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RICKIE LEE JONES, Y el espíritu se hizo verbo

Personal Jesus.

Foto: Lee Cantelon

 
 

ENTREVISTA (2007)

RICKIE LEE JONES Y el espíritu se hizo verbo

Rickie Lee Jones, siempre garantía de calidad. Recuperamos uno de sus grandes últimos momentos, cuando editó “The Sermon On Exposition Boulevard” en 2007. Ramón Fernández Escobar la entrevistó y no hablaron de los lejanos tiempos de la bohemia californiana ni de “Chuck E’s In Love”. Menos aún de Tom Waits. Después de tres décadas de carrera, el discurso de Rickie Lee Jones se disparó al explicar la inspiración espiritual detrás del magnífico “The Sermon On Exposition Boulevard” y de su sonido, tan crudo como edificante.

Mayo de 2005. Culver City, Los Ángeles. Un grupo de amigos se reúne en el restaurante salvadoreño Gloria’s. La cena tarda y tarda en llegar a la mesa, lo que propicia que el diseñador, fotógrafo y escritor Lee Cantelon departa con el recién presentado Marc Chiat. Cantelon le habla de su proyecto compartido con el músico Peter Atanasoff: un álbum de spoken word a partir del libro “The Words” (1990), escrito por Cantelon sobre la esencia del mensaje de Cristo. Oída la restricción presupuestaria del dúo, Chiat ofrece su cercano estudio pictórico como marco para las sesiones de grabación. Y el retraso, por fin al descubierto: el cocinero se había roto un pie.

Junio de 2005. Estudio de Marc Chiat en Exposition Boulevard. Rickie Lee Jones (Chicago, 1954) ha acudido esa tarde a la llamada de Lee Cantelon y se dispone a leer ante el micro, como ya han hecho otros, un capítulo de “The Words”, la obra espiritual de su viejo amigo y colaborador. Arranque y frenazo casi a un tiempo: “Esto no funciona para mí”. Ante la espantada de Rickie Lee, se experimenta su propuesta: cantar improvisadamente, con el libro de Cantelon como mera inspiración global. Apenas veinte segundos de escucha de la música pergeñada por este junto a Peter Atanasoff, y Rickie Lee salta al vacío, sin texto, entre la desesperación y la dulzura: “For a thousand years... and nobody knew my name / Now I walk among them / and I sing to them / and I open up my wrists / and nobody knows my name / Do you know my name?…”. Tres minutos y medio grabados. Un milagro. Los presentes, sin palabras. Y ella, dueña del proyecto.

“Siempre he sido reticente a verme envuelta con nada que tuviera que ver con gente a la que le gustara Jesús. Y soy escéptica sobre las intenciones religiosas. Esto no es en su nombre: es un disco de rock’n’roll inspirado por Cristo. No es un disco religioso. Él mismo previno del peligro de ser ‘como los religiosos’ y sus oraciones repetitivas”

Abril de 2007. Rickie Lee Jones, en vísperas de su gira europea, rebobina casi dos años. Y recuerda aquel exorcismo que se convirtió en el primer corte de “The Sermon On Exposition Boulevard” (New West-Dock, 2007), su nuevo álbum: “Salió como un alud. Me sentí bien, complacida, feliz, completa. Creo que los demás pensaron que era obra de algo ajeno. Pero no, lo hice yo, aunque en mi mente seguía las pistas de alguien”.

¿Estamos hablando de Jesús? “El espíritu que canta ‘Nobody Knows My Name’, sea yo u otro, ni dice quién es ni te pide que lo sepas. Solo intenta hacerte ver que está presente en cada persona que conoces, y se pregunta por qué lo buscas por todas partes si lo tienes siempre delante de tus narices”, juguetea Rickie Lee, para después desvelar: “Quizá estas canciones enfaticen el verdadero significado del mensaje de Cristo sin decirlo”.

¿Hablamos entonces de arte en nombre de Jesús? “Siempre he sido reticente a verme envuelta con nada que tuviera que ver con gente a la que le gustara Jesús –responde ella–. Y soy escéptica sobre las intenciones religiosas. Esto no es en su nombre: es un disco de rock’n’roll inspirado por Cristo. No es un disco religioso. Él mismo previno del peligro de ser ‘como los religiosos’ y sus oraciones repetitivas. Para mí hay una distinción, aunque está empezando a emborronarse... No he tenido oportunidad de leer otros acercamientos modernos a la figura de Jesús como, por ejemplo, los de Nikos Kazantzakis, Sushaku Endo y José Saramago. Y nunca he sido lectora de teología cristiana. A ‘The Words’ llegué por mi amistad con Lee Cantelon. Supongo que lo sentí como algo bueno con lo que implicarse, tal como está el mundo”.

Cantelon empleó lenguaje actualizado y una ordenación temática cuando escribió “The Words”. Quería eliminar toda hojarasca. Y tras las aclamaciones recibidas por “The Sermon On Exposition Boulevard”, Credo Books va a reeditar el libro. “En las primeras páginas, Cristo le dice al mundo que muchas de las personas que intentarán representarlo no tienen nada que ver con él. Y es cierto; de ahí la distorsión de su mensaje. Pasa con sacerdotes, pero sobre todo con los predicadores en mi país: mentirosos, fulleros, esos trajes, ese pelo, el dinero, las agendas... Nada en ellos es bueno ni honesto”, remacha Rickie Lee. Hablemos de música.

 
RICKIE LEE JONES, Y el espíritu se hizo verbo

“For a thousand years... and nobody knew my name / Now I walk among them / and I sing to them / and I open up my wrists / and nobody knows my name / Do you know my name?…”.

Foto: Lee Cantelon

 

De los trece cortes que forman el disco, solo tres vienen firmados por ella en solitario. El resto lo suscribe a medias con Peter Atanasoff o en un trío que incluye también a Lee Cantelon. “En los temas conjuntos soy la letrista y la compositora de la melodía. Los acordes y los arreglos son de ellos”, concreta ella. Atención al proceso desde que Rickie Lee cambió con su creatividad el curso que trazaban sus amigos: “En el estudio de Marc Chiat registramos cinco canciones de la misma manera: yo cantaba melodía y letra sobre el colchón musical previamente preparado por Peter y Lee. Tres de ellas, ‘Nobody Knows My Name’, ‘Where I Like It Best’ y ‘Donkey Ride’, han sobrevivido en el álbum tal cual, como primeras tomas improvisadas. Y antes de mudarnos a los estudios Sunset Sound de Hollywood y contratar a Rob Schnapf –Beck, Elliott Smith– como productor, aún me presenté allí con algún tema que respondía a mis ideas tanto líricas como musicales. Luego, ya con Rob, grabamos ‘Falling Up’, también conjunta, y las tres mías, ‘Tried To Be A Man’, ‘7th Day’ y ‘I Was There’, estas en una sola jornada. Y reelaboramos alguna de las primeras antes de volver a cambiar de estudio. Esta vez, Sound Image, en Van Nuys, un distrito del valle de San Fernando. Siempre cerca de Los Ángeles”.

Pese a tanto ajetreo, nuevo milagro: el disco resulta unitario en su crudeza, nunca excesivamente producido, algo que ya se habían propuesto Cantelon y Atanasoff en un principio, mientras que la voz serpenteante de Rickie Lee lo inunda de capacidad para estremecer. También de belleza. Y envueltos en su impronta hay ecos ajenos, sí, de The Velvet Underground, del “Horses” de Patti Smith o del “Astral Weeks” de Van Morrison, que ella reconoce en su página web como uno de sus discos favoritos (“nadie se ha acercado todavía a su planteamiento tan nuevo y excitante”). E incluso en alguna ocasión (“Tried To Be A Man”) recuerda a su ex más famoso, aunque esto nos abstengamos de comentárselo: mentar a Tom Waits equivale a nombrarle la bicha. Y en parte con razón: está harta de que solo ella, y no él, sea la interrogada por una relación efímera y que pertenece al principio de su trayectoria en los años setenta.

“Cristo le dice al mundo que muchas de las personas que intentarán representarlo no tienen nada que ver con él. Y es cierto; de ahí la distorsión de su mensaje. Pasa con sacerdotes, pero sobre todo con los predicadores en mi país: mentirosos, fulleros, esos trajes, ese pelo, el dinero, las agendas... Nada en ellos es bueno ni honesto”

En cualquier caso, ciertas comparaciones, incluidas las tres primeras, no le van mucho: “A veces es mejor comparar con cosas ajenas, sin embargo se tiende a hacerlo entre músicos, entre pintores... Sí, supongo que el disco evoca algo de esas interpretaciones, pero es inexplicable: su energía no se traduce usando ese tipo de comparación. Compáralo con los místicos ingleses, con una película, con una persona... Usa los miles de años de historia para explicarlo. Hay más cantantes hoy que suenan un poquito a mí que todos los que yo haya podido escuchar. Ahora llega Amy Winehouse y el mundo habla de la gran Dusty Springfield y su influencia sobre ella. No, es la gran Amy. Ella la escuchó, pero es al espíritu de Amy al que respondes. En mi caso, estoy estupefacta por mi impacto como vocalista. Hay trozos de mí por todas partes, pero esas chicas son todas únicas”.

Después de la alta estima y de darle a cada César lo suyo, cabe citar un agradecimiento especial, recogido en el libreto: “A Lee, porque me convenció para incluir ‘I Was There’ en el álbum. Me resistía a dejar una marca tan fuerte, pero pensé que era un buen final: mi propia historia, mi propio Cristo, mi propia confesión”. Y si en dicha letanía autobiográfica aparece Frank Sinatra, también cita a Janis Joplin y a Elvis Presley en la brillante “Elvis Cadillac”, una canción que, por mucho que lo parezca, no es su visión particular del cielo. Ella, al menos, lo niega. Sí dedica, en cambio, abiertamente “7th Day” a su única hija, Charlotte.

El batería Joey Waronker toca en ese “Séptimo día”: es otro viejo amigo, hijo de Lenny Waronker, el hombre que la lanzó con su espléndido estreno, “Rickie Lee Jones” (Warner, 1979). Después, años a contracorriente (según ella, de esnobismo autodestructivo, de ver el éxito comercial como algo vulgar), discos mágicos, otros peores y un bache artístico con el cambio de siglo: “Creo que me sentía insegura en muchos sentidos. Lee había regresado a Olympia. Allí también vivía mi madre, que sufrió un ataque, y yo residía en un cuchitril al final de Sunset Boulevard: si no girabas a la izquierda, te colabas en mi salón. Pero me pareció que mi país se estaba yendo al traste...” y eso la llevó a hacer “The Evening Of My Best Day” (V2, 2003). Rickie Lee resurgió entonces con su álbum de rebelión contra George W. Bush, no exento de espiritualidad. “Hour by hour / the whole wide world / one soul at a time”, entonaba en uno de los cortes: “Sospecho que a quienes no rezan les gustaría poder sentirse parte de un ente mayor. Todas las espiritualidades dicen eso con diferentes lenguajes. No importa adónde vayas”.

Al Viejo Continente pone ahora rumbo la intérprete de “The Sermon On Exposition Boulevard”. Y allí también la esperan antiguos fantasmas: “Padezco miedo escénico a veces de formas muy raras, pero como, sobre todo, adoro cantar, me sé afortunada por tener este trabajo. Eso me protege de mi imaginación”.

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