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SR. CHINARRO, Pequeño circo

Jesús Llorente y Antonio Luque, el reencuentro y la celebración: veinte años. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2013)

SR. CHINARRO Pequeño circo

El sello Acuarela cumplió veinte años en 2013. Y Sr. Chinarro, más o menos, también. Porque ambos debutaron en 1993 con el “Pequeño circo EP”, que hacía referencia en su título a una escena musical llena de fieras amaestradas, payasos y gente rara. Casi un década después de enrolarse en El Ejército Rojo –donde únicamente publicó “El fuego amigo” (2005)– y con una asentada trayectoria en Mushroom Pillow –donde acababa de editar “Enhorabuena a los cuatro”–, Antonio Luque se reencontró con Jesús Llorente, el hombre Acuarela, en una suculenta charla que rastreó el pasado de la nostalgia y el presente del descontento.

El encuentro se produce un poco por destino, un poco por casualidad, en las gradas del Estadio Vicente Calderón, con motivo del partido de la jornada 22º de la Liga BBVA 2012-2013 Atlético de Madrid-Real Betis Balompié. Unas semanas después, conversamos achispados en un restaurante de la Cava Baja madrileña. “De este sitio te vas con hambre, pero contento“, es lo primero que dice.

Leyendo entrevistas recientes con motivo del lanzamiento de “Enhorabuena a los cuatro” (Mushroom Pillow, 2013), ¿te entristece no inspirar preguntas más originales con un disco que, posiblemente, esté entre los tres mejores de tu carrera? Eso es como convencer al baterista de que, por una vez, haga un redoble diferente del que quiere hacer. Una cosa que te puede ilusionar, pero... (risas). Cuesta ser como Robert Smith, que se jactaba de dar respuestas diferentes a las mismas preguntas. El otro día me llamó un periodista y me soltó, nada más empezar, que si hacía acústicos por una cuestión de dinero. Y lo mandé al carajo.

“Hombre, cuando tú me descubriste a mí a Red House Painters o Codeine, aquello era el producto de una labor: usar el pegamento, fotocopiar... artesanía. Pero ahora, en muchos medios, no se ocupan ni de la ortografía ni de concordar sujeto y predicado. Si no sabes escribir, hombre de Dios, ¿me vas a decir a mí cómo es mi disco?” (Antonio Luque)

¿Tal cual? Es como si entras en un sitio como este y lo primero que dices es: “¿Qué, ganáis mucha pasta aquí? Tenéis muchos platos de vegetales y de pescado... ¿Por qué no hay en el menú carne de ornitorrinco?”. No es mi intención juzgar severamente una profesión tan noble, pero se contratan becarios, a cuatro blogueros, y la gente no cobra.

Pero, en cierto modo, es lo que nos pasó a los Malsonando hace casi veinte años. Tras un par de números del fanzine, nos llamaron de Rockdelux... Hombre, cuando tú me descubriste a mí a Red House Painters o Codeine, aquello era el producto de una labor: usar el pegamento, fotocopiar... artesanía. Pero ahora, en muchos medios, no se ocupan ni de la ortografía ni de concordar sujeto y predicado. Si no sabes escribir, hombre de Dios, ¿me vas a decir a mí cómo es mi disco?

¿Cómo aprendiste a tocar y qué te hizo pensar que era mejor escribir canciones que no hacerlo? Yo creo que tenía presente eso que cantaban Ilegales en “África paga”: “Todo es mejor que quedarse a mirar”. Recuerdo una casete que circulaba de mano en mano, con canciones de The Dream Syndicate y Durutti Column. Además, yo escuchaba la radio y los grupos eran malísimos. Pensaba que podía hacerlo mejor, que aquello me aburría.

Dice J que, en realidad, cualquier manifestación de arte busca un acercamiento sexual. Ojalá fuese eso verdad, porque si solamente los músicos follaran, la humanidad se habría extinguido. Aunque parezca raro, hay quien va a un concierto sin ganas de acostarse con el cantante, y hay otros que van al médico con la necesidad de un polvo. Y J era un ligón antes de hacer Los Planetas, tú y yo lo sabemos (risas). ¿Hiciste tú un fanzine para ligar más?

No precisamente. O no necesariamente, al menos. Entiendo que los músicos que se ponen con el “merchandising” después del bolo, caso de Mark Kozelek, por ejemplo, no quieren tanto vender sus discos como entrar “en contacto” con el público. El escenario es una barrera difícil de superar. Aunque hayas visto desde arriba a alguna chica con cara de deseo, luego bajas al camerino, recoges, y cuando sales a buscarla ya se ha ido.

Tú no te has decantado por la autogestión... El tiempo que yo necesitaría para colocar los discos en unas tiendas o convocar a la prensa lo dedico a hacer canciones. Luego están esos grupos que diseñan el cartel, la web, se promocionan... Oídme, vosotros repartís poco el trabajo, ¿no? A veces me preguntan en las salas: “¿Traes CDs?”. No, amigo, los discos, en la tienda. ¡No lo voy a hacer yo todo!

¿Recuerdas la vergüenza que te daba subirte a un escenario? La única diferencia entre entonces y ahora es que me he acostumbrado al alcohol. Antes me desplomaba y ahora lo llevo con dignidad. Mientras en los análisis me sigan saliendo las transaminasas bajas...

 
SR. CHINARRO, Pequeño circo

Una vez, Antonio Luque paró un concierto y, dirigiéndose a David Belmonte, le soltó: “Si vas a seguir tocando así, te levantas, cierras el teclado y te vas del escenario”, cuenta Jesús Llorente.

Foto: Óscar García

 

¿Y cómo lleva tu bilirrubina polémicas como la del machismo en el indie y eso de mirar con lupa las letras de La Bien Querida o Los Planetas? Se trata de echarte la culpa de lo que haga un personaje tuyo. Asumen que el personaje eres tú y no te perdonan que puedas vivir de la farándula si no lo eres. ¿Qué dirán de canciones como “Señor juez”, de Gabinete Caligari, o “Eres una puta”, de Ilegales?

¿De verdad crees que el amor es solo complejo de Edipo o de Electra? Estamos buscando que nos saquen de la selva, volver al refugio lejos del peligro, como cuando te perdías en el supermercado y mamá y papá te encontraban. Lo que pasa es que ahora TODO es un supermercado. No soy Barthes, pero veo la realidad actual: chicos y chicas que no desean compromiso. ¿Es esta la alternativa? Bueno, vamos a probar. Tengo un hijo y mis responsabilidades como padre terminan en la pensión alimenticia, así que no venga nadie a darme lecciones, sobre todo si quizá no ha querido a nadie ni le han querido jamás.

Antes de entrar en este restaurante, tuviste una conversación al teléfono con tu hijo. Le hablabas con cariño, pedagogía, cierta condescendencia, como te vi hacer en su día con muchos músicos que pasaron por Sr. Chinarro. ¿Te arrepientes de cómo terminaste con alguno de ellos? He tocado con veinte o treinta personas, pero solo pensaré que hice mal en echar a alguno cuando haga algo que me sorprenda. Todavía no ha pasado.

“Ningún LP de Acuarela se grabó durante más de una semana. En el primero con el sello de J contaba con una mesa de válvulas y un personal impresionante. Pero en RCA, que eran los que distribuían el disco, no tenían ni idea de quién era yo. Una vez llamaron y preguntaron por el grupo y dijeron: ‘No, ese tal señor Chinarro no trabaja aquí’” (Antonio Luque)

David Belmonte (pintor e instrumentista vinculado al grupo entre 1997 y 2000) es la única figura con nombre y apellidos aparte de ti que recuerda el fan de Sr. Chinarro. Una vez paraste un concierto y, dirigiéndote a él, le soltaste: “Si vas a seguir tocando así, te levantas, cierras el teclado y te vas del escenario”... ¿Eso hice?

Él te pidió perdón y siguió tocando. Se cuenta algo que es verdad y se convierte en exageradamente falso (risas). Hice muchas tonterías entonces, la primera no sacarle la rentabilidad deseada a los conciertos. Toqué con otros músicos que saboteaban deliberadamente las canciones. Es algo muy andaluz: tú sales en las revistas… ¡entonces voy a destruirte, aunque estemos en el mismo equipo! Pero ese no fue el caso de Belmonte. Ahora reclama parte de sus derechos de autor. Mucho me temo que esté en paro. Es uno de los que piensan que los discos antiguos dieron más dinero. Tiene su lado de genialidad, pero probablemente menos suerte. Yo se la deseo.

Del modo en que hablas de otros músicos detecto que respetas por igual tanto al artista como al artesano... De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco, sí. El artista y el artesano, también. Igual el artista tiene un poco más, pero no hay que andar siempre midiéndose las pollas... o las tetas.

¿Qué te queda ahora de cuando nos conocimos, hace ya más de dos décadas? Pues que sin Acuarela no hubiera empezado nada de esto y probablemente no estaríamos aquí. Sí en otro sitio, pero no aquí. De hecho, yo no fui quien movía las maquetas, sino Morato, nuestro primer baterista. Yo no hubiese mandado las copias, entre otras cosas porque en la oficina de correos de Mairena del Aljarafe existe ese prototipo de funcionario que hay que despedir a toda costa, lo diga la Unión Europea o no. Durante todos los noventa estuve tan poco convencido de mis posibilidades que solo hacía canciones.

Luego surgió la posibilidad de grabar en Noise-New Jersey con Kramer. Fuisteis el primer grupo español que lo hizo... Y la única decisión de cambio de banda de la que me arrepiento. Fui muy injusto. Luego, de tanto prepararlo, quedó mucho peor de lo que podría haber sido. No ayudó que cuando Kramer me preguntó cómo quería la voz yo le respondiera: “In God we trust” (risas).

De aquella época recuerdo a Begoña (autora de dos piezas instrumentales en el primer álbum). ¿Qué pasó con ella? Begoña saltó de una azotea. Hay quien ha dicho que fue culpa mía, y hay que ser cabrón. Hacía tres o cuatro años que no la veía. Como en la canción de Astrud, detrás había un fracaso personal.

El mío contigo lo tengo en una nebulosa. No había contrato y la relación se acabó sin traumas. Como en un matrimonio que se aburre, el uno ya no puede hacer mucho más por el otro... Yo me había quedado en paro y era la única manera de evolucionar. Ningún LP de Acuarela se grabó durante más de una semana. En el primero con el sello de J, ‘El fuego amigo’, contaba con una mesa de válvulas y un personal impresionante. Pero en RCA, que eran los que distribuían el disco, no tenían ni idea de quién era yo. Una vez llamaron y preguntaron por el grupo y dijeron: “No, ese tal señor Chinarro no trabaja aquí”.

 
SR. CHINARRO, Pequeño circo

“Mira, el que diga que aquellos discos en Acuarela sonaban mejor es que no tiene ni idea. Lo dicen por joder. En ‘Quiromántico’ hay algo: el arreglo de teclado, la línea de bajo, cuatro acordes, pero el nivel compositivo es cero”, asegura Antonio Luque.

Foto: Óscar García

 

Por muy fan tuyo que sea, tengo claro que tus mejores canciones las has hecho después de dejar Acuarela. Mira, el que diga que aquellos discos tuyos sonaban mejor es que no tiene ni idea. Lo dicen por joder. En “Quiromántico” hay algo: el arreglo de teclado, la línea de bajo, cuatro acordes, pero el nivel compositivo es cero.

Cuando supiste el precio al que vendí el catálogo a Mushroom Pillow, ¿te llevaste las manos a la cabeza? Según la juventud, el sonido no tiene precio ya, así que hiciste bien, incluso malvendiendo. Otra cosa es lo que hayas hecho con ese dinero. Eso seguramente me parezca mal.

¿Sabe Marcos (Collantes, director de Mushroom Pillow) que “¡Menos samba!” (2012) es una colección de caras B y descartes? Todas no. Muchas son canciones que no fueron a “Presidente” (2011), porque ese iba a ser el superdisco. Como, en términos generales, no lo fue, decidí que publicaría todas las canciones que había hecho. No eran descartes míos, además, sino de la banda de entonces. Así que no eran descartes. Descartes era Descartes. Mis canciones son todas mías por igual.

¿Cuántas me colaste a mí? Todas las que me dio la gana, querido.

“Mi primer ordenador me lo compraste tú con el dinero del EP ‘La pena máxima’ (2000). Estaba tan preocupado con mi trabajo oficial y tan poco convencido de mis posibilidades como músico que no es que tú no me pagases ‘royalties’, sino que me olvidaba de pedírtelos. Ya te lo decía yo. Con el dinero que ganas con Sr. Chinarro sacas grupos que no me gustan, menos Migala... Lo curioso es que el CD que más se vendió de Sr. Chinarro fuese el más corto y el más raro: cinco mil copias, y, además, de ese sí me pagaste los ‘royalties’”
(Antonio Luque)

No sabes la zozobra que me produjo “La primera ópera envasada al vacío” (2001). Creo que lo llevé a masterizar, sin que tú lo supieras, como cuatro o cinco veces. Y resulta que, para muchos, es tu mejor álbum. Siempre te venía con lo mismo: el siguiente disco lo quiero con una funda de papel de lija. Te mandaba las letras manuscritas y apenas se entendían... Mi primer ordenador me lo compraste tú con el dinero del EP “La pena máxima” (2000). Estaba tan preocupado con mi trabajo oficial y tan poco convencido de mis posibilidades como músico que no es que tú no me pagases “royalties”, sino que me olvidaba de pedírtelos. Ya te lo decía yo. Con el dinero que ganas con Sr. Chinarro sacas grupos que no me gustan, menos Migala. ¿Tan difícil es sumar y restar? En el dinero no tienes ni que multiplicar ni dividir. ¿No sabes lo que has hecho con él? Lo curioso es que el CD que más se vendió de Sr. Chinarro fuese el más corto y el más raro: cinco mil copias, y, además, de ese sí me pagaste los “royalties”.

¡Es verdad, de ese sí! (risas). Eras una pesadilla para la promoción. Cuando se suponía que hacías un concierto para presentar un disco, ibas y tocabas las canciones del álbum siguiente, que todavía estaba solo en tu mente... Como músico he tardado en comprender que un concierto tuyo es una actividad social, como salir a cenar o al cine. Para mí todos mis discos pasados son iguales: pasados. Después pones en el repertorio de los conciertos las que apetecen al público de entre las que te apetecen a ti. Si te salen veinte buenas, estupendo. Yo tocaría siempre veinte nuevas, pero no todo va a ser fastidiar.

Nosotros creamos Acuarela Libros un poco como respuesta a que la gente dijese que Acuarela era un sello muy literario. ¿Te pasó algo parecido como escritor? Sí. Siempre que me decían que escribía bien daba por hecho que no me apreciaban como músico. Publicando una novela doy el salto que esperaban, pero sin perder la música, terminando un disco doble casi al mismo tiempo. Por fastidiar.

¿Escribes como reacción a alguien o a algo, aparte del aburrimiento? Yo no me aburro jamás. Empecé a aburrirme en Málaga, al borde del colapso... la ciudad, no yo, y me vine a Madrid. Escribo y compongo para explicarme qué pasa, qué me pasa... es lo mismo. Para aceptarlo, también.

Creo que tu novela –“Exitus” (El Aleph, 2012)– tiene muchas capas. Algunas de ellas le gustarían a mi madre. Otras a mi hermana. La mayoría, a mí. ¿Hasta qué punto tienes en cuenta al lector más que con tus canciones? Lo único que yo quería es que tuviera muchas capas, así que te agradezco mucho la apreciación. Si pensaba en el lector medio, me desesperaba asumiendo que la mayoría de las capas seguiría virgen de sentido en sus cabezas. Como aún ocurre con mis canciones y los oyentes estándar.

¿Odias más una falta de ortografía, un gallo o una guitarra desafinada? Una guitarra desafinada. No soporto los inventos que nos hacen la vida más difícil, y cuento la guitarra entre estos. El lenguaje es un invento, también; y la ortografía, un incordio que se podría corregir, como la afinación de las guitarras ultramodernas. Podríamos prescindir ya de los acentos. Los ingleses se apañan bien. Entiendo que somos más listos nosotros, por complicados.

Volvimos a vernos tras mucho tiempo en un partido de fútbol. ¿Qué tiene el fútbol que no te ofrezca la vida? Vegetación.

 

Acuarela manque pierda

Sin una maqueta de Sr. Chinarro, nada de lo que me ha sucedido durante estas dos décadas –para bien, para mal, pero sobre todo para regular– hubiese sido lo mismo. Conocí a Antonio Luque en el andén de una estación. Verano de 1992, creo. Su grupo estaba de paso por la ciudad del sur donde yo vivía. Se bajaron unos minutos al apeadero, chocamos las manos y me dieron aquella cinta. Pero nada menos pasajero que la emoción que me produjo conocer, por fin, en persona, al firmante de las canciones que había escuchado antes en el mítico programa radiofónico de Jorge Albi, ‘La conjura de las danzas’. Casi un año después, el lanzamiento en vinilo de “Pequeño circo EP” marca el inicio real del sello, y el de Sr. Chinarro –antes, tres canciones para El Colectivo Karma, germen de Green Ufos– en Acuarela. No iba a llamarse así hasta que el dueño de una tienda de vinilos me dijo, con cara de limón amargo, que era un nombre demasiado “blando”, digno de una canción mala de Toquinho. Nació con la idea de que, si te gusta algo que nadie más disfruta, o tienes un problema o lo tienen los demás.

Nuestro primer ARTISTA fue Antonio Luque. Simplificando, un mismo cordón umbilical uniendo a Ramón Gómez de la Serna, Chiquito de la Calzada y André Breton. Al principio me pareció altivo y huraño; y no es que haya dejado de serlo nunca. Pero creo que aprendió a ser humano a través de la música, la escritura y el humor de un andaluz que, probablemente, iba a la Feria sin saber bailar ni contar chistes, solo para ligar, con una gabardina en pleno mes de abril.

Durante ocho LPs compartimos viajes, festivales, conversaciones, cartas manuscritas, enfados y camaradería a ratos. Cada uno ejerció lo mejor que pudo su papel. Él, un poco atónito por el fervor que me producía. Yo, asombrado de que confiase en mí. Más que un parto con mayor o menor dolor, aquellos discos fueron una cesárea. Un buen día, al no tener contrato alguno, se marchó. Había sido un noviazgo demasiado largo; una vida juntos basada en hechos reales.

Y lo que empezó en un andén se reanuda ahora en el primer anfiteatro del fondo norte, sector 409, fila 006, asientos 19 y 21, al lado del vomitorio 14. Un andén y un vomitorio. La liga de la justicia poética, sin duda.

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