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STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

El cachondo inquieto.
Foto: Robbie Augspurger

 
 

ENTREVISTA (2019)

STEPHEN MALKMUS Nuevas herramientas, viejos encantos

En su “disco electrónico secreto”, “Groove Denied”, el antiguo líder de Pavement explora rutas que nunca se había atrevido a pisar. El destino es familiar: canciones dulcemente retorcidas, entre la ironía y la ternura. Nuestra conversación al respecto es zigzagueante e impredecible, como las canciones de Malkmus.

“¡Heyyy, amigooo!”. Así empieza nuestra conversación. Sin un hola, sin vuelta atrás. No soy yo, por supuesto; es él. Así descuelga Stephen Malkmus un teléfono. Y entonces empiezan las onomatopeyas: “Grumf, grumf”. Está comiendo algo cuyo nombre dice, pero, entre mordisqueos, no logro entender. “Pero no te preocupes, acabo rápido. ¿Qué pasa, colega?”.

No podía esperar nada menos de Malkmus, un hombre tan insólito en disco como en entrevista. En los días de casi-gloria comercial de Pavement –es decir, hace, ay, un cuarto de siglo–, era conocido entre los periodistas por ser el más enrollado y el más cabrito, también, si quería. Ahora solo es enrollado. Realmente hablo como si fuera su amigo, con ese grado de relajo (o slackerismo) solo posible cuando ya no tienes nada que perder, cuando la otra persona ya ha visto todas tus peores facetas y, pese a todo, te quiere.

“Tengo otras canciones que suenan muy diferentes a lo que hago. Pero no estaba seguro de ellas. Al final decidí mezclar los mejores temas experimentales con otros más parecidos al material habitual”

Quizá por esa confianza que infunde, poco después de empezar a conversar me atrevo a decirle que “Groove Denied” (Matador-Domino-Music As Usual, 2019), anunciado como su “disco electrónico secreto”, me parece, más que nada, otro álbum de Malkmus. Dicho como un cumplido. Puede haberlo hecho con el secuenciador Ableton Live, cajas de ritmos y un buen surtido de plugins y sintetizadores virtuales, pero esas nuevas herramientas no están al servicio de instrumentales prog-techno, sino de canciones de apariencia (falsamente) destartalada, de sutil virtuosismo, de letras a veces opacas... Es decir, puro Malkmus.

“En mi opinión –explica–, se sitúa en un punto intermedio. Hay cuatro o cinco canciones que realmente se basan en un estilo diferente de composición, por lo que el resultado es distinto, me parece. Pero una vez sumas el resto, quizá podemos hablar de un disco que entra, si me conoces, en el terreno de lo familiar”. La réplica de Malkmus no acaba aquí. “Tengo otras canciones que suenan muy diferentes a lo que hago. Pero no estaba seguro de ellas. Al final decidí mezclar los mejores temas experimentales con otros más parecidos al material habitual. Que no dejan de ser experimentales, tampoco, porque nunca antes había lanzado nada tocado solo por mí”. Y la respuesta de Malkmus, un raro caso de entrevistado al que hay que parar los pies, tampoco acaba aquí. “¿Sabes cómo es hacer música electrónica? Como jugar a un videojuego, así de divertido. Pero, una vez te aficionas a los ‘plugins’, ¡se convierte en un videojuego muy caro!”.

“Viktor Borgia”: vídeo de Jan Lankisch para uno de los temas de “Groove Denied”.

Pero esta afición por jugar a las máquinas musicales no es algo reciente, ¿verdad? Algunas canciones de “Face The Truth” (Matador, 2005), sobre todo la disco “Kindling For The Master”, o del más reciente “Sparkle Hard” (Matador, 2018; ambos con The Jicks), como “Rattler” y “Brethren”, avisaban de lo que estaba por venir. “Durante toda mi carrera, he acostumbrado a probar formas distintas de hacer el mismo tema. Hay versiones alternativas de ‘Grounded’ o ‘We Dance’, de Pavement. Con el último disco con los Jicks hice igual. Tengo por ahí una versión de ‘Rattler’ que parece salida del ‘Kid A’ (2000) de Radiohead. El teclado es muy loco. Ni siquiera tiene melodía vocal principal”. Y sigue: “Me puse una regla para este disco: todos los temas debían ser primeras versiones. Con Pavement solía grabar maquetas y después ponérselas al grupo para acabar de dar forma a la canción. Con este no quería hacer un boceto. Quería que la canción fuese el boceto. ¡De todos modos, como no tenía banda, tampoco iban a acabar siendo mucho mejores!”.

“Estoy convencido de que lo que Radiohead pusieron en ‘Kid A’ fueron las maquetas. Por eso las canciones de ese grupo siempre son mejores en directo, porque las de los discos están por acabar

Y no para: “Hay una rugosidad inherente a una maqueta que me resulta atractiva. Aquí se trataba de decidir: ¿qué canciones suenan a buena canción rugosa y cuáles a maqueta por terminar?”... “En realidad, si me pongo a pensar... La cantidad de tiempo y trabajo que he invertido ha sido la misma que en un álbum de guitarras al uso”... “Estoy convencido de que lo que Radiohead pusieron en ‘Kid A’ fueron las maquetas. Por eso las canciones de ese grupo siempre son mejores en directo, porque las de los discos están por acabar. ¡Nos cuelan las maquetas! (risas)”.


Berlin calling

Malkmus redescubrió la electrónica cuando, a principios de década, estuvo viviendo en Berlín con su pareja, la artista Jessica Jackson Hutchins. En principio no se planteaba en exceso meterse en la escena de clubes; en los ochenta, cogió manía a la cultura rave por un mal encuentro con el éxtasis en Nueva York. “Recuerdo que fuimos a ver tocar a Miles Davis. Tomamos algo horrible y pasamos la peor noche imaginable. Nos alojábamos en el Hotel Chelsea, y, a ver, ese hotel es un antro total. Me he quedado en muchos hoteles malos, pero ninguno así. Recuerdo que el pomo de la puerta de la habitación se caía todo el rato. ¿Sabes que, además, Nueva York es una ciudad increíblemente fría y lluviosa?”.

 
STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

Maduro experimentador.
Foto: Robbie Augspurger

 

Sin embargo, más tarde se enamoró de la vida nocturna rica, diversa y acogedora de Berlín. “Allí la gente sale mucho, siempre hay tanto por hacer... No pasa nada si no te gusta la electrónica. Siempre habrá una fiesta curiosa donde podrás ir a escuchar otras cosas. Por otro lado, incluso gente a la que no le gusta la electrónica va a clubes de ese estilo. La gente sale”.




“En Berlín la gente sale mucho, siempre hay tanto por hacer... No pasa nada si no te gusta la electrónica. Siempre habrá una fiesta curiosa donde podrás ir a escuchar otras cosas”

Malkmus logró entrar en Berghain, pero “Groove Denied” no suena a minimal techno, sino a post-punk y synthpop de principios de los ochenta. 
“Soy el primero en reconocer que no tengo habilidad alguna para hacer un corte house o techno. Yo sería el primero en pensar: ‘¿Quién se cree este tío para venirnos ahora con que es un productor electrónico?’. Mucha música de la que haces está inspirada por lo actual, pero hay cosas que, lo quieras o no, están en tu torrente sanguíneo. Cuando tenía 20, 21 años, lo que más me gustaba era el primer post-punk. Para mí, la canción ‘Viktor Borgia’, si suena a algo es a Men Without Hats. Pero no quería hacer algo nostálgico o mimético, sino algo que transmitiera esa excitación que sentí al escuchar toda esa música”.


Psicodelia retorcida

Quienes, a pesar de todo lo explicado, teman los cambios en el estilo de Malkmus deben saber que más de la mitad de los temas podrían sonar en cualquier otro disco suyo: “Love The Door”, la slacker “Boss Viscerate”, “Ocean Of Revenge”... O esa emocional “Grown Nothing” con aires de outtake de “Sparkle Hard”. “Son lo que yo llamo psicodelia retorcida”, apunta.

La diferencia es que esta vez lo toca todo, lo que da al disco aires de bricolaje pop e invita a pensar en genios del “yo puedo con todo” como Paul McCartney. ¿Se inspiró por casualidad en el solipsista y surrealista “McCartney II” (1980)? “No, no, bueno, no al menos de forma consciente. Pero no voy a quejarme por la comparación. Es un genio y me gustan mucho esos primeros discos a su nombre. Había un cierto ‘angst’ en la presentación de cada canción. Eran temas más punk de lo habitual en él. A ver, McCartney ha hecho lo que ha querido: pop, punk, lo que sea. Pero en las últimas décadas ha sido conocido por canciones bastante pastelosas”. Y eso es lo más malicioso que afirma Malkmus durante toda nuestra conversación.

 

DISCOGRAFÍA POST-PAVEMENT

STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS
“Stephen Malkmus”

(Matador, 2001)

Apenas dos años después del disco final de Pavement (“Terror Twilight”, 1999), Malkmus lanzaba primer disco en solitario o, mejor dicho, en compañía de otros (quienes acabarían siendo The Jicks). A nivel de tono, bascula entre extremos, optando ahora por la chifladura (la glam “Phantasies”), ahora por la belleza sin filtro (la balada “Church On White”). Su trabajo a la guitarra es elástico y sutilmente virtuoso.

STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS
“Pig Lib”

(Matador, 2003)

En su primer álbum cofirmado con The Jicks, Malkmus jugaba, según descripción propia, en una liga “folk-prog-psych-punk”. Desde luego, algo como “(Do Not Feed The) Oyster” sigue dicha línea, e incluso suma y sigue desembocando en el blues. Cierto espíritu de hippismo lo recorre todo, con los destellos de vida, pero también con la indulgencia que eso supone. El hit es “Craw Song”, The Kinks meet Wire.

 
STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS
“Face The Truth”

(Matador, 2005)

Aunque no salgan acreditados en portada (sí en la contra), cada Jick aparece como mínimo en uno de los temas. Casi década y media antes de “Groove Denied” (2019), Malkmus ya estaba jugando con los sintetizadores, que hacen acto de presencia en la díscola “Pencil Rot” o en “Kindling For The Master”. Pero es un disco de guitarras, en esencia. El hit es “Freeze The Saints”, glorioso himno sobre aprender a languidecer.

STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS
“Real Emotional Trash”

(Matador, 2008)

Janet Weiss, de Sleater-Kinney, debutó en The Jicks como batería y corista en este disco demasiado autoindulgente, en el que las canciones sobrepasan en muchos casos los seis minutos; y la titular supera con dificultades los diez. Sobre todo, vale la pena recuperar temas concisos como “Cold Son” o la balada “Out Of Reaches”, con el mejor solo de guitarra del álbum, aunque la larga y narrativa “Hopscotch Willie” tiene gracia.

 
STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS
“Mirror Traffic”

(Matador, 2011)

Producidos ahora por Beck, Malkmus y sus Jicks (por última vez con Janet Weiss) buscan algo parecido a la accesibilidad: buenos temas bien cantados, bien tocados, sin muchas indulgencias ni exhibicionismo. Curiosamente, por momentos suenan a Belle And Sebastian (especialmente “Tigers”), aunque cuesta imaginar a Stuart Murdoch cantando algo como “Senator” (“what the senator wants is a blow job”).

STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS
“Wig Out At Jagbags”

(Matador, 2014)

La “psicodelia retorcida” a la que se refiere Malkmus en la entrevista es esto (por otro lado, ¿qué psicodelia no es retorcida?). “Planetary Motion” abre con pulso glam una colección de canciones bañadas en ácido, pero, a la vez, bastante concisas. Su intuición melódica está a pleno rendimiento en el single “Lariat”, en “Houston Hades” o en “Chartjunk”, en la que despunta una gran sección de vientos.

 
STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS
“Sparkle Hard”

(Matador, 2018)

Quizá el disco de Malkmus que mejor puede mirar cara a cara a los clásicos de Pavement. Triunfo tardío por la escuadra con dinámicas apasionantes, heroísmos de guitarra nada anacrónicos y emoción sin dobleces. Su autor quería recordarnos de lo que era capaz: “Trabajo duro para cada disco, pero con este trabajé especialmente duro”, me comenta en la entrevista. “Solid Silk”: ¿su mejor canción... ever?

STEPHEN MALKMUS, Nuevas herramientas, viejos encantos

STEPHEN MALKMUS
“Groove Denied”

(Matador-Domino-Music As Usual, 2019)

“Viktor Borgia” suena a Men Without Hats. “A Bit Wilder”, a las producciones cavernosas de Martin Hannett. Y en “Belziger Faceplant” y en la medio dub “Forget Your Place”, un extraterrestre hace las voces. Por lo demás, esto suena bastante –y en la mayoría de temas decididamente– al viejo Malkmus de siempre, aunque no tan brillante como en “Sparkle Hard”. Menos disco de transición que experimento ocasional.

 
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