Todo empezó el 24 de marzo de 2007 en la fiesta de cumpleaños de Peggy. Tocaron Kip, Alex y Peggy con una caja de ritmos: cinco canciones en diez minutos. “Fue un primer concierto mágico, como dar una vuelta en una atracción del parque y salir gritando: ‘¡Vamos a la cola, volvamos a subir!’. Y seguimos”. En esa fiesta también tocó Manhattan Love Suicides. Kurt Feldman aparecería después. Fue a uno de sus siguientes conciertos y se les ofreció como batería.
En unos meses, recogieron el fruto de todo lo que sembró su apasionada curiosidad. A través de esas listas de correo contactaron con otros fans que dirigían minúsculos sellos y se ofrecían a editar sus canciones. Cloudberry planchó cien CD-Rs de “This Love Is Fucking Right!” (2007), Painbow editó “The Pains Of Being Pure At Heart EP” (2007) y en 2008 Atomic Beat prensó trescientas copias de un split single compartido con Summer Cats y The Parallelograms que incluye su canción “Kurt Cobain’s Cardigan”. “Ese se vende ahora en eBay por doscientas libras”, se sorprende Kip.
Llega un punto de la historia en que casualidad y destino incluso se confunden. El primer día que tocaron como cuarteto los vio el dueño de Slumberland, sello que en los noventa editó los discos de Black Tambourine y Rocketship. “No sé si estaba borracho, pero al momento dijo que quería ficharnos”. Él lanzará el suyo en Estados Unidos. En febrero de 2008, Manhattan Love Suicides los invitan a tocar en Inglaterra y en Londres los ve el jefe del sello Fortuna Pop!, que asumirá la edición europea. La conexión con el sello australiano Lost And Lonesome cuadra el círculo: “Lo lleva uno de los chicos de esa banda que me gusta tanto: The Lucksmiths”.
Su segunda gira inglesa, el pasado diciembre, fue abriendo para The Wedding Present. Han pasado de tocar con sus amigos a hacerlo con sus ídolos. “En Glasgow visitamos la tienda de discos de Stephen Pastel. Compramos varios singles de Teenage Fanclub y me hice una foto con él”, suelta muerto de risa y vergüenza. “Ese día The Vaselines tocaban por primera vez en quince años en la ciudad, así que nos dijo: ‘Tíos, me encantaría veros, pero voy a pinchar después del concierto de The Vaselines’. Lo entendimos: yo mismo hubiese preferido ir a verlos en vez de tocar”. Eso es una infeliz coincidencia.
Y si tocáis en el Primavera Sound a la misma hora que The Vaselines o My Bloody Valentine, ¿qué haréis? Supongo que tendremos que tocar, aunque espero poder ver al menos a uno de estos dos grupos. 