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RICHARD SWIFT, La sinceridad como valor

Mr. Swift: canciones como novelas con caligrafía de pop atemporal.
Foto: Lance Alton

 
 

ENTREVISTA (2006)

RICHARD SWIFT La sinceridad como valor

El pasado 3 de julio falleció Richard Swift (ver aquí). El músico californiano tenía 41 años. Autor de discos como “The Novelist” (2004) y “The Atlantic Ocean” (2009), en los últimos años se había centrado en su faceta como productor, inseparable de Damien Jurado desde “Saint Barlett” (2010). Recuperamos esta entrevista de Salvador Catalán, publicada en 2006. 

Los argumentos recogidos en sus principales entregas discográficas –el CD-R “Walking Without Effort”, que recopila grabaciones caseras de 2001, y el mini-LP “The Novelist” (Velvet Blue Music, 2004), agrupados ambos en el doble CD “The Richard Swift Collection Volume One” (Secretly Canadian-Green Ufos, 2005)– constituían hasta hace poco tiempo las casi únicas y más fiables manifestaciones de un Richard Swift que exteriorizaba en ellas sus distinguidas e íntimas credenciales: un tono reflexivo, de engañoso toque retro.






“Aunque no lo parezca, es un ejercicio absolutamente espontáneo que deriva de mi gusto por la música de diferentes décadas, en un recorrido que conecta a The Beach Boys, Stevie Wonder y Prince”

Convirtiendo la sorpresa en una excelente aliada, su directo destapa el talante más dinámico y musculoso de su propuesta, conjugando la ya celebrada modulación artesanal y meditabunda de sus conocidas composiciones con una vena más fornida que amplía registros sin merma de identidad. “La presencia de ambas facetas en mi música mezcla lo espontáneo y lo premeditado. Casi como Bob Dylan en sus conciertos –apunta Swift–. Me interesan ambos formatos y por eso les doy cabida en mis directos. De hecho, responden a un cruce de antiguas composiciones que ya habían recogido anteriores discos y otras nuevas que se incluirán en mi nuevo trabajo”. En realidad, da la impresión de que parece querer poner en valor la sinceridad como otra de las cualidades de su música: “Los discos reflejan los diferentes momentos de mi vida. En ‘The Novelist’, por ejemplo, toqué todos los instrumentos simplemente porque me encontraba apenado y prefería concentrarme en mí mismo y estar solo. En cambio, luego, más incentivado por la química de tocar con mis amigos, he preferido compartir mis canciones tocándolas junto a ellos. Está claro que desde que grabé aquellos discos he notado un cambio como autor y compositor que pretendo que refleje sin tapujos mi estado de ánimo”.

Más allá de su envoltorio o su dinámica, la música de Richard Swift transfiere un sincretismo estilístico que igual apela al espíritu vodevilesco de Tin Pan Alley o al clasicismo pop que al modelo de autor contemporáneo representado por voces como Andrew Bird o Rufus Wainwright. Es una perspectiva que repele con sutileza el olor a naftalina y donde vuelve a aflorar, sin demasiada premeditación, el franco reflejo de la personalidad de Swift: “Aunque no lo parezca, es un ejercicio absolutamente espontáneo que deriva de mi gusto por la música de diferentes décadas, en un recorrido que conecta a The Beach Boys, Stevie Wonder y Prince. Es como una buena foto de graduación: puedes mirar atrás y ver lo bueno que hay en ella. No obstante, no intento emular a nadie y prefiero ser yo mismo. No me gustaría en absoluto que me vieran como a Lenny Kravitz, diciendo cosas como: ‘Me gustan The Beatles y esta es mi imitación’”.

 
RICHARD SWIFT, La sinceridad como valor

Clasicismo irónico.
Foto: Lance Alton

 

Al margen de la vertiente recogida en “The Richard Swift Collection Volume One”, el músico norteamericano también otorgó en su momento espacio discográfico a su interés por la electrónica en un proyecto, “Instruments Of Science & Technology” (Otaku Disc, 2005), del que pese a su considerable efecto dilatador no parece demasiado satisfecho: “Me siguen gustando mucho grupos como Kraftwerk y Neu! y sigo muy interesado por la aportación electrónica, especialmente por las posibilidades de riesgo que incorpora, superando incluso a una música pop que por momentos me parece demasiado monótona y estancada. Tengo que decir que aunque me llamen la atención grupos como The White Stripes o Radiohead, no me entusiasma ninguno de ellos. En cualquier caso, es cierto que no quedé demasiado satisfecho con el enfoque que utilicé en la grabación de aquel álbum y ahora mismo estaría dispuesto a cambiarlo por completo”.

“Me siguen gustando mucho grupos como Kraftwerk y Neu! y sigo muy interesado por la aportación electrónica, especialmente por las posibilidades de riesgo que incorpora”

En estos momentos el objetivo de Swift parece alinearse próximo a una ajustada proporción entre el campo pop tradicional y el territorio electrónico. Un posicionamiento que exhiba la versatilidad de su directo (ha llegado a girar con My Morning Jacket, Josh Ritter y Two Gallants) y que, de paso, le permita amplificar unos grados más su prisma, “combinando ambas facetas, pop y electrónica, sin despreciar el cruce entre un formato clásico y otro más experimental”. Con el calendario fijado en la primera mitad de 2007, Swift trabaja en nuevas composiciones que plasmarán tal estructura y que volverán a erigirse en efectivo vehículo de su carácter, pero que no prescinden del cúmulo de influencias que arropan su trabajo, entre las que no faltan “escritores como Ernest Hemingway o Jack Kerouac, pero también desconocidos amigos que escriben”.

Durante la entrevista, su conversación, alternando el inglés con un aceptable español, y la ascendencia familiar cotejaron, entre risas, la conexión hispana: “Mi abuelo era español y mi padre vivió en México DF. De pequeño hablaba siempre español, pero como mi mamá hablaba inglés al final estaba siempre algo confundido. Acababa casi esquizofrénico, hablando español e inglés, y pidiendo desconcertado: ‘Mamá, I want tu teta’. Ella estuvo a punto de llevarme a visitar a un doctor para solucionar el problema”.

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