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SOPHIE AUSTER, Tírame piedras y haré un castillo

Tiempo de accidentes.
Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2019)

SOPHIE AUSTER Tírame piedras y haré un castillo

Ha tenido que grabar dos repertorios diferentes para después esperar dos años hasta poder editar su nuevo trabajo, pero parece haber merecido la pena. Sophie Auster ha entregado un álbum que, sin suponer un hito cualitativo, sí podría suponer el ansiado reconocimiento definitivo a su trabajo como música. A partir del día 12 lo presenta en directo en España (ver aquí).

Ya conocemos la trayectoria de sus padres, los escritores Paul Auster y Siri Hustvedt, y ella responde con una sonrisa ensayada cada vez que le preguntan sobre ello. “Es aburrido, pero estoy acostumbrada. En realidad no hay mucho que contar. A pesar de lo que parece, somos una familia de lo más normal”, responde ya al final de nuestra entrevista, justo antes de apagar la grabadora. El hartazgo está justificado. Su apellido pesa, y Sophie Auster lleva ya muchos años intentando ser una artista tomada en consideración por su propio trabajo dentro del pop de autor. Desde que actuó por aquí hace dos años, su conciencia como artista se ha afianzado un poco más. “Creo que ahora estoy más segura que antes. Me siento preparada para coger el toro por los cuernos y luchar para conseguir que este álbum funcione. Pero, al mismo tiempo, soy consciente de lo difícil que es todo y trato de tener los pies en el suelo”, admite. Sus esperanzas están depositadas en “Next Time” (BMG, 2019), su nuevo disco. Un trabajo que le ha costado más de dos años ver en la calle y cuya historia daría para escribir un libro.

“Ahora entiendo a esos músicos que pueden ir a una casa en cualquier sitio apartado de todo para pasar tres o cuatro meses grabando, haciendo únicamente eso”

Sería más o menos así. Tras su muy interesante “Dogs And Men” (CEN, 2015), tocaba editar una rápida continuación, y así lo hizo. Grabó un nuevo álbum en Nueva York, y ahí comenzarían una serie de catastróficas desdichas: incendios de estudios de grabación, pérdida de tomas originales, ruptura de contratos discográficos, demandas, preocupaciones y dolores de cabeza... y vuelta a empezar. Con una nueva colección de canciones totalmente diferentes, nuestra protagonista volvería a probar suerte, esta vez en Suecia con el veterano Tore Johansson como productor. “La casualidad hizo que diera con él, y, después de mandarle un par de canciones, me propuso salir de Nueva York e ir a grabar allí. Esa ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi carrera. Salir de mi entorno y encontrarme con ese espacio de extrema placidez... Ahora entiendo a esos músicos que pueden ir a una casa en cualquier sitio apartado de todo para pasar tres o cuatro meses grabando, haciendo únicamente eso. ¿Has visto la película de Freddie Mercury y Queen? Hay una parte en la que alquilan una casa en el campo para intentar volver a componer como lo habían hecho en sus inicios, sin distracciones fuera del grupo. Y es ese tipo de sentimientos los que pude experimentar estando allí, porque eso es todo lo que estuve haciendo durante ese tiempo. Además, me sentí como en casa, y creo que eso se ha reflejado de alguna forma en el sonido del disco, porque me escucho cantar relajada y segura de mí misma”, cuenta. En paralelo, en 2016 ganaría el John Lennon Songwriting Contest, un concurso neoyorquino de composición, con el tema “Little Bird” en la categoría de folk. Ella le resta importancia. “De alguna forma, una de mis canciones terminó allí. Estaba en París cuando unos amigos me llamaron para darme la noticia de que había ganado. Fue muy guay, porque George Clinton estaba en el jurado”, admite sonriente.

Vídeo para “Dance with Me”, dirigido por Spencer Ostrander y Ted King.





“Me gusta escribir canciones e interpretarlas. Sé cómo se hace y es a lo que me dedico. Porque es lo que me hace feliz”

Volvamos al disco. Una vez grabado, comenzaría otro calvario hasta verlo editado. Esta nueva colección de desatinos incluyó discográficas en quiebra, problemas varios para conseguir distribución, intentos de autoedición y, por supuesto, un final feliz. “Next Time” es ya una realidad, y todas las vicisitudes han servido para afianzar la seguridad de la artista de Brooklyn en sus posibilidades. “Ahora me siento más libre y segura que nunca antes. He pasado por muy diversos estados de ánimo con toda esta historia, pero he aprendido a tomarme las cosas de un modo mucho más relativo. Diría que me ha ayudado a madurar como profesional”, apunta pragmática antes de continuar. “Creo que todo esto ha merecido la pena, al menos para mí. Pero no sé qué esperar de estas canciones. Una siempre quiere lo mejor, pero puede que gusten o puede que piensen que son una mierda. Cómo lo tome el público no está en mi mano”, reflexiona.

De momento, parece que su proyección cotiza al alza y que este podría ser el disco que encumbrara su carrera. “Mexico”, una de las canciones del repertorio, aparecerá en “Going Places”, el spin off de “El gran Lebowski” (Joel y Ethan Cohen, 1998) dirigido por John Turturro que se estrenará en los próximos meses. “Aún no he podido ver la película, pero estoy deseando hacerlo. Formar parte de un proyecto importante no pasa todos los días, y estoy ansiosa por ver cómo se integra mi música en la trama”, dice. Sabe bien lo que es formar parte de un filme. Ha trabajado como actriz... y ¿como modelo? “He posado un par de veces, pero nunca he tenido una carrera como tal”, zanja elegantemente. Prefiere que la consideren música. Es lo que ha venido a defender. “Me gusta escribir canciones e interpretarlas. Sé cómo se hace y es a lo que me dedico. Porque es lo que me hace feliz”, concluye.

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