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SAM AMIDON, Circa 1840

Sam conoce la naturaleza del cancionero tradicional norteamericano porque ha crecido con él. Foto: Samantha West

 
 

ENTREVISTA (2011)

SAM AMIDON Circa 1840

El de Vermont y sus canciones fuera de tiempo. Folk enterrado en la memoria colectiva al que Sam Amidon insufla nueva vida y significado. Sam Amidon no necesita cantar sus propias canciones. Le basta con las que otros dejaron hace doscientos años; canciones que el tiempo, el alcohol y los recuerdos borrosos han desfigurado y para las que Amidon reescribe acordes de banjo y guitarra, dejando sitio a los arreglos que Nico Muhly compone para rodearlas, convencido de que todavía existen formas de reinventar esta música. Juan Monge repasa con él su trayectoria hasta la edición de “I See The Sign” (2010). Sam Amidon sigue su gira por España y hoy actúa en Cádiz (ver aquí) presentando su nuevo disco, “Bright Sunny South” (2013).

Las canciones que Sam Amidon juega a iluminar son como sedimentos, estratos de vida. Cauces que dejan las cosas que les ocurrieron a las personas que una vez las cantaron y que otras gargantas y otras manos han corrompido con el tiempo. “Muchas de las letras que canto tienen trescientos años y nada permanece inalterable durante tanto tiempo. Piensa en un pastor inglés que cantaba trabalenguas y canciones para distraerse en las montañas. Un día cogió un barco y cruzó el océano para vivir en América. Allí siguió cantando esas canciones y otros se las aprendieron. Un amigo suyo cantó alguna de esas canciones borracho una noche y cambió el orden de las estrofas, y otros olvidaron parte de la letra. Alguien la escuchó y la aprendió así, cambiada. Otros inventaron nuevos versos. No todo el mundo tiene buen oído, y muchas veces la gente cambiaba las melodías sin querer. Las canciones sobreviven transformándose”.

“Muchas de las letras que canto tienen trescientos años y nada permanece inalterable durante tanto tiempo. Piensa en un pastor inglés que cantaba trabalenguas y canciones para distraerse en las montañas. Un día cogió un barco y cruzó el océano para vivir en América. Allí siguió cantando esas canciones y otros se las aprendieron...”

Sam conoce la naturaleza de esa música que ha amontonado cientos de peleas y pasiones turbias en el cancionero tradicional norteamericano porque ha crecido con ella. Sus padres se la inculcaron durante su infancia en Vermont. “Los dos son músicos y profesores y están obsesionados con el folk. Formaron parte de una generación muy libre, pero muy atada a la historia, al pasado. Y eso es algo que he admirado siempre. Lo que quiero decir es que creo que lo que hago es lo que me han enseñado y no es otra cosa que cantar canciones que me gustan”. En realidad, lo que él hace es hurgar en ellas, aprehenderlas y reconstruirlas con sus propios arreglos. “Tengo claro que no son versiones. Serían versiones si esas canciones fueran de alguien, pero no lo son. Forman parte de una historia común, no son de nadie y a la vez son de todos. Aprendo muchísimo de ellas. A veces hay palabras de las que no estoy seguro, cosas que no sé qué quieren decir, pero las canto y me parecen honestas, porque respeto tanto a la gente que las cantó antes que yo que puedo sentir la materia de la que están hechas”.

Amidon se reencontró con algunas grabaciones de folk de los Apalaches cuando se mudó a Nueva York para estudiar música, y acabó aprendiendo a tocar la guitarra con esas viejas canciones. “Sabía tocar música irlandesa con el violín desde que era un niño, había tocado mucho el banjo, y me empeñé en empezar con la guitarra y en aprender a cantar. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, desde que me cambió la voz a los 12 años”. Thomas Bartlett (Doveman, The National) le ayudó y casi sin querer acabó grabando las tomas que llenarían “But This Chicken Proved Falsehearted” (Plug Research, 2007). Años antes habían tocado juntos, siendo todavía adolescentes, en Vermont y ahora lo hacían en Doveman. Sam también tocaba el banjo en Stars Like Fleas y fue Thomas quien le presentó a Nico Muhly. “Nico y yo nos hicimos amigos. Recuerdo que me impresionó desde el primer momento. Yo ya había escuchado su música y me parecía muy bella. Es curioso, porque él también creció en Vermont, así que veníamos de sitios parecidos y teníamos bastante en común, pero musicalmente no tanto. Lo que él siempre intenta es llegar dentro de ti, saber y aprender muchas cosas sobre ti, porque es muy curioso. Lo es como amigo y como músico. Creo que nadie podría escribir otros arreglos para estas canciones, porque lo que Nico hace es componer partes orquestales sobre los arreglos que reescribo para los temas y lo hace metiéndose dentro de mis arreglos y de mi interpretación. Aunque las letras no son mías, me mide y mide las cosas que siento en la canción”.

 
SAM AMIDON, Circa 1840

Amidon se reencontró con algunas grabaciones de folk de los Apalaches cuando se mudó a Nueva York para estudiar música y acabó aprendiendo a tocar la guitarra con esas viejas canciones. Foto: Samantha West

 

Muhly convenció a Sam para que grabara en el estudio que Valgeir Sigurdsson tiene en Islandia y para que dejara que Valgeir y él editaran el resultado en Bedroom Community, el sello que ambos mantienen junto a Ben Frost. “Grabé mi parte del disco con Valgeir. Esperábamos a que fuera de noche y yo tomaba un poco de whisky mientras él se quedaba al otro lado del cristal. Meses después, Nico estuvo grabando los arreglos de cuerda y metal que había escrito. Lo hizo sin que yo supiera cuál iba a ser el resultado. De hecho, cuando los escuché ya llevaban meses grabados”. Sam habla de la forma en que terminaron “All Is Well” (Bedroom Community, 2008), el primero de los dos discos en que ha trabajado junto a Muhly y Sigurdsson. “Si me atreví a hacer algo así fue porque confiaba en Nico, claro, pero no solo por eso. Había escuchado el disco que Will Oldham grabó con Valgeir –“The Letting Go” (2006)– y para el que Nico también escribió arreglos. No es que me diera envidia o que quisiera algo así para las canciones en las que trabajaba, pero me gustó mucho y pensé que Nico tenía que tener alguna razón para estar tan convencido, para arriesgarse así”.

“No me importa cantar letras que no he escrito, sencillamente porque no me importan tanto las letras. Recuerdo que cuando era pequeño y escuchaba a Bob Dylan no eran sus letras lo que me llamaba la atención, sino toda la música que había alrededor. Es la forma de las canciones lo que me obsesiona, lo que hace que se me graben en la cabeza y acabe tocándolas con la guitarra sin darme cuenta”

Las canciones de “All Is Well” se hinchaban y encogían, sopladas por trompetas, trombones, violines y chelos, dejando que los arreglos de Muhly se acercaran y se alejaran de su voz, del banjo y de la guitarra, como jugando. “Todavía me cuesta creer que el disco saliera así. Cuando lo escucho me noto muy tímido, como si me sintiera rodeado. Recuerdo los días que pasé con Valgeir en Islandia, y mentiría si dijera que no estaba cómodo, pero apenas nos conocíamos. Tampoco sabía lo que Nico iba a hacer con las canciones y supongo que eso me mantuvo en guardia mientras las grababa, aunque fuera inconscientemente. No es que no me fiara, simplemente era todo demasiado nuevo para mí”. Aquel disco le dio la oportunidad de girar durante meses y fue sobre el escenario donde enseñó la forma de interpretar las canciones, como un actor que hubiera llegado al mismo centro de sus personajes y pudiera cambiar de registro cada dos minutos, tendiendo algo entre él y el público difícil de describir, como en el concierto del Tanned Tin 2008.

Sam volvió a recurrir a Nico y Valgeir para grabar “I See The Sign” (Bedroom Community-¡Pop Stock!, 2010), tratando de repetir los pasos que siguieron en el disco anterior. “No exactamente. Para ‘I See The Sign’ conté con Shahzad –Ismaily, que ha tocado con Will Oldham, Carla Bozulich y Marc Ribot, entre muchos otros– desde el principio. Tenía arreglos de guitarra que había escrito, pero él lo desmontó todo en el estudio. Tocó todos los instrumentos: baterías, bajos, guitarras y teclados... Y me ayudó mucho a improvisar. Aunque no lo parece, la mayoría de las canciones están medio improvisadas. En eso es un disco muy distinto a ‘All Is Well’. Ahora Shahzad y yo intercambiamos clases de guitarra y banjo. También estaba Beth –Orton, su novia, que está grabando su primer álbum desde “Comfort Of Strangers” (2006) junto a él–, que cantó cuatro canciones conmigo. Es un disco exuberante, mucho más profuso en todo, sobre todo por la confianza con que dejo que toda esa música y toda esa gente me rodeen”.

“Es lo que decía antes, hay un misterio en estas canciones que no se puede resolver”. Sam insiste en volver sobre lo poco que conoce de las letras que canta y es entonces cuando le pregunto por qué no escribe las suyas. Después de todo, ya lo ha hecho en “Red”, el tema que cierra “I See The Sign”. “Bueno, pero eso es solo un verso; eso no cuenta. No sé si algún día grabaré canciones propias, pero creo que sería un error hacerlo ahora, tan cerca de todo este material asombroso. Por muy buenas que fueran, no serían como esto, y la gente se daría cuenta. Dudo que exista alguien que pueda escribir algo parecido a estas canciones. Se necesitarían siglos para hacerlo y nadie puede vivir tanto. Además, no me importa cantar letras que no he escrito, sencillamente porque no me importan tanto las letras. Recuerdo que cuando era pequeño y escuchaba a Bob Dylan no eran sus letras lo que me llamaba la atención, sino toda la música que había alrededor. Es la forma de las canciones lo que me obsesiona, lo que hace que se me graben en la cabeza y acabe tocándolas con la guitarra sin darme cuenta”.

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