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THE KLF, El futuro ya está aquí

Bill Drummond y Jimmy Cauty en la época de gloria de The KLF.

 
 

BIBLIOTECA POP (2017)

THE KLF El futuro ya está aquí

Presentamos “¿Qué shingadera está pasando”, capítulo inicial (“El radiocasete en la pirámide”) del delirante artefacto novelesco “2023. La trilogía” (“2023: A Trilogy”; Malpaso, 2017), obra escrita por el dúo The Justified Ancients Of Mu Mu (o JAMs), más conocidos como The KLF (también The Timelords). Ellos son Bill Drummond y Jimmy Cauty, dos auténticos enfants terribles con pasado rockero que a finales de los ochenta y principios de los noventa samplearon a destajo, se apropiaron del hip house, se apuntaron a la fiebre rave, inventaron el chill out e hicieron de sus circunstanciales vidas de éxito una performance artística única: acabaron quemando un millón de libras esterlinas reales en 1994. “2023” es una especie de drama costumbrista utópico ambientado en un futuro no muy lejano que radiografía con ironía el presente tecnológico.


“La historia del mundo es la historia de la rivalidad entre cinco competidores”

stevie dobbs, Apple Tree


09.00, domingo 23 de abril de 2023

Es un día cálido y luminoso de 2023 y el reloj marca las 13.00. Winnie Smith, con los vaqueros caídos y la marca recién qui­tada de la camiseta, sale tranquilamente del edificio de aparta­mentos Victory Mansions. El sol está ya alto.

El tentador aroma del café recién molido tira de ella hasta el Starbucks de la esquina. Es ahí donde Winnie se toma todos los días su primer café latte desnatado. Comprueba en su iPhone 23 la última actualización del parte meteorológico y las ofertas es­peciales del día de GoogleByte. Se fija en que la moda retro de pe­gar carteles de verdad en las paredes ha llegado hasta su barrio. El cartel que tiene delante muestra un manzano cargado de frutos. El eslogan también se permite cierta ironía retro: apple tree te vigila. Aparte de eso, no tiene nada más que el habitual lo­gotipo de una manzana con la esquina mordida.

Winnie se vuelve a mirar la pantalla de su iPhone 23. La apli­cación iJaz –canal de temas de actualidad de Apple Tree. Era Al Jazeera hasta que Apple Tree compró la compañía con sede en Quatar en 2018, ¿o fue en 2019? Más o menos por la misma época en que Apple Tree compró Sky y lanzó sus nuevos canales de ocio y deportes iSky– le abre una ventana de noticias:

“Fernando Poo, el último estado­-nación de la Tierra, está negociando con Apple Tree la venta del control accionarial del país certificando así su in­minente desaparición como tal”.

Winnie se acuerda casi con nostalgia de cómo, cuando ella era adolescente, los estados­-nación competían con las religiones para controlar el mundo. Algo casi tan medieval como los caballeros con armaduras resplandecientes que rescataban a las princesas vírgenes de sus torres.

Para quienes no lo sepan (¿cómo iban a saberlo ustedes?), Fer­nando Poo es una islita situada frente a la costa de África. Fue parte de Guinea Ecuatorial antes de que esta nación rubricara su lucra­tivo acuerdo comercial con WikiTube. Pero quiso la Divina Providencia que WikiTube cayera en la cuenta de que Fernando Poo no tenía ningún valor para el conglomerado. De tal suerte que la dejaron en paz y Fernando Poo pudo reclamar por ende su estatus de estado­-nación y pasar a engrosar el selecto country­-club de los paraísos fiscales. Pero hete aquí que 2022 fue el último año en el que la población de la Tierra tuvo que pagar impuestos, por lo que tan efímero y relumbrante contoneo entre los miembros de tan selecto club pronto fue pasto de la más impía obsolescencia. De ahí el degradante acuerdo de saldos con WikiTube.

Winnie mira una ardilla que salta de uno de los sicómoros que flanquean la avenida. Todas las mañanas se entretiene contem­plando a la que le gusta creer que es la misma ardilla que hace exactamente lo mismo. Luego se fija en otra cosa. Su instinto le dice que no es uno más de esos carteles retro que las Cinco Gran­des han estado pegando por todos lados. El que está viendo ahora es una auténtica chapuza indigna del estilo retro chic que se lleva hoy en día. Solamente muestra el año 2023 en números grandes seguido de la pregunta: ¿qué shingadera está pasando? Tin­ta negra sobre papel blanco del barato. Y nada más. Y, sin embargo, el cartel despierta algo muy profundo en ella. Estimula una nostal­gia, un anhelo que no tiene nada que ver con el sexo, ni con el tra­bajo en redes, ni con viajar, ni con mantenerse en forma, ni con…

Pero deben de estar preguntándose ustedes quién soy yo, quién es esta voz sin cuerpo que les está contando esta historia de una mujer llamada Winnie y de una ardilla en un árbol. Pues bueno, van a tener que aceptarme ustedes, igual que yo acep­to este impulso irrefrenable de hablar pese a ser dolorosamente consciente de que estoy hablando con un «ustedes» invisible y quizá inexistente.

 
THE KLF, El futuro ya está aquí

Un drama de época ambientado en el futruo próximo y escrito en un pasado no muy remoto.

 

Porque es muy probable que haya sido yo quien se pasara toda la noche de ayer empapelando la ciudad con los carteles de 2023: ¿QUÉ SHINGADERA ESTÁ PASANDO?

Winnie Smith entra en el Starbucks, pide un café latte desna­tado, pasa por el lector la tarjeta de zitcoins y contempla el res­to de su vida.

Ahora necesitamos retroceder unos cuantos años, hasta 2011 y el apogeo del Movimiento Occupy. Igual que muchas perso­nas de su generación, Winnie se deja llevar por la emoción y las aspiraciones idealistas del Movimiento Occupy. Aunque su madrastra es izquierdosa y habla con no poco cinismo de la banca internacional y del mundo de los negocios en general, nunca se ha sentido motivada para hacer nada al respecto. Winnie es dis­tinta. Winnie sigue sus impulsos. Winnie sale de la facultad y no para de caminar hasta que llega al mismo centro de…

Llegados a este punto tenemos que decidir dónde vive Winnie. Yo quisiera creer que vivía en Seattle, en el mismo corazón de don­de todo está ocurriendo. Me imaginaba que su Starbucks favorito estaba en la opulenta y soleada Costa Oeste de Estados Unidos, de ahí los cielos azules y despejados, etcétera. Ahora, en cambio, me estoy imaginando a Winnie en una de las zonas de moda del norte de Londres, saliendo del colegio preuniversitario durante una cla­se de historia medieval y recorriendo Kingsland Road entera, atra­vesando Stoke Newington, Dalston, Hoxton y Shoreditch. Hasta llegar a la City de Londres, donde se une al Movimiento Occupy, en la misma escalinata de la catedral de Saint Paul.

El trato que voy a ofrecerles es el siguiente: pueden imaginar­se que Winnie es del mismo lugar que ustedes y que se unió a las protestas locales del Movimiento Occupy de ese sitio. Quizá unos años más tarde, después de cursar una licenciatura com­binada en filosofía e informática, Winnie se muda a Mountain View, Silicon Valley, para entrar a trabajar en GoogleByte. O qui­zá simplemente se queda en el norte de Londres.

Es durante su primera noche en una tienda de campaña, mien­tras comparte su segunda botella de sidra y escucha a un joven cineasta de Brighton, cuando pierde la virginidad. El director, de diecinueve años, se convierte en su primer novio. Se dedica a fil­mar absolutamente todo lo que pasa. Él –de momento vamos a obviar su nombre– cree que lo que están haciendo puede contri­buir a la causa y propiciar el hundimiento de todas las tramposas y corruptas instituciones financieras del mundo.

Y tiene razón.

En verano de 2013 la red global del Movimiento Occupy ya po­see el control absoluto de todos los centros financieros del mun­do, además de tener hackeados todos sus sistemas informáticos. El desplome de los mercados financieros que se produce a continuación es total. El crash de Wall Street en 1929 no fue más que una mota de polvo en comparación.

No parece que los países más ricos del mundo puedan hacer nada al respecto, ni siquiera China. Ninguno de ellos está dispues­to a mandar las tropas contra su juventud más blanca y más bri­llante.

AmaZaba, a la sazón la tienda más grande del mundo, decide intervenir. AmaZaba, que empezó como un modo rápido y efi­caz de comprar y vender libros online, se convirtió enseguida en el canal en que la mayoría de la gente compraba todos los pro­ductos esenciales y muchos de los no esenciales para vivir. Me­nos los cafés latte desnatados y los cruasanes recién hechos, cla­ro. Ahora puede parecer raro que empezaran en 1994 vendiendo solamente libros, producto que internet hizo obsoleto ensegui­da, preservando de paso la selva amazónica.

Antes del crash de 2013, AmaZaba ya se estaba planteando usar el bitcoin como principal moneda de cambio. Y la juventud al­ternativa se adhirió incondicionalmente al movimiento bitcoin. De forma que no resulta sorprendente que el Movimiento Occu­py también haya adoptado en masa el bitcoin para el comercio internacional entre sus miembros. El hecho de que el bitcoin sea una moneda internacional sin ninguna relación con los merca­dos financieros ni tampoco con ningún estado­-nación “maléfi­co” resulta perfecto tanto para Occupy como para una tienda on­line global como AmaZaba. Occupy y AmaZaba están destinados a convertirse en un matrimonio perfecto, y la dote se va a abo­nar en bitcoins.

AmaZaba hace un trato con el Movimiento Occupy para diri­gir las finanzas mundiales usando bitcoin como moneda global. Lo primero que hacen es cambiar el nombre de la moneda, que de bitcoin pasa a zitcoin. De un plumazo el poder de todos los es­tados-­nación del mundo se ve brutalmente recortado. Las cinco grandes potencias económicas –Estados Unidos, Rusia, China, Japón y la Unión Europea– no pueden hacer nada al respecto.

Lo que no está tan claro es quién dirige el Movimiento Occupy. Hay quien dice que se trata de una panda de chavales que practi­can el botellón en una tienda de campaña; otros dicen que es al­guien de Helsinki llamado Hannu Puttonen.

A finales de 2013 AmaZaba, con la ayuda de Occupy, no sola­mente ha salvado la economía mundial, sino que también es la única tienda online en la que se puede confiar. Por supuesto, en internet hay cientos de miles de tiendas start-up especializadas, pero dejaremos el debate sobre sus usos y costumbres para otra parte de esta historia.

 
THE KLF, El futuro ya está aquí

“... la juventud al­ternativa se adhirió incondicionalmente al movimiento bitcoin. De forma que no resulta sorprendente que el Movimiento Occu­py también haya adoptado en masa el bitcoin para el comercio internacional entre sus miembros”.

 

El primer estado que se hunde por completo a finales de 2013 es Grecia. La recientemente fusionada WikiTube interviene mien­tras AmaZaba todavía está descorchando la botella de su desayu­no nupcial y compra Grecia a la Unión Europea por una ínfima fracción de su valor real. Pronto hay una cola de estados­-nación que se ofrecen voluntariamente a ser comprados por una de las nuevas y emergentes Cinco Grandes. Ha llegado la era de Google­Byte, WikiTube, AmaZaba, FaceLife y Apple Tree.

Regresamos ahora al Starbucks de Mountain View, California, o de Seattle, ¿o de Dalston, Londres? Pueden elegir ustedes, in­sisto, aunque yo sospecho que Dalston sería la ganadora si vota­ran los lectores.

Winnie está sentada en un taburete situado frente al venta­nal que le permite contemplar el mundo exterior. Un helicópte­ro surca el nítido cielo azul remolcando una pancarta con la fra­se por encima de nosotros solamente el cielo y el logo de Starbucks en la cola. Yoko Ono es la artista favorita de Winnie. Ella está satisfecha de que su artista favorita haya llegado a un acuerdo comercial con su cadena favorita de cafeterías. Se queda observando cómo el helicóptero y su pancarta desaparecen de­trás de la Torre YouTwo.

Antes de guardar su iPhone 23 comprueba cuántos “me gus­ta” tiene su último post en FaceLife: 3554. No tantos como el an­terior, pero es que solo hace diez minutos que lo ha colgado. Win­nie está en FaceLife desde que cumplió doce años, en 2006. Antes estaba en MyFace. Desde entonces ha colgado allí cada momen­to de su vida, cada pensamiento pasajero y fotos de casi todos los platos que ha comido. De hecho, ha fotografiado el amoroso co­razón de espuma de todos y cada uno de los cafés latte que se ha tomado. Su vida entera está ahí para ser Vista, Compartida y Gus­tada. Ahora mismo tiene 7 356 725 amigos y 654 823 156 segui­dores en Twitter. No tantos como su mejor amiga Primrose, pero más que su último novio.

Los teóricos de la conspiración llevan quejándose de Google­Byte, de Apple Tree, de AmaZaba y demás desde que ella era ado­lescente. La brigada de la conspiración te dirá que las Cinco Gran­des pueden sacar provecho de todo ese rastro de información personal que dejamos en nuestra estela. Quienes dicen eso, sin embargo, suelen ser chavales con necesidad de demostrar algo, en lugar de remangarse y cambiar ellos las cosas. En la universi­dad Winnie estuvo saliendo durante unas semanas con uno de esos tipos que estaba metido en todo ese rollo de los Illuminati y las conspiraciones. Al principio se quedó tan impresionada por la actitud de él que hasta se dejó convencer para irse de FaceLife, pero volvió en cuanto rompieron.

La verdad es que Winnie nunca ha entendido qué problema hay, teniendo en cuenta que las Cinco Grandes han soluciona­do la mayor parte de los problemas del mundo en menos de una generación. Cuesta creer cómo era el mundo, la mierda que era todo antes, incluso en vida de ella. Hace menos de diez años pa­recía que el ei (Estado Islámico) iba a tomar como rehén a toda la humanidad. Y ahora no es más que una panda de tíos que diri­gen los mejores canales de WikiTube.

Lo que pasó es que cuando WikiTube vio cuántas visitas te­nía EI en su antiguo canal de YouTube, presentó a sus miem­bros una oferta que estos no pudieron rechazar. Todo se llevó a cabo de forma abierta; se recurrió al Consejo de Verdad y Reconciliación solamente para que no anidara ningún resentimien­to. En un par de años pareció que hasta el último exislamista desencantado del mundo estaba dirigiendo su propio canal de WikiTube. A cada uno de ellos se le ofrecieron muy buenos in­centivos para montar su propia start-up. Trabajaban a destajo, sabían lo que quería el cliente y los precios eran competitivos. En cuanto a la sharia y todos los problemas derivados, la sección de WikiTube que antes había sido Wikipedia les enseñó exacta­mente qué es lo que Mahoma quería que hicieran y cómo quería que se comportaran. De hecho, todo funcionó tan bien que mu­chos militantes de la antigua Derecha Cristiana de lo que segui­mos llamando por pura nostalgia Estados Unidos se convirtieron al islam. O sea, si te lees el Corán/Qur’an, Jesús/Isa es uno de los Profetas Mayores. Pero no es más que un hombre, no el Verda­dero Hijo de Dios, lo cual tiene más sentido para todo el mundo.

Winnie guarda el teléfono en su mochila de cuero LabelFree –el nombre que adoptó Fair Trade después de que todo el comercio se volviera justo– y saca el bloc de notas. Lo encontró ayer en una tienda de segunda mano cerca de Newington Green. También compró allí una esti­lográfica Parker de la década de 1950 y un frasco de tinta Quink. Quiere escribir un diario, como lo hicieron Adrian Mole y tam­bién Ana Frank. Un diario íntimo de su puño y letra, que nadie Vea ni Comparta y que no Guste a nadie. Puede ser la versión per­sonal de su vida. El problema de FaceLife es que siempre tienes que contar la verdad porque, si no lo haces, un millón de perso­nas vienen a decirte que estás mintiendo y los “me gusta” em­piezan a escasear. En tu diario íntimo, en cambio, puedes decir lo que quieras y nadie va a saberlo nunca.

Winnie llena la estilográfica de tinta tal como le enseñó el tipo de la tienda de segunda mano. Echa un vistazo a los habitua­les de las mañanas de ese Starbucks: casi todos tienen su iPhone en la mano o están actualizando sus páginas de WikiTube o descargando las actualizaciones de sus aplicaciones, o simplemen­te Viendo, Compartiendo o Gustando lo que sus Amigos ya están subiendo ese día a la red.

Confía en que algunos de los clientes levanten la vista y se fi­jen en que ella abre el cuaderno de notas, empuña la estilográfica y escribe las primeras palabras que ha garabateado desde 2017. Pero nadie se da cuenta.

En lo alto del mostrador puede leerse la frase de Yoko Ono la guerra ha terminado. La frase se convirtió en el eslogan de Starbucks en cuanto se hizo con el legado de Yoko Ono. Win­nie tiene la costumbre casi obsesivo­-compulsiva de leer la frase cinco veces seguidas antes de dar el primer sorbo a su café lat­te desnatado del día. Hay otra cosa que nunca ha podido enten­der de su sesión diaria de Starbucks: en casa casi nunca, o nun­ca, escucha música, pero una de las cosas que más le gustan de sus momentos de café latte desnatado es la música que ponen en el Starbucks. Puede ser cualquier tema, desde Bob Dylan pasando por Bach hasta piezas nuevas que ella no conoce, pero siem­pre la reconcilia con el mundo y con la humanidad en general.

Hoy, sin embargo, escribe su nombre completo –Winifred Lu­cie Atwell Smith– y la fecha –23 de abril de 2023– antes de dar el primer sorbo. Luego vuelve a mirar por la cristalera. Ayer vio a un joven que estaba pegando uno de los toscos carteles retro que ha visto antes. No le vio la cara, solamente la espalda. Llevaba los mismos vaqueros que ella y unas botas de trabajo LabelFree, pero nada de cintura para arriba. Ella vio que tenía un cuerpo ar­monioso y los músculos de los brazos bien marcados. Sintió que una corriente de lascivia le recorría el cuerpo. Pero casi de inme­diato le sobrevino una oleada de cólera. Llevaba años sin sentir cólera de verdad. Desde que a los diez años la mera visión de su padre podía inducirle un arranque de odio en estado puro hacia él y hacia todo lo que él representaba. Ella lo culpa de la marcha de su madre.

 
THE KLF, El futuro ya está aquí

¿Artistas, genios, sociópatas o caraduras? El legado destructor y paródico de la saga de acciones con marchamo The KLF ha resucitado con este libro.

 

Winnie consiguió transferir el odio que había sentido antaño hacia su padre al joven de pelo oscuro que había visto al otro lado de la calle.

Desfilaron por su cabeza una serie de alucinaciones nítidas y hermosas. Lo azotaría con un látigo de cuero hasta casi matar­lo. Le ataría el cuerpo desnudo a una estaca y lo acribillaría a fle­chazos como si fuera San Sebastián. Lo violaría y lo degollaría en el momento del clímax.

Aquella ráfaga de odio hacia un hombre cuya cara no había vis­to y al que no conocía de nada le resultó real. No esa realidad fal­sa que uno ve en el cine y lee en los libros. Parecía algo por lo que valía la pena matar. Ella no sabía que todavía podía sentir esa cla­se de cosas. Ahora que tiene todo lo que podría desear. Ahora que la paz mundial está garantizada. Ahora que las cárceles ya no son necesarias. Ahora que hemos domesticado la energía del sol, con lo cual ya no hay que preocuparse de que los gases invernadero contaminen la atmósfera y se nos acaben los combustibles fósi­les, y ahora que la capa de ozono ha sido reparada. Ahora que ya hay suficiente comida para todo el mundo. Ahora que uno puede practicar la religión que quiera, o ninguna. Ahora que la exis­tencia de Dios se puede demostrar o refutar a partes iguales y que todo el mundo está de acuerdo con esta situación.

El único problema es que esta vía de acceso al pensamiento ne­gativo, que sus siete años de terapia prácticamente resolvieron, le recuerda a otro de sus exnovios. De cuando cometió la clási­ca equivocación de enamorarse de un hombre mayor. El exnovio en cuestión había sido una figura heroica para ella en sus años de universidad. Era uno de aquellos superhackers: se llamaba Julian Assange y durante una temporada hubo bastante revuelo mediá­tico en torno a él, pero al final WikiTube llegó a un acuerdo para comprarle su empresa WikiLeaks. A continuación lo contrata­ron para que dirigiera un programa educativo. Entre 2018 y 2020 WikiTube se hizo con todas las escuelas del planeta, poniendo la educación gratuita al alcance de todo el mundo que tuviera en­tre cuatro y veinticuatro años en el rebautizado WikiCampus. La premisa fundamental del WikiCampus era que a cada niño le da­ban una página de Wikipedia a los cinco años, junto con la tarea de añadirle información a diario y corregir las de sus compañe­ros de clase. Aquello tuvo el efecto inmediato de mejorar las tasas de alfabetización y matemáticas de los niños del planeta entero. Como los niños empezaban a querer sus páginas de Wikipedia en más de un idioma, y todavía no se podía confiar en Google Trans­late, uno de los efectos secundarios fue que todos los niños em­pezaron a poder leer y escribir por lo menos tres idiomas antes de empezar la secundaria. Por desgracia, a Winnie esto la pilló ya de­masiado mayor y solamente habla inglés y cantonés.

Winnie detesta a Assange; lo considera un fraude total. Fue de su relación con él de lo que trataron principalmente sus sie­te años de terapia.

De vuelta al Starbucks.

La mirada de Winnie vuelve a concentrarse en la página del cuaderno de notas que tiene enfrente. Se da cuenta de que mien­tras estaba contemplando el torso desnudo del hombre de la ace­ra de enfrente con una mezcla de lascivia y odio, también ha estado escribiendo, como si se tratara de un acto automático. En unas letras enormes que llenan la página ha escrito las siguientes cinco líneas, una y otra vez:

odio googlebyte

odio wikitube

odio amazaba

odio facelife

odio apple tree

No puede creerse las palabras que su mano ha trazado en el papel impoluto que tiene delante. Echa un vistazo a la sala del Starbucks por si acaso alguien se ha fijado en lo que está haciendo. Nadie se ha fijado. ¿Por qué iban a hacerlo? Están todos completamente in­mersos en el mundo que les llega filtrado por sus iPhone 23. Coge su teléfono, curiosea unas cuantas aplicaciones, se fija en que tie­ne más de 8000 “me gusta” nuevos en su actualización de esta­do de FaceLife y por lo menos 4000 seguidores nuevos en Twit­ter desde que se ha sentado.

Tiene ganas de tirar su teléfono contra el suelo y aplastarlo con sus botas hasta hacerlo añicos. Pero no lo hace.

Lo que hace es acabarse el café latte desnatado, guardar el cua­derno, la estilográfica Parker y el frasco de tinta Quink en la mo­chila LabelFree y salir zumbando por las puertas automáticas de cristal del Starbucks a ese mundo que no tiene ni idea de la que se le viene encima.

*

“Di lo que quieras, cuando quieras y a quien quieras”

MARCIA ZUCKERBERG (2007)

*

Barnhill, Jura

23 de abril de 1984

Querido diario:

Acabo de terminar el primer capítulo de este libro. Contar que Winnie empieza su diario me ha hecho pensar que yo debería hacer lo mismo. El seudónimo que utilizo es George Orwell. Un poco de información acerca de mí, en caso de que a alguien le interese. No sé si el lector se pre­guntará cómo me llamo en realidad o incluso cuál es mi sexo. Me he pro­puesto escapar de las garras de Londres para vivir unos meses en una pe­queña granja situada en el extremo norte de la isla de Jura, frente a la costa occidental de Escocia. O el tiempo que haga falta para escribir esta novela.
 

Nací en 1926, o sea que tengo cincuenta y ocho años.

Mi compañera en esta expedición y en la vida es una motocicleta Brough Superior, la mejor moto que se puede tener y también segura­mente la pieza de ingeniería más hermosa que ha existido nunca. Nin­guna mujer puede desear a un hombre después de haber ido a ciento se­senta kilómetros por hora en una Brough. Aunque bueno, supongo que acabo de revelar mi sexo. Si necesitan saber algo más de las Brough, les invito a que lo averigüen por ustedes mismos.

En cuanto a este libro que estoy intentando escribir, espero que la paleta del lector sea lo bastante colorida como para que se dé cuenta de que me he inspirado en dos monumentos de la literatura del siglo xx. No siento la necesidad de defender esta estrategia en términos artísti­cos. Solamente confío en que si este libro llega a publicarse, los titula­res de los derechos de autor de esas dos grandes obras literarias anterio­res se sientan honrados de que las haya elegido para mi obra de ficción.

La luz ya está apagándose en este glorioso día de primavera. Voy a ce­lebrar este primer día de escritura montando mi Brough y conducien­do los cincuenta kilómetros rumbo al sur que me separan del pueblo de Craighouse y del único bar que hay en el único hotel de la isla. Allí dis­frutaré de un chupito o dos del mejor whisky de Jura. Confío en que ese joven de Jura House esté allí esta noche. ¿Cómo se llamaba? Frank o Francis o algo así…

Tal vez debería escribir una de estas entradas de diario al final de cada uno de los 23 capítulos de este proyecto de trilogía de libros.

Con amor,

Roberta

Publicado en la web de Rockdelux el 29/12/2017
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