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SANJOSEX, En el festival del desierto

Carles Sanjosé (segundo por la izquierda): aventura africana. Fotos: Xavier Riembau

 
 

EN LA CARRETERA (2011)

SANJOSEX En el festival del desierto

A principios de enero de 2011, Sanjosex fueron invitados a tocar en el prestigioso Festival Au Désert, celebrado cerca de Tombuctú, en Malí, un evento donde también figuraban en su cartel propuestas tan interesantes como Bombino y Bassekou Kouyaté. Carles Sanjosé, compositor y líder de Sanjosex, relató en este artículo para Rockdelux la experiencia de tocar en pleno territorio tuareg.

19 de diciembre. Desde el sello barcelonés Bankrobber, Xavier Riembau me comenta que existe la posibilidad de que Sanjosex pueda ir al mítico Festival Au Désert en Malí, cerca de Tombuctú. Sería ya: los días 6, 7 y 8 de enero. Malí... El país de Tinariwen, de Ali Farka Touré, de Oumou Sangaré, de Bassekou Kouyaté, de Salif Keita, de Toumani Diabaté, de Tartit... ¡No puedo creérmelo! ¿Y en tan poco tiempo? Escepticismo total. Por si acaso, me hago el pasaporte y el DNI, caducados hace semanas.

“De la larga ruta siempre voy a recordar los últimos doscientos cincuenta kilómetros: una pista de tierra en zona semidesértica, sin parar de botar y reír, y un final espectacular con la llegada al río Níger. Todo verde, todo agua. Cruzamos el río y ya estamos en la mítica pero real Tombuctú”

24 de diciembre, Nochebuena. Se confirma que nos vamos todo el grupo a Malí. Y nos marchamos ya, el 1 de enero. Yeah! El festival se celebraba hasta ahora en Essakane, en medio del desierto, donde los tuaregs se reunían anualmente para comerciar, discutir, compartir... Esa celebración se convirtió en un festival de música que al final se ha hecho famoso en todo el mundo. Hoy es un referente y un evento muy importante para Malí. Para garantizar la seguridad, este año se montaba a dos kilómetros de Tombuctú. Bueno, vamos a ver: vacunas, medicinas, comida, ropa, instrumentos…

Por suerte, desde diciembre hay un vuelo directo Barcelona-Bamako. Nos plantamos en la T1 con la resaca de la Nochevieja. En el avión todos los africanos llevan traje. Y nosotros, de cualquier manera. En Bamako también nos reciben en traje y la verdad es que me siento un poco mal. Primera prueba de que no tenemos ni idea de lo que es África. En teoría salíamos inmediatamente para Djenné, pero al final pasamos dos días en Bamako. Estos cambios van a ser la constante durante todo el viaje. De hecho, el día 3 no iremos a Djenné, sino a Mopti, y el 5 aún no estaremos en la jaima del festival, sino en Tombuctú. El viaje va a ser improvisación constante, al estilo malí. Y la verdad es que esto me da una sensación de tranquilidad que hacía mucho tiempo que no sentía.

El recorrido en coche hacia el norte es la hostia. Soy incapaz de transmitir la cantidad de impactos que recibimos, hay que vivirlo. La convivencia entre el grupo es buenísima. Entre el chute de las vacunas, el Malarone, el calor, la carretera y la velocidad, todos estamos medio atontados, pero se crea una unión y un buen rollo fantásticos. Esto se va a notar en lo que hagamos a partir de ahora, seguro. Un té aquí, unos plátanos allí, un regalo, un regateo, una charla con el vendedor, otro té... La comida es un poco monótona, pero no está mal, aunque agradecemos el fuet y los Twix que llevamos en la mochila. De la larga ruta siempre voy a recordar los últimos doscientos cincuenta kilómetros: una pista de tierra en zona semidesértica, sin parar de botar y reír, y un final espectacular con la llegada al río Níger. Todo verde, todo agua. Cruzamos el río y ya estamos en la mítica pero real Tombuctú.

 
SANJOSEX, En el festival del desierto

Programa de mano.

Foto: Xavier Riembau

 

Hoteles, lo que son hoteles, no hay en Tombuctú. Los habrá dentro de unos años, supongo, pero de momento son casas recicladas. Después de una espera aburridísima en la nuestra, nos recoge Alasan, desde ahora el Carlos Sainz de Malí, que nos lleva en coche desierto adentro, entre las dunas, hasta el festival. Comprobamos de nuevo que África tiene su ritmo, que nos encanta. Al cabo de un rato ya tenemos jaima, colchones y una mala noticia: Tinariwen no van a actuar. También descubrimos que no habrá prueba de sonido. Luego aparecen de golpe unos cien camellos con sus tuaregs encima. ¡Toma! ¡Y qué guapos son! No son ni negros ni árabes, la verdad es que parecen indios. O tendrán algo de sangre gitana... ¡Pero son guapos! Más tarde vamos a comprobar con alegría que las mujeres tuaregs no desmerecen tampoco a su pueblo. Incluso a uno de nosotros le proponen matrimonio… Ante la reacción lógica (“je suis marié”), insisten: “En África se pueden tener dos mujeres”. Nos reímos, pero Alasan señala que a lo mejor la propuesta iba en serio. Mientras, los tuaregs siguen allí sobre los camellos, impertérritos, con cierta gravedad. Dan una vuelta de bienvenida y desaparecen. Es su forma de decir que estamos aquí y que este es nuestro festival.

Nos gusta mucho Bombino, tiene algo de pachanga, pero de la buena y nigeriana. También flipamos con Baba Salah y finalmente con Tartit, grandes. Esas guitarras eléctricas tuaregs, esos ritmos... La gente se vuelve loca. Bassekou Kouyaté demuestra quién toca mejor el n’goni en Malí, quién tiene el grupo más veloz, quién tiene la mejor cantante... Pero para mí le falta algo más salvaje que otros sí han mostrado”

El festival empieza al atardecer con Horguéré, que actúa sobre la arena. Se trata también del primer cambio en el programa oficial, que en realidad no se va a seguir en absoluto. Algunos grupos estarán, otros no, y otros aparecerán por sorpresa. Horguéré es un grupo de percusión con una flauta amplificada con altavoces de los tiempos de la catapum. Se acopla, distorsiona... pero ¡cómo suena! Esto es techno y lo demás son tonterías. Ya de noche y en el escenario principal actúan Tamnana, Samba Touré, Matilde Politi (de Italia), JeConte & The Mali Allstars (USA/Malí), Waflash (Senegal) y alguno más fuera de programa. Las bandas extranjeras no consiguen captar nuestra atención, mientras que de las malíes nos flipan Samba Touré y los tuaregs Tamnana. En general, todos las grupos tuaregs nos gustaron mucho porque prácticamente no conocíamos casi nada de su música ni de su cultura y, la verdad, son muy buenos. Además, en Tombuctú lo tuareg gusta, se nota que es su cultura y la defienden hasta el final.

Tras una fría noche en la jaima y un día entero tirados en el Resto VIP, donde pudimos charlar con Vieux Farka Touré, el hijo de mi admirado Ali, empieza la segunda jornada. Repite Tamnana, esta vez en la “petite scène”, y vuelvo a flipar. Nosotros vamos a tocar en breve en la “grande scène”, justo antes de Bassekou Kouyaté. Nos gusta mucho Bombino, tiene algo de pachanga, pero de la buena. También flipamos con Baba Salah y finalmente con Tartit, grandes. Esas guitarras eléctricas tuaregs, esos ritmos... La gente se vuelve loca. Bassekou Kouyaté demuestra quién toca mejor el n’goni en Malí, quién tiene el grupo más veloz, quién tiene la mejor cantante... Pero para mí le falta algo más salvaje que otros sí han mostrado.

Nuestra actuación no fue la mejor que hemos dado nunca, ni tampoco la peor, pero sí una de la más especiales. El público estuvo espléndido, a pesar de no entender nada y sin saber cómo se bailan esas canciones europeas tan cortas. Creo que les gustó y nosotros dimos lo mejor. Lo divertido es que quienes más bailaban ahora eran los blancos. Supongo que un poco de armonía y ritmos occidentales les vinieron bien. Dentro del grupo, se notó la excitación y la emoción de estar tocando en el concierto con la hoja de ruta más larga y compleja de nuestra historia.

Nos fuimos del festival al cabo de poco y sin dormir, sin poder ver la última jornada. Nuestro vuelo salía de Bamako al cabo de diecinueve horas y nos esperaba una agotadora vuelta a casa: novecientos kilómetros en coche a través de Malí y cinco horas de avión.

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