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SONIC YOUTH, Arte joven

“Siempre nos han interesado muchas cosas diferentes: el arte visual, la literatura, el cine, los negocios...”. Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2010)

SONIC YOUTH Arte joven

Sonic Youth, uno de los grupos referenciales, y con más inquietudes artísticas, de las tres últimas décadas, hechos diferenciales que, por si había alguna duda, quedaron probados en la exposición “Sonic Youth etc.: Sensational Fix”. Aquí la pudimos ver en el CA2M Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, en la localidad de Móstoles, en 2010. En ella se mostraron las conexiones creadas por la banda neoyorquina con diferentes creadores a lo largo de toda su trayectoria. Por encima del mero fetichismo para fans, propuso todo un recorrido por la historia de la cultura “underground”, siempre con el ruido como elemento presente. De ello habló David Saavedra con Lee Ranaldo y Steve Shelley en esta charla.

El pasado 2 de febrero se presentó la exposición a los medios por parte de su comisario, el holandés Roland Groenenboom, quien afirma que “Sensational Fix” pretende “contar la historia de Sonic Youth desde un aspecto visual más que desde sus discos”. No obstante, la panorámica es completísima y cuenta con obras de unos ciento cincuenta creadores conectados de algún modo con los neoyorquinos y que representan diversas facciones del underground norteamericano. En ellos confluyen la poesía beat, la Factory, el punk y la no wave, el arte conceptual y de vanguardia, el hardcore de los primeros ochenta, el ruidismo experimental, la música contemporánea y el cine indie, todo ello culminado con una instalación de Dan Graham en cuyo interior se puede acceder a toda la discografía, además de vídeos y grabaciones inéditas, de Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley, el centro a través del cual gira este tumulto de sensaciones ruidosas.

“Cada año tocábamos para algo más de gente, hasta que con ‘Daydream Nation’ las cosas empezaron a cambiar un poco más. También encontramos a compañeros de viaje con los que conectamos: Butthole Surfers, The Meat Puppets, Mike Watt... Pero donde íbamos a tocar la gente acudía y los veías con la sensación de que nunca habían escuchado nada así”
(Steve Shelley)

¿Os consideráis, como sugirió David Byrne al visitar esta exposición en Dusseldorf, un colectivo artístico antes que una banda de rock? (Lee): Bien, tenemos aspectos de eso, pero creo que nos vemos ante todo como una banda, ya sea de rock, de música experimental o como quieras llamarlo. Pero siempre nos han interesado muchas cosas diferentes: el arte visual, la literatura, el cine, los negocios...

¿Los negocios son también una forma de arte? (Lee): Supongo que sí.

¿Era la escena artística de Nueva York más inocente cuando comenzasteis en 1981? (Lee): La gente era más joven y había menos que perder. Los artistas se trasladaban allí porque todo era más barato que ahora y probaban cosas. Era todo más libre en cierto modo, pero no creo que más inocente. Todo el mundo era muy consciente de lo que sucedía y del significado que había en lo que estaba haciendo.

¿Entendía la gente las relaciones entre rock y artes visuales que vosotros empezabais ya a buscar? (Lee): Sí en Nueva York, porque se hablaba nuestro mismo lenguaje, pero en cuanto empezamos a salir de gira por el país no tenían ni idea ni de dónde venías ni de lo que estabas intentando hacer. Obviamente, no pretendíamos componer singles de éxito, y la gente no sabía cómo tomarse eso. (Steve): Pero, de algún modo, supuso uno de los momentos más excitantes para la banda, porque fue cuando empezamos a recorrer Norteamérica. Me refiero a la época entre 1985 y 1988. Cada año tocábamos para algo más de gente, hasta que con “Daydream Nation” –editado por Enigma en 1988– las cosas empezaron a cambiar un poco más. También encontramos a compañeros de viaje con los que conectamos: Butthole Surfers, a quienes conocimos en Texas; The Meat Puppets en California, Mike Watt... Pero donde íbamos a tocar la gente acudía y los veías con la sensación de que nunca habían escuchado nada así.

 
SONIC YOUTH, Arte joven

Steve Shelley y Lee Ranaldo, en el CA2M de Móstoles, en plena exposición. Foto: Alfredo Arias

 

Ni siquiera en Nueva York, ¿no? Creo que tuvisteis una sonada polémica con el entonces crítico del ‘Village Voice’ Robert Christgau, que definió vuestra escena como “pigfuckers” (folladores de cerdos). (Lee): Sus críticas no eran favorables. En el ‘Village Voice’ en aquel momento no entendían en absoluto lo que estábamos haciendo, aunque algunos de sus críticos, Christgau incluido, acabaron cambiando de opinión en cuanto vieron algo más de la progresión de la banda. Es que... nosotros no estábamos intentando hacer música popular. (Steve): A pesar de que Sonic Youth era parte de ese movimiento a principios y mediados de los ochenta, en la ciudad no había una sola escena, estaban sucediendo un montón de cosas al mismo tiempo. Están todas estas intersecciones que se ven en la exposición, pero hay otros mundos enteros que no confluyen y también pueden ser extremadamente interesantes y vitales.

El rock se sigue viendo como el hermano pequeño o algo más transitorio. Ha sido solo en los últimos veinte o treinta años cuando alguna gente ha entendido que algunos aspectos de esta música pueden ser tan alta cultura como cualquier otra cosa, independientemente de su popularidad”
(Lee Ranaldo)

¿Pensáis que el rock gana o pierde credibilidad cuando interactúa con otras formas artísticas? En teoría debería puntuar a favor, pero a menudo se cuestionan esas maniobras como algo pretencioso. (Lee): Normalmente se ha visto más como cultura popular que como alta cultura, cuando eso no sucede con las artes visuales, la literatura y el cine. El rock se sigue viendo como el hermano pequeño o algo más transitorio. Ha sido solo en los últimos veinte o treinta años cuando alguna gente ha entendido que algunos aspectos de esta música pueden ser tan alta cultura como cualquier otra cosa, independientemente de su popularidad. Probablemente vaya más gente a conciertos de rock que a museos, pero ahora tiene otro tipo de impacto, y por eso hay exposiciones por todo el mundo abordando aspectos de la música rock. Al mismo tiempo, cada vez están más rotas las barreras entre lo que es alta y baja cultura.

Todos los artefactos vinculados a vuestra música que forman parte de esta exposición parecen compartir elementos de confrontación, de rebeldía juvenil y sexual, de inquietud y malestar... (Lee): A cierto nivel estamos interesados en una serie de subculturas. No importa la edad de las personas implicadas en ellas, siempre hay una celebración de cierto tipo de espíritu juvenil, da igual que hables de William S. Burroughs o Allen Ginsberg como de la gente más joven que está haciendo noise art. Creo que desde el principio nos hemos rebelado en un sistema inclusivo, caótico y enredado que no siempre tiene un sentido inmediato cuando ves una cosa junto a la otra. En todo momento es algo que nos ha parecido interesante, y eso es lo que sucede en esta exposición, tiene una naturaleza muy combativa. Hay cierta cualidad agresiva, no es lo más corriente que se suele ver, y todo eso nos inspira.


EL SEGUNDO ENCUENTRO CON MORENTE

“Lástima que haya sigo algo único, irrepetible”, escribía Eduardo Guillot (Rockdelux 235) a raíz del encuentro (ver aquí) entre Sonic Youth y Enrique Morente en el Festival Heineken Greenspace (Valencia) el 28 de octubre de 2005. “Ya veremos, seguro que a Enrique se le ocurre algo”, le respondía Steve Shelley.

El reencuentro tardó casi un lustro y, momentos antes, el batería neoyorquino mostraba su ilusión: “Es un privilegio que haya aceptado venir”, me comentaba, al tiempo que reconocía que, en esta ocasión, no se ensayaría absolutamente nada. Morente fue un invitado sin anunciar en la performance (ver aquí) con la que, el 2 de febrero de 2010, Ranaldo inauguró la exposición en el vestíbulo del CA2M.

Con el público acordonándolo en círculo, utilizó un arco de violín, una baqueta y un pedal de distorsión para sacar ruido y columpiar una guitarra que colgaba del techo mediante un cable. Shelley, a la batería, le seguiría después con sutiles percusiones y, a su lado, Morente y sus tres acompañantes se arrancarían a las palmas y, en el momento del subidón, con un cante que, debido a la ausencia de microfonía y la mala acústica, no impactó como se esperaba a no ser que se estuviese cerca de ellos.

La colaboración fue una mera anécdota en la que, digámoslo, la personalidad carismática de los protagonistas era mucho más importante que el resultado testimonial de su unión.

 
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