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RODDY FRAME, Elogio de la nostalgia

Su rostro permanece casi tan juvenil como en los años en que brilló al frente de Aztec Camera y su sonrisa y su entusiasmo se mantienen intactos.

Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2014)

RODDY FRAME Elogio de la nostalgia

“Seven Dials” (2014) fue el primer álbum en ocho años del exlíder de Aztec Camera, y recuperó a un artesano de la canción pop en buena forma y, al tiempo, sin ningún miedo a echar la vista atrás, hacia un pasado al que sabe que le debe todo. Tanto, que hasta lo grabó para el sello de su viejo amigo Edwyn Collins. David Saavedra lo entrevistó a su paso por Madrid en visita promocional y asistió al concierto acústico que Frame regaló a unos pocos.

Roddy Frame acaba de superar la cincuentena, pero parece haber saldado un pacto con el diablo. Su rostro permanece casi tan juvenil como en los años en que brilló al frente de Aztec Camera y su sonrisa y su entusiasmo se mantienen intactos. El primer lunes de mayo estuvo en Madrid –donde no acudía desde 2008, cuando vino casi de tapado a acompañar a Edwyn Collins a la guitarra en el festival Summercase– para promocionar “Seven Dials” (AED-Music As Usual, 2014). La jornada finalizó con un concierto acústico para prensa e invitados en la sala Costello donde primó el repertorio de Aztec Camera (comienzo con “Oblivious” y “Walk Out To Winter”, final con “Somewhere In My Heart”, “Spanish Horses” y “We Could Send Letters”) sobre lo esperable de un showcase al uso (apenas interpretó tres temas del flamante disco). La nostalgia, como él mismo reconoce, a veces es reconfortante. “Lo prioritario es que la gente lo pase bien”, anunciaba horas antes. Y, desde luego, lo consiguió.

“Yo nunca pienso en la música en términos de ‘esto es una carrera’, o ‘voy a ir del punto A al punto B’, y tampoco he querido nunca ponerme presión. Pero soy afortunado, he tenido algunos éxitos y me han dado algo de dinero para poder hacer la música que quiero. Es extraño, porque algunos de los artistas que me encantan hacen demasiados discos, porque, odio decir eso, siento que necesitan alimentar la máquina”

Has grabado “Seven Dials” en AED, el sello que acaba de crear Edwyn Collins con su esposa Grace Maxwell. En cierto modo, es como una vuelta a vuestros comienzos en los ochenta en Postcard Records... ¡Totalmente! No me había dado cuenta de que esto estaba sucediendo hasta que pensé: “¡Espera un momento, ¡esto es como Postcard!”, trabajando la misma gente en un sello otra vez. Echamos de menos a su fundador, Alan Horne, pero hubo muy buen “feeling”. Es fantástico, porque han pasado ocho años desde que hice el disco anterior“Western Skies” (Redemption, 2006)– y no tenía planes de otro, pero Edwyn me animó a que fuese a grabar a su estudio, sin molestias ni expectativas. Cuanto mayor soy, menos interferencias quiero. Soy muy, muy independiente.

Ha sido tu mayor lapso entre álbumes. Creo que sí, pero no me había dado cuenta. Yo nunca pienso en la música en términos de “esto es una carrera”, o “voy a ir del punto A al punto B”, y tampoco he querido nunca ponerme presión. Pero soy afortunado, he tenido algunos éxitos y me han dado algo de dinero para poder hacer la música que quiero. Es extraño, porque algunos de los artistas que me encantan hacen demasiados discos, porque, odio decir eso, siento que necesitan alimentar la máquina. En mi caso, creo que este es el álbum perfecto que quería hacer. Cada canción es un acto de amor, la expresión de algo.

Aunque has estado tocando intermitentemente todos estos años, tanto al servicio de Edwyn Collins en su gira de regreso como conciertos acústicos propios. Por aquí estuviste también en el Primavera Sound en 2010... No es que no haya parado, pero tampoco asumí ningún compromiso de ningún tipo. En realidad no empecé a componer el álbum hasta que Grace y Edwyn me invitaron. Supongo que cuando comencé a tocar de nuevo con Edwyn algo adquirió sentido, volví a sentirme vivo. Su recuperación hizo que, de algún modo, yo me sintiese redivivo también.

Pero intuyo que ya no sientes una necesidad apremiante de componer y grabar. ¿Podría atreverme a decir que la música no es lo más importante para ti y que priorizas otras cosas en tu vida? ¿Sabes? Es curioso, porque creo que, para mí, siempre ha sido así de algún modo. Puede que en la adolescencia fuese un poco diferente, pero, incluso cuando estaba en Postcard, Alan Horne siempre me decía: “¿Dónde está el álbum? ¡Apura!”. Y yo siempre respondía: “Oh, aún no lo he terminado”. Es así como soy, nunca me doy prisa y odio todo lo que tenga que ver con compromisos, obligaciones, expectativas... Si alguien me dice: “Necesito que hagas esto para el próximo jueves”, yo siempre contestaré que no. No me gusta sentirme atado. Siempre ha sido difícil mi trato con los sellos discográficos por eso, y entiendo que tampoco haya sido fácil para ellos. Pero también creo que el hacer música debería ser así, sin obligarte a trabajar todos los días y encapsularlo todo en una caja.

 
RODDY FRAME, Elogio de la nostalgia

“Nunca había pensado tanto en la nostalgia en canciones”.

Foto: Alfredo Arias

 

Es un disco bastante nostálgico. ¿Estás ya en esa etapa de la vida en que miras más hacia atrás que hacia delante? (Divertidamente compungido) ¡Absolutamente! ¿Qué edad tienes tú? No quiero asustarte, pero de repente he notado que me pasa eso. Nunca había pensado tanto en la nostalgia en canciones. Hace poco celebré mi cincuenta cumpleaños y fue realmente agradable, me sentía en mi cabeza como cuando tenía 21; pero unas tres semanas después, me paré a pensar que toda mi vida había sido una pérdida de tiempo. Una amiga que tiene la misma edad me tranquilizó diciéndome que era una evolución lógica.

“Era muy difícil mostrar respeto por las compañías de discos. Teníamos una filosofía muy diferente. Realmente el juego es: tú eres un compositor y un músico y debes agarrarte muy bien a tu obra hasta que tengas los derechos sobre ella. También era una época en que bebía mucho y tomaba muchas drogas, y eso también dificultó las cosas porque esos tíos tienen una mente muy corporativa, especialmente en Estados Unidos, donde tienes que trabajar mucho y ganar posiciones, y yo no era así para nada; yo era más de expresarme cuándo y cómo lo sentía”

Te convertiste en un músico de éxito a los 18 años. Si ahora conocieses a aquel joven Roddy Frame, ¿qué le dirías y qué crees que te diría él? Creo que a él le gustaría mi forma de tocar la guitarra, porque he mejorado mucho, y he aprendido a hacer las cosas que antes quería hacer. Creo que él era muy radical, pero es lo que me encanta de la gente joven. En mi visita al Primavera recuerdo una conversación que tuve con los chicos de Extraperlo –su componente Alba Blasi grabó en vídeo una entrevista, disponible en la web de Rockdelux (ver aquí)– y realmente me enamoré de ellos porque me recordaron mucho a cuando era joven, ese idealismo y esa pasión. Yo también era ligeramente cruel, porque todo lo ves en blanco o negro, pero a medida que te haces mayor te vuelves menos idealista y más amable, te suavizas.

¿Es difícil mantener los pies en el suelo cuando te llegan la fama y el reconocimiento a una edad tan temprana? Creo que lo fue, y por eso siempre me mantendré en deuda con la gente que tenía a mi alrededor. Era muy difícil mostrar respeto por las compañías de discos. Teníamos una filosofía muy diferente. Realmente el juego es: tú eres un compositor y un músico y debes agarrarte muy bien a tu obra hasta que tengas los derechos sobre ella. También era una época en que bebía mucho y tomaba muchas drogas, y eso también dificultó las cosas porque esos tíos tienen una mente muy corporativa, especialmente en Estados Unidos, donde tienes que trabajar mucho y ganar posiciones, y yo no era así para nada; yo era más de expresarme cuándo y cómo lo sentía.

¿Reconoces tu influencia sobre bandas jóvenes? Ocasionalmente conozco a grupos, como el caso que te contaba de Extraperlo, en los que se pueden rastrear influencias. A veces yo no la veo, pero la gente me dice que sí, que están ahí, y cuando sucede me toca la fibra. Cuando has crecido entre discos pensando que venían de otro planeta y los tratabas como tesoros... De repente, ver que esas canciones que había escrito en mi dormitorio a los 16 años... treinta años después llegan a la habitación de otra persona de 16... eso me vuela la cabeza. Es como un viaje en el tiempo, ver que yo sentía esa cosa y, a través de los años, llega a otra persona que comparte el mismo sentimiento. Es como ciencia ficción, y me encanta eso.

¿Por cuál de tus álbumes sientes más aprecio? “High Land, Hard Rain” de Aztec Camera (1983) es, obviamente, el más especial porque fue el primero, un gran desafío para mí porque al fin grababa un álbum y yo era muy joven. Pero te diría que el debut en solitario“The North Star” (Independiente, 1998)–, porque fue un disco que resultó muy difícil conseguir que se escuchara. Por lo que fuera, no apareció en la época adecuada y fue olvidado muy rápidamente. Cuando me puse a ensayar para tocar en directo hace un par de años lo volví a escuchar y me pareció que sonaba jodidamente bien y había sido ninguneado. “Surf” (Redemption, 2002) es mi otro trabajo favorito personal, es como mi disco del alma. Soy yo con mi guitarra frente a un micrófono, con mi novia grabándolo y tomando las fotos... creo que es lo más cerca que puedes llegar a mi yo interior. No hay nada entre mí y el oyente.

 

Aquella lluvia escocesa

En 2012, los seis álbumes de Aztec Camera fueron reeditados con material extra en una de esas operaciones rescate que se han convertido ya en práctica habitual de la industria. Para seguir otra fórmula también super de moda, Roddy Frame decidió celebrar, en diciembre de 2013, el treinta aniversario de “High Land, Hard Rain” interpretándolo íntegramente en tres conciertos en teatros de Londres, Mánchester y Glasgow.

“Salió cien veces mejor de lo que había esperado”, comenta él. “Fue todo muy fácil de organizar. El promotor me preguntó si quería hacer eso, le respondí que sí, se agotó todo el aforo con rapidez, llegamos y tocamos. Fue bonito volver a todo aquello, a mi adolescencia en East Kilbride, las fotografías, las canciones que había escrito cuando tenía 15 años... Me encantó. A mitad del set fui consciente de lo nostálgico de todo aquello, pero fue muy bonito. Fue una maravillosa experiencia volver a rescatar aquellas canciones y no me siento mal por haberlo hecho”.

Paradójicamente, esos conciertos los ofreció con el nombre de Roddy Frame y no con el de Aztec Camera aunque, en realidad, los podría haber vendido así, ya que él es el único miembro estable que permaneció durante toda la trayectoria de la banda, entre 1981 y 1995. El escocés no concede demasiada importancia a nada de eso. “Mucha gente dice que es terrible eso de que las bandas hagan conciertos de reunión, porque parece que se ha vuelto algo un poco formulario, pero en realidad yo creo que quiero seguir haciendo esto. No sé. ¿Qué opinas tú? Yo pienso que es justo. Creo que puedo hacer algunas cosas como Roddy Frame y otras como Aztec Camera, pero no tengo sentimientos muy fuertes al respecto”.

Aunque suene ligeramente borde, en esta parte de la conversación siguió la altísima cordialidad que mostró en el resto de la misma, aunque me quedo con su maestría para hacerse el loco cuando le pregunté si no había intentado que los componentes históricos de la primera formación (el bajista Campbell Owens, el guitarra Craig Gannon y el batería John Hendry) se hubiesen apuntado. Roddy cambió entonces de tema.

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