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THE GO-BETWEENS, Canciones de cuna

“No hay quien aguante demasiado tiempo tan solo a base de ilusiones”, dijo Grant McLennan (aquí, en el centro). Foto: Paul Cox

 
 

ENTREVISTA (1989)

THE GO-BETWEENS Canciones de cuna

El gran Grant McLennan (1958-2006), líder fundador de The Go-Betweens, junto con Robert Forster, fue uno de los dos pilares del grupo australiano. Aunque buenas canciones les sobraban, nunca lograron acceder a la categoría de números uno que su recomendable trayectoria discográfica parecía augurarles. Para recordar su legado, recuperamos este documento en forma de entrevista. La hizo Román F. Añaños en 1989 en la prueba de sonido de un concierto en la sala Zeleste de Barcelona pocos meses antes de la separación de la banda. The Go-Betweens eran de Brisbane y en aquel momento disponían de seis elepés en el mercado. La gira europea de “16 Lovers Lane”, su disco de 1988, y el último de su etapa original, los trajo finalmente por aquí. En esta entrevista con Grant McLennan nos topamos con dos sorpresas: un “Hurricane” dylaniano que en Barcelona pasó de excusa para la prueba de sonido a bis estrella por primera vez en un directo del grupo y, sobre todo, la conversación amable y detallista de un compositor notable a un paso del desencanto.

Iba en metro hacia Zeleste, el local donde esa misma noche actuaban The Go-Betweens, con unos auriculares puestos. A pesar del ruido, intentaba escuchar “Blonde On Blonde” y no pensar demasiado. Al sonar “I Want You”, recordé por qué había escogido precisamente esa cinta de Dylan, y repasé una vez más algunas preguntas pendientes.

En la calle hacía calor; tenía tiempo suficiente para una cerveza fresca.  Cuando llegué, el grupo aún estaba probando sonido. Es extraño ver un local nocturno iluminado por el sol de media tarde, vacío como un almacén abandonado; frente al escenario, un roadie improvisa ejercicios gimnásticos entre dos vallas de seguridad al compás de la música. Al terminar una canción, me fijo en el aspecto de los cinco músicos: en el extremo opuesto del escenario está la violinista del grupo, Amanda Brown, una mujer pequeña y rubia; tiene un cierto encanto, con su vestido sencillo y su aire algo tímido. Vuelve la cabeza y le dice unas palabras al cantante. Un momento después, arranca un riff familiar de su violín. “This is the story of the Hurricane”.

(Más tarde, hablo con Grant McLennan).

“Me acuerdo de haberle insistido mucho acerca de Dylan a Nick Cave en los tiempos de The Birthday Party. Por entonces él tenía una fijación con la música de Captain Beefheart. Pasó algún tiempo hasta que descubrió la relación entre Dylan y su propia forma de entender la música”
(Grant McLennan)

¿Tocaréis “Hurricane” esta noche? Nunca la tocamos en directo, aunque es una canción que solemos hacer en las pruebas de sonido.

Es curioso, porque antes de venir he estado escuchando “Blonde On Blonde” y … Ese sí es un gran disco. Tanto Robert como yo solíamos escucharlo una y otra vez, incluso antes de formar el grupo. En “People Say”, nuestro segundo single, de 1979, se nota especialmente; incluso intentamos darle el sonido de órgano barato al estilo de Al Kooper.

Tengo la impresión de que ahora está mejor visto reconocer la influencia de Dylan. A principios de la década poca gente se fijaba en él. Me acuerdo de haberle insistido mucho acerca de Dylan a Nick Cave en los tiempos de The Birthday Party. Por entonces él tenía una fijación con la música de Captain Beefheart. Pasó algún tiempo hasta que descubrió la relación entre Dylan y su propia forma de entender la música.

La versión de “Knockin’ On Heaven’s Door” que hacían en directo los Bad Seeds lo dejaba bien claro. ¿Te parece que quizá un tema como “I Want You” se aproxima más a vuestro estilo? Por lo menos es una canción estupenda…

Sí, es lo que se dice una perfecta canción pop. En cambio, no se suele hablar de “perfecta canción rock”. Se diría que en el pop hay un cierto ideal que perseguir. Lo que está claro es que no se puede hacer deliberadamente; las mejores canciones suelen salir por accidente. De todas formas, lo que dices no tiene mucho sentido si se piensa en el pop actual. No se puede decir que Stock, Aitken y Waterman hagan pop tal como los Beatles o ABBA lo hacían en el pasado. Hacen música a medida de la radio comercial, siempre con el mismo sonido calculado.

Vuestro primer elepé (“Send Me A Lullaby”, 1982) era un buen disco, aunque sonaba todo lo amateur que puede sonar un debut de un grupo… Eso es porque tampoco tocábamos muy bien, y lo grabamos muy deprisa. Yo también lo encuentro bueno, pero no todo el mundo tolera las imperfecciones propias de los primeros elepés, aunque sean discos geniales, como “Horses” o “Marquee Moon”.

“Bachelor Kisses”, segundo single del tercer LP, “Spring Hill Fair” (1984): una de sus cumbres, con la voz de Grant McLennan.

Precisamente, las guitarras de vuestros primeros discos recordaban bastante a Television, sobre todo por la rítmica rasgada y sin pulir. Me gustaba esa cualidad de vuestro sonido. Tampoco es que haya desaparecido en “16 Lovers Lane”; nuestro sonido ha ido cambiando según aprendíamos a tocar. Es más, cuando empezamos éramos tres, luego cuatro y ahora cinco personas en el grupo, y esto contribuye por fuerza a la hora de sonar.

Supongo que es cruel exigirle a un grupo que se mantenga en sus trece indefinidamente. Por otra parte, es difícil olvidar las primeras impresiones si se trata de canciones como “Cattle And Cane”, por ejemplo. Escribí esa canción al poco de llegar a Londres por primera vez, con una guitarra acústica prestada. Era de Nick Cave, que entonces quería aprender a tocar, y me pidió que le echara una mano. Estaba tocando sin más, sentado en un rincón, y me vino a la cabeza. Es una canción sencilla, un riff de dos acordes, aunque hay que tener cuidado con el ritmo; no todo el mundo puede tocarlo. Tampoco es que me considere un buen guitarrista; no tocaría para otro grupo aunque me lo pidieran.

“Aunque me gustan los Triffids, la gente nos compara con ellos a menudo sin demasiada razón. No reconozco un elemento específicamente australiano en ‘16 Lovers Lane’, como no sea el hecho de que lo grabamos en Sídney. Nos fijamos más en historias de la gente, y hay algunos aspectos de la vida en Australia que a veces nos sirven de motivación, casi siempre como algo contra lo que reaccionar”
(Grant McLennan)

Me acuerdo del break antes del estribillo de “Bachelor Kisses”… Sí, era un buen break.

No diría que la interpretación sea algo tan importante; desde luego, no basta para explicar por qué “Cattle And Cane” sugiere imágenes tan intensas. Supongo que se refiere a tu propia infancia en Australia. Cuando era niño no me gustaba el sitio donde vivía. Era una granja de ganado, en medio de ninguna parte, espacio abierto por todos lados; no soportaba el clima, siempre a 40 o 45 grados de temperatura. Fueron malos tiempos para mí; pasaba los días sin hablar con mi propia familia. Siempre deseé vivir en una gran ciudad, aunque ahora que he viajado por el mundo no lo tengo tan claro. Esa canción es un poco como pedir perdón.

Creo que no os fue demasiado bien al estableceros en Londres, en 1981. Durante un tiempo no teníamos casi dinero, y vivíamos en pensiones y casas viejas, que compartíamos con la gente de Birthday Party; Tracy Pew, el bajista que murió hace poco, era un buen amigo desde bastante antes de trasladarnos. Vivíamos con él, Nick Cave y las amigas de ambos. Se puede decir que estábamos metidos en la vida del rock’n’roll; supongo que éramos jóvenes y no nos importaba.

Es raro que dos grupos tan distintos tengan tanto en común; creo que incluso grabasteis un tema conjuntamente. Eso ocurrió antes de llegar a Inglaterra. La idea fue de Nick Cave y yo escribí la canción. Algún tiempo después, The Birthday Party estaban grabando “Junkyard”, y aprovechamos algo de tiempo libre de estudio para grabarla; la canción se llamaba “After The Fireworks”, y a Nick se le ocurrió llamar al grupo The Tuff Monks. En realidad, se trataba de nosotros tres, Nick, Tracy Pew y Rowland S. Howard. Creo que todavía es una canción válida.

No es que por aquí se sepa demasiado de Australia, pero la música de algunos grupos, como los Triffids o los Hunters & Collectors, parece sugerir imágenes panorámicas de campos y carreteras. Vuestra música me parece más personal que paisajística. Está bien que digas eso; aunque me gustan los Triffids, la gente nos compara con ellos a menudo sin demasiada razón. No reconozco un elemento específicamente australiano en “16 Lovers Lane”, como no sea el hecho de que lo grabamos en Sídney. Nos fijamos más en historias de la gente, y hay algunos aspectos de la vida en Australia que a veces nos sirven de motivación, casi siempre como algo contra lo que reaccionar.

 
THE GO-BETWEENS, Canciones de cuna

Grant McLennan, Robert Forster, Amanda Brown, Lindy Morrison y John Willsteed, los Go-Betweens de “16 Lovers Lane” (1988), cerca de la separación, que hicieron efectiva en diciembre de 1989.

Foto: Paul Cox

 

Yo diría que en vuestras letras se reconoce una cierta intención literaria, si se le puede llamar así. Tampoco es que pretendamos escribir poesía. Todos nuestros discos desde el segundo llevan impresas las letras. Pienso que sirven como punto de referencia: no quisiera parecer pretencioso, pero hace falta escuchar varias veces nuestras canciones para asimilarlas. La verdad es que nos esforzamos por escribir letras que al menos tengan algún sentido para nosotros.

Hay una frase que siempre recuerdo, aquella que dice “Who told Newton to wait for the apple to fall / it’s not a question of gravity but a question of independence…” Quería ser una frase graciosa, algo así como jugar con esa especie de gran figura del pensamiento occidental; se trataba de reducirlo a algo trivial y divertido.

Es una canción energética y animada, algo así como “Spring Rain”. Sí, las dos tienen algo de impetuoso.

“Parece que no es fácil promocionar a un grupo con dos cantantes y compositores; tampoco tenemos una imagen definida que mostrar en vídeo, o un mensaje importante como U2 o los Simple Minds. Es algo parecido a lo que les pasa a XTC, por ejemplo”
(Grant McLennan)

Eso es lo que yo espero del pop; esa combinación de fuerza emocional y de ingenio, como en “This Charming Man” de los Smiths. Pues sí, es una canción estupenda, pero cada vez parece más difícil que aparezcan canciones así. No es que crea en un tiempo mítico en el que todo iba bien, pero en el pasado gente como Patti Smith, Dylan o Lou Reed tenían éxito con canciones que dejaban bien claro que habían leído al menos un libro o dos; algunas canciones de Smokey Robinson son poesía pura. O muchas canciones de los sesenta, de Tamla Motown…

¿Eres –o has sido– un fan del pop? Es difícil no sentirse escéptico acerca del pop actual. Parece que todo lo que se espera ahora de la música es que se pueda bailar. No quiero decir que no me guste la música de baile; solo que me parece que ya no se hacen canciones como “I Heard It Through The Grapevine”.

No es que vuestra música sea del tipo de pop comercial, pero no veo claro el motivo que os impide llegar a un público más amplio. Parece que no es fácil promocionar a un grupo con dos cantantes y compositores; tampoco tenemos una imagen definida que mostrar en vídeo, o un mensaje importante como U2 o los Simple Minds. Es algo parecido a lo que les pasa a XTC, por ejemplo.

Aunque sea un tópico, vuestro éxito está en el impacto emocional de vuestras canciones. Al final, eso es lo que valoro más. Lamento no tener éxito, pero tampoco voy a estar escribiendo canciones toda mi vida; tendré que dejarlo en algún momento. Creo que si puedo mirar hacia atrás sin sentir vergüenza, compensará todos los malos tragos.

¿Es eso a lo que te refieres en “Hope Then Strife” Sí, esa canción intentaba reflejar el punto en que la desilusión te vence, en que te hartas de toda la rutina de la vida de músico.

No sé si el éxito se puede medir por la cantidad de público que acude a los conciertos. Sé que es un ejemplo extremo, pero con el hecho de que una persona escuchara atentamente podría valer la pena, ¿no? Valdría la pena para esa persona. Entiendo lo que quieres decir, pero un grupo tiene que atraer a un mínimo de púbico, al menos para ir tirando. De otra forma, ningún promotor se tomaría la molestia. Y, por supuesto, yo tengo mi propio ego, y me sentiría muy jodido si algo así ocurriera. No soy una especie de…

… visionario… Sí, vaya, no es que no tenga visiones, pero no hay quien aguante demasiado tiempo tan solo a base de ilusiones. 

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