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SLEAFORD MODS, Bored to be wild

Fearn y Wiliamson: hombres duros contra la máquina del sistema.

 
 

ENTREVISTA (2014)

SLEAFORD MODS Bored to be wild

Por Kiko Amat

Son Sham 69 en verboso, The Fall cuando tocaban en clubes de viejos. Es spoken word blanco y panzón, grime berreado por exmods demacrados. Un monólogo cómico para una audiencia hastiada. Sleaford Mods son una singular protesta contra el glamur, las patrañas y los besaculos. Son un pendón de terrible verdad callejera. Todo está perdido y el hedonismo no va a salvarnos. En “Divide And Exit” (2014) documentaron el fin de la rave y el comienzo de las riots, como Pet Shop Boys en pleno bajón de speed. Kiko Amat los entrevistó y se encontró con una avalancha de declaraciones lúcidas y punzantes. Lean. Y compleméntenlo con la lista de sus cinco discos más odiados (ver aquí).

Siento como si lo conociera de toda la vida, a Jason Williamson. Él es el tío lúcido que, al salir del after con los ojos enrojecidos y la nariz moqueante, se pregunta: “¿De qué coño sirve esta mierda?”. Él es el currante enfadado, no solo con los jefes, sino con el resto de la plantilla, inmerso en una guerra perpetua imposible de ganar. Él es el macho que se atreve a mostrar flaqueza, como cuando Begbie canta en “Skagboys”, y luego lo lamenta; porque abrir flancos es anatema en su mundo. Es el paria ilustrado y el cabrón resentido: con los ricos, con los ilesos, con los guays, con el sistema. Pero peor: Jason Williamson está harto de sí mismo. Él es su propio sparring. Williamson es el tipo que se mira al espejo cada mañana y tiene que retroceder, asqueado, tras enfrentarse a la verdad: todos esos defectos, puestos allí como mugrientos palillos de feria que hay que derribar para conseguir un premio que no merecía la pena.

“Sí, estuve en bandas, hace años. Bandas mod. Bandas indie con inclinaciones mod. Rollo Oasis con alguna orientación rhythm’n’blues de órgano, imitando a The Small Faces. Era una escena que te corroía el alma. Tal vez viví algún fugaz momento de elevación, pero en general fue una experiencia de lo más deprimente”
(Jason Williamson)

Su banda, Sleaford Mods, con un reciente disco en la calle, “Divide And Exit” (Harbinger Sound, 2014), ni siquiera se parece a una. Son un dúo, Andrew Fearn y Jason Williamson. El primero pulsa un botoncico y su cutre-teclado pedorrea cortantes líneas de bajo y ritmos macilentos; el resto del tiempo cabecea y sorbe cerveza. Williamson es la voz: un manguerazo de palabras, un volcán de ingenio, insultos y porquería en procaz reyerta. Sleaford Mods son violentos, pero no a lo gangsta; más bien como un tarado arreándose en la cara con una llave inglesa. Sleaford Mods son los Specials abatidos de “Ghost Town”, diciendo que “Los grupos ya no tocan / Hay demasiadas peleas en la pista de baile”. Son lads perspicaces de mediana edad, ojerosos y borrachos y desencantados, desertores del acid y damnificados por el britpop. Hacía MUCHO tiempo que una banda no me conmovía como Sleaford Mods.

Un lema de Sleaford Mods es: “Used to be in bands. Hated it”. Sí, estuve en bandas, hace años. Bandas mod. Bandas indie con inclinaciones mod. Rollo Oasis con alguna orientación rhythm’n’blues de órgano, imitando a The Small Faces. Era una escena que te corroía el alma. Tal vez viví algún fugaz momento de elevación, pero en general fue una experiencia de lo más deprimente (ríe).

¿Te deprimía tocar rollo retro, o lo que te deprimía era la dinámica horrible de los egos y los espantosos clichés del mundo musical? Veamos, cuando estás en bandas lo primero que encuentras es a un montón de gente que no debería estar en ellas. Gente con egos enormes, que para empezar ni siquiera son músicos, a quienes no les interesa esto. Eso sucede muy a menudo en el circuito amateur: te topas con auténticas pérdidas de tiempo con patas, gente que en poco tiempo ya ha entrado a formar parte de la estructura corporativa y empieza a realizar tareas directivas, solo por el dinero. Es gente, en realidad, para quien la música era solo un camino para llegar al dinero y las posiciones de poder. Eso te lo encuentras constantemente en la música, y es mayoritario en el rock y también en los DJs. Tipos que no tenían la menor inclinación creativa, que solo utilizan esto como trampolín para una carrera y unos beneficios. Siempre me he topado con este tipo de cosas. Me parecen un montón de mierda y me cabrean cosa mala.

“Tied Up In Notz”: “The smell of piss is so strong / It smells like decent bacon / Kevin's getting footloose on the overspill / Under the piss-station / Two pints destroyer on the clobbed floors / No amount of whatever is gonna chirp the chip up / It's the finnal countdown, my fuckin' journey...” y más metralla de realismo sucio.

Un buen número de tus diatribas se dirige a los manipuladores y arribistas. Sleaford Mods podemos ser un grupo político, en el sentido de que hablamos de muchos temas que son políticos, pero, sobre todo, se trata de observar y desenmascarar a ese tipo de gente, gente que en realidad es completamente inútil (ríe), que no tiene función social alguna. Tíos falsos, y que a la vez viven engañándose a sí mismos. Encuentro ese tipo de personalidad absolutamente fascinante, y el mundo está lleno de ellos. Hallas esa personalidad disfuncional incluso entre tus propios amigos; cuando empiezan a actuar de forma distinta y a darse aires, y a comportarse como putos gilipollas.

Es legítimo que digas eso, porque Sleaford Mods nunca os ponéis por encima de nadie. Tú sales tan mal parado de tus canciones como cualquier otro imbécil. Claro. No me considero mejor que nadie; soy consciente de que tengo un montón de defectos. Esas partes malas de mí están ahí, sé cuáles son, y cada vez que emergen a la superficie soy perfectamente consciente de que residen en mi personalidad. Eso es la base de todo: la observación de rasgos negativos, propios y ajenos, y el exponerlos de un modo interesante. Por añadidura, no mejoran. Con la edad se vuelven más y más oscuros. Cada día afloran hacia la superficie un montón de detalles de esos que te impiden olvidar lo que sucede. Quizá consigas alejarte de ellos durante un breve espacio de tiempo y pasarlo bien, pero si algo está claro es que cuando vuelvas a casa seguirán allí. No se habrán ido. Joder, incluso cuando estás por ahí de fiesta sigues pensando en ello (ríe). En que vivimos en un mundo caótico, sin líderes ni dirección ni futuro.

“No me considero mejor que nadie; soy consciente de que tengo un montón de defectos. Esas partes malas de mí están ahí, sé cuáles son, y cada vez que emergen a la superficie soy perfectamente consciente de que residen en mi personalidad. Eso es la base de todo: la observación de rasgos negativos, propios y ajenos, y el exponerlos de un modo interesante. Por añadidura, no mejoran” (Jason Williamson)

Siempre mencionas esos aspectos oscuros, lo que llamas tus “viejos demonios”. Escucho canciones pavorosas como “Shit Streets Runny” y me pregunto cuál es su percentil autobiográfico. (Ríe y carraspea) Sí. Los demonios. Bueno, se trata de lo de siempre: ser un puto imbécil, tomar demasiadas drogas, ir por el mundo sin pensar en absoluto en la consecuencia directa de cada una de tus acciones, cuando deberías estar pensando en esas consecuencias. En general, todo tiene que ver con no ser un hombre cuando deberías ser un hombre. Casi todos mis amigos se encuentran en el mismo barco. Los hombres, al menos; no sucede del mismo modo entre las mujeres. Uno de los problemas frecuentes de esos hombres es la imposibilidad de expresarse, y la otra el saber cuándo parar (ríe amargamente). Eso también me parece interesante: que tu conciencia sepa exactamente cuál es el comportamiento adecuado, cómo hacer lo correcto, pero verte incapaz de hacerlo. Y seguir sin hacerlo durante un larguísimo período de tiempo.

Creo que Sleaford Mods sois un grupo muy masculino en todos los sentidos: duros y débiles a la vez. Pendencieros y atormentados. Una madeja de miedo paralizante y arrojo insensato. Es inevitable. Ves las cosas con ojos de hombre. A veces, incluso tu propia naturaleza física es la que marca tu visión del mundo, seas consciente de ello o no. Hoy mismo un amigo me enviaba un mensaje porque su novia había roto con él, y se lamentaba de que había atravesado la puerta de un puñetazo. Ese es un buen ejemplo de respuesta inútil a una situación, ¿no? Si te paras a pensar, realmente somos un sector bastante inservible de la sociedad. Redundantes, incluso. Siempre hemos cultivado ese absurdo estilo de macho cargado de testosterona. No somos seres humanos demasiado filosóficos o pacientes o empáticos. Eso se refleja en mis canciones.

Las vías de escape de esa masculinidad herida solían ser el hedonismo, el baile, las drogas. Pero los clubes, como retratas en canciones como “Urine Mate”, se han convertido en un infierno. “Ballroom blitz went all wrong”, vaya. Es todo una puta mierda. Y quizá esa sea la razón por la cual la gente se pone tan ciega al salir por ahí. Aquella ola de euforia general que existía a mis 20 años se ha ido a tomar por culo; ahora es un infierno. A la vez, es un infierno que no puedo sacudirme de encima. A todos mis amigos les sucede lo mismo. Son gente que empezó a salir a finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando la cultura de clubes inglesa despegaba a lo grande. Todos esos grupos de hombres saliendo por la noche, y no precisamente para tomar una pinta, sino a lo loco, y que continúan haciéndolo incluso cuando ven que no conduce a nada, que ni siquiera es divertido. Encuentro esa actitud muy intrigante, especialmente cuando veo que somos muchos. Tiene que ver con el ego, con demostrar que sigues siendo el mismo, que aún aguantas. Incluso cuando es obvio que se ha convertido en una trampa de la que no puedes escapar.

 
SLEAFORD MODS, Bored to be wild

A la caza del ritmo con letras escupidas a la cara, sin caretas.

 

Me entristece y aburre ese mundo, el de desfasar como fin en sí mismo, pese a los años que lo he practicado. “Havin’ it large”, la idiotez esa de los Gallaghers... Mi problema con Liam Gallagher es precisamente que personifica esa actitud, que a su edad intenta hacernos creer que todavía es un machote fiestero. Me enfurece esa mentira, me llena de rabia esa pretensión, es pura basura. Esa gente que va por ahí promocionando una versión antigua de sí misma en público me da asco. Lo de salir a lo grande es una cosa de los 20 años, no te digo que no; a esa edad tiene cierta razón de ser. Antes yo podía aguantar lo de salir, ver a bandas de mierda, ir a clubes, pero ahora no puedo. Y lo triste es que sigues cayendo en ello. Es una puta tragedia que se entromete en el camino de todo lo que haces. Te haces mayor y sigues derivando hacia ello ocasionalmente, casi sin darte cuenta, y cada vez es peor. Ya no tengo las visiones idealizadas de ese mundo que tenía antes, solo veo las partes oscuras, el aburrimiento, lo estúpido del ritual. Levantarte, trabajar, dormir y pegarte el pasote cada fin de semana. O sea, todavía siento el impulso de ir al pub cada viernes noche, no puedo evitarlo. ¿Qué coño estoy haciendo? Tengo una familia, no tendría por qué salir así. De algún modo te dices que tienes que salir, que eso es lo que te define. Por otro lado, todo esto me ha enriquecido, he hecho que esos impulsos trabajaran al hacer canciones.

“Todavía siento el impulso de ir al pub cada viernes noche, no puedo evitarlo. Tengo una familia, no tendría por qué salir así. De algún modo te dices que tienes que salir, que eso es lo que te define. Por otro lado, todo esto me ha enriquecido, he hecho que esos impulsos trabajaran al hacer canciones”
(Jason Williamson)

En ellas hablas de empleos, pero quizá algún día abandones tu trabajo para dedicarte a la música. Una vez lo hagas, por supuesto, empezará a venir gente a decirte que ya no eres “for real” porque no estás fichando en la fábrica. Eso es muy naíf. Y, en efecto, ya hay gente diciéndome que cuando deje de trabajar no tendré temas para las letras. Por Dios. ¿Has escuchado el puto disco? No va solo de trabajar. Habla de todo, de todo lo que me preocupa, de quiénes somos y del lugar donde vivimos. Y, además, ¿cuántos discos puede uno escribir sobre el puto trabajo? No quiero regodearme en ello. No quiero acabar como todas esas putas bandas punk 80s que ahora tocan en pubs para treinta colegas y todavía están diciendo las mismas cosas sobre lo mismo, desde el mismo punto de vista que cuando tenían 17 años.

Si existe algún tipo de música chav (con perdón), vosotros podríais estar fabricándola. Por supuesto. No concibo la música sin un elemento de rabia, de violencia, aunque sea solo violencia lírica, y esa rabia viene de la situación en la que te encuentras, de la injusticia y las traiciones. Las canciones tienen que intentar describir la realidad de algún modo, explicar qué es lo que está sucediendo. No veo que nadie lo haga. No veo que nadie esté explicando lo que sucede. Escucho lo que dicen los artistas de R&B negro, que es una música que me gusta, y me dan ganas de vomitar. Hablan de un mundo que no existe, y eso me cabrea. Idos a la mierda, tíos. Idos a la mierda con vuestro mundo de fantasía.

Tu visión no es muy optimista, ¿verdad? No. No hay esperanza. Yo no la veo. No te permiten que la tengas. Hace poco me leí un libro llamado “Capitalist Realism. Is There No Alternative?” (2009), de Mark Fisher, quien normalmente colabora en ‘The Wire’, y debo admitir que ese libro me dio algo de esperanza, me dio fe; algo que no sucede a menudo. Por norma general, todo lo que veo es hormigón. Un panorama de hormigón y cerveza rancia (ríe). No veo que esto pueda cambiar. Es horrible.

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