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THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

“La gente cree que si estás en una banda tienes que comportarte como los Rolling Stones o como Oasis”, aseguran estos veteranos indies con solera.

 
 

ENTREVISTA (2015)

THE ORCHIDS Los chicos “malos” de Sarah

Por Kiko Amat

Menos coquetos que The Sea Urchins y más fortachones que The Field Mice, The Orchids pueden alardear de tener el peor look y la mejor carrera del establo Sarah Records. Su álbum “Beatitude #9” (2014) exhibió la perenne combinación de hits indie jangle (“Something’s Going On”) con ese electropop que roza el funk (“Someone Like You”, que es Rick James + Everything But The Girl) y guardarropía casual friday, aseveró Kiko Amat.

Cuando a los periodistas musicales (ejem) nos dirigen a entrevistar al batería de una banda, solemos proceder de inmediato a mesarnos los cabellos y denostar hacia las alturas. Porque, a no ser que se trate de Grant Hart o Ginger Baker, el cliché tiene base empírica: los baterías no hablan mucho. En general. Lo suyo es la acción percusiva, vamos. Por eso, agarro el teléfono de Chris Quinn de The Orchids –el resto del grupo está formado por James Hackett (voz), John Scally (guitarra), Keith Sharp (guitarra) y Ronnie Borland(bajo)– con una suspicacia subyacente, esperando respuestas sucintas (y prosaicas), disparates intraducibles y gruñidos del averno.

La realidad es distinta. Chris Quinn resulta ser un conversador articulado y generoso, a la vez que capaz de soltar un par de (literales) eso deberías preguntárselo a quien la compuso que, por otra parte, merezco. El resto de la charla versa sobre los calzones de The Sea Urchins, la capacidad de odiar a otros grupos, ser una banda de clase obrera y emborracharse de manera exuberante. Y más asuntos de interés.

“No era muy difícil ser los niños malos de Sarah Records, teniendo en cuenta al resto de bandas. Supongo que la razón principal era que éramos chavales de barrio de Glasgow. Con eso era suficiente. Teníamos otro tipo de bagaje, en relación a la gente que conocimos a través de Sarah”
(Chris Quinn)

En el documental sobre Sarah Records se os tildaba de los chicos malos de Sarah. Tratándose de Sarah, asumo que eso implicaba comer más PetaZetas que nadie o hablar en el cine o algo así. (Ríe) La gente cree que si estás en una banda tienes que comportarte como los Rolling Stones o como Oasis. Pero, por otra parte, no era muy difícil ser los niños malos de Sarah Records, teniendo en cuenta el resto de bandas. Supongo que la razón principal es que éramos chavales de barrio de Glasgow. Con eso era suficiente. Teníamos otro tipo de bagaje, en relación a la gente que conocimos a través de Sarah. Clare Wadd –cofundadora de Sarah Records– también te diría que en algún concierto, como por ejemplo aquel en París, fuimos... ¿Cómo decirlo?... Excesivamente exuberantes (risas).

Cuando dices otro tipo de bagaje, te refieres a ser de clase obrera, vamos. Sí. Cuando íbamos de gira en tours de Sarah nos llevábamos todos muy bien y no existía la menor animosidad, pero había una diferencia entre nosotros y el resto de bandas. Y era un asunto de clase. Nosotros éramos de clase obrera, y ellos no.

Las pintas os delataban. Comparados con The Sea Urchins, por ejemplo, parecéis una jauría de hooligans recién escapados de las gradas. (Carcajada) Cierto. Mi hermano era actor dramático, y por aquella época me dijo: “Tío, tenéis que hacer algo YA con vuestra imagen. Pero pasamos de su propuesta. Solo nos interesaba la música y no pretendíamos cambiar. Nos habría parecido falso; éramos lo que éramos. Cuando The Sea Urchins tocaron en Glasgow llevaban distintos tipos de pantalones para cada concierto de la gira. No podíamos ni comprender el concepto de ponerte unos pantalones para tocar, distintos a los que llevarías por la calle. Nosotros éramos tíos haciendo música. De hecho, éramos casi antiimagen. Luchábamos contra esa idea de que tenías que tener un look determinado. Un poco como The Beautiful South de Paul Heaton. Él no tiene imagen. Solo hace buena música, y punto.

 
THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

“Cuando íbamos de gira en tours de Sarah nos llevábamos todos muy bien y no existía la menor animosidad, pero había una diferencia entre nosotros y el resto de bandas. Y era un asunto de clase. Nosotros éramos de clase obrera, y ellos no”, puntualizan The Orchids.

 

Me parece a mí que Paul Heaton se esfuerza horrores en simular que no tiene look, pero, en realidad, puede pasar semanas diseñando su no-imagen. No es vuestro caso. (Ríe) No. Lo de la imagen se ha comentado mucho en artículos a lo largo de los años. Creo que fue Pete Paphides quien se quedó positivamente sorprendido con nuestros discos, pero cuando nos vio en directo casi le da un patatús. Parecíamos cuatro tíos esperando el autobús. Subíamos y tocábamos, nada más. Con lo puesto.

Hablando de Paphides. Cuando vi el filme, me sorprendió el alud de bilis que algunos periodistas musicales vomitaron sobre Sarah Records (y sobre vosotros) a lo largo de los años. Me refiero a odio ciego y majara. La verdad es que no recuerdo tantas críticas negativas, al menos de The Orchids. Las hubo, sin duda, sobre todo si eran críticas de conciertos. Antes comentábamos lo de “chicos malos: algunas veces tocamos bastante borrachos, eso es innegable, y por tanto las críticas eran como eran. Pero no recuerdo a nadie que nos odiase ciegamente. Tal vez solo me quedé con el lado positivo, cuando gente como Bob Stanley o Ian Watson decían cosas buenas de nosotros. En Bristol se celebró hace no mucho una exposición sobre Sarah Records y mostraron muchos recortes y citas de prensa, incluso las negativas que mencionabas. Pero no recuerdo ni uno solo sobre The Orchids. Y aunque los hubiese, ¿para qué conservarlos? Es solo la opinión de un tipo.

“Lo de la imagen se ha comentado mucho en artículos a lo largo de los años. Parecíamos cuatro tíos esperando el autobús. Subíamos y tocábamos, nada más. Con lo puesto”
(Chris Quinn)

Siempre he escuchado a The Hollies o The Byrds en vuestros discos. ¿Os formasteis anhelando sonar como alguien en concreto? Cuando John, James y yo empezamos, íbamos a clase juntos y vivíamos muy cerca los unos de los otros. A todos nos gustaba la música, pero estilos distintos, así que acabamos celebrando una competición para ver si alguien podía decir un grupo que nos gustase a todos. A John le encantaban los Simple Minds, por ejemplo, algo que no esperarías encontrar en The Orchids. Pero había cosas que sí compartíamos: los dos que mencionas, The Carpenters, Bread, The Beatles. El amor hacia ese tipo de música nos hizo formar una banda. El primo de John fue batería de Primal Scream durante los primeros tres singles, y ensayaban en la misma calle que nosotros. Ellos también nos influyeron, porque eran una banda joven de Glasgow y acababan de fichar por Creation. Incluso nos pusimos brevemente el nombre de una de sus canciones, Gentle Tuesday. Pero su plan estaba mejor trazado que el nuestro (ríe). Para nosotros se trataba solo de amar esta música y tratar de tocarla. Y luego estaba la escena de Glasgow, las nuevas bandas que habían salido, como Aztec Camera y Orange Juice, que nos encantaban. Glasgow era una inspiración más, porque estaba llena de grupos y nos pasábamos el día en conciertos. Hasta que dijimos que también podíamos hacerlo. Quizá incluso sacar un single. Nunca pensamos que acabaríamos sacando un sexto álbum –se refiere al reciente Beatitude #9 (Acuarela, 2014)–. Nunca tuvimos metas proactivas, ni de ningún tipo.

Curiosidad de nerd: antes de llamaros The Orchids, os llamasteis The Bridge. ¿Era por la gira del Too-Rye-Ay (1982) de Dexys, o por la canción de Orange Juice? Orange Juice, sin duda. Casi todos nuestros nombres pre-Orchids hacían referencias a influencias musicales que compartíamos. Cuando empezamos a ensayar nos llamábamos The Boy Wonders, por la canción de Aztec Camera.

 
THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

“En el rollo ‘Factor X’ se copian los unos a los otros; con Oasis lo que sucedió fue que un montón de grupos decidieron limitarse a copiarlos, solo porque eran populares, y eso desembocó en bandas mucho peores que Oasis”, dicen con ironía The Orchids.

 

En la España del indie pop poca gente pilló que The Orchids erais gente harto politizada. Vuestro Defy The Law era una canción de protesta anti-poll tax, por ejemplo. Creo que eso se perdió en la traducción. Siempre fuimos militantes activos, incluso de adolescentes, y acostumbrábamos a movilizarnos por cosas que creíamos injustas. Siempre tuvimos nuestras ideas al respecto. Íbamos a manifestaciones del CND –Campaña para el Desarme Nuclear–. Eran los ochenta, cuando 300.000 personas acudían a ese tipo de protestas. Cada vez que sentíamos que algo iba mal, protestábamos. Eso estaba allí antes que la música. “Defy The Law salió, como decías, por la Poll Tax, que era una ley de captación injusta. Cuando se instauró, participamos en discusiones sobre el tema, y “Defy The Law surgió de ese ambiente. Pero no somos un grupo político, ni creo que James escriba canciones abiertamente politizadas. Pueden ser menciones sutiles, que surgen de nuestro bagaje común. Estamos de acuerdo en los ideales; quizá por eso hemos durado tanto como grupo. Pero no hacemos música política. No somos Billy Bragg ni Paul Weller.

“Siempre fuimos militantes activos, incluso de adolescentes, y acostumbrábamos a movilizarnos por cosas que creíamos injustas. Siempre tuvimos nuestras ideas al respecto... Pero no hacemos música política
(Chris Quinn)

Casi mejor. Porque algunas de las peores letras de Weller son las abiertamente marxistas. Como Trans-Global Express, que es un panfleto horripilante. Ya. No puedo hablar por James, que es quien escribe todas las letras, pero creo que “Defy The Law es una excepción. Le salió así, pero, por norma general, le gusta utilizar un lenguaje más poético y menos obvio. Cuando haces letras abiertamente políticas acaba sonando a sermón.

Hace muy poco entrevisté a Jason Williamson, de Sleaford Mods, y salieron a colación un montón de grupos inmundos. The Orchids tenéis pinta de ser gente majota, pero seguro que os repatean algunas bandas. El odio puede ser una inspiración. Sin duda. Ese odio nos impulsó a formar un grupo. Había un montón de cosas que odiábamos de la industria musical de los ochenta. Los grupos manufacturados que tocaban una mera fórmula. Todo ese rollo norteamericano, REO Speedwagon y Bon Jovi, nos inspiró para empezar con nuestra propia banda. Lo odiábamos a muerte. Ahora odiamos a los grupos estilo ‘Factor X. No tenemos nada personal en contra de ellos, pero, si tienen tanto talento, ¿por qué no consiguen las cosas por sí mismos? Sí, The Orchids somos capaces de odiar (ríe). No se aprecia en las canciones, pero es así.

Cuando aparecieron Oasis y Blur, ¿no os entraron ganas de salir huyendo hacia los cerros? Sí, pero la reacción concreta de The Orchids era más bien “a quién le importa. En el rollo ‘Factor X se copian los unos a los otros; con Oasis lo que sucedió fue que un montón de grupos decidieron limitarse a copiarlos, solo porque eran populares, y eso desembocó en bandas mucho peores que Oasis. Es algo muy malo para la creatividad. Los grupos deberían intentar ser un poco originales.

 

TRES MOMENTOS DESTACADOS

THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

El look

Alastair Fitchett decía en las notas del CD “Lyceum” que The Orchids sonaban como si llevaran “zapatos Doc Martens, cardigans grises, camisas a cuadros (abotonadas, naturalmente) y quizá una chapa hecha a mano de Orange Juice”. Lo decía como yang del yin 60s/Velvets que manejaban los lechuguinos The Sea Urchins, pero se quedó corto. The Orchids lucían “peor” que eso. Eran chavales de pub y disco de barrio y torneos de fútbol sala, como The Housemartins. Causalidad casual. Y eso es parte de su encanto.

THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

El disco clave

El formato de Lyceum (Sarah, 1989) es atroz (malditos 10”), pero las canciones son de salto mortal (porque el normal no sirve). Nuestro entrevistado cita como favoritas Its Only Obvious” e “If You Cant Find Love, pero déjenme que les dirija a Caveman, “Carrole-Anne y el deep pop de Hold On. La versión CD en LTM lleva los singles del período, incluyendo la siestera Yawn, la byrdsiana What Will We Do Next (y qué letra: your suspicion and mistrust that turned my innocence to lust) y la llamada a las armas de...

 
THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

... La canción politica 

Incluida en el 7” “Underneath The Window, Underneath The Sink” (Sarah, 1988), “Defy The Law” es la mejor canción política posible. Para empezar, no es un panfleto. Se trata de una canción protesta con letra imaginativa donde corre el aire. I dont go for that / I dont go for you / What do you want to take away from me?. El that es, por supuesto, la artera poll tax, un impuesto que pretendía que pagaran la misma cuota los palacios y las chabolas. El single venía con un póster que anunciaba: THE ORCHIDS SAY DONT PAY THE POLL TAX.

THE ORCHIDS, Los chicos “malos” de Sarah

El disco electrónico

The Orchids nunca se contentaron con ser un grupo jangle. A partir del EP “Penetration” (Sarah, 1990), la banda se dirigió hacia el electropop con guitarras, que sublimaron en Unholy Soul (Sarah, 1991), monumental disco. No se entiende por qué fue menos aplaudido que los de Everything But The Girl o Primal Scream (mi teoría: pura inquina). Contiene una de mis canciones favoritas de ellos, The Sadness Of Sex (Part 1), que comunica exactamente lo que anuncia el título: la tristeza atávica del follar. Muy melancólica y terrible. Me recuerda a los A Man Called Adam de “The Apple” (1991), por cierto.

 
Publicado en la web de Rockdelux el 28/1/2015
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