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THE ROOTS, El desierto de lo real

?uestlove y Black Thought:
raíces profundas.

 
 

ARTÍCULO (2012)

THE ROOTS El desierto de lo real

Por Luis Lles

The Roots siguen escribiendo brillantes páginas de esa gran crónica afroamericana que es la historia del hip hop. Su disco “Undun” (2011) apostó, una vez más, por el sonido orgánico y llevó a cabo una reivindicación de la raíz de la música negra y un decidido acercamiento a lo real que poco tiene que ver con el exultante brillo y el bling-bling del rap más exhibicionista y ególatra. Luis Lles nos presentó en este informe la trayectoria de la banda más importante en el hip hop de los últimos años, un detallado repaso a una singladura tan extensa como interesante.

Dado que la cabezonería y la sinrazón humanas no conocen fronteras, hay muchos melómanos cuyo gusto por la música afroamericana se detiene justamente en el soul y el funk. O sea, en los años sesenta. Pues bien, The Roots son la perfecta medicina indicada para curar su testarudez. Hace ya un cuarto de siglo que, entonces todavía bajo el nombre de The Square Roots, este cambiante colectivo de Filadelfia comenzó a esparcir su buena nueva, basada en la defensa de una música orgánica, interpretada por músicos reales frente al abuso del sampler, y en la entronización del groove por encima de las veleidades experimentales de los años noventa.

Pero hay que situarse en el tiempo: 1987. El año en que se editan “Paid In Full” de Eric B & Rakim, “Criminal Minded” de KRS-One, “NWA And The Posse” de NWA, “Rhyme Pays” de Ice-T y “Yo! Bum Rush The Show”, el debut de Public Enemy. Un año crucial en el que también se publica el “Saturday Night! – The Album” del mítico Schoolly D, un rapero de Filadelfia, la ciudad que alumbró a The Roots. Es ese mismo año cuando surge el germen del grupo al coincidir como alumnos en el Philadelphia High School For Creative And Performing Arts el MC Tariq Trotter, más conocido por Black Thought, y el batería Ahmir Thompson, alias ?uestlove (o Questlove), el núcleo fundacional que ha permanecido inamovible durante todos estos años de cambios en el seno de The Roots.

“La gente necesita perfiles identificables: Jay-Z es el chico-malo-que-se-vuelve-bueno. Eminem está loco y 50 Cent es un gangsta. Y ya sabemos qué clase de perfil tiene Lil' Jon. Todo arquetipos que no corresponden a la realidad”
(?estlove)

 

Son muchos quienes aseguran, y probablemente tengan razón, que la verdadera esencia (y la excelencia) del hip hop reside en la desarmante simplicidad de su fórmula primigenia: MC+DJ. Sin embargo, The Roots apostaron desde sus inicios por habitar el desierto de lo real. Sin desechar la alquimia de los samples, se dejaron llevar por la magia de la música tocada realmente, con instrumentos tangibles. Hay un brillante ensayo de Slavoj Zizek titulado “Bienvenidos al desierto de lo real” (frase tomada de un diálogo de “Matrix”) en el que alerta de los peligros de la utopía digital y en el que señala que “nuestra misma vida real está sostenida por un orden virtual de conocimiento objetivado, cuyo mal funcionamiento puede tener consecuencias catastróficas ... La realidad está tan regulada por la superpoderosa e invisible red digital que su colapso puede crear una real desintegración global”. Y así es como The Roots han preferido habitar el desierto de lo concreto frente a ese hiperpoblado universo imaginario del hip hop donde todos beben Moët & Chandon y conducen coches caros. El propio grupo es consciente de su, digamos, anómala situación: “La gente necesita perfiles identificables: Jay-Z es el chico-malo-que-se-vuelve-bueno. Eminem está loco y 50 Cent es un gangsta. Y ya sabemos qué clase de perfil tiene Lil' Jon. Todo arquetipos que no corresponden a la realidad”.

Además, el combo de Filadelfia se ha refugiado siempre en los sonidos conocidos, en la música producida de forma artesanal, en el ritmo conducido por un bajo y una batería, en las guitarras, los teclados, los vientos y la percusión. En una instrumentación real, en definitiva. Como si se tratara de una banda de soul añejo, ha sabido sacar nuevo brillo y esplendor al groove de toda la vida. Una estrategia que más tarde ha sido copiada por otros artistas con desiguales resultados. Está claro que no todo el mundo es The Roots ni tiene su pedigrí indie. “Siempre he pensado que estábamos destinados a ser los Sonic Youth del hip hop”, afirma ?uestlove.

 
THE ROOTS, El desierto de lo real

“Siempre he pensado que estábamos destinados a ser los Sonic Youth del hip hop”
(?uestlove).

 

Aunque el grupo comenzó su andadura antes de que De La Soul editara su emblemático y seminal “3 Feet High And Rising” (1989), no fue hasta 1993 que se editó su primer álbum, “Organix” (Remedy, 1993), que pasó prácticamente desapercibido. Para entonces, al núcleo originario se habían unido el MC Malik B, el teclista Scott Storch y el bajista Josh Abrams, más tarde sustituido por Leonard “Hub” Hubbard, que inauguraban así un incesante baile de alineaciones en el seno de The Roots. Dos años después fichan con DGC/Geffen y publican “Do You Want More?!!!??!” (DGC, 1995). “Por aquella época”, cuenta ?uestlove, “yo tenía en la cabeza a dos figuras: Dr. Dre y Kurt Cobain. Dre fue la primera estrella del hip hop que hizo mucho dinero, y Cobain fue la principal razón por la que fichamos por Geffen, gracias al dinero generado por Nirvana”.

“Yo tenía en la cabeza a dos figuras: Dr. Dre y Kurt Cobain. Dre fue la primera estrella del hip hop que hizo mucho dinero, y Cobain fue la principal razón por la que fichamos por Geffen, gracias al dinero generado por Nirvana”
(?estlove)

 

Con ese segundo disco toman partido claramente por el jazz-rap que habían abanderado unos años antes Gang Starr y A Tribe Called Quest. Una línea que se sublimaría en su siguiente trabajo, el magistral “Illadelph Halflife” (DGC, 1996), que al mismo tiempo intensificaría la vertiente sociopolítica de un grupo siempre comprometido con la realidad: Bosnia, el terrorismo o el submundo de los barrios negros de América constituían los hilos argumentales de un gran disco que significaría la entrada en el grupo del nuevo teclista Kamal Gray (en sustitución de Scott Storch), del rapero Dice Raw y de dos de los mejores representantes del human beatbox, Rahzel y Scratch.

Es justamente entonces cuando se produce la eclosión del neosoul y cuando The Roots se colocan al frente del colectivo Soulquarians, que incluye a artistas como Common, Erykah Badu, D’Angelo, J Dilla y Q-Tip. Un reconfortante bálsamo en medio del enrarecido aire que se respiraba con el gangsta rap, la sangrienta lucha entre el hip hop de la Costa Este y la Costa Oeste y las atmósferas opresivas del Wu-Tang Clan. Y así es como llega al disco a partir del cual se puede hablar de un antes y un después en la carrera de The Roots: “Things Fall Apart” (MCA, 1999), lleno de excelentes colaboraciones y con un hit del calibre de “You Got Me”, compartido con la Badu, que los coloca a un paso del mainstream. En todo caso, tal como ha declarado ?uestlove, “todo el foco estaba puesto en Erykah. Nosotros no éramos ni siquiera las estrellas de nuestra propia canción”. Ese mismo año graban su disco en directo “The Roots Come Alive” (MCA, 1999).

Vídeo de “You Got Me” (1999), tema coescrito con Jill Scott, quien cantó en la primera grabación de la canción. Pero Erykah Badu acabó regrabando su parte, y participando en el clip, por imposiciones de la discográfica. Aparece en el álbum “Things Fall Apart” (MCA, 1999). La versión original con Scott se publicó posteriormente en el recopilatorio “Home Grown! The Begginers Guide To Understanding The Roots” (2005).

El huracán desatado por “You Got Me”, que se hizo con el Grammy al mejor tema de un grupo o dúo, amplificó su popularidad, y el mismísimo Jay-Z les pidió que fueran su banda de acompañamiento en el famoso concierto (y disco) “MTV Unplugged” (2001). “Tomamos su proposición con cierta aprensión, ya que Jay-Z pertenecía a la facción del champagne rap, estaba claro que no era uno de los nuestros. Pero al final supimos que había que decirle que sí; era nuestra oportunidad de dejar de ser unos ‘outsiders’”. No tardarían en editar sus discos más influidos por la mentalidad Soulquarians junto a “Things Fall Apart”: “Phrenology” (MCA, 2002) y “The Tipping Point” (Geffen, 2004).

Tomamos su proposición con cierta aprensión, ya que Jay-Z pertenecía a la facción del champagne rap, estaba claro que no era uno de los nuestros. Pero al final supimos que había que decirle que sí; era nuestra oportunidad de dejar de ser unos ‘outsiders’”
(?estlove)

Mientras tanto, el baile de entradas y salidas continuaba: habían abandonado ya el grupo Rahzel, Dice Raw y Malik B, y el guitarrista Ben Kenney se había unido temporalmente a la célula multiforme para poco después liarse la manta e irse a tocar con el grupo de nu metal Incubus. Fue sustituido por Kirk “Captain Kirk” Douglas, y se incorporaron más tarde al grupo el percusionista Frank “Frankie Knuckles” Walker, el saxofonista Damon “Tuba Gooding Jr” Bryson, el cantante Martin Luther y el gran teclista y productor británico James Poyser mientras continuaban los cambios en el puesto del bajista: Hubbard abandonaba el barco, siendo sustituido por Owen Biddle, quien después dejaría paso al actual Mark Kelley. Un no parar de ir y venir.

Tras los dos recopilatorios “Home Grown! The Begginers Guide To Understanding The Roots” (Geffen, 2005), a mediados de la década pasada The Roots editarían los que quizás sean sus discos más oscuros, reflexivos y politizados: “Game Theory” (Def Jam, 2006) y “Rising Down” (Def Jam, 2008), del que finalmente eliminaron la participación de Patrick Stump, cantante del grupo emo Fall Out Boy, por miedo a la acusación de pegote. En marzo de 2009 fueron requeridos para ser la banda de directo del programa ‘Late Night With Jimmy Fallon’ en la cadena NBC, un trabajo alimenticio que, en todo caso, les ha servido para aumentar su popularidad y para jugar a dos bazas: la de grupo indie con credibilidad en el mundillo y la de banda mainstream capaz de conquistar Grammys. Así llegaron a la nueva década convertidos en uno de los grupos más prestigiosos y longevos de la historia del hip hop, con gancho también en las escenas soul y rock.

En 2010 editan con solo unos meses de distancia el magistral “How I Got Over” (Def Jam, 2010), un esperanzado saludo al inicio de la era Obama lleno de guiños a la escena indie, y “Wake Up!” (Columbia, 2010), su colaboración con el cantante John Legend, del que se publicó también una versión mixtape con profusión de estrellas del soul de toda la vida. Y en 2011, tras colaborar con Betty Wright en “Betty Wright: The Movie” (S-Curve, 2011), acreditado a ambos, a finales de año lanzaron su último trabajo hasta la fecha, “Undun” (Def Jam, 2011), una nueva obra maestra de la negritud del siglo XXI. Una impresionante obra conceptual que rehúye la pretenciosidad de otras ambiciosas hiphoperas y que lleva definitivamente a The Roots al panteón de los grandes. 

 

DISCOS EN BUSCA DEL GROOVE PERDIDO

Del clandestino “Organix”, en 1993, a Malcolm X en la portada de “The Tipping Point”, en 2004.

Su bien merecida fama de poseer uno de los mejores y más poderosos directos de la galaxia hip hop no impide que la discografía de The Roots esté marcada igualmente por la excelencia. Algo que solo se puede conseguir aunando el respeto por la enorme tradición de la música negra con la audacia y la imaginación. Y todo ello sin alardes ni saltos mortales, pasito a pasito, sin hacer casi ruido, ayudando así a cimentar una trayectoria prácticamente intachable.

Tras la edición de su semiclandestino primer disco, “Organix” (1993), llegaría el que casi todo el mundo considera el debut de The Roots, “Do You Want More?!!!??!” (1995), un trabajo de orfebrería engarzado en el mejor jazz-rap que incluye ya las primeras colaboraciones importantes de Cassandra Wilson o la jazz poetess Ursula Rucker. Sin embargo, sería en el tercer disco, “Illadelph Halflife” (1996), cuando el ingrediente jazzístico alcanzaría su máxima aportación a la receta sonora del grupo y, además de estas dos divas, el disco contaría con las colaboraciones de grandes jazzmen como Steve Coleman, Joshua Redman o David Murray, así como de colosos del neosoul como D’Angelo (sublime su contribución a “The Hypnotic”), Bahamadia o Raphael Saadiq.

El cuarto álbum de este emblema del Philly rap es el que les coloca definitivamente en el punto de mira. “Things Fall Apart” (1999) llega envuelto en una magnética portada que captura el espíritu de la era de la lucha por los derechos civiles y que tiene mucho que ver con la atmósfera que The Roots intentan conseguir en sus canciones. El disco, por otro lado, marca el inicio del reinado del colectivo Soulquarians, con un sonido luminoso y brillante, guiños a sus paisanos (colaboración de Jazzy Jeff, sample de Schoolly D) y aportaciones de Beanie Sigel, Common y Erykah Badu, quien canta en esa delicia a lo Fugees que es “You Got Me”. Conciencia y groove a partes iguales. Un trabajo que solo puede surgir de la mente de alguien que adora por igual a Public Enemy y a De La Soul.

Tras el disco en directo “The Roots Come Alive” (1999), llegaría “Phrenology” (2002), cuyo título hace referencia irónica a una seudociencia que estudia la forma de las cabezas para determinar la inteligencia y el carácter de la persona, con un claro trasfondo racista. Es uno de sus discos más asequibles, con colaboradores como Jill Scott y Talib Kweli, aunque también incluye sampleos de los Flying Lizards y la aportación del genial jazz poet Amiri Baraka en el nocturno y espectral “Something In The Way Of Things (In Town)”.

Un retrato del joven Malcolm X ilustra la portada de “The Tipping Point” (2004), quizás su disco más comercial y pensado para una audiencia mainstream, incluida su curiosa revisión del “Din Da Da” de George Kranz. Corresponde, en todo caso, a una de las etapas menos brillantes en la carrera de The Roots.

De los dos recopilatorios para principiantes, en 2005, al conceptual “Undun”, en 2011.

Pero, tras la edición de los dos volúmenes recopilatorios “Home Grown! The Beginners Guide To Understanding The Roots” (2005), que dan por cerrada su relación con Geffen, el nivel vuelve a subir de forma clara con “Game Theory” (2006), su séptimo trabajo de estudio. Parece como si el haber fichado por el mítico sello de Russell Simmons, Def Jam, el mismo que alumbró las obras maestras de Public Enemy o Beastie Boys, les hubiera insuflado nuevas energías para facturar un disco combativo, que habla de guerra, pobreza, poder, corrupción, mentiras, el Katrina y la muerte de J Dilla, que inspira el supremo “Can’t Stop This”.

El espíritu de revuelta se intensifica aún más con “Rising Down” (2008), calificado, ya desde su portada, como el disco más oscuro, incendiario y rabioso del grupo de Filadelfia. Se le ha llegado a comparar incluso con el filme “Blade Runner” por su visión apocalíptica. “Rising Down”, “Get Busy” o “Lost Desire” son andanadas furibundas en las que The Roots encuentran la complicidad de Mos Def, Talib Kweli y Styles P para denunciar el estado de las cosas antes del advenimiento de Obama.

Precisamente, el siguiente disco, “How I Got Over” (2010), una obra magna en la trayectoria del grupo, saluda la llegada del nuevo presidente relajando el ritmo, buscando de nuevo el groove más reconfortante y realizando evidentes guiños al público indie: el sample y la colaboración de Joanna Newsom en “Right On” o el apoyo de Monsters Of Folk en el emocionante “Dear God 2.0”. Comparado a menudo con el “What’s Going On” (1971) de Marvin Gaye o con el “Superfly” (1972) de Curtis Mayfield, este es uno de los grandes discos de The Roots.

Y tras el almibarado “Wake Up!” (2010), que fue grabado al alimón con el cantante John Legend y que incluye versiones de Curtis Mayfield, Donny Hathaway, Marvin Gaye y otros gigantes del soul, y “Betty Wright: The Movie” (2011), el trayecto llega por el momento a su fin con el reciente “Undun” (2011), un disco magistral (¡otro!) que suena a clásico sin por ello renunciar a su condición de artefacto exploratorio y avanzado. Un álbum conceptual que bucea en las aguas del crimen callejero y de las decisiones de la vida a través de un personaje ficticio que elige recorrer el camino equivocado. Una obra luminosa y llena de ideas brillantes como lo prueba ese final camerístico interpretado al piano por un Sufjan Stevens que viene a corroborar la coartada indie de The Roots. Un verdadero regalo para los sentidos.

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