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SUPERORGANISM, El discurso del método

El color del pop comunal.
Foto: Steph Wilson

 
 

ENTREVISTA (2018)

SUPERORGANISM El discurso del método

Irrumpieron con una canción pegajosa que fue haciéndose cada vez más fuerte en la red. Avalados por un sello indie con pedigrí, renovaron el entusiasmo de su incipiente público gracias a otro single irresistible, mientras desplegaban un show apabullante y contagioso. Su primer álbum confirmó las expectativas. César Luquero habló con ellos.





Queremos divertirnos, eso es lo principal. En ese sentido, estamos más influidos por el punk, por esa voluntad de hacer las cosas a nuestra manera y tener el control sobre ellas”
(Mark “Emily” Turner)

En el núcleo duro de Superorganism encontramos a Mark “Emily” Turner, Chris “Harry” Young, Tim “Tucan” Shann y Blair “Robert” Everson, los componentes de The Eversons, un grupo neozelandés de pop caleidoscópico que, hasta hace nada, se buscaba la vida por nuestras antípodas. Girando por Japón hace apenas tres años, conocieron a Orono “OJ” Noguchi, una adolescente de Tokio que les seguía la pista en la red. Hicieron buenas migas y mantuvieron una relación cibernética que, al poco, cuajó en el ámbito de lo artístico. “Ella estaba en un internado en Maine”, explica Turner con genuino entusiasmo. “Le enviamos material y nos contestó con maquetas muy chulas. Cuando las escuchamos, dijimos: ‘¡Guau, esto se sale!’. Decidimos subirlas a SoundCloud, a ver qué pasaba”.

Y pasó lo que pasa cuando media una canción como “Something For Your M.I.N.D.”. Los zapadores de internet, expertos en desbrozar esa ingente materia oscura compuesta de unos y ceros, pusieron el grito en el cielo. Pero de buen rollo. Frank Ocean y Ezra Koenig dieron su bendición vía podcast. Y Superorganism se convirtió en la gran esperanza del pop independiente de 2017. Establecidos en Londres en clave comunal, los cuatro de Wellington más OJ y sus nuevos compinches –Ruby, Soul y B se encargan de los coros y coreografías en directo– firmaron contrato con Domino y siguieron avanzando en el terreno creativo. Comparten piso y trabajan de forma colectiva, intercambiando ideas de manera constante sobre los archivos que fluyen de dispositivo en dispositivo, de habitación en habitación. No hay un plan concreto ni un canon creativo al que ceñirse. Y eso, precisamente, es lo que más les pone. “Si tuviéramos una visión más cerrada no seríamos un proyecto colaborativo”, asegura Orono. “No sabemos qué es realmente lo que tenemos hasta que está terminado, aunque hablemos continuamente sobre ello”.

Dirigido por Robert Strange, clip de "Something For Your M.I.N.D.", canción con la que llamaron la atención.


Lo que tienen es un álbum pinturero y efervescente, “Superorganism” (Domino-Music As Usual, 2018), que les ha permitido dejar los trabajos con que pagaban el alquiler mientras se disparaba su cotización en el mercado de la comparativa. The Avalanches, Gorillaz, Brian Eno, Beck o The Flaming Lips son algunos de los artistas con que se les relaciona. Y hay motivo para hacerlo. Trabajan como un laboratorio de creación pop de filiación psicodélica, blandiendo collages de saturado cromatismo, ricos en ganchos. Y sobre la tarima tampoco hacen prisioneros. “Todo esto es el resultado de vivir juntos, de compartir la creatividad, de estar hablando de música todo el tiempo. Es la perspectiva del colectivo”, subraya Turner. “Y el directo es una extravagancia. Es abrumador. También lo trabajamos juntos, aunque es Robert quien da forma a todo lo que se ve en el escenario, las animaciones y demás. Pero las ideas circulan, se bromea, se comenta, se piensa sobre este tipo de cosas. Y eso es lo que se refleja sobre las tablas: es una invitación a entrar en nuestro mundo”.

“Escuchar cómo se interpretan las canciones es divertido, porque cuando las hacemos nos sentimos como críos jugando y poniendo cosas en común en un papel”
(Mark “Emily” Turner)

 

Las canciones de Superorganism parecen risueñas y despreocupadas, pero cuidado con los textos, que tienen dientes y a veces muerden. Letras que hablan sobre sentirse solo y aburrido, con su punto misantrópico; sobre la obsesión con los quince minutos de gloria que nos prometieron; sobre gente que se aferra a los programas de autoayuda; sobre el individuo que se evapora en el vacío social. “Supongo que no estoy de acuerdo con una visión unidireccional del mundo, porque no es así como funciona. No hablamos de manera específica sobre las letras”, dice Orono, antes de que tercie Turner con su verbo torrencial: “Escuchar cómo se interpretan las canciones es divertido, porque cuando las hacemos nos sentimos como críos jugando y poniendo cosas en común en un papel. No comprendemos del todo lo que hemos hecho hasta después, cuando nos paramos a reflexionar. No trabajamos diciendo ‘vamos a hacer una canción sobre esto o lo otro’. Para nosotros la creatividad es algo naíf, casi una expresión infantil. Nuestra expresión debe ser inocente y pura”.

Chicos jóvenes trabajando en común, en un espacio delimitado, construyendo canciones que probablemente entusiasmarán a otros chicos también muy jóvenes con los que comparten códigos estéticos y vitales muy determinados. La idea del pequeño Brill Building 2.0, con base en Europa y espíritu autogestionario, les atrae: “Me mola, es una gran inspiración para nosotros”, admite Turner. “Crear un gran equipo de producción pop, como también lo fueron Motown y The Wrecking Crew. A todos nos gusta Katy Perry y todo este tipo de superestrellas, pero sobre todo creemos en la idea de formar un equipo, porque hemos leído mucho sobre ello y sobre cómo se hace la música pop. Pero tampoco queremos perder el norte del asunto. No hay ninguna intención comercial en nosotros. Queremos divertirnos, eso es lo principal. En ese sentido, estamos más influidos por el punk, por esa voluntad de hacer las cosas a nuestra manera y tener el control sobre ellas”.

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