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ROSALÍA, Baile, pop y palos

Las cosas del querer.
Foto: Carlota Guerrero

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 374)

ROSALÍA Baile, pop y palos

Cantante y cantaora y por muchos años, decía la barcelonesa, mientras ultimaba su segundo disco y se embarcaba en una minigira de verano para presentarlo que empezó en el Sónar. Si en “Los Ángeles” había repertorio clásico y producción de Refree, en “El mal querer” son sus propias composiciones y la ayuda de El Guincho las que han permitido a Rosalía dar un paso adelante en su modo de entender el flamenco. Silvia Cruz Lapeña la entrevistó en exclusiva meses antes de que se publicase su segundo álbum. Fue la portada del Rockdelux 374 (julio-agosto 2018).

El álbum está por rematar, y Rosalía, expectante. Quiere hablar de “El mal querer” (Sony, 2018), pero sin dar detalles, porque así, cuando salga, dará otro golpe. Y lo dará, pues lo que está claro escuchándolo es que el videoclip de “Malamente” fue solo el primer zarpazo. Uno hecho con imágenes de toreros, coches tuneados y nazarenos en monopatín que le procuraron a la cantante muchas adhesiones, otras tantas críticas y casi cuatro millones de reproducciones en YouTube en pocos días. “Se ha dicho que soy antitaurina, protaurina... Pero solo es un poema visual del que cada uno puede sacar la historia que quiera. Yo estoy contenta porque esa repercusión es impensable para un producto de inspiración flamenca”.

“Inspiración”, dice, pues ni su autora se atreve a decir “flamenco” a secas para referirse a lo que hace, aunque reconoce que lanzando “Malamente” como adelanto jugó un poco al despiste: “Efectivamente, es el tema que menos se parece a lo que es el disco”. En “El mal querer” se reconocen la seguiriya, los tangos o el fandango. También la bulería por soleá, base de “Pienso en tu mirá”, el segundo corte publicado y que resume mejor un álbum que se empezó a gestar hace dos años. “Fue una locura, porque lo iba componiendo mientras hacía la gira de mi primer disco“Los Ángeles” (Universal, 2017)–. Yo había hecho bolos, sobre todo por Cataluña, pero nada parecido a esto. Ha sido muy ilusionante, pero a la vez agotador”.

En su debut la acompañó Refree con la guitarra y la producción, y el tema central era la muerte. En este, otro asunto muy del quejío, “el mal amor o la otra cara del amor”, y de nuevo un productor ajeno al género: El Guincho. El emparejamiento profesional de Pablo Díaz-Reixa y Rosalía no tiene que extrañar en una mujer que en “El mal querer” convoca a Camarón de la Isla, El Torta, Lola Flores o El Chaqueta a “dialogar” con Beyoncé o Justin Timberlake. “Yo escuché mucho pop en los 2000 y quería hacerle un homenaje a esa música”. Y vaya si lo ha hecho, gracias en buena medida a la labor realizada por el productor canario.

“En el primer álbum quería interpretar un repertorio flamenco porque era lo que estaba estudiando entonces. Pero siempre he compuesto y quiero reivindicar a la mujer como productora porque siempre son los hombres los que nos elaboran discos a nosotras”

A Rosalía le extraña que hubiera quien pensara que, después de “Los Ángeles”, iba a alejarse del flamenco y a decantarse por otra música urbana para convertirse en una especie de Rihanna a la española. “¿Por qué? ¡Si es la inspiración más grande que yo tengo!”, dice una cantaora a la que, antes del éxito, se había visto interpretando soul en locales de Barcelona o flamenco clásico en Jerez con la guitarra de Alfredo Lagos. “Soy cantante y cantaora. Se pueden ser las dos cosas y espero seguir siéndolo siempre”.


Una gira de verano

En este trabajo, Rosalía compone y produce. “En el primer álbum quería interpretar un repertorio flamenco porque era lo que estaba estudiando entonces. Pero siempre he compuesto y quiero reivindicar a la mujer como productora porque siempre son los hombres los que nos elaboran discos a nosotras”. En “El mal querer” hay letras propias y de amigos como Luis Troquel, y la aportación de un productor que confiesa abiertamente que, al empezar, no tenía ni idea de flamenco. A Rosalía le gusta su franqueza: “Es un poco lo contrario a lo que ocurre en el flamenco, que todos están siempre compitiendo por ver quién sabe más”.

La idea de montar todo un disco sobre “el mal amor” le rondaba desde hacía tiempo, y un encuentro con Pedro G. Romero la acabó de decidir. “Andaba dándole vueltas al tema y entonces él me habló de ‘El Roman de Flamenca’, que cuenta la historia de una mujer que se casó con un hombre que la aprisionó por celos. Con esa coincidencia me explotó la cabeza y supe que tenía que ir por ahí”, explica sobre la novela anónima del siglo XIII. Afirma que no es un álbum que victimice a la mujer, a pesar de que es consciente de que España es machista y va a costar cambiar esa situación: “Pero, en estas canciones, a veces hablo como la parte femenina, otras como la masculina, o simplemente soy la narradora porque un mal amor lo puede tener cualquiera”.

“El mal querer” explica un sufrimiento e implica un crecimiento. También en la propia cantante, que quería probar otro registro: “Tenía ganas de un disco con ritmo porque siempre he tenido mucha inquietud por bailar. Yo considero mis trabajos como un todo, no solo pienso en el álbum; también en cómo será el show”. Parte de lo que será esa gira se pudo ver en el último Sónar, donde Rosalía se subió al escenario con una mezcla que contiene mucho pop, bastante flamenco y, al margen del 808, nada de trap: “Aquí no hay droga, solo amor malo”.

En esa gira de verano la acompañan Los Mellis, palmeros onubenses que trabajan con Arcángel y los más solicitados del panorama jondo. También canta Claudia “La Chispa”, una chica conocida por su intervención en varios talent shows. “La descubrí por YouTube y flipé”, cuenta Rosalía, retratándose como legítima hija de su generación. Se le vuelven a transparentar sus 25 años cuando confiesa que le cuesta nombrar álbumes que la hayan marcado: “Me salen nombres propios y cantes sueltos”. Ese es el consumo cultural, fragmentado y breve de este tiempo: el que empuja a ver series de un tirón si se puede elegir cómo y cuándo, y el que deja el disco obsoleto porque las canciones se pueden pinchar (y ver) a antojo del consumidor.

 
ROSALÍA, Baile, pop y palos

Rockdelux 374 (Julio-agosto 2018)
Foto: Carlota Guerrero
Diseño: Gemma Alberich

 

Flamenco bailable

Quizá porque participa de forma natural de todo eso, Rosalía ha conectado con un público ajeno al flamenco y también con el más joven. En la entrevista, repite varias veces que le gusta que su música sea accesible. “Creo que es generoso hacer música para que llegue a todo el mundo, no solo a mis colegas del mundillo”, dice convencida y apostando por el verbo “sentir” más que por “entender”.

Rosalía dosifica, mezcla y hace que lo jondo parezca fácil. En “El mal querer”, además, consigue que el flamenco sea bailable, algo que sin duda va a jugar a su favor y que ampliará su número de seguidores, como se ha visto con “Malamente”. “Charm La’Donna es la coreógrafa de los números donde aparezco con otras ochos chicas. En la parte flamenca me ha ayudado la bailaora Aina Núñez”, explica una mujer que practica la danza jazz desde los 7 años y que pasó por la academia flamenca que tiene La Tani en el barrio barcelonés de Sant Andreu.

En ese afán por llegar a la mayor audiencia posible, Rosalía no desdeña ningún escenario. No hay más que echarle un ojo a los que pisará en las próximas semanas. “Todos me motivan por igual. Para mí merecen el mismo respeto porque es gente que viene a escucharme”, dice, y enseña el brazo para mostrar que tiene el vello de punta por formar parte del cartel de la Bienal de Flamenco de Sevilla que se celebrará en otoño. “No siento miedo, siento mucho respeto”, comenta en una frase más que flamenca sobre su presencia en un festival del género al que acudirá el próximo 28 de septiembre con la guitarra de Joselito Acedo y las palmas de Los Mellis.


Sin disfraz

En “El mal querer”, la catalana ha hecho lo mismo que hizo en “Los Ángeles”: moldear el flamenco para acercarlo al público, casi lo contrario de lo que hace la ortodoxia, que prefiere instruir a su audiencia para que aprenda a quererlo. De ahí que el jondo se convierta a veces en un mundo para iniciados: “Pero también es un mundo muy de sentimiento, y la gente, aunque no lo entienda, se acerca al flamenco porque le emociona”, dice ella, dejando claro que ambos caminos son válidos.

En el mundillo, hay quien se alegra de la repercusión que le está dando al género, como es el caso de la cantaora Encarnita Anillo, que lo entiende como una publicidad para lo jondo. Otros, sin embargo, creen que Rosalía ha cogido el flamenco por los flecos.

“Yo tengo que buscar mi propio sonido aunque me equivoque y tenga que seguir rebuscando. El flamenco ha sido mi escuela por decisión propia y seguiré estudiándolo en profundidad, pero hay otras músicas que forman parte de mí y quiero incluirlas”

Algunas críticas dicen que te has quedado con la parte más superficial del flamenco. Es que yo tengo que buscar mi propio sonido aunque me equivoque y tenga que seguir rebuscando. El flamenco ha sido mi escuela por decisión propia y seguiré estudiándolo en profundidad, pero hay otras músicas que forman parte de mí y quiero incluirlas. Me duele que alguien crea que le falto al respeto al flamenco cuando es mi raíz y mi mayor inspiración.

¿Entiendes que haya gente ofendida porque usas palabras del caló o empleas acento andaluz para cantar? La gente puede sentirse ofendida si no sabe lo que hay detrás.

¿Qué hay? Muchas horas de sacrifico de alguien que se pasa el día estudiando y que venera a su maestro y a sus músicos... Alguien que reivindica a La Niña de los Peines, a Joselito Acedo o a Chiqui de la Línea. Unos son gitanos y otros no, porque el respeto que tengo por la gente no depende de su raza.

Te acusan de apropiacionismo cultural. ¿Qué respondes? Que yo no uso un marco musical y visual que no me pertenece. Crecí en el Baix Llobregat, donde se respira la cultura andaluza en cualquier esquina. Mis amigos iban con coches tuneados; se escuchaba a Camarón; mi maestro, Chiqui de la Línea, es gaditano... ¿Es que todo eso no me construye? No creo que exista la apropiación cultural ni la expropiación cultural porque no creo que exista la propiedad cultural. ¿Qué pasa con “Las señoritas de Avignon” de Picasso? ¿Alguien va a decir que se apropió del arte africano?

Hay quien lo cree de Federico García Lorca y los gitanos. ¡Madre mía! Las culturas están mezcladas y me parece absurdo coartar la libertad de un artista. Sobre todo, porque lo que yo hago forma parte de mí, no es un disfraz.

¿Qué es lo que más te molesta de esta polémica? Me entristece que digan que tengo privilegios. Soy mujer, catalana y vengo de un entorno ajeno al flamenco, y parece mentira que alguien no se haga una idea de que no son las mejores condiciones para hacerse un hueco en el mundillo.

También se comenta que tu éxito tiene mucho que ver con el marketing. ¿En qué ha consistido? ¡Si lo hice todo yo! Mi madre y mi hermana me ayudan porque me planteo proyectos muy ambiciosos que no podría hacer sola, pero, por no tener, no he tenido ni mánager. Eso sí, me doy cuenta de que yo soy mi mejor A&R –figura que en la industria se dedica a buscar talentos y hacerles un seguimiento–, quizá porque soy música y sé lo que tengo que hacer. Pero también tengo que confesar que siempre he tenido una intuición muy clara de los pasos que debía dar.

¿Por qué el cambio de Universal a Sony? De momento, Sony solo ha licenciado dos temas –“Malamente” (primer single) y “Pienso en tu mirá” (que se publicará en julio) y ha apostado por el álbum, pero aún –a finales de junio no he firmado nada. En su día, Universal solo licenció “Los Ángeles” e hizo poco más. Le dimos el disco hecho y todo lo que hizo mi jefa de producto fue llamarme cuando tenía una entrevista.

¿Cuál puede ser la clave de tu conexión con un público tan amplio? Desde luego ni el marketing ni la suerte. Quizá es porque hago la música que me representa, me muestro y me visto como soy, me curro los vídeos, lo estudio todo, hasta las luces, y me rodeo de artistas que me aportan. Es decir, mucho trabajo.

¿Qué crees que no te perdonan? Igual si optara por hacer algo más tradicional se meterían menos conmigo, pero tengo que experimentar; si no, me aburro. Por otro lado, me sabe mal pensar que haya quien crea que unos merecen expresarse a través del flamenco y otros no. Me parece racista y clasista.

 
ROSALÍA, Baile, pop y palos

Sin reglas, sin prejuicios.
Foto: Carlota Guerrero

 

Reacciones encendidas

Ante los comentarios menos halagüeños, Rosalía tira de gesto fresco y tono sensato, pero es obvio que la hieren. “Es verdad, soy muy sensible, aunque ante determinados ataques solo puedo decir que trabajo de corazón y que no puedo gustarle a todo el mundo”. Los halagos desaforados, y ha recibido muchos, también la ponen en guardia. “Se agradecen, pero no me los tomo al pie de la letra”, explica una mujer que ha visto cambiar su vida radicalmente en un año y medio y que, después de vivir en Barcelona y Madrid, ha vuelto a casa de su familia. “Estoy en Sant Esteve Sesrovires porque paso mucho tiempo viajando y el poco que me queda libre quiero pasarlo allí”.

Hace apenas tres años, Rosalía estaba en la Escola Superior de Música de Catalunya, donde dice que aprendió a ser humilde. “Allí encontré musicazos que te hacen darte cuenta de lo mucho que hay que estudiar y de la paciencia que hay que tener para construir una carrera”. Una de ellas, la cantaora Anna Colom, colabora en “El mal querer”, y con Chiqui de la Línea, su maestro, dice que sigue en contacto.

Es muy joven; por eso hay algo que llama la atención en su discurso: a veces habla de sí misma en tercera persona. Suele hacerlo en los temas más incómodos: no queda claro si es porque aún no ha asimilado todo lo que le está pasando o por todo lo contrario, pues hay momentos en los que parece que a ella nada de lo que le ocurre, éxito y ataques, le sorprende.

Lo que sí está claro es que provoca reacciones y opiniones extremas y encendidas. Un ejemplo: en los ‘40 Principales’ dijeron que su cante era purista –aunque era difícil saber si la afirmación era palo o era piropo–, y son varios los críticos que afirman que lo que hace esta artista es destrozar el flamenco. Pero por toda esa horquilla se pasea ella muerta de risa y, cambiando la sensibilidad por el descaro, replica: “What the fuck! ¡No veas la de palos que van a tener que darme todavía!”.

 

El Guincho, apoyo y sabor

Para Pablo Díaz-Reixa, El Guincho, “El mal querer” es un disco de pop, sin adjetivos, pero conoció a su autora cuando ella cantaba en el Tablao de Carmen de Barcelona. “A partir de ahí, hablamos, quedamos, y un día, de forma muy natural, me dijo que quería grabar algo. Lo probamos y empezó a fluir”. Fue la primera canción que crearon, “A ningún hombre”, y la última del álbum. Pablo confiesa que desde el primer instante se quedó alucinado: “Porque Rosalía canta muy bien, pero escucharla de cerca es impresionante, te sobrecoge. Y, además, yo no sabía que ella componía. Por eso, cuando escuché esa letra me dejó flasheado”

La mano de El Guincho queda patente en ese sabor que buscaba Rosalía para hacer un disco rítmico, pero también en el modo en que ha descompuesto los palos del flamenco alguien que, al inicio del proceso, juraba y perjuraba no tener ni idea del mundo jondo. Es obvio que desde entonces hasta hoy ha habido un aprendizaje. Y que no ha sido pequeño. “Al principio, yo sabía lo que eran unos tangos o unas bulerías, poco más, pero me puse a estudiar a fondo para poder hablar con los artistas que iban a colaborar”. Rosalía tuvo un papel fundamental en esa formación exprés de Pablo, que asegura que antes de quedar con ella estudiaba por su cuenta para estar al nivel. El proceso fue duro pero enriquecedor: “Nunca había trabajado con la escala frigia y tuve que aprender a amarla. A amarla y a entenderla, como me pasó con los palos, porque para romper los patrones primero tuve que conocerlos”.

Poco a poco, Rosalía fue introduciéndolo en el mundo del flamenco, en sus formas y en sus gentes. “Y una vez familiarizado, fui colando ritmos, sintetizadores o el 808, que para mí es el instrumento más mestizo y provocador y el más influyente de los últimos diez años. Lo que yo quería es que mi universo encajara en lo que ella planteaba, y creo que ha funcionado”.

El padre de “Pop negro” (2010) no teme las reacciones de los flamencos. “El pop es provocador, como un caballo de carreras, y no te permite mirar a izquierda y derecha, solo hacia adelante”, dice un músico que asegura que no suele leer las críticas. “Tampoco lo hice cuando Rosalía sacó ‘Los Ángeles’ porque quería ser para ella un contrapunto, que habláramos de otras cosas mientras hacíamos nuestro disco, y porque sé perfectamente cómo afectan determinados comentarios a los 24 o 25 años”.

En ese sentido, cree que a Rosalía se la ha juzgado con más severidad de la que se hubiera empleado con un hombre. Ella no se atreve a decirlo, pero él sí: muchas de las invectivas recibidas tienen que ver con ser mujer. “No es la primera vez que lo veo. Yo he trabajado con muchas mujeres en esta industria y sé que es muy jodido para ellas, y que aún tienen que demostrar el doble. También las críticas son el doble de duras”. La armonía entre Pablo y Rosalía es evidente y ella lo elogia cada vez que puede: “Porque no solo es uno de los músicos que más me gusta componiendo y tocando; también es un productor generoso que no impone sus decisiones”. 

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