Poison Ivy insiste en que los Cramps no han sido comprendidos y, en cambio, han sido ultra-simplificados o ultra-complicados por parte de la gente que los toma como una parodia o algo kitsch. Los cuatro años transcurridos desde el delírium trémens de “Songs The Lord Taught Us” (1980) y su propia imagen pública como necrófagos de tebeo empiezan a dañar seriamente su sueño de crear la última obsesión del rock and roll de los ochenta, la más incandescente bajada a los infiernos desde el “Fun House” de Iggy & The Stooges. “El rock and roll, básicamente, significa joder a alguien o algo. Llegar a los extremos más radicales de las experiencias humanas. Significa estar buscando siempre algo nuevo. Rock and roll es alguien que es un peligro individualmente, que trata de infringir irregularidades en la vida rutinaria. Así, puedes decir que Charles Manson es tan rock and roll como Eddie Cochran, incluso más. Muchos fanzines nos describen como ‘psychotic teen sounds’. En los cincuenta, los quinceañeros eran psicóticos y eran peligrosos. Entonces sucedió algo a un nivel de masas, quiero decir que se masificó. Los ‘teenagers’ siempre han sido gente extremadamente estúpida. Actualmente no creo que haya nada que pueda surgir de la cultura ‘teen’ que pueda llegar a interesarme. Yo no soy ninguna ‘teenager’. Me siento como si tuviera ocho años de edad. Soy muy consciente del hecho de que estoy emocionalmente subdesarrollada, de que algún intelectual estudioso del rock pueda decir eso de mí. Bueno, supongo entonces que él debe estar emocionalmente super-desarrollado”.
“Siempre he sentido aversión por el hecho de crecer. Para que te hagas un idea, cuando era pequeña tenía un disfraz de Peter Pan y corría por las calles con ese traje verde, saltando. Sabía que algún día acabaría en el país de Nunca Jamás. Estar en los Cramps me hace sentir mucho más fuerte y me gusta el hecho de que la gente nos preste atención. No hace mucho tiempo todavía estaba trabajando en algún horrible empleo en Cleveland. La gente creía entonces que era un ser abominable al que tenían que evitar. Pues bien, ahora hay mucha de esa gente interesada en cada uno de mis movimientos. Durante toda mi vida, la gente me ha señalado por la calle, gritándome y burlándose. Pero yo sabía que llegaría un día en que pagarían diez dólares por verme”.
Como maníacos fugitivos de la enfermedad del narcisismo que asola América, los Cramps colaboran a la hora de destrozar el materialismo enfermizo bajo el que se esconde el fraude del Gran Sueño Americano. Quizá por eso su actual inspiración vital sean esos asesinos, esos genios de la perversidad: “Muchos asesinos son auténticos genios”, dice Lux, “porque se resisten a ser arrinconados o masificados. Para mí no son más horribles que esa gente que experimenta con animales en laboratorios. Lo que de verdad aprecio es a esa gente que consagra su vida a algo brillante. Cualquiera que invierta sus energías en algo en lo que de verdad cree. Alguien como un gimnasta; esa clase de devoción es una gran inspiración. Es obsesión. Cuanto más lejos llegan los asesinos, más los admiro. Admiro a los que no han sido capturados. Ellos son los genios de verdad. Quiero decir que yo he incendiado casas y nadie me ha atrapado”. 