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THE NATIONAL, El sueño de la otra América

Matt Berninger, el vocalista y letrista del grupo.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 364)

THE NATIONAL El sueño de la otra América

De modo gradual, The National han ido creciendo hasta convertirse en uno de los grupos de referencia en el indie rock del presente siglo. Su séptimo álbum, “Sleep Well Beast”, revitalizó su discurso más inquieto y mostró, de un modo no siempre obvio, el clima de incertidumbre y malestar que nos invade. David Saavedra entrevistó en París a los dos hombres que promovieron la banda, Matt Berninger y Scott Devendorf, reportaje que fue motivo de portada en el Rockdelux 364 (septiembre 2017). The National tocarán el 1 de junio en el Primavera Sound 2018.

Es 20 de junio, todavía no ha llegado el verano propiamente dicho, pero París se ve invadida por una ola de calor, especialmente cruenta a mediodía. Me han citado en un cuquísimo hotel en el barrio de Le Marais con los componentes de The National, aunque retrasos en los vuelos y una inoportuna enfermedad han llevado a que comparezcan solamente dos de ellos: el vocalista Matt Berninger y el bajista Scott Devendorf. No se han dejado ver los hermanos Bryce y Aaron Dessner (guitarras), mientras que el batería Bryan Devendorf se ha quedado en la cama.




Alrededor del año 2000 empezaron a suceder cosas en Nueva York: bandas como The Strokes, Interpol, Yeah Yeah Yeahs... Todo aquello era genial. Pensamos: ‘¡Nosotros podemos hacer eso!’, aunque todavía seguíamos la música más bien como fans. Fue un largo período de gestación, probando cosas... Y la gente escuchaba y nos daba ánimos. No podría hablar de ningún momento concreto en el que por fin se fijaran en nosotros, pero simplemente surgió”
(Scott Devendorf)

Que la banda afincada en Nueva York haya elegido la capital francesa para iniciar la promoción de su séptimo álbum, “Sleep Well Beast” (4AD-Popstock!, 2017), no es gratuito. Es donde reside Bryce Dessner, pero también fue en ese país donde el grupo comenzó a despuntar a raíz de su segundo álbum, “Sad Songs For Dirty Lovers” (Brassland, 2003). “Hicimos muchas giras por aquí gracias al sello Talitres, que licenció el disco. Tocamos en su fiesta de aniversario y fue una época muy divertida”, apunta el bajista. El apoyo de periodistas radiofónicos del prestigio de Bernard Lenoir contribuyó a darlos a conocer en el país antes de que Beggars Banquet los fichara y la banda emprendiese la profesionalización con el tercer largo, “Alligator” (Beggars Banquet, 2005). “En realidad fue algo gradual. Fuimos dejando nuestros trabajos poco a poco, pero ahí ya lo hicimos por completo”, matiza Scott, al tiempo que ambos rememoramos la primera visita de la banda a España, en aquel año. Le recuerdo la entrevista que les hice para esta misma publicación (RDL 228) y él dice no haber olvidado su concierto en la sala Moby Dick de Madrid (el 4 de mayo de 2005 ante menos de un centenar de personas).


Freaks en el rock tardío

The National es un grupo bastante inusual. Al hecho de que lo conformen el cantante y dos parejas de hermanos (gemelos en el caso de los guitarristas), se suma lo tardío de su reconocimiento. Los dos interlocutores en esta entrevista son el verdadero germen de la banda. Se conocieron en la universidad de Cincinnati y montaron su primer grupo conjunto en 1991, en la misma escena en que The Afghan Whigs oficiaban como tótems. Sus cinco componentes se tiraron toda la década de los noventa tocando en bandas de indie rock y otros proyectos. En 1999 crearon The National –aún sin Bryce en el grupo– y, en aquella misma época, se trasladaron en bloque a Nueva York. Todos ellos rondaban ya la treintena. “Creo que el ir tan despacio fue bueno para nosotros, aunque no se lo recomendaría a todo el mundo, sobre todo si necesita el dinero”, afirma Devendorf. “Alrededor del año 2000 empezaron a suceder cosas en Nueva York: bandas como The Strokes, Interpol, Yeah Yeah Yeahs... Todo aquello era genial. Pensamos: ‘¡Nosotros podemos hacer eso!’, aunque todavía seguíamos la música más bien como fans. Fue un largo período de gestación, probando cosas... Y la gente escuchaba y nos daba ánimos. No podría hablar de ningún momento concreto en el que por fin se fijaran en nosotros, pero simplemente surgió”.

Con “Boxer” (Beggars Banquet, 2007) subieron de escalón, y con “High Violet” (4AD, 2010) aunaron el éxito de crítica con el de público: fue Top 5 en ventas en Estados Unidos, Reino Unido y ocho países más, de Portugal a Nueva Zelanda. De repente, The National era uno de los grupos más exitosos del rock alternativo a nivel internacional, aunque el músico no considera que eso les haya provocado más presión de cara a sus siguientes trabajos. “No sé cómo será recibido este disco, pero creo que ahora es todo más natural”, reflexiona. “Tenemos seguidores, lo cual apreciamos. Nos sentimos muy afortunados y agradecidos por ello, porque nos permiten hacer lo que queramos y les resulta siempre interesante”.

 
THE NATIONAL, El sueño de la otra América

Rockdelux 364 (Septiembre 2017)
Foto: Graham MacIndoe
Diseño: Gemma Alberich

 





“La ansiedad siempre ha sido un elemento fundamental en las canciones de la banda. Vivíamos en Nueva York, y el 11-S cambió de repente toda la manera de percibir las cosas. Estamos atravesando un enorme drama y eso pervive desde entonces. Nunca busco específicamente hablar de eso, pero es simplemente una expresión, la captura de un sentimiento abstracto y no siempre fácil de entender”
(Matt Berninger)

Zonas de confort erróneas

Sí se percibía, a estas alturas, cierta tendencia al acomodamiento en el tipo de canción que mejor saben practicar: esos medios tiempos marcados por una épica íntima, que lastraron especialmente su anterior largo, “Trouble Will Find Me” (4AD, 2013). Reconoce el bajista que el miedo a repetirse está ahí presente. “Hemos hecho siete discos y multitud de conciertos, y siempre sentimos ese peligro. Eso nos compromete, pero al final no nos importa si es una canción electrónica, una de amor o una rara con el piano: para nosotros, lo importante es la emoción que generes. En esta ocasión, de todos modos, hemos querido tocar instrumentos diferentes, trastear por ahí un poco más”. Mientras hablamos sobre el modo en que surgen las canciones, aparece el vocalista y letrista del grupo y toma el relevo. “Mi proceso de escritura ha cambiado mucho a lo largo de los años. Lo que hago últimamente es abrir mi ordenador portátil, conectar un micrófono y escuchar por GarageBand el esbozo de un tema que previamente me ha enviado la banda; después, me pongo a cantar por encima y luego lo anoto. Surge de modo muy lento; no soy Bob Dylan ni nada de eso. Escucho la música una y otra vez hasta que empiezo a encontrar melodías. Por otro lado –añade Matt–, las escribo todas al mismo tiempo, van saltando de un lugar a otro y supongo que ese es el motivo por el que todas las letras están interconectadas, pertenecen al mismo mundo”.

Aludo al primer sencillo de “Sleep Well Beast”, “The System Only Dreams In Total Darkness”, como expresión de la fragilidad de la existencia en el mundo actual, de la constante sensación de miedo, paranoia y peligro. “Todo el disco tiene algo que ver con eso”, concede él. “Creo que es imposible que los tiempos actuales no afecten a todo lo que las personas hacen o piensan y, por supuesto, a los artistas. El miedo que hay alrededor, lo político y la violencia empañan todo tipo de pensamiento actual. Pero no estoy muy seguro de qué va la canción. Muchas de las letras están escritas en un retiro, y luego hay otro conjunto de textos diferentes, que surgieron justo antes de entrar a grabar. Este tema es de los que aparecieron en el último momento. Mi esposa vio que había en él algo que estaba mal y cambió la letra por completo a lo largo de una noche. Pero en todas hay una combinación de los mismos elementos: ansiedad, miedo, amor, deseo... La ansiedad siempre ha sido un elemento fundamental en las canciones de la banda. Vivíamos en Nueva York, y el 11-S cambió de repente toda la manera de percibir las cosas. Estamos atravesando un enorme drama y eso pervive desde entonces. Nunca busco específicamente hablar de eso, pero es simplemente una expresión, la captura de un sentimiento abstracto y no siempre fácil de entender”.

 
THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“Antes éramos más cicateros entre nosotros, y todavía nos volvemos locos a veces, pero tenemos una relación mejor, más armónica y cariñosa”. Foto: Graham MacIndoe

 






“Solo puedo sentirme cómodo si me evado a mi propio lugar, y eso tengo que hacerlo desde el interior. Pero todo se altera cuando está a punto de terminar el concierto. Entonces siento que puedo regresar al mundo real y conectarme con él. Salto del escenario y toco a la gente, aunque rara vez les miro a los ojos. Es una forma de decirles: ‘Sé que estáis ahí’. Pero, créeme, no soy nada bueno a la hora de interactuar, prefiero cerrar una cortina sobre mi cerebro”
(Matt Berninger)

Matrimoniadas

Carin Besser, la esposa de Berninger, es poeta y editora de ficción –trabajó para ‘The New Yorker’–, y el vocalista le atribuye mucha importancia de cara a su trabajo. “La conocí cuando estábamos haciendo ‘Alligator’ y enseguida la invité a participar en todo el proceso porque ella es brillante. No es que yo fuera antes un escritor perezoso, pero ella me ha ayudado mucho a mejorar. Desde entonces hemos seguido colaborando, me muestra sus ideas e introduzco muchas de ellas”. Le pregunto sobre uno de los nuevos temas, “Carin At The Liquor Store”, y me indica que fue idea de ella poner su nombre en el título. “La canción tiene que ver con Carin y con otras muchas cosas”, revela él. “El disco, en general, va sobre mi matrimonio con ella, pero también el que tengo con la banda, la relación con mi hija, mi familia, con la política estadounidense... Y, al mismo tiempo, no se centra específicamente en ninguno de esos aspectos”. Percibo también cierto apego hacia temas que parecen reflexionar sobre cómo mantener el amor en relaciones largas, algo muy poco habitual en el discurso habitual del rock, más juvenil y urgente. Él asiente. “La mayoría de las canciones que se han hecho tratan sobre encontrar el comienzo del romance, y las mías más bien sobre cómo continuarlo, lo cual es más difícil. En la banda, por ejemplo, antes éramos más cicateros entre nosotros, y todavía nos volvemos locos a veces, pero tenemos una relación mejor, más armónica y cariñosa”.

En cuanto a su otra relación larga, la que mantiene con la política, ahí hay menos conflicto del que parece. Una de sus canciones más famosas, “Mr. November”, la compusieron para jalear a John Kerry cuando se presentó a las elecciones en 2004, pero acabaron utilizándola para apoyar la campaña de Barack Obama. En los últimos comicios se manifestaron a favor de Hillary Clinton. Los dos componentes aseguran no haber tenido problemas internos en ese sentido, aun a pesar de considerarse más progresistas de lo que el Partido Demócrata demuestra en general.

Queda una última relación por abordar: la de la banda con el público en sus directos, algo que me ha llamado la atención, precisamente, cuando interpretan “Mr. November” en grandes recintos y el vocalista termina mezclándose con la gente. “Yo no miro al público, no establezco nunca contacto visual”, afirma él. “No soy un ‘showman’. Yo tengo que desconectar: imagino que estoy solo, me pongo a beber y la mayor parte del tiempo estoy con los ojos cerrados. Solo puedo sentirme cómodo si me evado a mi propio lugar, y eso tengo que hacerlo desde el interior. Pero todo –prosigue– se altera cuando está a punto de terminar el concierto. Entonces siento que puedo regresar al mundo real y conectarme con él. Salto del escenario y toco a la gente, aunque rara vez les miro a los ojos. Es una forma de decirles: ‘Sé que estáis ahí’. Pero, créeme, no soy nada bueno a la hora de interactuar, prefiero cerrar una cortina sobre mi cerebro”, concluye. Mientras, en una plaza contigua, un músico callejero toca al sol “La vie en rose” e incita al escapismo turístico.

 

Bryce Dessner, el genio multiplicado

En noviembre de 2013 tuve la oportunidad de entrevistar en Madrid a Bryce Dessner (se publicó en RDL 324). Más allá de su labor como guitarrista de The National, posee un completísimo currículo en la música contemporánea. “No soy un compositor de música clásica que, de repente, se puso a tocar la guitarra en una banda de rock; ni al revés. Siempre he hecho ambas cosas al mismo tiempo y ambas se han influido”, me decía él entonces mientras promocionaba “Aheym” (2013), el álbum que acababa de grabar con el Kronos Quartet.

Previamente a ello había trabajado con Philip Glass y Steve Reich, entre otros muchos, y en los cuatro últimos años ha redoblado sus trabajos en ese campo, componiendo, produciendo y tocando con multitud de músicos de toda Europa y Estados Unidos, siempre en proyectos de perfil alto. Volvió a encontrarse con el Kronos Quartet en la obra “40 Canons”, en 2014, y, junto con Ryuichi Sakamoto y Alva Noto, compuso la banda sonora de “El renacido” (Alejandro González Iñárritu, 2015). Este año se ha publicado “Planetarium”, la obra que creó en 2012 junto con Sufjan Stevens, Nico Muhly y James McAlister. Jonny Greenwood (Radiohead) y Richard Reed Parry (Arcade Fire) también se encuentran hermanados con él en este aspecto y han compartido composiciones y conciertos sinfónicos.

Con su hermano Aaron comisionó y produjo los recopilatorios benéficos para la organización Red Hot “Dark Was The Night” (2009) y “Day Of The Dead” (2016). Además, los dos gemelos son los factótums del sello Brassland, en el que The National grabaron sus dos primeros álbumes, y que también ha publicado a su otro grupo, Clogs, y a gente como Doveman y Nico Muhly. En 2006 fundó el festival MusicNOW en Cincinnati, punto de encuentro para músicos de ambas disciplinas. La próxima vez que lo entreviste le preguntaré cuántas horas duerme al día.

  

 

DISCOGRAFÍA PREVIA

THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“The National”
(Brassland, 2001)

Un debut tibio, poco representativo, con el que nadie aventuraba lo que The National llegaría a ser posteriormente. Por entonces funcionaba como cuarteto; Bryce Dessner no estaba con ellos y su hermano Aaron abusa de la guitarra acústica en un disco muy lastrado por el country alternativo. Matt Berninger tampoco había encontrado su voz aún, aunque sí comienzan a entreverse, levemente, sus virtudes líricas. Uno de los textos, el de “29 Years”, reaparecerá posteriormente en “Boxer” como “Slow Show”.

THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“Sad Songs For  Dirty Lovers”
(Brassland, 2003)

El disco que marcó su transición. Todavía queda algo de su pasado folk (slide guitar, bastantes violines), pero la entrada de Bryce y la incorporación de Peter Katis, su productor de cabecera, marcan las nuevas señas de identidad. Lo mejor son los tres gritos primarios que Berninger lanza al final, respectivamente, de “Slipping Husband”, “Murder Me Rachael” y “Available”, esta última envuelta en épicos riffs. La banda concede una importancia aún más grande a su EP posterior, “Cherry Tree” (Brassland, 2004).

 
THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“Alligator”
(Beggars Banquet, 2005)

El álbum que les puso en el mapa y, desde mi punto de vista, su mejor colección de canciones. Un trabajo repleto de sobresaltos que oscila entre aplacadas delicias como “Looking For Astronauts”, “Karen” o “Baby, We'll Be Fine”, exabruptos como “Abel” (lo más rabioso que han grabado nunca) y hits que encarnan perfectamente su idea de lo épico como “Lit Up”. América y el alcohol aparecen referenciados por todas partes, lo que demuestra que Matt ya había apuntalado sus obsesiones líricas.

THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“Boxer”
(Beggars Banquet, 2007)

La introducción de cuerdas, vientos y piano resta urgencia eléctrica a unas canciones revestidas de arreglos más audaces. Comienza la especialización en medios tiempos. Carin Besser aparece acreditada como coautora de tres temas y Sufjan Stevens colabora en dos. Canciones como “Fake Empire” y “Mistaken For Strangers” empiezan a sonar en series de televisión  y una de las letras es citada en la novela “Suites imperiales” (2010) de Bret Easton Ellis. Ya habían irrumpido en la cultura popular estadounidense.

 
THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“High Violet”
(4AD, 2010)

Disco de tono muy unitario y, probablemente, el que mejor define el estilo de The National. Solo la floja “Lemonworld” lastra el conjunto, que brilla a un nivel muy alto. Colección de medios tiempos sobre los que Berninger canta sentimientos de mediana edad (“Afraid Of Everyone” tiene que ver con su paternidad), emociones desaliñadas y nocturnas, miedos e incertidumbres. Como dato curioso, “Sorrow” la tocaron como parte de una instalación artística en el MoMA PS1 en 2013, 105 veces seguidas durante seis horas.

THE NATIONAL, El sueño de la otra América

“Trouble Will Find Me”
(4AD, 2013)

Hay algo de humor soterrado en el título, pero este álbum es un bajón. Por primera vez, la banda pone el piloto automático, todo suena tristón y derivativo, incluso tópico. Sube un poco el nervio en “Sea Of Love” y “Graceless” –las dos mejores–, mientras que “I Need My Girl” muestra la melancolía de un padre de familia harto de salir de gira. El peso de The National en la comunidad indie se refuerza y refrenda con los cameos de Sufjan Stevens, St. Vincent, Sharon Van Etten, Doveman y Richard Reed Parry.

 
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