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THE MAGNETIC FIELDS, L.A. & Psychocandy

Stephin Merritt, en busca de la distorsión de “Psychocandy”.

Foto: Marcelo Krasilcic

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 258)

THE MAGNETIC FIELDS L.A. & Psychocandy

Sintomática conversación entre Stephin Merritt y Ferran Llauradó a propósito del disco de The Magnetic Fields “Distortion”, publicado en 2008. Era su período feedback (o retroalimentación: una de sus consecuencias más seductoras es que el sonido continúa después de que su ejecutor haya dejado de tocar el instrumento). Es el concepto que Stephin Merritt adoptó como leitmotiv de aquel trabajo, un disco que, sin querer, servía como metáfora del estado actual de la obra del autor del imperecedero “69 Love Songs”. Merritt hace tiempo que se ha vuelto quizá invisible, aunque su música sigue. Esta entrevista fue el tema de portada en el Rockdelux 258 (enero 2008).

Entrevistar a Stephin Merritt es un poco como luchar contra el monstruo de final de pantalla de un videojuego. Él sería como un sapo intimidante que, literalmente, va croando frases secas y escuetas con el ritmo de un cañón de artillería y el objetivo de minar la confianza del entrevistador. Por si fuera poco, tiene bien enseñado a su perro Irving (bautizado en honor del gran compositor norteamericano Irving Berlin) para emitir ladridos atronadores y descorazonadores. Además, a la que te descuidas, viene su responsable de prensa a informarte con voz de game over de que se te han agotado los veinticinco minutos de rigor.

Pero yo tenía un plan: quería ganarme la confianza del neoyorquino y proponerle una conversación personal para poder finalmente afrontar la cuestión crucial, la despersonalización que ha sufrido su música a partir de la realización de la que todo el mundo ha entendido como su obra maestra: “69 Love Songs” (Merge, 1999), el monumental álbum conceptual sobre el amor que ha terminado por modificar para siempre su trayectoria. El problema, el reproche, es una consecuencia de la trilogía que quedó grabada en la memoria musical y sentimental de una generación de aficionados: “Holiday” (Merge, 1994), “The Charm Of The Highway Strip” (Merge, 1994) y “Get Lost” (Merge, 1995). Merritt podrá repetir su misa hasta la saciedad: que si entonces no sabía cantar, que si entonces era un borracho (dejó de beber durante la gestación “69 Love Songs”), que su obra más importante es la presente... Pero comparar “Distortion” (Nonesuch-Warner, 2008) con cualquiera de esos tres discos es como comparar “Ringleader Of The Tormentors” de Morrissey con “The Queen Is Dead” de The Smiths: no se puede, no se puede.

“Mi apartamento de Brooklyn se me quedó pequeño, y me gusta mi casita de Los Ángeles; es mucho más grande y mucho más barata. Y estoy más cerca de Hollywood, así que tal vez esto me ayude a cumplir mi sueño de componer sesenta exitosos musicales de Hollywood”
(Stephin Merritt)

Es cierto que Merritt, quien cumplirá 42 años el 17 de enero, ha refinado su pluma y que su dominio actual de la lengua inglesa no tiene parangón: es el mejor estilista de un tipo de canción nacida con el siglo XX y que popularizaron compositores norteamericanos como George Gershwin, Cole Porter y el mencionado Irving Berlin. Pero también lo es que Merritt ya no se toma la creación como una urgente válvula de escape para sus miedos y carencias. Es un juego, un permanente ejercicio de estilo o de género –por ello han ganado peso proyectos paralelos como The Gothic Archies o los discos que firma con su nombre, como “Showtunes” (Nonesuch, 2006)–; en consecuencia, tiene momentos más o menos acertados, grandes canciones y reiteraciones perezosas, cosas divertidas y cosas que tal vez a él le hagan mucha más gracia que a la mayoría de sus oyentes.

Como ya hiciera en el álbum “i” (Nonesuch, 2004) a propósito de una letra, ahora se trata de jugar con otro concepto, el feedback, el efecto que une las trece nuevas canciones de The Magnetic Fields. Merritt ha decidido que todas ellas, tomando como modelo el “Psychocandy” (1985) de The Jesus And Mary Chain, tengan en común el ruido y la retroalimentación, que ha aplicado a todos los instrumentos excepto a la batería, el bajo y la voz. Lo acompañan los habituales Sam Davol (chelo), Claudia Gonson (piano) y John Woo (guitarra), además de Daniel Handler (acordeón, más conocido como Lemony Snicket en su encarnación literaria) y Shirley Simms, quien pone su voz a, entre otras, una de las canciones más logradas y pegadizas del disco, “Please Stop Dancing”. Tras escucharlo durante una semana, me parece un buen álbum, claramente una mejora respecto a su anterior entrega, y el concepto del feedback me hace cierta gracia. Pero...

Volvamos a mi plan. La idea era abordar el tema a través de una comparación con Woody Allen, con quien Merritt comparte una altura poco destacable, un sentido del humor típicamente neoyorquino, el amor por la música popular de la primera mitad del siglo XX y, aquí está el meollo, un creciente desapego por el más alto sentido de la creación artística en sus últimas obras. Tal vez si Merritt fuese Woody Allen, “Get Lost” sería “Maridos y mujeres”, “69 Love Songs” sería “Todos dicen I love you” (salvando las distancias a favor del músico) y “Distortion” podría ser “Vicky Cristina Barcelona” cambiando Barcelona por Los Ángeles, su nueva residencia. Lástima que nos tuvieran que cortar, porque creo que Merritt no llegó ni a enterarse, seguramente porque está acostumbrado a que en Estados Unidos el impacto del álbum de canciones de amor haya borrado su carrera anterior.

 
THE MAGNETIC FIELDS, L.A. & Psychocandy

Sam Davol, Stephin Merritt, John Woo y Claudia Gonson: unidos en el “feedback”.

 

Te has mudado de Nueva York a Los Ángeles, entonces. Oh... Bueno, voy y vengo.

¿Por qué lo has hecho? Mi apartamento de Brooklyn se me quedó pequeño, y me gusta mi casita de Los Ángeles; es mucho más grande y mucho más barata. Y estoy más cerca de Hollywood, así que tal vez esto me ayude a cumplir mi sueño de componer sesenta exitosos musicales de Hollywood.

Así que ya lo tienes decidido. En teoría, pero todavía no he hecho nada.

¿Te gusta la ciudad? Sí. Tengo un pequeño coche con GPS que me dice dónde estoy. Soy muy muy mal conductor.

En “Holiday” tenías esa canción enorme que se llamaba “In My Car”. Sí, de eso hace mucho tiempo. La compuse en Boston, porque me acababa de comprar un coche.

¿Ha afectado el traslado al nuevo disco? No. De hecho, escribí todo el disco antes de mudarme a Hollywood.

¿También “California Girls”? Sí.

¿Pero ya lo tenías en mente? Ya quise venir a Los Ángeles a principios de los ochenta. No por Hollywood, sino por la escena musical.

¿A qué escena te refieres? Me gustaba lo que se dio en llamar Paisley Underground, grupos como The Bangles.

¿Cómo se te ocurrió la idea del feedback? Quería que la grabación fuese rápida. Y pensé que tomar el disco “Psychocandy” de The Jesus And Mary Chain como plantilla me ayudaría a conseguirlo, y también que podríamos tener todas sus virtudes: espontaneidad, diversión... como si fuera una fiesta. Sí que lo grabamos muy rápido, pero la mezcla nos tomó mucho tiempo, como un año y medio.

“Quería que la grabación fuese rápida. Y pensé que tomar el disco ‘Psychocandy’ de The Jesus And Mary Chain como plantilla me ayudaría a conseguirlo, y también que podríamos tener todas sus virtudes: espontaneidad, diversión... como si fuera una fiesta. Sí que lo grabamos muy rápido, pero la mezcla nos tomó mucho tiempo, como un año y medio”
(Stephin Merritt)

¿Qué te atrae del feedback? A los guitarristas les gusta el “feedback” porque es como si no tuvieran que tocar. Y hace que parezca que tengan más manos. ¿Quién no querría tener más manos? Y además es bonito (se escucha un jaleo terrible). Perdona, es mi perro.

¿Es Irving? Sí, me parece que se ha vuelto loco... (Con voz de amo) Eh, Irv, cállate. ¡Va! ¡Va! Se conoce que ha visto a alguien que no le gusta por la ventana.

¿Qué es exactamente lo que te gusta de “Psychocandy”? Suena como una aspiradora con un ritmo. De hecho, como una cafetera exprés con un ritmo.

Y... Tiene canciones sobre motos y chaquetas de cuero.

Vale. Y de amor.

¿Algo más? Ya está.

¿Te interesa el resto de su trayectoria? Me gustó mucho el dueto con Hope Sandoval (el single “Sometimes Always”). Pero “Psychocandy” es mi favorito.

Sé que es un clásico, pero a mí siempre me ha costado mucho escucharlo. Tal vez es que lo escuchas demasiado alto.

No, siempre escucho la música muy floja. Vaya.

¿Te recuerda a algún momento especial de tu vida? Los vi en directo dos veces, en Nueva York y en Boston, por lo que mi recuerdo del disco está mezclado con el recuerdo de los conciertos. Era como algo del futuro mezclado con una reinterpretación radical del pasado. Como coger la mitad de The Velvet Underground y tirar la otra mitad. De alguna manera, mezclaron la producción de “European Son” con la sensibilidad pop de “Femme Fatale”.

¿Hubo disturbios? He leído que solía haberlos en sus conciertos de los ochenta. No (se ríe, por fin, pero el perro vuelve a ladrar con fuerzas renovadas).

¿Y pensaste en “Distortion” por su forma de filtrar el sonido soleado de The Beach Boys o por las canciones de los grupos de chicas a través de un muro de ruido y oscuridad? Cuando pienso en los grupos de chicas de los sesenta, no pienso en el sol. Pienso en canciones intensas y apasionadas sobre amores que se han ido al traste. Tragedias. Literalmente, canciones sobre accidentes de coche.

Yo, cuando pensaba en The Jesus And Mary Chain, pensaba en The Beach Boys, pero tú lo sabrás mejor. Lo de The Beach Boys no fue evidente hasta después de “Psychocandy”, cuando empezaron a hacer versiones de Jan & Dean.

 
THE MAGNETIC FIELDS, L.A. & Psychocandy

Rockdelux 258 (Enero 2008)

Foto: Juan Sala

Diseño: Nacho Antolín

 

Entonces, lo ves más como un sonido urbano de Nueva York que como un sonido playero de Los Ángeles. Bueno, The Velvet Underground por supuesto que son muy de Nueva York. Nueva York y Europa, de hecho, por lo de Nico. Pero Phil Spector era un neoyorquino que grababa en Los Ángeles. Los grupos de chicas son mitad y mitad. No eran particularmente de Nueva York o de Los Ángeles.

No asocias Los Ángeles con el sonido de las playas, pues. La playa solo eran The Beach Boys; se hacía mucha música urbana en Los Ángeles. La mayoría tenía que ver con disturbios raciales. Los Ángeles es mucho más que una playa.

¿Te gusta algún otro disco de feedback? “Metal Machine Music” de Lou Reed.

Jamás lo he escuchado. Supongo que porque me asusta oírlo con el volumen tan alto. ¿Te asusta el volumen alto?

Me incomoda. (Se oye otro ruido desagradable, como de gato apaleado) Pues baja el volumen.

Ya, pero entonces tienes la sensación de que no vas a apreciar completamente la música, como la advertencia que había en el “Ziggy Stardust” de David Bowie: “Escúchese al máximo volumen”. Hum... Eso es una tontería. Escucha el disco al volumen con el que te sientas más cómodo (más ladridos). Dios, ¡se ha vuelto loco! Creo que es porque acabamos de volver de Nueva York y no está acostumbrado a ver gente a través de la ventana.

“Canto mucho mejor. Empecé a cantar mucho, a practicar en serio. ‘Holiday’, ‘The Charm Of The Highway Strip’ y ‘Get Lost’ fueron tres álbumes que grabé sin casi haber hecho giras como cantante”
(Stephin Merritt)

¿Puedes escoger la canción de “Distortion” que más te guste o te parezca más significativa y explicarla a nuestros lectores? “Zombie Boy” es una canción sobre una especie de hechicero de Haití que resucita un cadáver para tener sexo y una especie de relación amorosa con él. Y lo viste de mujer. Es muy explícita, pero es para reír.

¿Por qué la has escogido? Es la primera que se me ha ocurrido (más ladridos). Perdona, lo voy a poner en la otra habitación.

A partir de “69 Love Songs” pareces más en paz contigo mismo, y esto se refleja en tus nuevos discos. ¿Cómo fue el cambio? ¿Te refieres a las letras?

Es una impresión general, pero pienso también en la voz. Bueno, es que canto mucho mejor. Empecé a cantar mucho, a practicar en serio. “Holiday”, “The Charm Of The Highway Strip” y “Get Lost” fueron tres álbumes que grabé sin casi haber hecho giras como cantante.

Pero tu voz tenía una urgencia y una pasión que ya no tiene. Oh. No lo sé.

También había urgencia en un concierto que diste en Barcelona en 1998, que fue muy recordado por tu insistencia en pedir vodka con naranja. ¿Es el concierto en el patio medieval? (Se refiere al concierto del BAM de 1997 en la Plaça del Rei; ver Rockdelux 146).

No, al de La Bàscula (ver Rockdelux 152). Pero ese también fue extraordinario. Pues me temo que el concierto en el patio medieval anula el resto de recuerdos de conciertos en Barcelona. ¡El camerino estaba en un palacio!

¿Te parece adecuado que se te compare con Woody Allen? Sí, es una muy buena comparación. Siempre espero que me comparen con él. Mis amigos lo hacen todo el tiempo, me dicen: “Estás trabajando en tu proyecto de otoño”. Ya sabes que todas sus películas son “el proyecto de otoño de Woody Allen”, porque hace una al año; y como la mayoría del tiempo estoy grabando algo, me dicen que es “mi proyecto de otoño”.

¿Qué te parece su trayectoria a partir de los noventa? Como a todo el mundo, me encantan algunas películas y otras no tanto.

¿Cuál es tu favorita de este período? Me encanta “Poderosa Afrodita”.

¿De verdad? Seguramente es la que menos me gusta. Lo del coro griego... ¡Me encanta! (Me has matado, Stephin).

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