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THE NEW RAEMON, Un contador de canciones

Ramón Rodríguez: adiós a la gravedad. Foto: Dani LC

 
 

ENTREVISTA (2010)

THE NEW RAEMON Un contador de canciones

Inesperado éxito, el de The New Raemon. Ramón Rodríguez despuntó como por arte de magia después de una larga trayectoria en Madee. Con el confesional “A propósito de Garfunkel” (2008) empezó a crecer el mundo de este cantautor emocore, cada vez más popular y transversalmente activo, como demuestran sus diversas colaboraciones y producciones. Dimas Rodríguez lo entrevistó cinco minutos antes de la eclosión definitiva: eran los tiempos de su segundo álbum, “La dimensión desconocida” (2009). Y se encontró con la misma franqueza que habita en las canciones de Este Nuevo Raimon.









“Me doy cuenta de que una parte del público que viene a mis conciertos no sé de dónde ha salido. Me sorprende cuando parece que llegas a una zona más ‘mainstream’. Yo vengo de otro sitio y es todo un aprendizaje para mí”

Ha de tener un nombre ese momento mágico que separa la introducción jocosa, seria, tímida o balbuciente de un tema en directo y la posterior ejecución de la canción. Entre ambas partes siempre hay un silencio, secundado a veces por risas o comentarios desordenados de los espectadores, que debería denominarse de alguna manera. Esa noche, en el bar Heliogàbal del barcelonés barrio de Gràcia, hay muchos de esos instantes. Ramón Rodríguez, alias The New Raemon, respalda en funciones de telonero y con un nutrido set la actuación de la hipnótica cantautora de Seattle Tiny Vipers. Cercano frontman, su material sensible, trufado de reflexiones y composiciones de amor y derrota en primera persona, descansa en concierto en unas graciosas presentaciones, donde incluso se burla cariñosamente de su teclista Marc Prats (también compañero de aventuras de Rodríguez en los estupendos Madee). Aquí llega un tipo divertido, responsable del sello Cydonia Records, enamorado de las comedias de Todd Phillips, Judd Apatow y Mike Meyers, trekkie convencido y fan de la primera trilogía de “La guerra de las galaxias”. El mismo que ha visto a un público ascendente corear el repertorio autobiográfico y personal que respira en su aplaudido debut “A propósito de Garfunkel” (BCore, 2008), en el 10 pulgadas “La invasión de los ultracuerpos” (BCore, 2008) y en el reciente “La dimensión desconocida” (BCore, 2009). Precisamente, con el recuerdo de un grueso de oyentes coreando a pleno pulmón “Tú, Garfunkel” en su recital en el Heliogàba, se descuelga una certeza compartida: “La gente tiene ganas de cantar canciones”. Todavía no sabemos cómo llamar a ese espacio elástico e intangible que hay entre la introducción de la canción en vivo y su posterior despegue. Pero la gente tiene ganas de cantar canciones. Y él tiene ganas de cantarlas y de contarlas.

Llevas muchos años en la música y, de repente, The New Raemon se convierte en tu proyecto más exitoso a nivel de repercusión. ¿Cómo valoras este interés más masivo en tu música? Yo creo que, quizá, a la gente le gustan las canciones por esa aparente sencillez que las rodea. Con Madee somos más pomposos, somos mucha gente en directo: tres guitarras, un teclista, un batería que pega unos golpes que hacen que se te caiga el peluquín (risas). La gente se quiere identificar con lo que canta, tiene esa necesidad y es muy bonito ver cómo se emocionan en directo y trasladan a su vida las canciones. Es algo muy transparente. Además, ahora cada vez tenemos más oportunidades para elegir lo que escuchamos. Se ha roto la barrera de tener que escuchar lo que nos imponen o lo que nos dicen que es lo mejor. Cualquiera que tenga un ordenador y un mínimo de interés puede buscar por internet, descubrir cantidad de bandas y decidir lo que quiere escuchar. Yo creo que las nuevas generaciones de grupos, las que vendrán después de nosotros, serán la rehostia. Y dentro de todo este cambio, el CD, por ejemplo, se ha convertido en un “flyer”, y eso que todavía se hacen CDs muy chulos. Ahora la gente se compra vinilos y los compra en los conciertos. Todo es más directo, y cuando alguien descubre algo que considera que suena diferente, se crea un interés. Me doy cuenta de que una parte del público que viene a mis conciertos no sé de dónde ha salido. Me sorprende cuando parece que llegas a una zona más “mainstream”, por decirlo de alguna manera. Yo vengo de otro sitio y es todo un aprendizaje para mí.

 
THE NEW RAEMON, Un contador de canciones

“Yo me lo quiero pasar bien, no quiero transmitir negatividad. Quizá hace ocho o diez años hubiera sido diferente: yo habría mantenido una pose seria”.

Foto: Lyona

 

También debió ser un aprendizaje curioso el hecho de acostumbrarte a que el público cantara tus propias vivencias, ¿no? A mi novia le pasaba en los primeros bolos; veía a la gente cantando nuestras historias y le impresionaba mucho. Lo gracioso es que yo no la recuperé gracias al primer disco de The New Raemon, fue como un esfuerzo natural. Ella tenía tres o cuatro maquetas anteriores al disco y las odiaba profundamente. Recuerdo que cuando empecé a grabar el primer álbum de The New Raemon, ya estábamos juntos otra vez y empecé a cambiar frases de las canciones. Pero Ricky Falkner, el bajista y productor, me decía: “¡¡¡No las cambies, no las cambies!!”. Es muy irónico enfrentarte a esto. Ahora pienso: soy un panoli y, quizá, cuando seamos viejos, ella escuchará las canciones y dirá “ahh, qué mono”. De todas maneras, en los discos no solo hablo de rupturas, también hablo de malentendidos con mi familia, problemas con otra gente o broncas que me inflijo a mí mismo.

“A mi novia le pasaba en los primeros bolos; veía a la gente cantando nuestras historias y le impresionaba mucho. Lo gracioso es que yo no la recuperé gracias al primer disco de The New Raemon, fue como un esfuerzo natural”

Una de las características que sorprende de tu propuesta es el sentido del humor que imprimes a un material tan serio en algunas letras, en los directos. También ayudan los clips o las ilustraciones de Martín Romero... Yo me lo quiero pasar bien, no quiero transmitir negatividad. Quizá hace ocho o diez años hubiera sido diferente: yo habría mantenido una pose seria. Si, por ejemplo, The New Raemon hubiera aparecido con 20 años, habría sido un desastre. Creo que durante mucho tiempo me he tomado a mí y a mi música demasiado en serio y ahora la gente que se toma tan en serio a sí misma me produce rechazo. ¿Dónde está la persona y dónde está el personaje? Aunque hagas música triste y muy profunda, has de comunicarte con el público, que vean que allí hay una persona, explicar cosas entre canción y canción. Ir de intenso es algo que ya no me va.

¿Y hacia dónde puede ir The New Raemon ahora? El primer disco lo tenía que hacer yo solo, pero se fueron sumando amigos que querían colaborar; el segundo lo hice con banda, pero los arreglos los hicimos en el estudio directamente. Y el tercero, creo que lo grabaré yo solo: guitarra eléctrica y voz. Me están saliendo canciones más íntimas que no sé si les gustarán a los que me siguen. Me encuentro en una situación delicada: dejé el trabajo hace dos años y medio para hacer música. Y me puedo ganar la vida, aunque de manera discreta. Antes la presión me la ponía yo y ahora viene condicionada por otras cosas: he de tocar porque si no, no ingreso; he de sacar otro disco porque si no, no salen bolos. Siento que he entrado en una rueda que puede condicionar lo que vaya a hacer después. Y no me acaba de gustar esta sensación. Es muy guay que los bolos se llenen, que la gente cante, pero tiene un reverso tenebroso. Así que la manera más honesta de actuar es hacer lo que sientes en ese momento. Y yo tengo ganas de hacer algo que se aleje de lo que hecho hasta ahora.

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