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ROBERT FORSTER, Lluvia de primavera

Xavi, Cristian, Robert, Jordi, Xesc, Adrián y Evripidis: ¡qué noche! Foto: Miquel Taverna

 
 

EN LA CARRETERA (2013)

ROBERT FORSTER Lluvia de primavera

Robert Forster participó el 4 de mayo de 2013 en la segunda edición del festival Primera Persona de Barcelona tocando canciones de su repertorio en solitario y de The Go-Betweens junto a Part Company, circunstancial banda formada por músicos locales (con los Fred I Son casi al completo, Evripidis Sabatis y J. Irizar) y dirigida por Adrián de Alfonso, quien nos explicó en este artículo cómo fueron aquellos días de trabajo juntos, preciosos instantes que propiciaron un concierto memorable que todavía hoy se recuerda (y que puedes visionar debajo). Robert Forster, siempre recomendable.

A finales del pasado mes de enero recibo un correo electrónico de mi amigo Miqui Otero proponiéndome acompañar a Robert Forster en Primera Persona, el festival que monta desde hace un año junto a Kiko Amat en el CCCB de Barcelona. Acepto sin pensármelo dos veces, aun desconociendo cómo diantres me las arreglaré para que salga algo con cara y ojos. Inmerso como estoy en la promoción de mi primer disco como Don The Tiger, veo complicado manejar el encargo solo, por lo que decido plantearle a Forster la posibilidad de reunir una banda hecha y derecha con la que tocar sus canciones. Forster accede encantado.

Mi primer instinto me lleva a contar con Fred I Son como base. Aviso también a Evripidis Sabatis, al que sé que la idea le encantará. Por falta de tiempo, Eli se ve obligada a ceder su asiento en la batería a Jordi Llobet (J. Irizar), por lo que Part Company, nombre inventado por Kiko y Miqui para la ocasión, acabamos siendo Xavi Rosés, Cristian Pallejà, Xesc Cabot, Jordi, Evripidis y yo. Cerrada la formación, le mando a Forster la lista de canciones que nos gustaría tocar. Le pedimos que nos diga cuáles le apetece revisar. Forster escoge las primeras que ve. Le da igual ocho que ochenta. Tras un repaso exhaustivo de sus composiciones, se me revela algo que nunca hubiera imaginado: el raro en The Go-Betweens era, en realidad, Grant McLennan. Forster lo corroboraría más tarde: “No era de trato fácil. Cada vez que te lo encontrabas tenías que partir de cero, como si no lo conocieras de nada”.

“No era de trato fácil. Cada vez que te lo encontrabas tenías que partir de cero, como si no lo conocieras de nada” (Robert Forster sobre Grant McLennan)

Apalabramos dos ensayos con Forster antes del concierto. Aprovechando que el fin de semana anterior presento mi disco en Barcelona, conseguimos rascar un par más sin él. Las primeras tomas de contacto me tranquilizan bastante. Jordi, el menos versado en la música de Forster, ha interiorizado a la perfección las estructuras de las canciones. Por si fuera poco, la tríada Xavi-Cristian-Xesc se desliza como bobsleigh sobre hielo. El jangle pop tiene pocos secretos para ellos. Escuchándolos ensayar, me doy cuenta de que la decisión de relegar mi papel a las canciones con riffs o solos puntuales ha sido la correcta. Mi guitarra es demasiado esquelética para dar a este tipo de música el músculo que requiere para brillar.

El jueves 2 de mayo quedamos con Forster para conocernos en El Mundial. Desde la puerta del restaurante veo a Miqui y a Kiko acercarse, empequeñecidos tras los dos metros de gentleman que se gasta nuestro hombre. Forster es extrañamente esbelto para su edad, pero camina como un castillo de naipes a punto de desplomarse sobre un nido de gallinas. Lo que más me sorprende al verlo es la constelación de cortes de afeitado que arrasan su cuello. Me presento, me dice hola mirándome a la oreja y, acto seguido, se abalanza sobre las tapas que inundan la barra. “Food! Beautiful!”. Forster puede ser todo lo elegante que queramos, pero la sola mención de la comida le haría perder el norte en más de una ocasión durante los días que pasamos juntos. Le dice a Kiko que le gustaría pedir cuanto antes, me saluda de nuevo y de repente empieza a preguntarme cosas en alemán. Se conoce que Kiko y Miqui le han puesto bien al día. Le explico por qué me fui a Berlín y me comenta que su mujer es de Ratisbona, donde vivieron juntos por un tiempo. Al rato nos pide que le recordemos las canciones que queremos tocar, lo que a estas alturas me sorprende un poco. Se las dictamos y suelta: “Perfecto, aunque ‘Warm Nights’ no la recuerdo del todo”. Primer brindis de grupo.

El paso de Robert Forster por el festival Primera Persona se puede disfrutar en este vídeo. Fue el 4 de mayo de 2013 en el Teatre del CCCB. El ex Go-Betweens estuvo acompañado por una banda local inicialmente bautizada como Part Company, pero renombrada por el propio Forster como Els Micacos (Los Nísperos).

A las cinco y media de la tarde llegamos al local que Fred I Son tienen en la calle Goya. Nos ponemos manos a la obra. Robert no tiene problema en repetir cada canción las veces que haga falta. Su capacidad de trabajo y su paciencia parecen infinitas. Además, no escatima en elogios, lo que nos da a todos un buen chute de confianza. Evripidis llega a las nueve, con sus partes poco o nada preparadas. Saltan las primeras alarmas, aunque no podemos culparle: llega directamente de Atenas y no ha podido asistir a ninguno de los previos. Poco antes de las once acabamos. Robert es partidario de limitar nuestro repertorio a las diez canciones que hemos podido ensayar. Todas nuestras líneas son perfectas, pero a las combinaciones de instrumentos hay que darles un par de vueltas más. Su obsesión: dejar espacios. Tocar “simple y bonito”. McLennan, pienso, no solo era el rarito, sino también el responsable de que The Go-Betweens a veces sonaran taciturnos.

Al día siguiente Xesc y yo vamos a buscar a Robert a su hotel en el Raval. Subimos a un taxi y volvemos al alemán, idioma en el que Robert parece sentirse más cómodo a la hora de tratar ciertos temas. Hablamos de su mujer, de las catenarias de Gaudí y de por qué Gràcia es ahora mismo su barrio favorito. Antes de ensayar, hacemos parada y fonda en la plaza Rius i Taulet, donde compramos un poco de fruta. Robert está entusiasmado con el sabor de los nísperos en Barcelona. Le recuerdan a su infancia en Brisbane. En cuanto se entera de que a los nísperos se les llama micacos en el Maresme y en Badalona, decide cambiarnos el nombre. A partir de ahora seremos Els Micacos.

“Cenamos sin mirar el plato, Robert fija el ‘setlist’ y salimos en plan jauría buscando un taxi que nos acerque al CCCB para asistir a la primera velada del festival, con las actuaciones de Lidia Damunt y The Raincoats. Robert tiene prisa”

El segundo ensayo es más corto que el primero, pero mucho más intenso. Evripidis nos demuestra por qué es necesario tenerlo con nosotros. Robert lo verbaliza rápido: “Evripidis, tú pones el alma”. Por fin se decide a atacar “Part Company”, canción que esquivaría varias veces en el ensayo anterior. Aquí no toco, por lo que me reclino hacia atrás y me dedico a escuchar. Robert cierra los ojos y sonríe. Levanta los pulgares al acabar. “Lo tenemos. Esto va a salir muy bien”. De repente no solo quiere tocar las trece canciones que habíamos escogido al principio, sino que propone añadir cuatro más. Son las diez de la noche ya, por lo que tenemos que convencerle de que eso no es posible. Ningún problema, las tocará solo.

Estamos todos bastante excitados, por lo que nos metemos en el Nou Candanchú y brindamos como si no hubiera un mañana, nosotros con cañas y él con cerveza 0,0%. Robert quiere fotos. Miles de ellas. Una de sus prioridades es mantener a su mujer informada. Cenamos sin mirar el plato, Robert fija el setlist y salimos en plan jauría buscando un taxi que nos acerque al CCCB para asistir a la primera velada del festival, con las actuaciones de Lidia Damunt y The Raincoats. Robert tiene prisa. Lo último que quiere es “que Kiko se enfade”.

El sábado a mediodía nos encontramos para la prueba de sonido, que acaba siendo más corta de lo esperado. Fuera se escucha bastante bien, pero el hecho de tener solo cuatro monitores nos deja un tanto desprotegidos. Xesc tiene que ponerse muy alto para escucharse, y entre su zumbido y el monitor de Evripidis, tengo verdaderos problemas para oír mi guitarra. En un momento dado Robert nos manda callar y le dice al técnico de luces que no quiere nada de azules sobre nuestras caras. Nada de tristeza y melancolía, solo colores vivos, rojos o blancos. Insiste en que no quiere ver rastro de letras o de su cara en la enorme pantalla que cuelga a nuestras espaldas. Primera ocasión en la que Robert se pone verdaderamente serio con los organizadores. Nos dejan el tiempo justo para repasar cinco canciones.

A las diez y media de la noche llego de nuevo al CCCB. Las entradas están agotadas. Llamadas, mensajes, brazos que vuelan desde la escalera mecánica contigua, que si podemos apuntar a alguien, que si hay alguna manera de colarse... Estoy demasiado tranquilo como para dejarme liar por esos asuntos, así que decido meterme en el camerino por la puerta de atrás y ver qué tal están los demás. Me encuentro con Robert paseando por las duchas y revisando las canciones que tocará solo. Por una vez se le nota algo crispado. Incluso parece que haga eses, lo que no deja de ser curioso viniendo de un abstemio. Media hora antes de empezar, a Robert le da por ponerse a ensayar en la escalera de incendios junto a Xavi y Cristian, que al parecer ha cambiado todos sus arreglos esa misma tarde. Las Raincoats alucinan con nuestro ir y venir. Conocen a Robert de su etapa en Londres. Lo miran y hablan de él con cariño. Y es normal. Si me tocara definir a Robert con un adjetivo, sería “amable”. E increíblemente atento. A veces parece que no mire, pero lo ve todo.

 
ROBERT FORSTER, Lluvia de primavera

“Tocad concentrados, pero sobre todo pasáoslo bien. Miraos. Solo tenéis que seguir el ‘flow’”, les dijo Forster. Y así fue. Un gran éxito. Foto: Miquel Taverna

 

Justo antes de salir, Robert nos da un par de claves: “Tocad concentrados, pero sobre todo pasáoslo bien. Miraos. Solo tenéis que seguir el ‘flow’”. Así dicho suena fácil. Sobre todo, después de un par de ensayos. A las 23:30 nuestro gentleman se amorra al escenario. Su mirada se mantiene fija en el mohawk de Donald Ray Pollock, cuya presentación se está alargando más de lo previsto. Segundo momento en cuatro días en el que Robert se pone serio. O mejor dicho: de los nervios. Kiko se ve obligado a tranquilizarlo diciéndole que tendremos margen para tocar lo que queramos.

Las primeras canciones del concierto se suceden a una velocidad de vértigo. Hasta “Dive For Your Memory” no tengo que tocar. En el escenario hay dos secciones bien diferenciadas: la de los que están más o menos quietos y la de los que no paran de saltar. Xesc y Evripidis, quienes podrían pasar por un par de maracas gigantes, consiguen que mi guitarra, perfectamente apoyada sobre un soporte, se caiga al suelo en tres ocasiones. Por su culpa me paso un cuarto de hora dando tumbos alrededor del escenario con el afinador en la mano. Reajusto algún tema con el técnico y bajo los medios del amplificador de Xesc. “Head Full Of Steam” suena como un cañón. Afino mi guitarra por cuarta vez y por fin subo a tocar. No me escucho una mierda, pero el famoso flow está ahí, qué duda cabe. Solo hay que dejarse llevar. El final con “Spring Rain” es glorioso. Entre el público levantado alcanzo a ver la cara de mi madre, cantando y sonriendo. Saludamos en plan teatro y nos volvemos para adentro.

“Robert insiste en que algunas de las canciones que acabamos de tocar nunca antes habían sonado tan bien. Nos bebemos las cervezas que quedan en el camerino y salimos pitando del CCCB. La calle Joaquim Costa está animada como hace cinco años”

Ninguno de nosotros sabe muy bien dónde meterse. Robert insiste en que algunas de las canciones que acabamos de tocar nunca antes habían sonado tan bien. Nos bebemos las cervezas que quedan en el camerino y salimos pitando del CCCB. La calle Joaquim Costa está animada como hace cinco años. Buena parte de los asistentes al concierto deambulan entre el cruce con Ferlandina y el Negroni. Robert y dos tercios de Els Micacos acaban metiéndose en el BJ100, donde reciben una atronadora ovación nada más entrar. La cara de Xavi, quizá el más implicado emocionalmente de todos nosotros en el repertorio escogido, es todo un poema. El bar está a reventar, por lo que Robert y Xesc salen a la calle para seguir con su conversación sobre parejas. Xesc le explica a Robert que no tiene novia y...¡ zas! Cubo de agua desde el balcón para hacernos callar. Xesc acaba mojado como una morsa. Robert, al que no le ha caído ni una gota, ni se inmuta: “No te preocupes, encontrarás a alguien. Seguro”.

Media hora después de la primera espantá, la puerta del BJ100 se vuelve a abarrotar. Robert, que todavía anda por allí, se dirige a Miqui: “¿Seguro que tú y yo no nos conocimos antes en Londres?”. “No creo, Robert”. “Por cierto, vas muy elegante”, replica Forster.

Miqui levanta la cabeza, porque incluso con sus botines de tacón cubano Robert le saca más de una cabeza, sonríe y... ¡zas! El segundo cubo de agua se lo come Miqui enterito: “Fuck THIS spring rain!”.

Robert, al que el agua parece esquivarle, le tranquiliza: “No te preocupes. Sigues siendo el más elegante”.

Miqui vuelve a sonreír. Y yo, por una vez, respiro satisfecho. Ojalá todas las primaveras lloviera de esta manera.

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