En un país tan dado al fuego fatuo como Argentina, Luis Alberto Spinetta encarnó siempre el verso libre de la música nacional. Pionero del rock con acento porteño, este compositor, cantante y guitarrista sentó las bases de mayor enjundia poética porque conectó la música contemporánea con las influencias más cultas que uno pueda imaginar. Recién cumplidos 62 años, Spinetta falleció anoche por un cáncer de pulmón de efectos fulminantes. Atrás queda ya medio siglo de trayectoria, espacio temporal que abarca un sinfín de proyectos de nombres cambiantes, pero con el denominador común del buen gusto por letras bien armadas para narrar la crónica del tiempo que tocó vivir.
Spinetta se crió en el barrio de Belgrano y ya en 1966 hacía música con THE LARKS. Un año después, bajo la influencia de The Beatles, fundó ALMENDRA, grupo matriz de la primera generación del rock argentino. En 1969, el primer disco homónimo de la banda incluyó “Muchacha (Ojos de papel)”, que con el tiempo ostentó la categoría de segundo himno nacional. En 1971 trocó de proyecto para liderar PESCADO RABIOSO, autor de tres discos, entre ellos “Artaud” (1973), que años después fue considerado el mejor álbum de la historia del rock argentino. Volaban alto letras como “El anillo del Capitán Beto”, de su siguiente grupo, INVISIBLE, con el que firmó otra trilogía imprescindible. SPINETTA JADE, su banda posterior, siguió ahondando en el alma atormentada de un país martirizado por la dictadura, la represión feroz y la pérdida de la guerra de las Malvinas. Luego, como Spinetta y con SPINETTA Y LOS SOCIOS DEL DESIERTO, el Flaco enganchó un período de gran estabilidad vital que se plasmó en álbumes como “Téster de violencia” (1988), “Don Lucero” (1989), “Pelusón Of Milk” (1991) y el acústico registrado en vivo para MTV “Estrelicia” (1997).























