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ROBERT FORSTER, Música clásica

Memorabilidad, simplicidad fértil, profundidad expresada minimalmente, melodía exquisita, estructura impecable. Así son las canciones de Robert Forster.

 
 

ENTREVISTA (2008)

ROBERT FORSTER Música clásica

Por Kiko Amat

The Go-Betweens tenían de todo, y de lo mejor. Las mejores canciones, los mejores referentes, las mejores influencias, las mejores conexiones. Durante tres décadas, este icono del pop sublime se basó en el dúo McLennan-Forster. Fallecido Grant McLennan en 2006, Robert Forster (el raro, el literario) reemprendió su carrera en solitario con su quinto álbum, “The Evangelist” (2008), doce años después del último, “Warm Nights” (1996): cosas buenas aprovechadas de sucesos malos. Aquí puedes leer la entrevista que le hizo Kiko Amat cuando volvió con “The Evangelist”.

Clásico. Es un clásico. A menudo decimos esa palabra sin reparar en lo que implica. Robert Forster, por ejemplo, es un escritor de clásicos. Esto implica que no es un tío que esté repantigado sobre el frágil diván de las modas puntuales, sino que de sus manos está emergiendo algo que solo puede definirse como cancionero clásico, a la altura de esos genios populares en quienes ustedes están pensando: Irving Berlin, Ira y George Gershwin, Cole Porter, Jimmy Webb, Gerry Goffin y Carole King, Paul Weller, John Lennon y Paul McCartney, Smokey Robinson, Morrissey, P.F. Sloan... Podría seguir diciendo nombres, pero se me rompe la voz.

“Siempre he hecho ese tipo de canciones, imagino que porque quiero que sean reales. No escribo fantasía, aunque sí me invento algunas cosas. En general, me gusta que sean como diarios, muy descriptivas, y hablar de lo que me rodea. No me gusta meterme en personajes ficticios”

El cancionero de Robert Forster, con o sin The Go-Betweens (rotos sin posibilidad de reparación por la muerte de Grant McLennan el 6 de mayo de 2006), es además clásico en clave pop. No es gratuitamente críptico, ni banal ni empalagoso. Tiene, por el contrario, todos los atributos que hacen del pop un instrumento perfecto de transmisión emocional: memorabilidad, simplicidad fértil, profundidad expresada minimalmente, melodía exquisita, estructura impecable. Y, a la vez, algo de misterio, algo de literatura (sin pompa), mucha honestidad, mucha descripción, extrema atención al detalle y al lenguaje (recuerden aquello de “that’s her handwriting / that’s the way she writes” del tema de The Go-Betweens “Part Company”).

Las canciones de Forster podrían ser folk de hace dos siglos. Música clásica. Canciones de la gente. Historias que pasan de boca en boca mucho después de que quienes las crearon hayan desaparecido. Me estoy poniendo tremendo, pero créanme si les digo que lo vale.

Por fortuna, Robert sigue entre nosotros. Sin su media naranja, pero igualmente talentoso, como demuestra en “The Evangelist” (Tuition-Dock, 2008). Amable caballero, entrevistarle es un placer; media hora de ingenio, gran conversación, humor delicado y eternas reflexiones sobre la mejor disciplina que existe: el pop.

Aunque últimamente firmabais las composiciones de The Go-Betweens como Forster / McLennan, en todos los discos anteriores las canciones estaban divididas. Ahora, con la distancia que da el fallecimiento de Grant, ¿ves tan claramente la diferencia de estilos? Es difícil de decir, porque él tenía una manera de componer que era muy pop, pero también podía darle por escribir de forma más extraña. Mis canciones siempre están teñidas de un cierto tipo de melancolía y cada una de ellas es como la primera canción que escribo. Grant era distinto; para empezar, escribía mucho más que yo.

En tu último álbum se echa de menos un estilo de canción típica en ti, la biográfico-descriptiva en plan “Surfin’ Magazines” o “Darlinghurst Nights”, llena de nombres propios y lugares. Siempre he hecho ese tipo de canciones, imagino que porque quiero que sean reales. No escribo fantasía, aunque sí me invento algunas cosas. En general, me gusta que sean como diarios, muy descriptivas, y hablar de lo que me rodea. No me gusta meterme en personajes ficticios. Es cierto que en mi último disco no hay una canción del estilo de las que tú comentas, pero está “The Evangelist”, que sí va sobre mi vida, de cuando llevé a mi mujer y a mis hijos desde Alemania hasta Australia a vivir conmigo.

 
ROBERT FORSTER, Música clásica

La corbata, bien ajustada; las emociones, verdaderas.

 

He oído que parcialmente también está inspirada en la novela de Paul Theroux “La costa de los mosquitos”. Cierto, cierto (se entusiasma). Aunque admito que en la novela el sufrimiento es mucho mayor. El otro tema de la canción es la culpa.

¿No te asusta escribir de forma personal, abrir tu corazón, hablar de tu vida de ese modo? No, no, no (enfatizando). Las canciones nunca van directamente sobre mí, sobre lo que siento. Son más bien un espejo que refleja lo que sucede a mi alrededor, si bien lo refleja de forma artística.

¿Estás de acuerdo con lo que dijo Samuel Beckett: “No existe nada más, seamos lúcidos por una vez, que lo que me pasa a mí”? (Dudando) Sí. Pero a la vez admiro a la gente que es capaz de crear mundos enteros completamente inventados.

“Soy feliz, no siento ni vergüenza ni culpa, porque todo lo que tengo, ya sea mi familia o mi trabajo, se debe a lo que he hecho en el pasado. No puedo cambiar nada; tomo lo bueno y lo malo. En cuanto a la nostalgia, es un tema que casi nunca se toca en el pop. El pop trata siempre del presente. Pero para mí hablar de ese modo es algo natural. Si se hace en libros y cine, ¿por qué no en canciones?”

Hablábamos de la culpa hace un momento. En “Demon Days” dices que algo ha vuelto a ir mal, y me pregunto en qué términos miras hacia el pasado: culpabilidad, orgullo, nostalgia... Soy feliz, no siento ni vergüenza ni culpa, porque todo lo que tengo, ya sea mi familia o mi trabajo, se debe a lo que he hecho en el pasado. No puedo cambiar nada; tomo lo bueno y lo malo. En cuanto a la nostalgia, es un tema que casi nunca se toca en el pop. El pop trata siempre del presente. Pero para mí hablar de ese modo es algo natural. Si se hace en libros y cine, ¿por qué no en canciones?

¿Es “The Evangelist” un disco de luto por Grant McLennan? En parte sí lo es, pero en parte también contiene otras historias. Tomé la decisión de grabar en el mismo sitio y utilizar a la misma gente con que habíamos hecho “Oceans Apart” (el último disco de The Go-Betweens, de 2005) para así sentirme más cercano al pasado, más cercano a Grant. No quise huir de lo que había ocurrido, pero tampoco quería un disco de tributo. No se trataba de eso.

Respecto a tu relación con él, comentabas en una entrevista que “cada vez que nos veíamos, era como si me conociera por primera vez”. Es curioso, porque creo que es un tipo de persona que se repite universalmente. Sí, sí. Grant era la única que yo conocía, pero parece ser que hay más. Con Grant tenía que pasarme diez minutos sintiéndome extraño con él, luego empezaba a relajarse y ya todo volvía a la normalidad. Nuestra relación requería paciencia.

Y esfuerzo, como las mejores cosas. Y esfuerzo. Pero siempre sentí que ese esfuerzo era parte de nuestra amistad. Tampoco era siempre así; a veces era muy simpático de buenas a primeras. En cualquier caso, sabías que cada vez sería diferente. Grant requería un tiempo de adaptación.

John Osborne dijo una vez: “No tengas miedo de ser emocional; nadie se muere de eso”, y tú mismo has definido “The Evangelist” como un álbum emocional. Escribir sobre emociones es importante, porque la gente se identifica contigo. Hay creadores que abusan de ello con el único fin de llamar la atención del público, pero en mi caso es una manera de hacer que la gente se introduzca en la historia. Cuando hablo de algo, en lo primero que pienso es en mi respuesta emocional, porque eso es lo que me hizo decidir que escribiría sobre ello.

Lo difícil es escribir sobre emociones sin parecer afectado ni autoindulgente. La artesanía del pop reside en cómo relatas esas emociones, supongo. Lo has definido de manera encantadora. Tuve mucho cuidado al contar las cosas, especialmente las que tenían que ver con Grant. Quería emoción, pero verdadera. Quería alcanzar un equilibrio adecuado y mezclarlo con otros temas que no tuviesen que ver con él.

 
ROBERT FORSTER, Música clásica

“Tuve mucho cuidado al contar las cosas, especialmente las que tenían que ver con Grant. Quería alcanzar un equilibrio adecuado y mezclarlo con otros temas que no tuviesen que ver con él”.

 

Siempre has definido o previsto tus discos en solitario y los de The Go-Betweens de manera muy concreta, tanto estética como estilísticamente. Como cuando dijiste que “Bright Yellow Bright Orange” (2003) era un disco de jerséis blancos o que “Oceans Apart” tenía que sonar como los Talking Heads de “Fear Of Music”. ¿Qué es “The Evangelist”? Buena pregunta. Quería que fuese como el nuevo de Neil Diamond. Doce canciones, sin batería, con guitarra acústica, bajo y sección de cuerda. Su disco empieza con una balada, no con tres canciones pop. Empieza con un sentimiento.

Estéticamente hablando, en la foto del disco pareces un asesino a sueldo. De los años setenta. (Se ríe) No me gusta nada esa foto. Me da una pinta de revolucionario extraño, pero encaja en el disco de algún modo.

“Escribir sobre emociones es importante, porque la gente se identifica contigo. Hay creadores que abusan de ello con el único fin de llamar la atención del público, pero en mi caso es una manera de hacer que la gente se introduzca en la historia. Cuando hablo de algo, en lo primero que pienso es en mi respuesta emocional, porque eso es lo que me hizo decidir que escribiría sobre ello”

Quizás porque también hay algo funerario en ella. Es cierto. Y encima me rodea un halo. La fotógrafa que la hizo no es alguien que normalmente se asocie a estrellas del rock. Las fotos que habitualmente publica en el ‘Sunday Times’ son de otro estilo.

¿Y qué fotografía, caracoles, calabacines? No, actores viejos. Paul Newman, gente así. Retratos en primer plano, por desgracia.

Siempre has definido tus peinados con gran lujo de detalles. La última vez que hablamos me dijiste que buscabas uno que fuera una mezcla del Jeremy Irons de “Conociendo a Julia” con George Clooney. ¿Hacia dónde te diriges ahora capilarmente hablando, Robert? Quiero algo un poco más salvaje, más largo, más setentas, como decías. El Robert Redford clásico es un buen modelo. Tengo un peluquero maravilloso en Brisbane. Deberías probarlo.

“The Evangelist” es sin duda un disco terapéutico y eso es algo muy necesario. Los discos como medicina espiritual. Yo, por ejemplo, uso a Mose Allison. ¿A quién?

A Mose Allison. Es un pianista de jazz vocal de los años sesenta, del sur de Estados Unidos, blanco, su mejor época es la que pasó en el sello Atlantic. Fue la máxima influencia de Georgie Fame.

(Ruido audible de lápiz apuntando).

¿Estás apuntando esto? Sí. Mo-se A-lli-son.

¿Cuál sería tu disco curativo, el que utilizas para espantar tus penas? Uno del clarinetista de jazz Tony Scott, “Music For Zen Meditation”, de 1964. Es un álbum japonés, medio improvisado, muy minimal. Tiene meditaciones zen en spoken word, de antes del estallido de la moda de las religiones orientales a finales de los sesenta.

(Sonido de lápiz apuntando).

¿Estás apuntando esto?

Sí.

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