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THE ROLLING STONES, Exilio reeditado

Mick Jagger, en villa Nellcôte. Foto: Dominique Tarlé

 
 

BIBLIOTECA POP (2010)

THE ROLLING STONES Exilio reeditado

Más de cincuenta años de vida de los Rolling Stones. Regresamos a uno de sus episodios más intensos... Cuando se refugiaron en la Costa Azul y fabricaron su obra maestra: el doble “Exile On Main St.” (1972). Bill Janovitz, líder de los Buffalo Tom, profundizó en ese instante revelador en este libro publicado originalmente en 2005. Estamos hablando de un momento irrepetible en la historia del rock... Ofrecemos aquí un extracto del texto de Janovitz sobre el álbum más relevante de los Rolling Stones. Se trata de “Exile On Main St.”, título que forma parte de la colección 33 1/3. Las fotografías de Dominique Tarlé ilustraron aquel momento y aquel lugar para la posteridad y retrataron el ambiente de ocio y trabajo que se vivió en villa Nellcôte, centro de operaciones de los Stones durante su estancia en la Costa Azul. Estaba naciendo la cumbre artística del grupo.

A finales de los sesenta, The Velvet Underground habían estado practicando disidentes saltos estilísticos musicales y ofreciendo desafiantes ínfulas líricas, e Iggy y los Stooges se encontraban al límite del volumen y la espectacularidad, desgarrando todo aquello que estuviera en la periferia de la música. Pero esto eran tan solo variantes de lo que The Rolling Stones habían transformado en éxitos durante casi una década. Puede que esos grupos recordaran a los Stones que eran mejores en lo primordial que en lo pretencioso, y que el ambicioso, kinksiano y satírico aparte de “Between The Buttons” (Decca, 1967) y el alucinado “también nosotros podemos hacerlo” de “Their Satanic Majesties Request” (Decca, 1967) fuesen en su mayor parte experimentos que mejor habrían hecho dejando en manos de otros.

“¿Conoces ‘Stray Cat Blues’? Todo el sonido y el modo en que está dispuesto lo tomamos del primer álbum de The Velvet Underground. Ya sabes, el sonido de ‘Heroin’. ¡Por Dios que lo hicimos!”
(Mick Jagger)

Los Stones nunca fueron convincentes en su faceta psicodélica. Incluso la era psicodélica de “Jumpin’ Jack Flash” (1968) es la clase de riff blues-rock que definió a los Stones. En 1972, la energía pre-punk de los Stones estaba todavía presente en el estrangulador ímpetu anfetaminoso de “Rip This Joint”, casi tan desnucador y primario como cualquier versión de “White Light / White Heat” o “Raw Power”. Era un toma y daca. “Quiero decir que incluso nosotros hemos sido influidos por The Velvet Underground”, contó Jagger a un entrevistador en 1977. “Te diré exactamente lo que pellizcamos (de Lou Reed) también. ¿Conoces ‘Stray Cat Blues’? Todo el sonido y el modo en que está dispuesto lo tomamos del primer álbum de The Velvet Underground. Ya sabes, el sonido de ‘Heroin’. ¡Por Dios que lo hicimos!”.

Reed, Cale y compañía estaban creando artesanalmente épicos drones de guitarra de quince minutos y cantando documentalmente sobre drogas, sadomasoquismo y demás ya en 1966 y 1967. Eran todas canciones de hoja afilada. Este oscurantista, crudo, repetitivo y enorme riff de guitarra con forma de drone de Bo Diddley, y la maligna borrasca vocal, esta influencia blues, siempre ha estado en los Stones, incluso si parece que en ocasiones se hayan dejado llevar. Pudo costarles a los Stones hasta 1969 dejarse ir con el extenso sturm und drang de “Midnight Rambler”, pero el peligro siempre ha estado presente en el blues. La fría decadencia no ya solo del blues afroamericano, sino también de la variante europea explorada por Brecht y Weill, André Gide, Thomas Mann y otros, se halla muy presente en “Exile On Main St.” (Rolling Stones-Atlantic, 1972).

De modo que aunque Joe Strummer declarara en 1977 “no Beatles, no Stones y no Elvis en el 77”, se trataba probablemente del resultado de la frustración de un cansado fan ante el rostro de la grotesca autoparodia de sus antiguos héroes y su progresiva irrelevancia musical, del mismo modo que se servía de ello como un eslogan publicitario, a la manera de los angry young man distanciándose de la generación previa. De hecho, un Strummer más viejo y mas sabio declaró a la revista ‘Uncut’ en 2002: “La verdad es que me gustan todos los períodos de los Stones...”.

 
THE ROLLING STONES, Exilio reeditado

“Todos teníamos que mirarnos unos a otros a los ojos y decir: ‘De acuerdo, lo haremos en el exilio, en Francia’”.

Foto: Dominique Tarlé

 

Si ya había una mentalidad de pandilla, una actitud de “estamos todos juntos en esto” antes de su autoimpuesto exilio en Francia, la relación como grupo se cimentó aparentemente durante la grabación de “Exile”. Lo que no significa que se convirtieran en una familia feliz, aunque eran una familia, eso sí, ligeramente disfuncional. Tras el calentón de todas las redadas por drogas, la muerte de Brian Jones, y luego las vueltas de tuerca financieras a raíz de los impuestos, la banda se sintió forzada a salir de su propio país, perseguida por las autoridades. Habían estado apurando sin respiro malas decisiones empresariales y contratos explotadores; el más reciente, con Allen Klein, era el mal negocio que superaba todos los malos negocios. Necesitaban la ayuda de uno de los amigos sociales de Jagger, Prince Rupert Lowenstein, para esclarecer los pros y contras de convertirse en exiliados fiscales. Les recomendó dos años en Francia.

“En cierto modo era algo grande para la banda”, declaró Richards a la revista ‘Mojo’. “Todos teníamos que mirarnos unos a otros a los ojos y decir: ‘De acuerdo, lo haremos en el exilio, en Francia’... En cierta forma creo que fue entonces cuando los Stones decidieron ‘estaremos en esto por más tiempo de lo que nadie pensaba, ni siquiera nosotros’”.

“Keith decidió que ya era hora de grabar un álbum y se dio cuenta de que seguramente estaba sentado sobre el estudio, pues bajo sus pies la casa contaba con tres niveles de sótanos. Así que la unidad móvil de los Rolling Stones fue emplazada en Nellcôte”
(Dominique Tarlé)

Los miembros de la banda acabaron, de hecho, bastante dispersos, con Charlie Watts cerca de Aviñón y los recién casados Mick y Bianca Jagger en Saint-Tropez; lo que aparentemente agradaba a Bianca, que deseaba permanecer distanciada del proyecto. La compañera de Bill Wyman durante muchos años, Astrid Lundström, ha dicho que hasta la grabación de “Exile” los Stones y sus familias raramente socializaban fuera de la banda y de las actividades a esta asociadas. “Los Stones solo se reunían para trabajar”, declaró. “Pero aquí, de pronto, todos fuimos arrojados juntos a un país extranjero, teniendo que vernos más a menudo”. El propio Wyman apunta que cuando fueron allí, inicialmente, la banda socializó a menudo y por voluntad propia. “El sábado, Keith llegaba (a la residencia de Wyman) con Anita y el crío, y había algunos visitantes como Ahmet Ertegun que venían desde América. Luego llegaba Mick con su motocicleta, y todo era muy social, gente saltando a la piscina con la ropa puesta, cosas así”.

Keith, su esposa Anita Pallenger y su hijo Marlon acabaron en la gran mansión de la Belle Époque de 1899, villa Nellcôte, en Villefranche-sur-Mer, cerca de Niza y Cannes. Era una vieja y antigua mansión, con su encanto difuminado ya tiempo atrás, pero había una maravillosa vista del puerto de Villefranche desde su ajada terraza. Propiedad durante mucho tiempo de la familia naviera de los Bordes, durante la Segunda Guerra Mundial había sido ocupada por las fuerzas alemanas. Restos de esa época eran todavía evidentes: esvásticas sobre las rejas en los respiraderos y cápsulas de morfina para suicidarse en el sótano (que fueron destruidas antes de que Keith pudiera encontrarlas). La carretera conducía a la casa a través de una copiosa y prolífica “jungla” que era idónea para la necesaria privacidad. Había espacio de sobra para moverse; dieciséis habitaciones y una playa privada. “Era uno de esos sitios de los que puedes decir: ‘Sí, podría vivir aquí’”, dijo Keith. Pero lo importante para nuestra historia son los tres niveles del sótano que serían eventualmente reconvertidos en estudio de grabación.

Keith, el desde siempre “sexto Stone” Ian Stewart, Bill Wyman y otros realizaron varias excursiones para localizar posibles sitios en los que poder grabar, con el camión del estudio móvil de los Rolling Stones aparcado en el exterior. El camión, con su artesanal estudio y sala de control construidos en el interior, ya había sido usado por los Stones para algunas cosas de “Sticky Fingers” (Rolling Stones-Atlantic, 1971).

Dominique Tarlé era un joven fotógrafo francés que había hecho amistad con los Stones en previas ocasiones y se integró a jornada completa en el escenario de los Rolling Stones para las sesiones de “Exile”, resultando la obra maestra del libro “Exile” (2001), que captura no solo sus espectaculares fotos, sino también una impagable historia oral de varios de los componentes del entourage de Nellcôte durante aquel verano. “Keith me dijo que estaba buscando un sitio donde poder almacenar todo el equipo de sonido y posiblemente algún sitio donde también pudiera usarlo. De modo que empezaron a buscar algo parecido a un teatro”, rememoraba Tarlé. “Decidió que ya era hora de grabar un álbum y se dio cuenta de que seguramente estaba sentado sobre el estudio, pues bajo sus pies la casa contaba con tres niveles de sótanos. Así que la unidad móvil de los Rolling Stones fue emplazada en Nellcôte”.

 
THE ROLLING STONES, Exilio reeditado

Pese a todos los obstáculos, los Stones pudieron vender el mito del rock’n’roll porque lo vivían.

Foto: Dominique Tarlé

 

Jo Bergman, que dirigía la oficina de la banda y actuaba como conexión, dice que una de las razones por las que acabaron en la casa de Keith es que les atemorizaba que nunca pudieran llevarlo a alguno de los remotos lugares que habían estado buscando. “Al menos podremos llevarlo hasta el sótano”; recordaba Bergman que ese era el sentimiento predominante en aquellos momentos. En su libro “Rolling With The Stones” (2002; Grijalbo, 2003), Bill Wyman recuerda, respecto al estudio en Nellcôte: “Podíamos garantizar que Keith estaría allí”.

“Recuerdo a Gram Parsons sentado en la cocina un día, mientras regrabábamos voces. Fue una locura. Alguien está sentado en la cocina grabando guitarras y la gente sentada a la mesa hablando, haciendo ruido con cuchillos y tenedores, platos chocando unos contra otros... Era como uno de esos discos festivos de los sesenta en los que todo el mundo sentía que debía participar”
(Bill Wyman)

Wyman recuerda que ulteriores distracciones llegaron cuando “grabar en el sótano de Keith resultó no ser una garantía de que él estuviera presente. A veces no bajaba para nada”. Y no disfrutaba las “idiotas y aburridas” jam sessions que constituyeron la mayoría de las noches iniciales de grabación. El estilo de vida de Keith y Anita “iba volviéndose progresivamente caótico” y las drogas estaban pasándole factura a Keith y, por extensión, al proceso de grabación. Posiblemente en represalia, Mick tampoco se presentaba a menudo; puede que ser un recién casado constituyera una distracción extra, habiendo tenido lugar su boda con Bianca el 12 de mayo. Luego se hizo público, un mes después, que Bianca estaba esperando un hijo. Los dos tortolitos se ausentaban con frecuencia para tomarse unas vacaciones en medio del período de tiempo supuestamente dispuesto para la grabación. El tira y afloja no hizo sino aumentar.

Incluso cuando la grabación funcionaba bien, lo hacía desorganizadamente. Bill Wyman rememoraba, negativamente, que Andy Johns intentaba a menudo grabar pistas en la cocina del sótano mientras gente, perros y niños comían y hacían ruido en la misma sala: “Recuerdo a Gram Parsons sentado en la cocina un día, mientras regrabábamos voces. Fue una locura. Alguien está sentado en la cocina grabando guitarras y la gente sentada a la mesa hablando, haciendo ruido con cuchillos y tenedores, platos chocando unos contra otros... Era como uno de esos discos festivos de los sesenta en los que todo el mundo sentía que debía participar”.

Pero el más negativo de los factores durante la grabación de “Exile” fue la creciente dependencia de las drogas duras. “Sea lo que sea lo que la gente te cuente sobre la relación creativa entre drogas duras y la grabación de discos de rock’n’roll, olvídalo”, escribió Johns. “Son más un obstáculo que una ayuda”. Wyman advirtió que Mick estaba muy preocupado por Keith y por cuánto estaban dividiendo las drogas duras al personal de “Exile” en facciones: aquellos que abusaban de ellas y aquellos que las disfrutaban moderadamente o se abstenían. Estos últimos a menudo no eran incluidos en el proceso de grabación haciéndoles sentir alienados. Wyman se presentó en una ocasión para descubrir que dos de sus partes de bajo habían sido regrabadas por Keith. Y esas nuevas pistas, le pareció a Bill, fueron inferiores a las que él había grabado.

Pese a todos los problemas y obstáculos, los Stones pudieron, en última instancia, vender el mito del rock’n’roll porque lo vivían.

(Se puede leer la crítica del libro aquí)

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