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STROMAE, Eurobeat contra la depresión

Formidable artista y showman. Foto: Benjamin Brolet

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 327)

STROMAE Eurobeat contra la depresión

En tiempos de crisis –económica, europea–, personajes como el belga Stromae llegan en el momento oportuno. Nos levantan la moral con sus ritmos bailables como hacía tiempo no se escuchaban en las discotecas y, a la vez, nos hablan de las miserias cotidianas sin que ello nos cause depresión. Al revés, es una terapia de choque. A sus 29 años, Paul van Haver se ha comido ya Bélgica, Francia y la Europa del norte, y va camino de hacer lo mismo con la del sur. Se presentó ante nosotros en el Primavera Sound 2014 y fue sencillamente extraordinario. Vicenç Batalla lo entrevistó un mes antes: tema de portada del Rockdelux 327 (abril 2014).

El momento más emocionante del pasado Transmusicales de Rennes, en Francia, fue cuando Paul van Haver, alias Stromae, en la recta final de su concierto, invitó a salir al escenario, ante las diez mil personas en trance del pabellón, al director del festival, Jean-Louis Brossard, y a su hija. Era un reconocimiento al hecho de que, tres años antes, ambos habían apostado por él con una residencia en un pequeño local cuando aún no era tan conocido. Fue un momento mágico, como el que a veces se vive en estos certámenes donde pasan tantos desconocidos de los que nunca más se vuelve a hablar.

En este caso, la historia tiene un final feliz. Hasta el punto de que Stromae ha logrado con su segundo álbum, “Racine carrée” (Mosaert-Island-Universal, 2013), vender solo en Francia un millón y medio de discos, más que la última entrega de Daft Punk. La progresión respecto al primer álbum, “Cheese” (Mosaert-Island-Universal, 2010), es espectacular. Y, dado que su gira europea no parece detenerse y está a punto de dar el salto también a América, mejor que aprovechemos al máximo lo que nos contó en esta entrevista telefónica desde Bruselas de forma modesta e incluso púdica. El Primavera Sound barcelonés acogerá el 28 de mayo su primera actuación al sur de los Pirineos.

“Cuando era adolescente y rapeaba, ya hablaba de los grandes clichés que detestaba del rap. Hasta que me di cuenta de que, en vez de criticar, podía hacer otras cosas. Redescubrí, por ejemplo, la dance music y otros géneros con los que me había formado. Es verdad que, durante esa época, el hip hop era para mí la única verdad. Diríamos que es el lado un poco estúpido de la adolescencia, cuando crees que solo hay una verdad”

¿Cómo adaptas tu espectáculo a públicos no francófonos? Empiezo a encontrarme cada vez más a gusto en inglés, a pesar de que mi nivel no sea muy bueno. Consigo hacerme entender, mezclándolo un poco con el francés. Cuando estoy delante de un público no francófono, aunque sea más complicado, estoy obligado a expresarme en inglés para que también haya un contacto no musical.

¿Y comentas también los textos de tus canciones antes de interpretarlas? En realidad, hay sobrentendidos. La interpretación también ayuda a hacer comprender el texto. Para la canción “Tous les mêmes”, por ejemplo, cuando me ven disfrazado mitad mujer mitad chico, se entiende bien cuál es el tipo de relación. No hace falta explicar cada detalle. Y el baile ayuda a que se comprendan otras cosas. Del mismo modo que el humor... Quizá un día sería interesante disponer de subtítulos.

Cuando actúas al aire libre y no en espacios cerrados, ¿te sientes obligado a cambiar un espectáculo que está muy basado en las proyecciones? Respecto a mi gira anterior, he conseguido hacer directos sin necesidad del vídeo. Reconozco que antes, cuando no disponía de una pantalla, no me sentía a gusto. Pero ahora cada vez hago más conciertos sin pantalla y logro mantener la atención, algo que creía que no sería posible. También me enseña a tener confianza en mí mismo. Además, las pantallas tampoco están presentes durante todo el espectáculo, porque no tengo intención de hacer una sesión de cine.

Tus orígenes están situados en el rap de tu ciudad, Bruselas. Pero lograste salir hace años de sus códigos más cerrados con este personaje de Stromae, que es capaz de mezclar todo tipo de músicas... Cuando era adolescente y rapeaba, ya hablaba de los grandes clichés que detestaba del rap. Hasta que me di cuenta de que, en vez de criticar, podía hacer otras cosas. Redescubrí, por ejemplo, la dance music y otros géneros con los que me había formado. Es verdad que, durante esa época, el hip hop era para mí la única verdad. Diríamos que es el lado un poco estúpido de la adolescencia, cuando crees que solo hay una verdad. Finalmente, me di cuenta de que había un montón de cosas interesantes en todos los estilos. Y es lo que intento integrar cada vez más. No es un problema únicamente del hip hop, pero nunca me reconocí en ese culto a la diversión y a la felicidad a través de cosas completamente estúpidas como las chicas, el alcohol o los coches. Siempre he querido explicar hechos de la vida real, los problemas que todos tenemos. Poco importa el nivel social, los orígenes. Lo que todos tenemos en común es el sufrimiento de la vida y eso es lo que nos hace interesantes.

 
STROMAE, Eurobeat contra la depresión
 

En este sentido, tu éxito “Alors on danse”, de 2009, fue tu gran momento de inflexión a nivel artístico. ¿Eras fan del eurobeat? Lo era sin saberlo. Había escuchado temas de eurobeat antes de mi adolescencia, desde los 5 años. Porque mis hermanos mayores miraban la televisión y escuchaban esa música. A mi hermana le gustaba el new beat, cosas como Technotronic. Fue mi hermano pequeño quien me hizo volver a escuchar esta música como director artístico del espectáculo de “Alors on danse”. De 2000 a 2010, este estilo pasó de moda. En cada década, la música de la anterior siempre se considera la más vergonzosa. Pero me di cuenta de que su originalidad residía precisamente en su aspecto kitsch. Y, además, cuando era pequeño, también escuchaba rumba congoleña, salsa, son, punk, coladeira... Son estilos que se olvidan, pero siguen estando dentro de nosotros. Nos marcan y, aunque no nos gustaran de niños porque representaban la música de los viejos, cuando nos hacemos mayores nos damos cuenta de que esa música es tan buena como la de la adolescencia.

“Y no solo de Brel y la canción belga, sino también de la canción francesa en general. Este estilo, más allá de la canción francófona, ha atravesado todas las lenguas. Se trata de una generación que vivía lo que contaba, manteniendo una distancia con lo que escenificaba en las tablas. Muchos artistas no contaban su verdadera vida. Inventaban historias sin hacerse los interesantes. Este es nuestro trabajo, sin pretensiones. Y no quiero compararme con Brel, Aznavour, Piaf... Nunca osaría compararme con montañas de tal magnitud”

¿Se puede hablar también de tu influencia inconsciente de Jacques Brel y de la capacidad de burlarse de sí mismo propia de la canción belga? Y también consciente. Y no solo de Brel y la canción belga, sino también de la canción francesa en general. Este estilo, más allá de la canción francófona, ha atravesado todas las lenguas. Se trata de una generación que vivía lo que contaba, manteniendo una distancia con lo que escenificaba en las tablas. Muchos artistas no contaban su verdadera vida, sino fragmentos de vida. Inventaban historias sin hacerse los interesantes. Eran como un megáfono que transmitía lo que otros tenían ganas de vivir o les habían soplado. Este es nuestro trabajo, sin pretensiones. Y no quiero compararme con Brel, Aznavour, Piaf... Nunca osaría compararme con montañas de tal magnitud. Me refiero a que nuestros oficios son los mismos. Para mí, han sido grandes profesores, de quienes he aprendido a no ser únicamente yo sobre la escena. Si yo explicara mi propia historia, no tendría ningún interés. Y, además, no poseo ninguna distancia para saber si soy honesto, justo, falso...

Pero ¿qué piensas cuando te comparan con Brel por cómo arrastras las erres o te mueves en directo? Creo que tenemos en común el carácter belga. Y me han dicho que, sobre todo, el uso del cinismo. Y no están equivocados. Además, él era muy delgado. Nuestros cuerpos son similares. Yo soy igual de delgado. Bueno, todavía más, 1,90 y 70 kilos. Y por la forma de hacer vibrar las erres... Para mí, la comparación es un gran halago. Quizá, en su caso, no es muy justa. Sería un poco vergonzoso que compararan su obra conmigo.

La gran diferencia es que, ahora, la tecnología permite grabar las canciones en casa. ¿Esta es tu gran libertad? Cuando estoy de gira, no tengo la disciplina de encerrarme en una habitación para escuchar música, leer un libro, incluso mirar la televisión... de hacer algo diferente a estar todo el tiempo en grupo y hablando del proyecto. Es algo muy malo para mi salud mental. Me ocurrió en mi primera gira y esto me obligó a recuperar mi soledad. Fue muy duro volver a hacerme preguntas, diciéndome que quizá no servía para nada. Recordándome que podía ser el único éxito de mi vida, que no volvería a componer... Uno piensa que es a causa del éxito. Y no, porque la cuestión es saber si volverás a componer algo de lo que estarás satisfecho. Cuando regresas a ti mismo, dudas de que puedas volver a estar a gusto trabajando. Porque has perdido la autoestima, porque puede que ya no te reconozcas. Esta vez voy a intentar sacar tiempo durante la gira para estar solo o con la gente más próxima. Mi problema es que, cuando decido hacer algo, lo hago al cien por cien. Y no es bueno. Creo que empiezo a darme cuenta de que esta forma de trabajar me hace sufrir mucho. Cuando termina el período de promoción y conciertos, caigo en una enorme depresión. Luego consigo remontarla. ¡Pero es tan agotador! Y no es necesario sufrir así.

¿Significa esto que tardaste en componer las canciones de tu segundo álbum, “Racine carrée”? Durante la gira anterior, grababa algunas melodías en mi teléfono móvil. Pero no era suficiente, porque hacer música no es solo tener una idea. Hay que trabajarla, como en un laboratorio. Hay que estar solo durante horas, aunque no salga nada interesante. Es lo que voy a hacer ahora, desplegando estos períodos de soledad más a menudo. Y no solamente después de la gira... Por el momento no dispongo de muchos temas nuevos; voy a concentrarme en ello.

 
STROMAE, Eurobeat contra la depresión

Prodigio virtual.

Foto: Benjamin Brolet

 

Pero tienes un feedback de lo que pueda pensar la gente de tus nuevos proyectos a partir de tu página web y de los vídeos que cuelgas, que tienen un gran seguimiento... De acuerdo, aunque no deja de ser la reacción que me llega del mismo álbum. El estrés para el próximo volverá a aparecer. El estrés de la prensa es muy bueno para la salud. Pero incluso teniendo un gran éxito, no se puede saber cómo aceptará el público el tercer disco. Hay que volver a tener la duda. Si no, no eres honesto. Quizá el período de duda sea menor que entre el primero y el segundo porque el segundo representa una gran presión. Aunque espero que esta duda exista toda mi vida. Si no la vuelvo a tener, el público dejará de estar presente.

Se trata del buen sentido del marketing. Evidentemente, habíamos planificado hacer creer a todo el mundo que tenía la moral muy baja. Aunque no nos esperábamos una repercusión tan grande. Me sorprendió que un vídeo donde se me ve comiendo ensalada libanesa tuviera más interés que clips en los que gasto tantas energías, como las lecciones musicales que cuelgo en mi web. Y, como una venganza, me dije que si la gente quería carne fresca les daría carne fresca”

Como antiguo estudiante de cine, ¿hasta qué punto la realización de un videoclip como el de “Formidable”, con millones de visitas, fue algo planificado? Se trata del buen sentido del marketing. Para mí, es otra forma de expresarse. Como un arte que se adapta al contenido. Evidentemente, habíamos planificado hacer creer a todo el mundo que tenía la moral muy baja. Aunque no nos esperábamos una repercusión tan grande. Para que funcione, hay que reconocer a la persona que protagoniza el vídeo. Y no creía que la gente le prestara tanta atención. Aunque disponía de una pequeña pista: poco antes, alguien me había filmado comiendo en mi coche en el área de servicio de una autopista y colgó las imágenes en Facebook, que tuvieron muchas visitas. Me sorprendió que un vídeo donde se me ve comiendo ensalada libanesa tuviera más interés que clips en los que gasto tantas energías, como las lecciones musicales que cuelgo en mi web. Y, como una venganza, me dije que si la gente quería carne fresca les daría carne fresca.

¿Se puede afirmar que “Papaoutai” es una canción autobiográfica o es más que eso, teniendo en cuenta que conociste poco a tu padre ruandés? Es una pregunta que me hago en tanto que futuro padre... porque espero tener hijos. En todo caso, es lo que me gustaría. Pero es verdad que la primera versión era muy personal. Tuve un profesor de fotografía que nos encargaba como ejercicio hacer fotos de gente, pero no de personas cercanas. Nos decía que se tiene la propensión a pensar que la gente próxima es hermosa cuando en realidad puede ser horrible, porque no somos objetivos. Tiendes a creer que tu madre, tu padre o tu hermano son los mejores. Y yo me lo aplico a mi trabajo. En este caso, tenía una visión muy personal del tema, con muchos reproches. No conocí mucho a mi padre y lo recordaba a través de una visión muy adolescente de la paternidad. Me atormentaba diciéndome que nunca estuvo a mi lado. Con la perspectiva del tiempo me acabé preguntando si yo sabré hacerlo mejor y si él no trató de hacerlo lo mejor posible. Creo que he madurado mentalmente. Y me dije que esa era la visión que tenía que plantearme: con padre o sin él, lo importante es lo que iba a hacer yo. Las preguntas eran si yo sería un buen padre, cómo se es un buen padre, quién tiene el derecho a decir que se es un buen padre. Eso me pareció más relevante que los reproches. La crítica al padre es un fenómeno psicológico lógico. Y mi reflexión fue, quizá, que la ausencia es también el rol del padre, sea física o no. En la relación padre-hijo o padre-hija hay un componente de ausencia. Es lo que se espera, porque es la autoridad. Y la autoridad actúa con una cierta distancia respecto a nosotros. A su vez, nosotros tenemos necesidad de ella. Y, si no es él, el rol lo asume la madre o un segundo padre.

He leído que tu figura va a formar parte del museo de cera parisino Grévin. ¿Será Stromae o Paul van Haver quien haga su entrada? Está claro que será Stromae (risas). Paul van Haver no está tan loco como para entrar en el museo Grévin...

 

Europa, África, América

En la rápida evolución de este todavía joven músico belga, Stromae ha pasado de estar acompañado por un DJ a verse rodeado de músicos sobre el escenario y extender sus colaboraciones a la hora de realizar sus composiciones. En sus inicios en los suburbios de Bruselas con el dúo de rap Suspicion, junto a J.E.D.I, aparecía en los vídeos con chándal y moviendo brazos y manos al uso en el hip hop. Aunque a los 20 años ya cantaba “Faut qu’t’arrêtes le rap” (“Deberías dejar el rap”).

Una vez en solitario, sus clips empezaron a ganar en identidad con una vestimenta y unos movimientos más originales, si bien su fraseo se mantenía fiel al rap. Tras la mixtape colectiva “Freestyle Finest” (2006), su primer disco a los 22 años fue el EP “Juste un cerveau, un flow, un fond et un mic...” (Institut National de Radioélectricité et Cinématographie, 2007), donde apuntalaba su personaje Stromae (“maestro” en argot verlan, que consiste en la inversión de las sílabas de una palabra).

Entre 2007 y 2009, aparte de trabajar como productor para el sello francés Because, se produjo una verdadera mutación en el artista cuando su rapeo dejó de ser lo primordial y activó las bases puramente electrónicas de la mano del DJ bruselense Psar. Un primer ejemplo es “Mixture Elecstro” (Because-Mercury-Universal, 2009), que tiene como hilo conductor la voz y comentarios de Stromae, contiene el single “Up Saw Liz” y ya incluye “Alors on danse”, pivote en 2010 del álbum “Cheese”. Kanye West haría una de las múltiples versiones del tema, los Black Eyes Peas lo escogieron de telonero y Pharrel Williams y Diplo se han declarado fans suyos (el segundo compartió recientemente escenario con él en su proyecto Major Lazer).

La elaboración de “Racine carrée” tres años más tarde es fruto de toda esta maduración. Además de la colaboración más clásica con los raperos franceses Orelsan y Maître Gims en “AVF”, en el disco hay una pléyade de arreglistas y coproductores, empezando por el propio Orelsan y el holandés afincado en Berlín Thomas Azier, y siguiendo por numerosos músicos africanos. Todo un grupo de Cabo Verde interviene en “Ave Cesaria”. En el hit “Papaoutai”, el riff de guitarra que contrarresta el ritmo maquinero es del congoleño Papa Dizzy. Y para “Bâtard” y “Sommeil” se apoya en los senegaleses Noumoucounda Cissoko, a la kora, y Tibass Kazematik, a la guitarra, respectivamente.

En directo, Stromae solo aparece con tres multinstrumentistas y un percusionista con la intención de mantener un sonido digital. Aunque estos cuatro músicos, con su traje y sombrero de bombín, parecen directamente salidos de un cuadro de Magritte.

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