó a Oriol Rodríguez.

“La primera vez que escuché terminado mi nuevo álbum“West Kirby County Primary” (Domino-Music As Usual, 2015)– tuve una especie de choque de sensaciones. Me gustó, pero al mismo tiempo pensé que podría haber mejorado algunos detalles. Quitándome algo de presión y no siendo extremadamente crítico conmigo mismo, también diré que se han publicado pocos discos últimamente que me hayan impresionado de verdad”. Son las once de la mañana de un viernes de noviembre, y el otrora miembro de The Coral Bill Ryder-Jones no tenía previsto que lo llamara un anónimo periodista de Barcelona preguntándole por su tercer trabajo en solitario. Con declinación aguardentosa, las frases le salen pastosas y lentas. No se muestra antipático, todo lo contrario. Intenta ser amable y está predispuesto a charlar, pero, desperezándose a marchas forzadas, se nota que le cuesta razonar. Si estuviera a su lado, le invitaría a un café americano y un pitillo. Nos callaríamos. Y cuando la cafeína y la nicotina surtieran efecto, empezaríamos a charlar.

“Quitándome algo de presión y no siendo extremadamente crítico conmigo mismo, diré que se han publicado pocos discos últimamente que me hayan impresionado de verdad”

Pero desde el otro lado de la línea telefónica me veo obligado a seguir interrogándolo. Trato de buscar una pregunta fácil, pero, inepto de mí, no consigo soltarle nada más aburrido que qué es lo que habría cambiado del disco o, si lo prefiere, cuándo supo que, por mucho que lo intentara, no podría añadir, eliminar o retocar nada más de lo que ya había hecho en el estudio con los diez temas que conforman su nueva entrega. “Existe una extraña sensación que te lleva a intuir que, por mucho que sigas trabajando en un tema, ya nada lo mejorará. Me detengo cuando oigo esa voz interior”, expone antes de recluirse en un silencio que, enganchado al auricular, me parece eterno. “A veces, desafortunadamente, ese sentido no aparece y, simplemente, cuando crees que has logrado lo que querías expresar y transmitir con esa canción, tienes que ponerle fin para no correr el riesgo de volverte majareta buscando la quimera de la perfección. No es fácil”. Las constantes vitales de su ritmo verbal mejoran, pero no puedo dejar de imaginármelo rascándose los ojos en busca de esa legaña que se oculta en lo más recóndito del lagrimal.

 
BILL RYDER-JONES, Una caja de bombones

“Escribir las letras, encajarlas con la melodía y que el conjunto no pierda fuerza, siempre resulta un reto muy tentador”.

Foto: Rachel King

 

 





“Principalmente me considero un músico y no tanto un narrador de historias... Para mí, el mensaje siempre vendrá cifrado a través de la música”

Como la vida de Forrest Gump, su discografía es una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. El británico juega al despiste y cada uno de sus álbumes suena completamente diferente al anterior. Con el piano como principal elemento ejecutor, su carta de presentación por libre, “If...” (Domino, 2011), era un trabajo de corte orquestal en la línea de sus incursiones en el universo de la composición de bandas sonoras. El posterior “A Bad Wind Blows In My Heart” (Domino, 2013) se refugiaba en las formas acústicas del folk. Este “West Kirby County Primary” es un ejercicio de indie rock propenso a la distorsión. “No es algo intencionado”, se defiende de una apreciación que nunca quiso ser una acusación. “No sé cómo se traducen en sonido las canciones de los otros músicos. Las mías no dejan de ser una representación de lo que es mi vida. Este nuevo trabajo está muy influenciado por la gira de presentación del disco anterior, por la energía de estar actuando con una banda. Creo que ese es el motivo por el que me ha salido un álbum más ruidoso, con mucho más protagonismo de las guitarras eléctricas”. Tanto es así que muchos pasajes del disco retrotraen a bandas como Pavement o Dinosaur Jr. “No solo son dos de mis bandas favoritas, sino que, ciertamente, han sido de las principales referentes de este disco, sobre todo en temas como el primer single, ‘Two To Birkenhead’. Igual que alguno de los grupos con los que he colaborado últimamente, como By The Sea o Hooton Tennis Club. Nunca he dejado de escuchar a Gorky’s Zygotic Mynci, Super Furry Animals, Teenage Fanclub, The Strokes o Arctic Monkeys, cuyo debut me sigue pareciendo fundamental”.

Estampida sónica en contraposición a unas letras que, esta vez, versan sobre una perspectiva más intimista y personal. Argumenta Ryder-Jones que, como la música, las letras no dejan de ser una transcripción de los pensamientos y experiencias vitales que habitan en su cabeza. “Algunas surgieron casi sin tener que pensarlas, y luego, cuando las leía, me daba cuenta de que había una relación muy directa con lo que sentía durante aquella época o con alguna de las cosas que me habían pasado. Tampoco me propuse hacer un diario personal. Principalmente me considero un músico y no tanto un narrador de historias, por lo que escribir las letras, encajarlas con la melodía y que el conjunto no pierda fuerza siempre resulta un reto muy tentador. Para mí, el mensaje siempre vendrá cifrado a través de la música”.

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