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América Latina, Sonidos independientes, apropiación rock

La vida Bohème: dance-punk venezolano. Foto: Basil Faucher

 
 

INFORME (2013)

América Latina Sonidos independientes, apropiación rock

Si antes se hablaba de alguna banda de México, del pop chileno o de la fusión colombiana, hoy son cada vez más los grupos latinoamericanos tocando en conciertos y festivales de España y Europa. El rock del otro lado del Atlántico atraviesa uno de sus momentos más fructíferos, con escenas y mercados en casi todos los países y propuestas de altísimo nivel. Susana Funes repasó aquí algunas de las tendencias más interesantes y destacó, especialmente, el panorama de Chile y Venezuela.

Quizá todavía pequeña, pero una creciente y cada vez más destacada representación de bandas de América Latina participó en el festival Primavera Sound 2013, así como en los diferentes espectáculos veraniegos de España y Europa. En sintonía con la tendencia mundial de renovación fuera de los circuitos tradicionales, a los encuentros que ya incluían un alto componente latinoamericano como La Mar de Músicas de Cartagena ahora se suman cada vez más los interesados en la escena del otro lado del Atlántico, como el recién nacido Bizkaia International Music Experience (del 19 al 23 de noviembre en Bilbao).

“El colapso de las grandes disqueras, la autodifusión por redes y la globalización informática han ayudado a que estas bandas estén al alcance. Y en ese sentido, lo independiente resulta atractivo para un promotor de Estados Unidos o Europa”
(Santiago Trujillo)

“La gran ventaja del mercado europeo es que, además de oírte, quiere descubrirte”, comenta Santiago Trujillo, director del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá, Colombia, que organiza el festival Rock al Parque, el evento de mayor convocatoria de la región. “En Latinoamérica se produce de todo y de la mejor calidad para cada tipo de festival”, apunta Félix Allueva, del festival Nuevas Bandas de Venezuela, el más antiguo en el género pop-rock (veintitrés años), que desde 2012 apoya la programación latina en el Deezer Monkey Week (del 31 de octubre al 2 de noviembre en El Puerto de Santa María).

¿Qué está pasando en América Latina? “La escena es muy variada, y los grupos que este año han acudido a Primavera Sound representan estilos muy diversos del panorama independiente. Desde el post-punk de los argentinos normA o los colombianos Árbol de Ojos hasta la singular mezcla entre el bolero y el rockabilly de los chilenos La Big Rabia”, comenta Almudena Heredero, coordinadora del Primavera Pro. 107 Faunos, Santi Motorizado y Go-Neko! de Argentina, Telebit de Colombia, Perrosky y DJ Raff de Chile, más Dapuntobeat de México, completaron ese showcase.

Pero si bien estas agrupaciones sirvieron de primera degustación, dan poca cuenta de la magnitud de lo que desde hace décadas se viene gestando. Se trata de una región tan extensa y variopinta que difícilmente podríamos abarcar aquí. Intentaremos, sin embargo, trazar algunas rutas e identificar –junto con representantes de tres de los eventos más importantes de la zona– varias de las tendencias actuales más interesantes, más allá de las superbandas como Café Tacvba.

 
  • Árbol de Ojos

  • Perrosky

 

Fuerza independiente

Con primeras manifestaciones que datan de los años cincuenta y sesenta y picos de internacionalización en los ochenta y noventa, el rock hecho en Latinoamérica atraviesa hoy uno de sus momentos más fructíferos, no solo por la consolidación de escenas y mercados en casi todos los países, sino por el alto nivel creativo y aporte de las propuestas.

La independencia es hoy una característica generalizada. Son comunes los sellos creados por bandas, así como los colectivos que organizan giras y showcases conjuntos. “El colapso de las grandes disqueras, la autodifusión por redes y la globalización informática han ayudado a que estas bandas estén al alcance. Y en ese sentido, lo independiente resulta atractivo para un promotor de Estados Unidos o Europa”, resalta Trujillo.

“Creo que lo más importante en esta fase, además de generar mercado, mucha actividad en vivo e interconexión, es que tenemos un rock latino de verdad”, destaca Allueva, también director de la Asociación para el Desarrollo de la Industria de la Música Iberoamericana. “En décadas anteriores, eran explosiones aisladas u oleadas. Ahora se cultiva en toda Latinoamérica, en todas las tendencias, generando una muy variada gama de propuestas”.

“La escena es muy variada, y los grupos que este año han acudido a Primavera Sound representan estilos muy diversos del panorama independiente. Desde el post-punk de los argentinos normA o los colombianos Árbol de Ojos hasta la singular mezcla entre el bolero y el rockabilly de los chilenos La Big Rabia”
(Almudena Heredero)


“Más que un género, se está creando toda una escena latina, donde predomina la composición desde muy adentro”, secunda Salvador Toache, codirector de Discos Intolerancia y programador de la carpa alternativa del festival Vive Latino, de México. “Se están generando músicas sin una etiqueta específica, música con mucha identidad, que logra comunicar por su alto nivel discursivo y su gran entrega emocional”.


De norte y sur

Argentina, clave en la creación de los cimientos con el llamado “rock nacional” de los setenta y su proyección internacional en los ochenta, y México, puntal de los noventa, cuando la etiqueta “rock latino” se extendió en parte gracias a MTV Latino, protagonizaron las primeras oleadas de exportación. Hoy ambos países mantienen el liderazgo en cuanto a producción de discos y mercado, así como en directos.

De México, Zoé destaca entre las bandas activas de mayor trayectoria, con sonido más propiamente indie latinoamericano. Mientras que Carla Morrison y su disco “Déjenme llorar” (2012), ganador de dos Grammy Latinos con una suerte de nueva canción mexicana afectada por el bolero, significó un punto de inflexión, al lograr respaldo del público masivo al margen de la industria.

En una escena consolidada y con la ventaja adicional de la cercanía a Estados Unidos, proliferan propuestas de toda índole: desde el math rock instrumental de Austin TV hasta la potencia en directo de Descartes a Kant; o el trip-hop guapachoso de San Pascualito Rey, oscuro y cargado a partir del desgarro melodramático del bolero y la ranchera.

Argentina, la escena de mayor trayectoria –aunque míticos exponentes como Soda Stereo o, más cercanos, Babasónicos poco se conocen en España–, venía dando señas de estancamiento. Hace un par de años impactó, no obstante, el noise pop melódico de Él Mató A Un Policía Motorizado. Fue la avanzada de una nueva movida de La Plata, cuna de dos de las bandas más influyentes del movimiento independiente: Virus y Los Redondos.

De allí llegan los zarpazos post-punk normA. “Nuestra máxima es dar un mensaje claro y nítido, que te haga mover la patita, con música enérgica y filosa, pero que al mismo tiempo te haga pensar”, dice su voz y guitarra, Chivas Argüello. Liderada por nacidos en los ochenta, la pujante camada destaca por su frescura y conexión generacional, aunque solo El Mató A Un Policía Motorizado ha logrado pasar a los circuitos internacionales. Viva Elástico (“Agua, sal y fiebre”, 2013) es la que más ha repuntado en la última temporada.

 
  • La Big Rabia

  • normA

 

La tercera y la vencida

Desde hace pocos años Colombia lidera una suerte de tercera ola de internacionalización. Expresiones cruzadas por la cumbia y otros ritmos de su gigantesca herencia folclórica fueron los primeros en conquistar escenarios de todo el mundo, con bandas como Bomba Estéreo, Choc Quib Town o la notable inmersión músico-visual aportada por Systema Solar.

Detrás de ellas se multiplican propuestas en todas las tendencias: rock alternativo pero también montuno, como Malalma y Velandia Y LA TIGRA; vuelos de jazz con desparpajo popular, como Puerto Candelaria; continuaciones del rock alternativo latino de los noventa, como Doctor Krápula; recuperaciones tropicales, como Ondatrópica; o fusiones en clave jazz gitano, como Monsieur Periné (“Hecho a mano”, 2012).

“Nuestro fuerte es y será por mucho tiempo la combinación del rock y pop con música de raíz. No tiene sentido llevar afuera a un grupo indie que suene igual que uno anglo. Una cosa muy diferente es presentar el rock montuno y maldito de Robi Draco, el sonero prestado al rock de Señor Loop o el rock absolutamente colombiano de Velandia Y La Tigra” (Félix Allueva)

Más recientemente, en España se comenzó a hablar de Chile, una vez que el pop despertara curiosidad hacia otras tendencias. Mientras que en Estados Unidos la revelación ha sido Venezuela, con bandas como La Vida Bohème o Viniloversus. De estas dos escenas en boga comentaremos en siguientes apartados. No obstante, al ser cultivado en todo el continente, ahora es cuando queda por ver: desde las apuestas caribeñas de Señor Loop y Cienfue en Panamá hasta las exploraciones de Campo en Uruguay, el otro proyecto de Juan Campodónico. “El abanico de propuestas está floreciendo en cada rincón, en cada país –dice Toache–. Son muchas voces diferentes desde un mismo sitio”.


Particularidad sonora

En la música actual de América Latina parece haber una disposición natural para experimentar sincronías y establecer articulaciones entre elementos disímiles. “Nuestro fuerte es y será por mucho tiempo la combinación del rock y pop con música de raíz”, sostiene Allueva. “No tiene sentido llevar afuera a un grupo indie que suene igual que uno anglo. Una cosa muy diferente es presentar el rock montuno y maldito de Robi Draco, el sonero prestado al rock de Señor Loop o el rock absolutamente colombiano de Velandia Y La Tigra”, subraya.

Trujillo observa como característica distinguible “el uso de instrumentación no convencional para el rock y formatos que incluyen instrumentos autóctonos”. No obstante, no es la única vía de apropiación. No solo son sonidos y ritmos, sino también imaginería, timbres y atmósferas. “Zoé no tiene nada folclórico, pero suena mexicano”, dice Camilo Maldonado, vocalista de Árbol de Ojos. “Nuestro rock ‘grunchero’ tiene toda la vivencia de mezcla de culturas de Colombia, pero desde un punto de vista más urbano”, destaca.

Incluso en los grupos en los que no se evidencia de manera explícita referencias folclóricas o de la cultura popular, hay un deje particular en la forma de cantar, en el fraseo y en la manera de adoptar la instrumentación. “Si tienes una gran influencia de un grupo británico e intentas cantar en la misma cadencia, siguiendo el mismo tipo de estructuras, no va a sonar bien”, advierte Maldonado. “Puedes ser perezoso y cantar en inglés y hacer más o menos lo mismo; o hacer el ejercicio de mirar cómo esa música, o lo que ella te dispara, puede encajar para nosotros, en la métrica y ritmo natural del castellano”, recalca.

 

“Crecimos escuchando el rock más noble. Juntamos todos esos estilos primigenios y los tocamos a nuestra manera”, comentan Perrosky, que en este vídeo interpretan “Tú y yo”.

Chile rocks! más allá del pop

El éxito que hace unos años logró el pop chileno, con Javiera Mena como punta de lanza, ha despertado el interés hacia otros géneros producidos en esta faja de tierra. Su apropiación del rock ha dado de los más interesantes frutos de la región, con Los Prisioneros y Los Tres como agrupaciones más influyentes.

Asumiendo, como aquellos, que en la música no hay géneros absolutos, el dúo de Alejandro y Álvaro Gómez, Perrosky, es rockabilly, folk y blues, con olor a Mississippi, pero también a Baja California y un revés de campo chileno, nada obvio pero definitorio. “Crecimos escuchando el rock más noble. Juntamos todos esos estilos primigenios y los tocamos a nuestra manera”, comenta Alejandro, vocalista y frontman.

“Últimamente lo llamamos roll-billy-blues –intenta definir Álvaro–. Siempre me llamaron la atención las clasificaciones de Rockdelux tipo psico-folk-hardcore (risas). Me gustan porque, para alguien que no te conoce, es mejor leer un género inventado a que digan que Perrosky es igualito a este, este y aquel”. Su segunda actuación en el Primavera Sound sirvió para presentar su quinto disco, “Vivos” (2013), tras el contundente “Tostado” (2010), producido por Jon Spencer y Matt Verta-Ray.

En La Big Rabia puede sentirse la relación existente entre el cantautor argentino Sandro y Nick Cave; entre el bolero y el blues; entre Dick Dale, la Jon Spencer Blues Explosion y Los Tres. “Para mí no es raro. Nick Cave, en su contexto, debe haber tomado cosas como el bolero o la música de cabaret”, sostiene su batería, Iván Molina. “Es el dramatismo en escena, que tiene mucho de teatro, como un predicador”.

El dúo (completado con Sebastián Orellana) fue creado al calor del Primavera Sound 2011, cuando sus integrantes –entonces banda soporte de Fernando Milagros– vieron los directos de artistas que siempre admiraron como Grinderman y PJ Harvey. En su sonido, la rabia, expresada con peculiar fuerza dramática y una implacable batería que llena y compacta toda la propuesta, hilvana la descarga de rockabilly, blues, son y bolero. Su disco, “Congo Zandor” (2012), comienza a editarse fuera de Chile, empezando por el sello Intolerancia, de México.

Del rock chileno impactó antes The Ganjas y su psicodelia de dub in crescendo con energía metalera. Futuras apuestas podrían ser, en la misma línea, Yajaira, o Cómo Asesinar a Felipes, con un hip hop de estructuras cercanas al jazz, con toques de soundtracks y experimentación.

“El arte se ha convertido no solo en refugio, sino en espacio donde meditar las vicisitudes imposibles de asimilar en el día a día”, aseguran La Vida Bohème, que en este vídeo interpretan “Radio Capital”.

Venezuela, renovación indie

Más allá de las vicisitudes políticas y sociales de Venezuela que continuamente plagan los medios, desde hace unos años también la música es foco de atención. Diez nominaciones en la última entrega de los Grammy Latinos confirman el excelente estado de una escena que no solo involucra a Gustavo Dudamel y al Sistema de Orquestas, sino también lo que para muchos podría ser la renovación del indie latinoamericano.

La Vida Bohème es la banda insignia de esta nueva camada de agrupaciones surgidas a partir de mediados de 2000, herederas del do it yourself de la movida independiente de los noventa. Desde el rock alternativo, pero con un fuerte sentido identitario, han logrado la mayor conexión generacional y frescura que se haya visto en el territorio. Recuperan colectivamente el espíritu y pegada que solo habían gozado –a mitad de los ochenta y principios de los noventa– las míticas Sentimiento Muerto y Dermis Tatú.

Salida de las canteras del festival Nuevas Bandas, con furiosos directos de gran compenetración con el público, La Vida Bohème obtuvo una nominación a los Grammy y un par a los Grammy Latinos en 2011, alzándose también como Banda Revelación en iTunes. Con el dance-punk de su álbum debut, “Nuestra” (2010), MTV Iggy los nominó como Mejor Artista, presentándolos en Nueva York y en las pantallas de Time Square. Hoy es la banda mimada de Nacional Records y Jools Holland los invitó a una próxima edición de su show televisivo.

No están solos. Si en 2012 las distinciones fueron para Viniloversus, Los Mesoneros y el cantautor Ulises Hadjis, cada vez son más las bandas que despuntan en el extranjero: Famasloop (La quema”, 2012), Americania (“La fiesta del Rey Drama”, 2013) y Los Colores (“Clásico”, 2013), que ‘Billboard’ destacó entre los diez artistas para no perderse; o las aún más recientes Tomates Fritos, Domingo en Llamas, Holy Sexy Bastards y McKlopedia, que estará presente en el Monkey Week.

“El reciente boom creativo se debe mucho a la hipertrofia política que vive el país”, afirma Henry D’Arthenay, vocalista y segunda guitarrista de La Vida Bohème. “El arte se ha convertido no solo en refugio, sino en espacio donde meditar las vicisitudes imposibles de asimilar en el día a día”, asegura. Más allá de las polarizaciones políticas, estas bandas –como toda su generación– convergen en la propia búsqueda de lo venezolano, sin que ello signifique apelar a ritmos folclóricos per se o a la fusión más obvia.

En su recién lanzado “Será” (2013), La Vida Bohème narra en quince temas continuos una historia de transformaciones. Sintetizadores con líneas melódicas propias del arpa, calipsos hechos con guitarras octavadas... “Es un retrato de nuestro entorno, pero con relieve. Queríamos quitarle el botón de pausa a los elementos estéticos tradicionales”, explica D’Arthenay.

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