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SUEDE, Reflexiones de duermevela

Terciopelo negro: la segunda vida de Brett y los suyos.

 
 

ENTREVISTA (2016)

SUEDE Reflexiones de duermevela

Quien predijera en 2012 el resurgimiento de Suede sería tomado por un lunático. Por eso, “Night Thoughts” (2016) pudo parecer un milagro: los enfrentó cara a cara con su propio pasado, reescribiéndolo desde la mirada adulta de un inesperado segundo ciclo vital. Intercambiaron su pacto con la eterna juventud por el vértigo de los miedos paternales. Y salieron ganando con el trueque. ¿Te lo esperabas? Marcos Gendre entrevistó a Brett Anderson y repasó los siete álbumes de Suede.


SOBREVIVIENDO A LA AUTOPARODIA

Muchas cosas han cambiado en la vida de Brett Anderson en estos últimos tiempos. Tras una temporada interminable en el desierto, su condición de padre y el regreso de Suede –junto a Neil Codling, Richard Oakes, Mat Osman y Simon Gilbert– han ido marcando su particular travesía personal. Desde el otro extremo de la línea telefónica, sus palabras caen con peso, en un equilibrio calculado entre moderada flema british y el ímpetu del que se sabe vencedor de una lucha encarnizada contra el destino. Después de resucitar a Suede al comienzo de la década, transcurrieron tres años hasta que en 2013 se produjo un punto de inflexión sin marcha atrás. La apuesta era demostrar al mundo –pero, sobre todo, a sí mismos– que su regreso no significaba una lucha por no caer en la autoparodia. “Bloodsports” (Warner, 2013) fue el primer paso. “Creo que fue muy difícil de hacer; estábamos bajo mucha presión. Volver tras tantos años con un trabajo nuevo es algo muy muy complicado. De todos modos, era un disco bueno, que sonaba genial. Era un álbum de canciones individuales”.



“El dolor, la tortura y todo lo que, de alguna manera, intenta expresarse por medio de estos sentimientos no tiene por qué ser necesariamente real. Y lo que es más importante, lo que para para mí es más relevante, es la intención. Mi intención es tratar de no sentirme cómodo. Tampoco se trata de abocarse al sufrimiento. En ‘Night Thoughts’ trato de enfocar el lado sentimental de todo esto. Las canciones de este álbum versan sobre el miedo, la paranoia, cosas de este tipo. Es sobre lo que escribo ahora. Ahora no puedo escribir sobre cosas agradables”

(Brett Anderson)


YA LO DECÍA EL PRÍNCIPE DE SALINA

El marco encuadrado para “Night Thoughts” (Warner, 2016) ha cambiado diametralmente respecto a su anterior LP. Después de haberse convencido de su capacidad para volver a soldar gemas como “Barriers” o “Snowblind”, ahora tocaba el doble tirabuzón hacia adelante: aventurarse a dar vida a un disco sin avituallamientos forzosos. “Lo que queríamos hacer con ‘Night Thoughts’ era, justamente, todo lo contrario que en ‘Bloodsports’: más un álbum que una recopilación de temas originales. Queríamos probar algo diferente para esta ocasión”. Con esta fijación entre ceja y ceja, se adecuaron al lema que el príncipe de Salina pronunciaba en “El gatopardo” (Luchino Visconti,1963): “Para que todo siga igual, primero hay que cambiarlo todo”. Para dar sentido a esta necesidad, el proceso compositivo fue dispuesto de forma radicalmente diferente al habitual. “Hicimos algo extraño. Neil, Richard y Mat compusieron y grabaron un montón de música, pero sin mis letras. Esto se tradujo en una serie de cambios que se acabaron convirtiendo en la columna vertebral de la grabación. De hecho, algunas canciones no funcionaban, por lo que las descartamos. Creo que es importante expresarme dentro de la dificultad. Este método me sugiere hacer las cosas de una forma diferente y así poder mantener el efecto sorpresa”.

Lo que no cambió fue la sensación ya palpada en su anterior álbum: Suede se han abonado a un severo trabajo de autoabastecimiento. Al igual que New Order en su último LP, ellos no tienen más que rebuscar dentro de su fondo de armario para dar con una reformulación antiarrugas, que también se alimenta de otra de sus máximas: desafiar sus propias referencias cara a cara. Lo suyo es una estrategia suicida: no mimetizan sus influencias; intentan superar al original. Y no solo por la inherente sombra planeadora de Ziggy Stardust y Morrissey, sino también por temas como “Like Kids”, en el que nos recuerdan que contemporáneos suyos, como los Manic Street Preachers de “Everything Must Go” (1996), son carnaza fácilmente superable dentro de su propio terreno.


LA MELODÍA ES DIOS

“Night Thoughts” también ha sido reforzado en su carrocería rítmica; en su caso, utilizándola como elemento propulsivo de su gran virtud: los estribillos de cosmética glam. En una ocasión, Bernard Sumner comentó que “la melodía es Dios”. Una ley no escrita a la que Suede se adscriben por defecto, y que siguen promulgando a través de algunas de las canciones más rotundas de toda su carrera. Es el caso de “Outsiders” y “No Tomorrow”; y, desde la vertiente más emocional, “Learning To Be” y, más que ninguna otra, “Pale Snow”. En cualquiera de estas, se puede certificar lo que Anderson ya proclamaba hace tres años en ‘The Guardian’: “¿Quién dice que solo puedes hacer grandes cosas si estás sufriendo?”. Él mismo ha respondido a esta pregunta desde la materia narrativa articulada en su reciente criatura: “Creo que esto es muy significativo. El dolor, la tortura y todo lo que, de alguna manera, intenta expresarse por medio de estos sentimientos no tiene por qué ser necesariamente real. Y lo que es más importante, lo que para para mí es más relevante, es la intención. Mi intención es tratar de no sentirme cómodo. Tampoco se trata de abocarse al sufrimiento. En ‘Night Thoughts’ trato de enfocar el lado sentimental de todo esto. Las canciones de este álbum versan sobre el miedo, la paranoia, cosas de este tipo. Es sobre lo que escribo ahora. Ahora no puedo escribir sobre cosas agradables”. Pero ¿alguna vez lo hizo?

 
SUEDE, Reflexiones de duermevela

Simon Gilbert, Richard Oakes, Brett Anderson, Mat Osman y Neil Codling: noche en la Tierra.

 

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Desde su mismo título, “Night Thoughts”, surge uno de los mayores miedos con que Anderson se ha regocijado entre las mieles y las sombras del estrellato pop: aceptar la responsabilidad de ser padre. “Es lo que el título sugiere: pensamientos nocturnos nacidos de mi paranoia en aquellos meses en los que ya era padre”. Pero su forma de mostrarlo es siendo él mismo quien “oye la voz de un padre a su hijo”. De este cambio de roles se nutre “I Don’t Know How To Reach You”, y también resuena en “No Tomorrow”; en esta última, por medio de los ataques depresivos que Anderson heredó de su padre. “Algo de lo que no hay escapatoria” y que se materializa en una gran balanza, con el nacimiento y la juventud, por un lado, y el paso del tiempo y la muerte, por el otro.

La obsesión subyacente entre las fibras de “Bloodsports” ha sido reemplazada por una sensación in crescendo de desesperación. No hay más que echar un ojo a los títulos de los cortes: “I Don’t Know How To Reach You”, “What I’m Trying To Tell You”, “Tightrope”, “I Can’t Give Her What She Wants” o “When You Were Young”. En un acto de transformismo sustancial, el caudal de ansiedad y violencia angustiada es revertido por el grupo, que lo utiliza como motivación curativa de la música ideada. “La música es una forma de escapar de la desesperación. Resulta muy trabajoso escribir una letra para una canción en la que la música tiene que sobreponerse a la desesperación de mis textos. Pero esta es la manera en la que Suede funciona. Normalmente, me presentan pedazos sueltos de música; y, más específicamente, Richard. Y yo tengo que interpretarlos: cómo son las melodías, qué es lo que detonan las partes de guitarra... Todo esto me lleva a componer”.



“La música es una forma de escapar de la desesperación. Resulta muy trabajoso escribir una letra para una canción en la que la música tiene que sobreponerse a la desesperación de mis textos. Pero esta es la manera en la que Suede funciona. Normalmente, me presentan pedazos sueltos de música; y, más específicamente, Richard. Y yo tengo que interpretarlos: cómo son las melodías, qué es lo que detonan las partes de guitarra... Todo esto me lleva a componer”

(Brett Anderson)


UNA PELÍCULA PARA LOS OÍDOS

Desde el mismo arranque del disco con “When You Are Young”, se abre el grifo de las imágenes. Cada canción es una gota irregular dentro de una película montada según una concatenación no lineal de escenas. Suede han optado por un desorden conceptual para el que Anderson intentó “conectar cada una de las canciones, fundiéndolas en cadena”. Este poso argumental ha sido el disparador de la faceta cinemática del disco. “En general, es nuestro trabajo más cinematográfico. Estuvimos probando bastantes cosas durante mucho tiempo. Creo que es más maduro, en el sentido de cómo son los álbumes cinemáticos. Posiblemente, ninguno de nosotros sabía cómo hacer algo así hasta ahora. Fue una de esas cosas que surgieron de la inexperiencia. Estábamos como un niño en una habitación repleta de guitarras y tambores de batería. Probamos y recogimos lo que necesitábamos para mantener la ambición”. Tanta como para idear una película para la música compuesta.

El encargado de esta labor fue Robert Sargent, que sufrió la muerte de su madre poco antes de comenzar a escribir el guion. Esta tragedia sobredimensionó la aportación del apoyo visual, cocido como una sucesión de planos desde los que Sargent “necesitaba expresar su dolor, y lo hizo desde su propio punto de vista, relacionándolo con las derivas familiares de las que trata el álbum”. El resultado de este exorcismo ha desembocado en una oscura geografía de lo británico, que acentúa lo que Brett siempre ha señalado en tantas ocasiones como la gran diferencia entre el britpop y Suede: “Mientras yo siempre quise documentar el mundo que me rodea, las bandas del britpop se limitaban a celebrarlo”.


EL HOMBRE TALISMÁN

De entre el gran carrusel de ambiciones que alberga “Night Thoughts” surge un híbrido muy elaborado entre la tracción post-punk de los brotes glam y las atmósferas evocadoras. Las conexiones internas funcionan de forma espaciada y simétrica: del hipnótico trío conformado por “Pale Snow”, “Learning To Be” y “I Can’t Give Her What She Wants” hasta la conexión, desde ambos extremos del álbum, entre “When You Are Young” y “When You Were Young”. La empresa ha contemplado, de nuevo, a Ed Buller. Un gurú –con el que no habían contado para “Head Music” (Nude, 1999) y “A New Morning” (Columbia, 2002), los dos agujeros negros de la galaxia Suede– al que, si le quitamos el componente quijotesco, funciona para el grupo de la misma forma que lo hizo el chiflado de Guy Stevens para The Clash en “London Calling” (1979). “Sí, es muy importante, aunque no en la manera de operar con la música. Confiamos en él. Lo respetamos. Pero no creo que lo más importante de su trabajo se desarrolle dentro del aspecto técnico. Se trata de algo más relacionado con la inspiración. Es algo duro, porque una gran parte de la producción, en gran medida, trata de encauzar la tensión liberada por la banda. En este sentido, nosotros necesitamos a una persona que nos inspire. Llevamos mucho tiempo trabajando juntos. Pienso que él se preocupa de una manera como nadie más lo haría”.


EL PRÓXIMO ROUND

Poco después de que “Bloodsports” clamara al mundo la vuelta de Suede al ruedo, el mismo Anderson lo veía como “una primera fase de un plan de rejuvenecimiento de la banda”. Al preguntarle si “Night Thoughts” es la fase final de este proceso, su tono ha virado radicalmente, como un clic instantáneo. El aliento de su voz se ha sobrecargado. De repente, las palabras salen disparadas con un tremor de ansiedad. Al Anderson padre de familia ya no le queda ni espacio ni tiempo para dudas. Se agarra al renacimiento del grupo como el púgil obsesionado con volver a abrocharse el cinturón arrebatado de campeón. “Sí, nos vamos a subir a un nuevo cuadrilátero. No sé todavía cómo lo vamos a hacer o lo que estamos buscando, pero lo vamos a hacer. Es algo complicado, porque aún no sé qué voy a encontrar cuando me sumerja en mis adentros. Será algo interesante, seguro. Como una banda sonora de la experiencia recogida y no como algo premeditado para las cadenas de radio ‘mainstream’”. Dicho esto, una voz avisa que la entrevista se ha acabado, no sin antes recordarme Anderson que “nos veremos dos veces en el Primavera Sound” (el 1 y el 2 de junio). Y con la rotundidad que ha sonado, no dudaría ni un instante de la magnitud de lo que se traen entre manos. Quedáis avisados.

 

LAS SIETE VIDAS DE DORIAN GRAY

SUEDE, Reflexiones de duermevela

Sorprende revisar la carrera de Suede y comprobar, más de dos dédadas después, la revaluación al alza de su tríada inicial de LPs, discos que todavía impactan con grandes canciones. Y aunque revivals como los del britpop han vuelto a convertir al grupo de Brett Anderson en foco influyente, ahora, tras su duro impasse pos “Coming Up”, han regresado para dejar de ser un mero puente entre generaciones y convertirse en el rostro final de sus propios actos. ¿El último lifting de Dorian Grey?

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“Suede”
(Nude, 1993)

Madchester ha muerto de inanición. Los Stone Roses se han acobardado. Y ahora, ¿qué? La explosión Suede es sonada. No es para menos: pocos discos han sabido recoger la ansiedad de una generación y dinamitarla entre aullidos de androginia tan contenida como volátil. La cesta viene repletita de regalos. ¿Que es irregular? ¿Y a quién le importa cuando su contenido alberga pólvora para los charts como “Animal Nitrate”, “So Young” y “The Drowners”?

 
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“Dog Man Star”
(Nude, 1994)

El bello rostro de James Dean tras su terrible accidente. El “Gigante” pop british de los noventa. El tándem Anderson-Butler sacando el tarro de las esencias entre desencuentro y desencuentro. Blur y Oasis son los nuevos reyes. Suede se han convertido en outsiders en terreno mainstream. Poco después de su grabación, Bernard Butler abandonaría la nave, pero antes tuvo la consideración de armar la obra por la que siempre será recordada su alianza con Anderson.

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“Coming Up”
(Nude, 1996)

La marcha de Butler es suplida con dos nuevas piezas: el cuasi-púber Richard Oakes, como nueva mano derecha de Anderson, y Neil Codling, a los teclados. El sonido ha perdido grandeur, pero han salido del paso mediante un disco gestado como un greatest hits imaginario. De sus himnos glam para los excluidos –“Trash”– al estribillo mayestático de “Filmstar”, uno se pregunta por qué este LP no acabó siendo la banda sonora de “Velvet Goldmine” (Todd Haynes, 1998).

 
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“Head Music”
(Nude, 1999)

El gran giro. Ed Buller, a paseo. El indigesto Steve Osborne es su sustituto. Muerto el britpop, habrá que modernizar los atuendos sónicos. Pero la jugada les sale rana. Las canciones se ahogan entre una maraña de elucubraciones sintetizadas. Del naufragio se salva el póquer de singles escogidos; sobre todo, el cibersoul arábigo de “She’s In Fashion” y el estribillo hunkydoriano de “Everything Will Flow”. El resto, material de chatarra para el desguace.

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“A New Morning”
(Sony, 2002)

Retroceden dos pasos, pero la ensalada de productores revierte en un sonido liposuccionado de cualquier reborde emotivo. Y, lo que es peor, la fábrica de melodías está en horas bajas. La mercancía se alterna entre topicazos rockistas –“Streetlife”– y un aguacero de medios tiempos totalmente insípidos –“Lost In TV”–. Si esta fue la influencia que Anderson dijo haber recogido de J. G. Ballard, normal que hubieran echado el cierre. Duro de escuchar.

 
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“Bloodsports”
(Warner, 2013)

Tras años de peregrinaje tortuoso, se produce la primera etapa del plan renove. El troquelado de obsesiones se filtra entre los recovecos de un disco que, al menos, los devuelve con el brío necesario para modelar una tríada inicial esplendorosa. Pero, a partir de aquí, la travesía cae, por momentos, en el autorreciclaje con piloto automático incorporado. No obstante, ¿quién se esperaba a estas alturas que pudieran rememorar gestas pasadas?

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“Night Thoughts”
(Warner, 2016)

Si su álbum de retorno fue una sorpresa inesperada, su continuación, sencillamente, es lo más redondo que han hecho desde “Dog Man Star”. No en vano, “Outsiders”, “No Tomorrow”, “Pale Snow”, “Like Kids” y “I Don’t Know How To Reach You” figuran, por derecho propio, entre lo más granado de su repertorio. Los claroscuros familiares de Anderson son la llave maestra que encierra el truco final: afrontar su pasado como el horizonte del futuro. 

 
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