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SWANS, El apocalipsis inacabado

Thor Harrris, Phil Puleo, Christoph Hahn, Michael Gira, Chris Pravdica y Norman Westberg: ángeles del apocalipsis. Foto: Jennifer Church

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 311)

SWANS El apocalipsis inacabado

No fue un regreso, ni siquiera una rehabilitación. Michael Gira resucitó a los Swans en 2010 para bajarlos del olimpo de la leyenda y colocarlos en el trono que debió pertenecerles en su anterior vida (1982-1996). Cuando se respiran aires milenaristas, los tiempos demandan actitudes irredentas e irrenunciablemente intensas. Con “The Seer” (2012), unos Swans más rockeros que nunca marcaron la búsqueda de un éxtasis más grande que todos nosotros. Ruben Pujol habló con Gira y repasó la obra de los Cisnes en este informe que fue portada del Rockdelux 311 (noviembre 2012). Pocas cosas mejores que una actuación de Swans se pueden ver en directo.

Hubo un tiempo en el que Michael Gira se fracturaba las costillas sobre el escenario con cierta frecuencia. En una ocasión se rompió un diente con un micrófono. Pero jamás la mera presencia de Gira había intimidado e infundido tanto respeto como hoy. A los Swans se les colgó el cartel (tal vez de forma merecida) de ser la banda más ruidosa y agresiva del momento, de provocar náuseas entre el público con el volumen salvaje de su directo. Sin embargo, nunca como ahora la música de este estajanovista del rock había sonado con semejante intensidad, tan abrumadora y abusivamente bella.

“Me siento muy feliz de ver que Swans está alcanzando cierto grado de éxito. Es algo que no había experimentado antes, y es bastante agradable. Es interesante y demuestra las dos caras opuestas de internet respecto a la música. Lo malo es que cualquiera puede obtener el producto de tu trabajo por nada, si así lo desea. Pero lo bueno es que hace llegar tu trabajo a todo el mundo, así que la gente que se siente atraída hacia esta música, sin importar la profesión o la edad, puede acceder a ella” (Michael Gira)

Considérense estos episodios históricos sobre el Gira excesivo una medida de la entrega y la pasión con que el líder de Swans se abandonaba a los aspectos más catárticos de la música. La leyenda que se fue construyendo alrededor de los primeros Swans (1982-1996) contenía, según el propio Gira, mucho de verdad, pero proyectaba una interpretación torticera sobre la personalidad de su líder y, lo que tal vez fuera más perjudicial, eclipsaba el verdadero valor trascendente de su música. “Nuestra relación con el público y con la prensa fue siempre muy beligerante. Es verdad que al principio nuestra música era muy brusca, muy brutal y, aunque yo la consideraba una fuente de placer, solía traernos muchos problemas. Llegó un momento en que la gente venía a los conciertos en busca de esa confrontación, mientras que nosotros quisimos virar ese camino e introducir en nuestra música mayores matices. Eso fue recibido con un gran rechazo”, explica.

Hoy Swans disfrutan de una popularidad tardía. Una vez disueltos por decisión unipersonal de Gira, la leyenda negra de los Swans se hizo más grande que la repercusión que tuvieron en vida, así que pasaron a ser uno de esos grupos que se mencionan más de lo que se escuchan. Gira define el regreso de Swans en 2010 como “una reactivación”, no como una reunión, pues de los cinco músicos que este diciembre acompañarán a Gira en Barcelona y Madrid –Norman Westberg, guitarra; Thor Harris, percusión; Phil Puleo, percusión; Christoph Hahn, guitarra; y Chris Pravdica, bajo–, tan solo el primero había formado parte de la primera etapa, donde llegaron a tocar una veintena larga de nombres.

Y es que los Swans reformados están lejos de ser un ejercicio de nostalgia o una hábil explotación comercial del pasado. No en vano, en lugar de recrear viejas canciones y pasear su antigua discografía, lo primero que hizo la banda fue publicar el poderoso “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky” (Young God, 2010). Porque Gira no resucita a los Swans por el público que no pudo disfrutarlos ni por la historia del rock, lo hace por él: “No soy un altruista ni un político. Así que simplemente lo hice por una necesidad personal. Era algo que sentía que debía hacer a nivel artístico, y también espiritual –razona–. En este punto de mi vida se me hacía evidente que, si no lo hacía ahora, no lo haría nunca más. Estaba un poco harto de Angels Of Light y sentía ganas de seguir adelante, e introducirme de nuevo en este torbellino de sonido parecía lo mejor que podía hacer”.

Angels Of Light es el proyecto que Michael Gira desarrolló (cinco discos en estudio y un directo entre 1999 y 2007) después de dar muerte a los Swans y, según la opinión de quien esto escribe, una de las bandas más injustamente infravaloradas en la historia reciente de la música. Así, no ha sido hasta que ha recuperado ese nombre maldito cuando Gira ha logrado romper ciertas barreras entre la crítica y el público: “Me siento muy feliz de ver que Swans está alcanzando cierto grado de éxito. Es algo que no había experimentado antes, y es bastante agradable. Es interesante y demuestra las dos caras opuestas de internet respecto a la música. Lo malo es que cualquiera puede obtener el producto de tu trabajo por nada, si así lo desea. Pero lo bueno es que hace llegar tu trabajo a todo el mundo, así que la gente que se siente atraída hacia esta música, sin importar la profesión o la edad, puede acceder a ella. Nuestro público hoy es mucho más diverso. Creo que el público que nos viene a ver actualmente es más consciente de lo que va a experimentar, y acude con una actitud más abierta. Y otra consecuencia feliz es que ahora en los conciertos hay muchas más mujeres”.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

Rockdelux 311 (Noviembre 2012)
Foto: Beowulf Sheehan
Diseño: Nacho Antolín

 

Michael Gira ha vuelto, pues, a ponerse al mando de una orquesta brutal, un sexteto de multiinstrumentalistas con una misión: crear un sonido de una cualidad matérica cercana al drone, y con progresiones instrumentales de unas cotas de intensidad casi inauditas, pero que al mismo tiempo refleje las tres décadas de exploración de nuevas formas de componer y producir música más rica en matices por parte de Swans. Como el adicto que recae en una vieja droga, Gira necesitaba regresar a ese viejo y embriagador sentimiento de abandono ante el poder salvaje del sonido. “No sé si diría viejo, porque la música es diferente. Usamos algunos de los métodos que utilizábamos en los primeros Swans, pero llevados al extremo. Es una búsqueda egoísta: busco específicamente sentirme en el interior de esa tempestad de sonido, y el público también parece apreciarlo. En muchos sentidos es como estar en la iglesia, y no quisiera sonar pretencioso. Cuando el sonido se apodera de ti, es como si estuvieras siguiéndolo en lugar de produciéndolo”, explica.

“En Swans yo soy el jefe de pista, yo soy el titiritero, pero el resto contribuye en gran medida. Yo trato de adoptar una posición objetiva y decidir desde fuera. No es una democracia. Yo estoy al mando, pero quiero y necesito el ‘input’ de los demás. Si no lo tuviera, el método no funcionaría. Estos músicos son maravillosos, y además son mis amigos, lo cual es bastante extraño para mí. Ojalá podamos estar juntos mucho tiempo” (Michael Gira)

En un mundo ideal, todos en algún punto de nuestra vida deberíamos dejar una obra análoga a “The Seer” (Young God, 2012), un legado que corone nuestra experiencia y demuestre que tanto esfuerzo ha valido para algo. Así es como ve Gira su nuevo disco, más de dos horas de música de una exigencia superior, largas composiciones que transitan el filo del lirismo y la violencia, la belleza y la extrañeza. “Es la culminación de treinta años de trabajo –afirma con seguridad–. Incorpora todos los aspectos que he trabajado y aprendido como productor, músico y compositor durante este tiempo”.

Pero “The Seer” no es solo una obra totémica a la que rendir pleitesía: es una piedra de toque, un punto de partida sobre el que Michael Gira y sus discípulos trazan un camino orgánico y distinto cada noche hacia un ideal: el éxtasis sónico. “El directo de Swans, más que un recitado de lo que está grabado, es una investigación. La música adquiere nuevas dimensiones cada vez que la tocamos, evoluciona constantemente. De hecho, ahora mismo la mitad del ‘set list’ es material nuevo que aún no hemos grabado. Son solo tres canciones que se prolongan hasta más de una hora de música. Así es como las trabajamos, cómo van tomando forma lentamente. Luego tocamos tres canciones de ‘The Seer’ que también cambian constantemente. Si ves el directo un día y lo vuelves a ver al cabo de un mes, se trata de un show completamente diferente”.

Ese método de trabajo, basado en la interacción de los músicos en concierto, tiene sin embargo en Michael Gira a un líder indiscutible, el director de una orquesta de “hombres estelares”, como él mismo los define, la mejor banda con que ha tocado jamás. “Nada más lejos de mi intención que menospreciar la contribución del resto de miembros del grupo, aunque yo ejerzo de guía. En Swans yo soy el jefe de pista, yo soy el titiritero, pero el resto contribuye en gran medida. Yo trato de adoptar una posición objetiva y decidir desde fuera. No es una democracia. Yo estoy al mando, pero quiero y necesito el ‘input’ de los demás. Si no lo tuviera, el método no funcionaría. Estos músicos son maravillosos, y además son mis amigos, lo cual es bastante extraño para mí. Ojalá podamos estar juntos mucho tiempo”, dice.

Desde luego Michael Gira tiene aspecto de ser un jefe exigente, tal vez algo sádico, pero eso es algo que se corresponde con su propia ética de trabajo y su compromiso con la música como un bien mayor que sobrepasa a los individuos y que él articula en unos términos prácticamente místicos: “El objetivo es alcanzar una experiencia extrema que aporte júbilo a quien la viva. Esa debe ser la razón de cualquier músico de verdad: crear una experiencia abrumadora a través del sonido”.

 

DURO, OSCURO, INTENSO: DOCE JINETES APÓSTATAS

SWANS, El apocalipsis inacabado

“Filth”
(Neutral, 1983)

Su primer EP homónimo y su background (Gira había frecuentado la escena arty de Los Ángeles y Nueva York, de Sonic Youth, Suicide y Glenn Branca) los colocaban en el entorno de la no wave, pero su álbum de debut modificaría sensiblemente esa percepción. Sin concesiones a lo sutil, la experimentación y la transgresión están aquí al servicio de la hiel en las letras, ritmos espásticos, casi industriales, y guitarras hirientes para un conjunto ciertamente indigesto.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“Cop”
(K.422, 1984)

La alienación de Gira y compañía se ve correspondida en este segundo álbum por una sonoridad mucho más voluminosa, y la mejora en la producción consigue potenciar la sensación de desasosiego. Bajando el tempo, como un pre-death metal empapado de codeína, y con más espacio para percibir los detalles de morbosidad, desesperanza y abuso, “Cop” adquiere connotaciones de ceremonia insana. Son apenas ocho canciones para cuarenta minutos, pero se hacen largos.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

“Greed”
(K.422, 1986)

En su particular odisea para dotar de matices su sombría cosmovisión, Michael Gira introduce aquí por primera vez instrumentos más melódicos, como el piano, al tiempo que explota la versatilidad de su voz grave, y construye sus característicos mantras psicóticos a partir de loops y sintetizadores, aunque sin perder el tono post-punk. Pero, sin duda, lo más destacado es el debut de la bella voz de Jarboe, que supondría un contrapunto clave en el futuro.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“Holy Money”
(K.422, 1986)

No es que la amenaza haya amainado, solo ha moderado su tono, sabedora de que ahora dispone de un mayor arsenal de recursos para proyectar su poder. Grabado en la misma sesión que “Greed”, es la lógica continuación de ese sonido más limpio unido a un mayor protagonismo de la voz femenina. Gira, además, se siente cada vez más cómodo como productor y, a medida que su sonido crece, su lírica se modula para sustituir el ataque frontal por una perturbación más poética.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

“Children Of God”
(Caroline-Product Inc., 1987)

La evolución del sonido Swans no se para, y la banda sigue expandiendo el repertorio en el que es seguramente su trabajo más heterogéneo hasta la fecha. Comienzan a apreciarse tempranos amores de Gira, como los aires country a lo Johnny Cash y cierta ambientación pastoral –con la particular tintura sombría de Swans–, al tiempo que otros temas explotan su vertiente más guitarrera, acercándose con sus riffs al tratamiento del drone.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“The Burning World”
(UNI-MCA, 1989)

El éxito del anterior disco lleva a Swans a firmar por una multinacional, algo de lo que Gira no tardaría en arrepentirse. La banda se pone en manos de Bill Laswell y, aunque el ecléctico músico y productor intenta contribuir a la expansión estilística emprendida en los dos últimos trabajos, el resultado es que, pese a la buena producción, los Swans suenan dispersos, casi anestesiados, y el mensaje de peligro queda sensiblemente rebajado.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

“White Light From The Mouth Of Infinity”
(Young God, 1991)

La mala experiencia con la gran industria da lugar a un feliz acontecimiento: Gira monta su propio sello y se decide a no abandonar más los mandos de la producción. Vuelven las guitarras afiladas y la ambientación apocalíptica, y se aprecia una mayor complejidad en el sector rítmico que confirma que el pequeño fracaso anterior no es más que un percance menor en una trayectoria ascendente.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“Love Of Life”
(Young God, 1992)

Gira ha recobrado la confianza y, a pesar de que el guitarrista Norman Westberg ha abandonado temporalmente la banda, el conjunto no se resiente. Al contrario. Este disco marca la madurez de Swans, con temas de mayor complejidad estructural, donde ni tan siquiera las breves piezas de spoken word o grabaciones de found sound intercaladas entre las canciones dan la sensación de relleno. La química entre Gira y Jarboe recorre el disco.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

“The Great Annihilator”
(Young God, 1995)

Regresa Norman Westberg y su distintiva guitarra, y el tempo de los Swans sube un piñón, sin duda ayudado por la percusión de Bill Rieflin (Ministry), y la voz de Jarboe se contagia en temas como “Mother/Father” del vértigo general. Gira, que vivió durante tres meses en una tienda de campaña infestada de mosquitos en el interior del estudio de grabación, afirma que la grabación de este álbum fue un infierno. Seguramente por eso el resultado es celestial.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“Soundtracks For The Blind”
(Young God, 1996)

Gira ya había decidido acabar con Swans antes de publicar este álbum doble, lo que lo convierte de facto en una despedida en la cumbre. Y se van a lo grande, con la mayor convocatoria de músicos y su repertorio más extenso: dos horas y media desenterradas de multitud de fuentes y tratamientos de producción, repletas de canciones de una emoción fiera acompañadas de largos y preciosos paisajes sonoros sobre los que Michael Gira reconduce magistral toda su rabia.

 
SWANS, El apocalipsis inacabado

“My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky”
(Young God, 2010)

Durante cinco discos Gira había continuado explorando en Angels Of Light nuevos caminos y adoptando la guitarra acústica como instrumento principal de composición, y a pesar de que algunas de las canciones que se incluirían en la segunda y triunfal etapa de Swans ya habían sido grabadas en solitario, nadie podía esperar un despliegue semejante. Intenso, violento y poético, los Swans suenan más rock, más orgánicos, más épicos que nunca.

SWANS, El apocalipsis inacabado

“The Seer”
(Young God, 2012)

Un disco doble de proporciones monumentales, por primera vez Gira rueda las canciones (sobre todo las más extensas; algunas de treinta minutos) en los directos antes de la grabación para llenar de matices las largas progresiones instrumentales. Las colaboraciones de Karen O, Low, Ben Frost, Grasshopper (de Mercury Rev) o, de nuevo aunque en un papel muy secundario, Jarboe son solo anecdóticas en lo que es la culminación de toda una trayectoria que, felizmente, continúa.

 
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