Días después, tras la prueba de sonido en Valencia, fue iniciado en las excelencias del Barça, que le endosó una goleada a la para mí siempre mítica Real Sociedad. Pegaba tales brincos y gritaba de tal manera, que la clientela del bar –muchos de ellos parte del público en el posterior concierto– pensaron que el de Memphis era culé. Nada más lejos de la realidad: “Yo no soy de ningún equipo, a mí me gustan los goles. Yo soy de los goles”. Esa perla de sabiduría es una traducción literal de una frase que días después pronunció, en el aeropuerto de Santiago, recordando el partido. Si eso no es una declaración de intenciones, ya me diréis.
“Are you a man or a mouse?”, espetó Sergio a Micah en El Churrasco de Oro, donde siempre hacemos escala al entrar en Galicia –A Gudiña es el nombre del pueblo–. Se discutía el tamaño de la carne: chuleta o chuletón. Micah, envalentonado, contestó: “A man, of course”... Pero al contemplar el chuletón enfrente suyo, tuvo que rectificar: “Sergio, I’m a mouse”. Yo elegí ratón también. No tenía demasiada hambre.
La fama de Micah P. Hinson ha aumentado considerablemente desde su última visita. Él mismo se dio cuenta a pie de calle, cuando la gente comenzaba a pedirle fotos en todo tipo de lugares. En ese momento decidió dejar de retratarse con los fans, aunque siempre con muchísima educación, y acceder a firmar cualquiera de los discos, o su primer libro, que aprovechó para presentar en las tiendas FNAC de Málaga y Sevilla. Se trata de “No voy a salir de aquí”, una pequeña novela que escribió hace años, con un estilo de Bukowski alucinado; y los lectores tienden a confundir al protagonista con el autor. Él lo desmiente: Micah, lejos de beber vino peleón cada día, le da al zumo de naranja. Lo que sí es verdad es que conserva cierta aura en su personaje cada vez que sube a un escenario: sabe perfectamente que conviene más resultar “maldito” que parecer “majo”. En sus propias palabras, durante el concierto de Vigo: “Me acaban de traducir un artículo del periódico en el que me hacen parecer bastante agradable. Y no sé si eso es bueno...”. La ironía saltaba a la vista, pero no deja de tener razón: la tranquilidad vende menos.
El caso es que acabo de dejarlo en el hotel de Zaragoza (mañana comenzamos la segunda minitanda de conciertos: Gijón, Logroño y Donosti, del 6 al 8 de enero, respectivamente), y a mí me ha vuelto a resultar simpático mientras cenábamos en el Burger King hablando de los Reyes Magos, los evangelios apócrifos, la ley antitabaco, los nacidos bajo el signo de Acuario y los Flaming Lips. Las conversaciones con él son así. 