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SÍLVIA PÉREZ CRUZ, Fuera de control

“Soy una artista de largo recorrido, no de éxito largo; estaré toda la vida haciendo cositas, tanto si me escuchan como si no”. 

Foto: Lurdes R. Basolí

 
 

ENTREVISTA (2012)

SÍLVIA PÉREZ CRUZ Fuera de control

Su excepcional voz ha iluminado grupos como Las Migas, Llama y Coetus; espectáculos como “Immigrasons”, “Camarón. La leyenda del tiempo, 30 años después” y “Vientos y lugares”, y colaboraciones con Toti Soler y Javier Colina, entre otros muchos proyectos. Pero con “11 de novembre” Sílvia Pérez Cruz se presentó como una artista que compone, coproduce y toca varios instrumentos: una artista total. Miquel Botella habló con ella.

El superpoder más conocido de Dinah Laurel Lance, alias Black Canary, es el llamado “grito del canario”, un chillido ultrasónico con el que aturde a sus enemigos y destruye objetos. Y con las vibraciones de sus cuerdas vocales, Theresa Maeve Rourke Cassidy, la mutante Siryn, puede desviar proyectiles, volar a la velocidad del sonido, causar dolor a sus contrincantes y controlarlos mentalmente para que obedezcan sus deseos, como las sirenas de la mitología griega que atraían con sus cantos a los marineros.

Sin llegar a los extremos de esas superheroínas, Sílvia Pérez Cruz pertenece a la estirpe de mujeres cuya voz llega al alma de quienes la escuchan y les provoca efectos secundarios. “Su voz arranca el llanto”, opinan algunos. Y ella es plenamente consciente: “La gente me lo ha dicho siempre. Tengo esa capacidad de emocionar. Pero lo que más me gusta es que está fuera de mi control. Esto sí que es bastante innato. Hay trucos que te pueden ayudar a explicar mejor una historia, pero cuando emocionas de verdad es algo sobre lo que no tienes el mínimo control”. Sería comparable al síndrome de Stendhal, el efecto que provoca en una persona una obra de arte. “Cuando esto me pasa con algún artista me encanta, porque estamos muy acostumbrados a controlar nuestros sentimientos. Y de pronto dices: ‘Me ha ganado’. La piel va sola. Qué conexión tiene la piel con la emoción, ¿no?”.

“Tengo esa capacidad de emocionar. Pero lo que más me gusta es que está fuera de mi control. Esto sí que es bastante innato. Hay trucos que te pueden ayudar a explicar mejor una historia, pero cuando emocionas de verdad es algo sobre lo que no tienes el mínimo control”.

Y es que a Sílvia, hasta ahora, la hemos conocido por su maravillosa voz, exhibida en infinidad de proyectos. Pero en el primer álbum a su nombre, “11 de novembre” (Universal, 2012), nos descubre muchas más facetas: compositora, arreglista, coproductora (junto con Raül Fernandez Refree), multinstrumentista (guitarra, piano, acordeón, saxo, clarinete...). ¿Un acto de reivindicación? “No. Tenía ganas de ver mis canciones desde diferentes ángulos. Sentí que ahora era el momento. No es una presentación como cantante, sino como artista. He estado cantando durante los últimos años, pero en el fondo siempre he intentado demostrar que era un músico”. Y añade entre risas: “Un músico a quien le gusta mucho cantar”.

“11 de novembre” es un proyecto gestado a lo largo de varios años, y, en ese tiempo, la cantante de Palafrugell, como cualquier otra persona, ha sufrido algún revés vital. El más reciente, la muerte de su padre, se ha visto especialmente reflejado en el disco. “Hay trece canciones, y creo que cinco están influidas por él; aunque hay otras ocho que no. No me considero una persona triste, pero tenía unos pensamientos muy profundos. Me decía: ‘Esto es inamovible, me da igual si tiene belleza o no. No me da vergüenza: es muy íntimo; aun así necesito escribirlo’. También es un repaso de mis últimos años. Sin embargo, no es un repaso de estilos, porque no quería que fuera un disco de pegotes. Mi intención era que tuviera un hilo conductor, yo con la guitarra y canciones que sonaran a mí”. Y a fe que lo consigue, hasta el punto de hacer suyos poemas de Feliu Formosa, Maria Cabrera y Maria Mercè Marçal como si los hubiera escrito ella. “El arte pertenece a todo el mundo, no es de quien lo hace, y el sentido no es el que ha querido darle el autor, sino el que le da cada persona. Y esto me parece fantástico: cómo se te escapa de las manos, tiene vida propia y a uno le hace vivir unas cosas y a otro, otras”.

En más de una ocasión, Sílvia ha manifestado que “11 de novembre” es un disco para escuchar de noche, en viajes por carretera y mejor si llueve. Dejemos que lo explique: “Al principio notaba que necesita que concentres toda tu atención. De noche hay menos ruido, menos cosas para mirar porque hay menos luz, en la carretera estás más concentrado porque nadie te dice nada... Lo de la lluvia es más la sensación de recogimiento y de pena que creo que tiene. Pero sea de día o de noche, es un disco que necesita más de una escucha. Es muy suyo: primero hay mucha información, una combinación de crudeza y barroquismo. Para disfrutarlo te has de meter en él, tiene muchas capas... Todo se ha hecho a merced de las canciones: plantearse qué necesitan, qué explican. Está cosido a mano; es artesanía, casi, más que arte”.

 
SÍLVIA PÉREZ CRUZ, Fuera de control

Sílvia Pérez Cruz: “Un músico a quien le gusta mucho cantar”.

Foto: Lurdes R. Basolí

 

Y surge el nombre de Refree, cuya relación artística con Pérez Cruz ha pasado por varias etapas y proyectos: “Veníamos de mundos muy diferentes. Él me veía como ‘la académica de manual de escuela’, y yo a él como ‘el personaje’. Con el tiempo nos dimos cuenta de que éramos un poco burros. Conectamos mucho aunque escuchemos músicas distintas... Queremos hacer un disco juntos, no sé si con temas de los dos o con versiones... Creo que sumamos, no restamos”.

Para intentar entender el universo de Sílvia Pérez Cruz, es imprescindible resolver algún que otro enigma: ¿De dónde sale? ¿Qué referentes tiene? “No he sido nada fanática. En casa mi padre cantaba habaneras; también se escuchaban cantautores; y mi hermana, cosas más punk... No escuchaba música como los de mi edad. ¡Pero es que siempre estaba haciéndola! Al tocar, uno te hablaba de funk, otro de rock, otro de música clásica. No soy melómana en el sentido de escuchar discos. En compañía sí, cuando me los ponen, pero en casa, en general, necesito silencio. Para ’11 de novembre’ sí que he escuchado mucho ‘Five Leaves Left’ (1969) de Nick Drake, porque me relajaba. Es extraño, al principio me daba vergüenza contar esto. Supongo que para entender mi manera de hacer está bien entender que no soy de escuchar muchos discos”. A pesar de no tener ídolos, la catalana confiesa admirar a Joni Mitchell, Björk, Carme Canela (fue profesora suya) y, especialmente, Caetano Veloso: “Conecto mucho con su forma de hacer, a punto de romperse: mucha emoción con muy poco sonido; para mí eso es muy importante, llegar a la esencia. Y combinarlo con la fuerza y ser muy animal”.

“Cuando canto fuerte en una grabación, no me siento muy cómoda. Ya tengo los directos para volverme loca. En un concierto puedo explicar con un gesto y con una cara, justificar un grito, pero en disco, si la gente no me ve... El próximo tal vez me gustaría grabarlo en directo, con público”.

Y es que a Sílvia le pasa lo mismo que hace años me contó Alela Diane, para quien la música es un proceso tan natural como respirar. “Cuando llegué a Barcelona, quería estudiar una carrera: Filosofía, Antropología...  Pero descubrí la ESMUC –Escola Superior de Música de Catalunya– y pensé: ‘Me apunto, es perfecta’. En cuanto a necesidad, toda. Hay una necesidad fisiológica, casi. Físicamente, lo necesitas, te limpias mucho cantando y tocando. Es inconcebible una vida sin música. Creo que sería menos persona y peor persona”.

Entre los (pocos) detractores de Sílvia están quienes la acusan de ser demasiado comedida en las grabaciones, en comparación con los conciertos, donde exhibe todo su potencial. La cantante lo acepta e incluso ejerce la autocrítica. “Soy muy de directo, en todos los sentidos. No me gusta hablar por teléfono, por ejemplo. Pero a veces hay que ser consciente de que no funciona lo mismo en un disco. Y yo, en algunos casos, sobre todo en los últimos discos en que he participado, notaba la sensación de cantar más flojo para no incordiar. Cuando canto fuerte en una grabación, no me siento muy cómoda. Ya tengo los directos para volverme loca. En un concierto puedo explicar con un gesto y con una cara, justificar un grito, pero en disco, si la gente no me ve... El próximo tal vez me gustaría grabarlo en directo, con público”.

Hablando del próximo álbum después del flamante “11 de novembre”, Sílvia no tiene dudas. “Tengo muchos discos esperando. Por ahora el que urgía era este, porque no tendría sentido en el futuro. Los otros aún tienen sentido. Eso sí, de momento volver a componer no, porque estoy vacía, necesito descansar. Pero sí quiero grabar un día las versiones de las canciones de mi vida. Quiero tener una carrera coherente, quiero ser sincera; si no, lo dejo. Soy una artista de largo recorrido, no de éxito largo; estaré toda la vida haciendo cositas, tanto si me escuchan como si no. Espero cambiar muchas veces: creo que no hay techo, no hay final. Lo importante es creerse lo que uno hace y tener la capacidad de renacer”. Lo que por el momento no tiene previsto es experimentar con una instrumentación más eléctrica o incluso electrónica. “Ahora mismo, no. A mí me gusta mucho la madera”, añade.

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