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ROCÍO MÁRQUEZ, Entre dos aguas

De agua y viento.
Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2014)

ROCÍO MÁRQUEZ Entre dos aguas

La cantaora onubense Rocío Márquez se situó en el epicentro de la escena flamenca con la publicación de “El Niño”, desbordante trabajo en torno a la figura del simpar Pepe Marchena producido a dos bandas: Faustino Núñez llevó la batuta en la parte clásica y Raül Fernandez hermanó el arte jondo con el rock, el folk y la música experimental. Luis Troquel habló con ella.

Si a finales del siglo XX alguien hubiese predicho que el disco flamenco más cool de 2014 (y, probablemente, de todo lo que llevamos de década) giraría en torno a la figura de Pepe Marchena (1903-1976), se le hubieran reído a la cara. Idolatrado y posteriormente denostado como ningún otro de los colosos del arte jondo, hasta el punto de que muchos casi dejaron de considerar lo suyo como tal.

“Recuerdo ir de chiquitilla con algún disco de Morente y oír a más de uno decirme: ‘No escuches eso, que te vas a perder’... Yo veo una relación enorme entre Marchena y Morente. Cuando creaban, ni uno ni otro parecían plantearse en lo más mínimo si algo es flamenco o no lo es”

Con la publicación de “El Niño” (Universal, 2014), a sus 29 años recién cumplidos Rocío Márquez está en boca de toda la escena flamenca. Y no es la primera vez. En verano de 2008 su nombre irrumpió mucho más allá de los certámenes locales al igualar el récord de premios que ostentaba Miguel Poveda en el Festival del Cante de las Minas de La Unión. Había nacido una estrella cuya luz, sin embargo, no nos ha llegado hasta ahora en todo su esplendor.

“Creo que es importante respetarse a una misma y hacer las cosas cuando una las siente”, afirma Rocío Márquez al recordar la poca prisa que tuvo en aprovechar el trampolín “minero”. Al año siguiente salió publicado un DVD en directo, “Aquí y ahora” (El Séptimo Sello), pero su primer CD no llegó hasta 2012, tras firmar con Universal. En su título, “Claridad”, parecía reflejarse esa voz cristalina que la caracteriza. Transparente como el agua y alta como el viento en las cumbres, a la que la rueda de los tiempos tanto ha favorecido. “Es un péndulo histórico, pero en realidad los estilos son solo maneras de expresar sentimientos”, asegura.

La generación de Rocío Márquez ha resucitado el gusto por las llamadas voces laínas, agudas y dulces, de las que Pepe Marchena fue rey. Y, puestos a resaltar el factor generacional, Rocío forma parte también de un insólito fenómeno geográfico: el despertar de Huelva. A pesar de ser la tierra del fandango por excelencia, la más occidental de las provincias andaluzas apenas había dado cantaores profesionalmente reconocidos. En cambio, en lo que llevamos de siglo XXI pocas canteras brillan tanto: Arcángel, Argentina, Pitingo, Sandra Carrasco, Jesús Corbacho, Pilar Bogado, Guillermo Cano... Y, por supuesto, Rocío Márquez, de Huelva capital.

 
ROCÍO MÁRQUEZ, Entre dos aguas

“Yo, más que homenaje, prefiero definirlo como un disco en torno a él (Marchena). Y si viviera, jamás me hubiese atrevido a hacerlo sin su complicidad”.

Foto: Óscar García

 

Con 15 años se instaló en Sevilla, y allí, como tantos otros cantaores de su edad, pasaría por la Fundación Cristina Heeren. Pero jugaba desde hacía ya mucho con la baraja flamenca, con un impresionante dominio de los palos en infinidad de variedades. Era una niña rubia de ojos claros cuando, con 9 años, empezó a ir a la Peña Flamenca de Huelva. “Ya entonces me subí a un escenario en Palos de la Frontera y empecé a sentir el gusanillo del cante”. Habla maravillas de su inicial aprendizaje en el mundo de las peñas, aunque por suerte no siguió al pie de la letra todo lo que por allí le aconsejaban. “Recuerdo ir de chiquitilla con algún disco de Morente y oír a más de uno decirme: ‘No escuches eso, que te vas a perder’... Yo veo una relación enorme entre Marchena y Morente. Cuando creaban, ni uno ni otro parecían plantearse en lo más mínimo si algo es flamenco o no lo es”.

“No me podía limitar a reproducir lo que él (Marchena) hacía, que para eso ya están sus discos, inmejorables. Y surgió la idea de hacer una parte más arriesgada, porque su esencia era la creatividad, ese punto transgresor que siempre tenía...”

Precisamente, si a nivel conceptual “El Niño” recuerda a un disco, es al “Homenaje a D. Antonio Chacón” (1977) de Enrique Morente. Un trabajo poliédrico, muchísimo más que una rememoración. ¿Qué hubiese opinado Marchena ante un homenaje así? Alguien de ego estratosférico que se autodenominaba “maestro de maestros”. “Yo, más que homenaje, prefiero definirlo como un disco en torno a él. Y si viviera, jamás me hubiese atrevido a hacerlo sin su complicidad”.

Cómplices tampoco le han faltado en la aventura de “El Niño”. Dos productores para un disco que llegó a plantearse como doble. “No me podía limitar a reproducir lo que él hacía, que para eso ya están sus discos, inmejorables. Y surgió la idea de hacer una parte más arriesgada, porque su esencia era la creatividad, ese punto transgresor que siempre tenía...”.

Se empezaron a grabar las dos ideas como dos proyectos complementarios en diferentes volúmenes. “Pero pensamos: ¿por qué separar la tradición de la innovación cuando es algo que él no hacía?”. Y, sorprendentemente, ambas producciones antitéticas discurren como una sola. Faustino Núñez ha dirigido la parte clásica, con sabiduría y gusto exquisito, y, quemando las naves en sus insólitos arreglos, Raül Fernandez Refree no deja de sorprender: convertido en uno de los hombres del año gracias al excelso “granada” (2014) junto a Sílvia Pérez Cruz, y sin frenar su incesante actividad como productor con nuevos trabajos para Lee Ranaldo y Nacho Umbert, quien, por cierto, participa en los coros de la rompedora colombiana.

Cómplices han sido también las guitarras flamencas de Manolo Franco, Pepe Habichuela, Miguel Ángel Cortés y Manolo Herrera, el tres cubano de Raúl Rodríguez, la batería de Víctor Garcia y el recitado de El Niño de Elche. Y, por supuesto, la esencial participación de Pedro G. Romero, tanto en unos profusos textos que le dan categoría de disco-libro como en la concepción global. Suya fue la idea también del título, en memoria a la etapa en que a Pepe Marchena se le conocía como El Niño de Marchena. Y ni se plantearon cambiarlo al enterarse de que la película española más publicitada del año también se iba a llamar “El Niño”.

Etiquetas: 2010s, 2014, flamenco, Huelva, tributo
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