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SISA, El hombre que convirtió la tristeza en humo (2ª parte)

La conversación ilustrada con canciones que Sisa mantuvo con Santi Carrillo en la sala Sidecar de Barcelona el pasado 9 de mayo.

 
 

ENTREVISTA (2014)

SISA El hombre que convirtió la tristeza en humo (2ª parte)

Segunda parte de la conversación entre Jaume Sisa y Santi Carrillo en el ciclo “Artista vs. Crític”, espectáculo de canciones y preguntas. En esta ocasión, Sisa nos habló, entre otras cosas, sobre su relación de amor y, actualmente, odio con Barcelona; de su retirada artística en 1984 y de su inesperada vuelta en 2000; de su amistad con Gato Pérez...  Y nos interpretó “El fill del mestre”, “El setè cel”, “Me’n vaig en globus” y “No cal parlar”.

(Se puede leer la primera parte aquí)

Relacionado con Juanito Valderrama, recuerdo que cuando hiciste el pregón de las fiestas de la Mercè el año 2008 leíste un discurso muy interesante, y en una de las partes sacabas una canción de Antonio Molina que decía: “Barcelona, Barcelona, que trabaja y que sueña. Tan sencilla y tan altiva, tan moderna y tan risueña”. Sí, sí sí. “Mira, mira, malagueña, malagueñita, mira, mira Barcelona…” (canta).

“La inocencia es el recuerdo de la infancia. Para mí, mi infancia fue un paraíso. Conservo un recuerdo muy bueno, muy feliz. Tuve la suerte de tener una infancia de niño pobre, pobre porque no teníamos nada, pero feliz. Éramos felices con cualquier cosa. Tuve amor, y con eso poca cosa más se puede pedir. O sea, que yo me siento muy gratificado en este sentido. Y por eso, para mí, es posible que haya quedado como una especie de ideal, o no sé qué, ese mundo de la inocencia, simbolizado por los niños y por mi propia infancia”

O sea, la copla y la canción española siempre han sido un referente para ti. Por supuesto, porque es lo que se escuchaba en la radio. Yo era pequeño en los años cincuenta; y en aquella época lo que había era eso: la copla, el flamenco, y empezaba a haber un poco de canción moderna, y después canción melódica. El rock vino más tarde; pero en los años cincuenta, cuando yo tenía 5 años, 10 años, lo que te entraba era eso... Es lo que has mamado, y forma parte de ti.

Una vez, un crítico musical de la revista ‘Vibraciones’, Claudi Montañá, ya desaparecido, supongo que lo recuerdas, escribió de ti que eras una mezcla “entre el kitsch y el camp, hijo de la radio y de las orquestinas”. También el mundo de las orquestas te ha inspirado mucho, ¿no? La música se difundía por la radio y, si no, en directo. ¿Y cómo te llegaba? Pues en los “envelats” de las fiestas “majors”, y aquí estaban las orquestas y los cantantes melódicos, que era lo que se oía, lo que había.

¿Podrías ser una mezcla de Bob Dylan, de Antonio Machín, que es uno de tus referentes importantes, y de la Incredible String Band, un grupo de psicodelia, de folk psicodélico, que siempre te ha gustado mucho y que ha sido una gran influencia para ti? Yo considero que, artísticamente, eres una mezcla de estos tres elementos, entre otras muchas cosas, a los que has añadido un punto perverso de sueño infantil que ha ido perdurando con el paso del tiempo y que, al final, se ha convertido en algo, incluso, transcendente en tu mundo. ¿Estás de acuerdo? Ostras, me dejas impresionado. Sí, seguramente yo tengo dentro todo eso, todas estas cosas que tú dices, porque me crié en el Paralelo, en el Poble Sec, y de pequeños íbamos a la puerta del Molino a espiar, a mirar por una ventana a ver si veíamos alguna corista por allí, y, claro, eso me ha marcado. Después, ya de más mayorcito, de adolescente y de joven, descubrí el rock, y más tarde a Bob Dylan, y antes a los Beatles y todo eso… Y la inocencia, sí, la inocencia, ese es otro tema, sí, porque la inocencia es el recuerdo de la infancia. Para mí, mi infancia fue un paraíso. Conservo un recuerdo muy bueno, muy feliz. Tuve la suerte de tener una infancia de niño pobre, pobre porque no teníamos nada, pero feliz. Éramos felices con cualquier cosa. Tuve amor, y con eso poca cosa más se puede pedir. O sea, que yo me siento muy gratificado en este sentido. Y por eso, para mí, es posible que haya quedado como una especie de ideal, o no sé qué, ese mundo de la inocencia, simbolizado por los niños y por mi propia infancia.

Pues recordémosla con “El fill del mestre”, por ejemplo. Ah, “El fill del mestre”. Sí, fíjate, esta canción es también la historia de mi calle; bueno, la historia no, pero son imágenes que van asociadas a aquella calle donde crecí.

Jaume, ¿te has sentido cronista de tu ciudad, de Barcelona, en muchas de las canciones que has ido haciendo a lo largo del tiempo? Sí, hice un disco a principios de los ochenta, “Barcelona postal”, un disco en el que todas las canciones hablaban de Barcelona, en diferentes idiomas, canciones de diferentes épocas. Era un disco dedicado únicamente a la ciudad; y fue un fracaso total. No gustó demasiado.

Con un diseño muy especial... Sí, lo hizo Miralda. Hizo la portada, y dentro había unas fotos, un collage, y todo un despliegue gráfico muy bonito. Nos lo pasamos muy bien haciéndolo. Fuimos a dar vueltas por Barcelona con una grabadora, registrando cosas de diferentes sitios, de la calle, del mercado… Y todo eso lo recogimos en el disco como una especie de collage sonoro. Pero ya te digo, no…

¿No te sientes cronista de Barcelona? Bueno, sí, porque hace unos años me llamaron para hacer el pregón; y me gustó hacerlo, sí... Barcelona es como la proyección de mi madre, de mi mundo, no sé… Yo nací en Barcelona, vivo en Barcelona…

¿Y cómo ves Barcelona ahora? Ahora, un desastre.

¿Sientes nostalgia de la Barcelona que viviste en otras épocas? No es nostalgia, es sencillamente que ahora Barcelona se está convirtiendo en un parque temático. Todo está enfocado solamente hacia el turismo y la ciudad está desapareciendo por debajo de esta capa, de esta fachada en la que todo parece hecho únicamente para el forastero que viene aquí a pasar unos días. Yo me pregunto si llegará un momento en que Barcelona dejará de existir. Barcelona será un conjunto de calles y fachadas, y tiendas, restaurantes, bares y todo eso, pero la ciudad como tal, no sé, quizá morirá, no vivirá nadie en ella. Todo serán apartamentos turísticos, hostelería y tiendas de souvenirs. Parece que el asunto va en esta dirección. Además, todo el mundo está encantado, porque todos esperan venderles algo a los turistas, alquilarles algo, o sacar algún beneficio. No sé.

“Barcelona se está convirtiendo en un parque temático. Todo está enfocado solamente hacia el turismo y la ciudad está desapareciendo por debajo de esta capa. Yo me pregunto si llegará un momento en que Barcelona dejará de existir. Barcelona será un conjunto de calles y fachadas, y tiendas, restaurantes, bares y todo eso, pero la ciudad como tal, no sé, quizá morirá, no vivirá nadie en ella. Parece que el asunto va en esta dirección. Además, todo el mundo está encantado, porque todos esperan venderles algo a los turistas, alquilarles algo, o sacar algún beneficio”

¿Este panorama sería una fuente de inspiración para ti, para hacer canciones? No sé cómo, porque es una cosa que no me gusta demasiado. Yo soy más partidario de aplicar el programa de La Paparra... Si quieres te lo explico. La Paparra es un partido político que he montado yo con un amigo mío. No sé si somos dos o tres. Bueno, en todas las cosas que he montado en mi vida siempre hemos sido dos o tres; siempre hemos sido poquitos. La Paparra quiere decir: Plataforma d’Alliberament Pro Americana Rauxa Rotllo i Allioli (Plataforma de Liberación Pro Americana Rauxa Rollo y Allioli), y esencialmente consiste en vender Barcelona, y Cataluña también, si conviene, a los americanos. Ir directamente allí y decirles: “Miren, nosotros queremos ser, ahora que se habla de independencia y todo eso, un estado asociado, como Puerto Rico, pero mediterráneo. Así pues, les ofrecemos el país entero, para que vengan ustedes aquí y dispongan de él, como de Hawái o Florida, y hagan apartamentos, rascacielos, campos de golf. Hagan lo que quieran, y pongan también una gran base naval, que eso da mucha vida. Y a nosotros los catalanes nos pagarán bien a cambio de ceder todo eso… Ya nos iremos a vivir, no sé, a un rincón de Lleida, a un sitio alejado, que no se nos vea, y ustedes vayan tramitando todo, y lo que quede de este país… Tendremos el inglés como idioma, el pasaporte americano y el dólar”. Como unos señores. Puestos a hacerlo, hagámoslo bien. Nos iremos a vivir a un lugar apartado, a Andorra, donde sea, pero, al menos, tendremos dinero… Que a los catalanes eso del dinero, cuidado…

Y tu amigo Gato Pérez, ¿formaría parte de este partido? No, Gato Pérez no. Y, francamente, yo estoy por borrarme también, porque me parece un poco demasiado bestia... No, Gato Pérez no. Yo creo que no.

Háblanos un poco de Gato Pérez. Hiciste una canción de él, precisamente “La rumba de Barcelona”, en el disco que comentabas antes, “Barcelona postal”, en 1982… Pero tú siempre citas aquello de “la atalaya, la biblioteca y la calle”, que es un ideario de Gato Pérez que estaría bien que explicases aquí para que la gente lo conozca. Gato Pérez es un cantante que murió a principios de los noventa. Murió muy joven, a los 40 años, de un infarto. Hizo unos cuantos discos de rumba extraordinarios, inspirados; con la base de la rumba catalana, pero con rollo de cantautor, de poeta: una cosa creativa muy interesante. Creo que hoy en día es un gran desconocido, un artista que se merece que estemos revisitándolo y recordándolo todo el tiempo. Era un sabio de la vida. El Gato había nacido en Buenos Aires, de padres medio españoles y medio porteños. A los 12 años vino a Barcelona y ya se quedó aquí. Primero empezó tocando rock en conjuntos instrumentales y después ya cantó él sus canciones. Era un creador del lenguaje. Juntamente con La Voss del Trópico, eran personajes de aquellos que ya no quedan; como diría Francesc Pujols, de aquellos que después de hacerlos rompieron el molde. Cosas así ya no se hacen, o a lo mejor los hay, pero yo no los conozco. Debe haber, seguro, pero yo no los conozco. Yo hablo de los que conocí. Con el Gato hacíamos mucha teórica de barra a partir de una hora de la madrugada: arreglar el mundo y el universo. Él decía: “Las tres cosas para ir bien por la vida son calle, biblioteca y atalaya”. La calle porque es pisar la vida, lo inmediato, lo más duro, sin disfrazar ni barnizar, tal como es. La biblioteca porque es conveniente tener una ilustración, haber trabajado un poco, haberte formado, tener una cultura y todo eso. Y la atalaya es la capacidad de volar, la capacidad de entender las cosas, de tener una visión cosmogónica de la realidad, de la vida. Y con estas tres patas, estás en buenas condiciones de entender y relacionarte bien con la existencia. Yo no sé si él lo copió de Henry Miller o se inspiró en él, que en un libro explicaba que cuando llegaba a una ciudad había tres sitios que iba a visitar y que le daban la medida de la ciudad: el mercado, el barrio chino y la catedral. Y con eso sabía cómo sus habitantes se relacionan con la comida, con el sexo y con los afectos, lo más básico, lo más duro, y con la catedral, a partir de la visión cosmogónica. Hay unos puntos de contacto, seguramente, en estos principios tridimensionales de la existencia.

Es la introducción perfecta para “El setè cel”, ¿no? Sí. “El setè cel” es una canción galáctica. No lo digo yo, no. Lo dijeron los pujolscianos, que eran la Associació Francesc Pujols, que antes hacían un boletín y en uno de estos boletines un día pusieron la canción “El setè cel”; dijeron que eso era el equivalente al himno galáctico de la filosofía pujolsciana, y yo me siento muy honrado.

Cuando en el año 84 dejaste tu personaje de Sisa aparcado, hiciste un disco, “Transcantautor. Última notícia”, una exposición y un libro. En aquella exposición, que se llamaba “Memòria representada”, en el programa se leía: “Jaume Sisa, artista galáctico, ha decidido poner punto final a su carrera y quiere exponer al público la constelación de signos que lo han acompañado a lo largo de su vida artística”. Y Ramón de España añadía: “Jaume Sisa, el cantautor que asegura no tener nada nuevo que decir y prefiere poner punto final a su historia para evitar que devenga repetitiva”. ¿Cómo viviste aquel, fingido, final de una vida? No, era auténtico.

¿Real? Para mí fue como un punto de liberación, de decir: “Bueno, cierro una puerta y se me abren muchas, y ahora puedo ir por donde quiera”. No sé, una sensación de que el mundo se hacía grande, se ensanchaba. Yo, en aquel momento, tenía realmente la sensación y la convicción de que había acabado una etapa de mi vida y de que no tenía nada más que decir, o de que no quería decir nada más, o de que no sabía cómo decirlo. Bueno, habían sido bastantes años grabando discos y cantando y haciendo cosas…

¿Y por qué volviste en el año 2000? ¿Tenías alguna deuda contigo mismo? ¿Qué ocurrió? Habían pasado muchos años y ya existía una distancia, una perspectiva, y quizá se había llenado el depósito otra vez, o se había vaciado, o no sé, pero, sobre todo, había pasado el tiempo. Y uno ya no era el mismo, como si dijéramos. Y eso me permitía “volver a ser”; “no ser el mismo” me permitía “volver a ser el mismo”. No sé explicarlo mejor.

“Cuando esperas, siempre esperas mucho; lo esperas todo. Si te pones a esperar, que sea para esperar algo glorioso, no para esperar una cosita... No obstante, pienso que lo que se tiene que hacer, lo digo por mí, lo que se debe hacer es no esperar. Y si no esperas, a lo mejor llegan las cosas. Yo llevo toda la vida aprendiendo eso y aún no lo sé. ¡Aún espero cosas! Mira, ¿sabes aquel proverbio de aquel sabio musulmán del siglo X que decía: ‘Todo lo que olvides, eso sabrás. Todo lo que des, eso tendrás. Todo lo que esperas jamás lo hallarás’? Yo intento seguirlo”

Hay una curiosidad, y es que cuando dijiste adiós, en 1984, habían pasado dieciséis años desde tu debut con el single de “L’home dibuixat”, que se publicó en 1968. Volviste en el 2000, dieciséis años después de decir adiós con “Transcantautor”. ¿Es una casualidad o está hecho expresamente? Dieciséis años de la primera vida, dieciséis años de silencio y volver de nuevo. Eso querría decir que en dos años cambiarías nuevamente de vida. Es posible.

¿Es posible? Pero la cuestión es: ¿fue casualidad lo de los dieciséis años o estaba previsto que fuese así? No sé qué decirte. No lo sé.

¿Fue casualidad, entonces? A lo mejor hay un designio por encima de nosotros, aquello que dicen los árabes de que todo está escrito en las estrellas, y lo que pasa es que no lo sabemos leer.

¿Y qué sensación tuviste cuando colaboraste con gente del hardcore como Unfinished Sympathy o No More Lies, que te ayudaron en el disco de 2005, “El congrés dels solitaris”? Una generación muy alejada de la tuya, que hablaron de ti como de una leyenda viva, que reconocieron que les habían marcado tus canciones. ¿Te sentiste un poco transportado a 1979, cuando colaboraste con Melodrama, que en aquellos momentos también era una banda joven? Es posible que sí, no sé.

Tienes facilidad para colaborar con gente joven, se ha visto en estos casos y últimamente también con los músicos que trabajan en tus discos. Bueno, más que nada es que los de mi edad o están muertos o retirados, casi todos. No creas que es fácil encontrarlos.

Y que además estén en tu galaxia, más difícil... ¡Mucho más difícil, todavía!

¡Imposible! No, lo que hice en el 2000, cuando volví, fue grabar un disco con Pascal (Comelade).

Sí, “Visca la llibertat”… Y después este otro en 2005. Sí, en 2005 con Santi Garcia, allá en Sant Feliu. Pero ya te digo, es porque quizá había habido un relevo; cuando yo me había ido los de mi edad cortaban el bacalao, pero dieciséis o dieciocho años más tarde los que cortaban el bacalao eran ya de otra generación.

Para ti supongo que es un honor que la gente joven te admire, quiera colaborar contigo… Eso siempre halaga, no te diré que no, porque ves que lo que haces le interesa a alguien; sí, está bien… Eso es una cosa que si sale, bien, y si va bien es perfecto, pero que tampoco puedes ir buscándolo, porque, si lo vas a buscar, entonces no funcionará. Como casi todo en la vida.

¿Y estás contento de cómo te han ido yendo las cosas desde tu vuelta en el año 2000? ¿Era lo que esperabas? ¿Más? ¿Menos? No, no, siempre esperas mucho. Cuando esperas, siempre esperas mucho; lo esperas todo. Si te pones a esperar, que sea para esperar algo glorioso, no para esperar una cosita... No obstante, pienso que lo que se tiene que hacer, lo digo por mí, lo que se debe hacer es no esperar. Y si no esperas, a lo mejor llegan las cosas. Yo llevo toda la vida aprendiendo eso y aún no lo sé. ¡Aún espero cosas! Mira, ¿sabes aquel proverbio de aquel sabio musulmán del siglo X que decía: “Todo lo que olvides, eso sabrás. Todo lo que des, eso tendrás. Todo lo que esperas jamás lo hallarás”? Yo intento seguirlo.

Pues ahora podrías cantar una canción de aquel disco del año 2000: “Me’n vaig en globus”. Sí, con Pascal hicimos un disco del que estoy muy contento. Pascal y yo ya nos habíamos conocido hacía unos años; nos presentó Joan Navarro cuando era director del Salón del Cómic de Barcelona. Nos enredó para hacer una cancioncita juntos en un single que se distribuyó solo en el Salón del Cómic. Yo ya conocía cosas suyas, él conocía cosas mías, y dijimos: “A ver si hacemos algo juntos”. Y unos años más tarde, en el año 2000, llegó el momento y fui a Perpiñán. Él tenía allí un estudio con un colega, estuvimos grabando cosas, y salió este disco. Todas las canciones tenían letra y música mía, pero hay una que tiene música suya y letra mía, y es esta.

¿Tienes 65 años? Hostia, sí.

¿Es más duro ser artista ahora que cuando eras joven? No sé qué decirte. Cuando era joven sufría mucho, mucho, mucho.

¿Ahora no? Ahora, no tanto.

Eso está muy bien. Hombre, ahora también sufro, pero no tanto. Yo cuando era joven ya quería ser mayor, y ahora que soy mayor, ya no me hace tanta gracia.

“Hombre, ahora también sufro, pero no tanto. Yo cuando era joven ya quería ser mayor, y ahora que soy mayor, ya no me hace tanta gracia”

Muy interesante esa teoría que explicaste un día, eso de que tú querrías volver a los 30 años para vivir hasta los 40, y después volver de nuevo a los 30, y así sucesivamente… Era así, ¿no? Sí.

Muy buena opción, pero algo difícil, ¿no? Sí, es un poco difícil… Es que pienso que el momento bueno de la vida es ese.

¿Los otros no? Hombre, los otros… si no hay más remedio...

¿Ha sido ese el mejor momento de tu vida? Para mí, sí. Yo pienso que es el momento en que estás arriba de todo. Tienes el punto máximo de vigor, de fuerza, de ilusión, de ganas, de empuje, de “trempera”, de todo, pero ya tienes un poco de conocimiento, de experiencia… y, en cambio, tienes todavía por delante mucha…

… ¿Energía? Mucha energía, mucha vida. Pero todo esto que estamos hablando es sobre el papel. Después, la práctica es la que es, y la vida es… cada uno hace lo que puede.

Pues “No cal parlar”.

En la tercera y útima parte de esta entrevista-conversación, Sisa dará su opinión sobre las descargas gratuitas en internet y sobre la opacidad de la SGAE como sociedad de gestión; también contará una divertida anécdota relacionada con el PP al respecto de su canción “Qualsevol nit pot sortir el sol”, tema que interpretará para cerrar esta velada tras haber tocado antes “Aquest any follarem com folls”. En los bises recuperará “L'home dibuixat”, su primera canción publicada.

(Se puede leer la tercera parte aquí)

Publicado en la web de Rockdelux el 5/6/2014
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